l conflicto entre sirios y "antisirios" se profundizó tras el asesinato
Rafik
Hariri,
ex primer
ministro del Líbano y uno de los hombres más ricos del país, por un coche
bomba que explotó cerca del vehículo en el que se desplazaba,
causando la muerte de al menos nueve personas más
e hiriendo a decenas, en febrero de 2005.
El eje Tel Aviv-Washington culpó inmediatamente del asesinato a Hezbolá y a los
servicios de inteligencia sirios, como una maniobra para desatar un
enfrentamiento entre los "prosirios" (que entonces controlaban el
gobierno) y los "antisirios" que se plegaron a la tesis desplegada por la dupla
judeo norteamericana.
Hariri
era elogiado por Washington,
los organismos de crédito, y el presidente francés
Jacques Chirac, que comenzaron a
ver en el primer ministro libanés
un reaseguro contra la influencia de Siria y de las
organizaciones armadas que combaten el expansionismo
israelí en la región.
Para los sirios, y para la inteligencia árabe en general, el asesinato de Hariri
fue ejecutado por la CIA y el Mossad con el propósito de derrocar al gobierno
"prosirio" y expulsar a las tropas sirias del Libano, tal como ocurrió más
adelante.
Durante la invasión militar y el genocidio israelí los sectores "antisirios" que
controlan el gobierno, mantuvieron una actitud "cautelosa" con Hezbolá
debido al rol militar y la gran influencia social que detenta la organización
guerrillera, la cual se ha convertido en el emblema de la resistencia a las tropas
judías invasoras.
No obstante, y bajo cuerda, los sectores "antisirios" (básicamente el
establishment politico-económico que mantiene, de la misma forma que mantenía Rafic Hariri,
fluidos contactos financieros con Washington) se plegaron a las tesis judeo-norteamericanas
que responsabilizan a Hezbolá por la destrucción de Líbano.
El jueves 17, según observan usinas de inteligencia árabes, comenzó una nueva
campaña contra Siria en el parlamento libanés lanzada por el hijo de Rafik
Hariri.
El jefe de la mayoría parlamentaria libanesa, Saad Hariri, hijo del asesinado ex
primer ministro Rafik Hariri, acusó a Siria de fomentar la agresión israelí y
la contienda interna en Líbano.
Durante un discurso dirigido a sus seguidores, Hariri acusó al
presidente sirio, Bachar al Assad, de intentar fomentar las disputas en su país
vecino donde mantuvo una ocupación durante 29 años.
La maniobra -dicen las usinas árabes- es un "tiro por elevación contra Hezbolá",
aliado incondicional de Siria y de su ejército, que además mantienen una notable
influencia sobre el casi desarmado ejercito libanés.
Fracasada la invasión militar para destruir a Hezbolá y controlar Líbano,
Washington y Tel Aviv juegan a la división interna para aislar a Hezbolá y
precipitar una guerra interna.
El hijo de Hariri, es el emblema de la aristocracia financiera libanesa que
estuvo detrás del negocio de la "reconstrucción" de Líbano ejecutada por
su padre en alianza con capitales judíos-norteamericanos.
Según parece, esa misma alianza están tratando de recrear para la nueva
"reconstrucción" de Líbano destruido por los bombardeos israelíes, un
negocio de más de 10.000 millones de dólares.
El otro punto que se sitúa como motor de la campaña contra Siria y Hezbolá,
pasaría por el otorgamiento de importantes fondos y créditos para reequipar con
armamento moderno y sofisticado al ejército libanés, otorgado por la banca de
Nueva York.
El objetivo no sería otro que el de reforzar el poder militar del ejército
libanés (con jefes y oficiales cooptados por Washington) para controlar la
frontera sur de Líbano y neutralizar el poder de las guerrillas de Hezbolá,
objetivo que las fuerzas de Israel no pudieron conseguir con sus tanques y misiles.
Dólares, créditos, y abundantes "comisiones en negro", sería la nueva estrategia
del eje Washington-Tel Aviv para corromper a los políticos y militares "antisirios"
y precipitarlos a una guerra interna contra Hezbolá, y sus estado protector,
Siria.
En ese contexto, señalan las usinas árabes, hay que leer las acusaciones del
hijo de Hariri contra Siria.