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(IAR-Noticias) 15-Agosto-06
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Ehud Olmert junto al ministro de Defensa, Amir Peretz y el jefe
del Estado Mayor israelí, Dan Halutz, los halcones
"derechistas", a quienes el "sionismo de izquierda", cómplice de la
invasión, pide la renuncia en carácter de "chivos expiatorios". |
Israel, aunque pudo disfrazar
su derrota con una "salida diplomática" en la ONU, perdió la batalla militar
terrestre, quedó como una potencia genocida serial ante el mundo, atraviesa una
crisis interna de difícil pronóstico, y ha terminado con su mito de "Israel
potencia".
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Condoleezza Rice estrecha la mano
de Kofi Annan, celebrando el "triunfo deplomático" el viernes en la ONU. (Foto: AP) |
Hezbolá,
quedó en pie con toda su estructura, fortalecida políticamente y con una enorme
cuota de consenso social dentro de Líbano y en el conjunto del mundo árabe que
la tiene como el símbolo emblemático de la resistencia árabe-islámica en
Medio Oriente.
La resolución de la ONU sólo pide un
"cese completo de las hostilidades", y el despliegue de hasta 15.000
soldados de la Fuerza Interina de la ONU (conocida como UNIFIL) y de una fuerza
militar de Líbano, para supervisar la tregua.
Es decir, que no se incluyó el punto
crítico exigido por EEUU e Israel, de "desarme y repliegue" inmediato de
Hezbolá monitoreado por una fuerza multinacional de la OTAN.
De esta manera, la derrota militar
de la dupla EEUU-Israel se complementó con su derrota diplomática, ya que
no consiguieron forzar su objetivo de máxima al lanzar los bombardeos y la
invasión: destrucción de Hezbolá y de sus estructuras operativas y control
total de Líbano.
Israel, aunque pudo disfrazar su
derrota con una "salida diplomática" en la ONU, perdió la batalla militar
terrestre, quedó como una potencia genocida serial ante el mundo,
atraviesa una crisis interna de difícil pronóstico, y ha terminado con su mito
de "Israel potencia".
Desde el punto de vista internacional
el genocidio militar perpetrado en Líbano por el Estado judío de Israel
va a desatar una reacción generalizada contra la mitología de los judíos
"víctimas de la persecución", con lo cual se sentó la jurisprudencia del
"antisemitismo" como recurso para tapar cualquier crítica sobre las andanzas
criminales del sionismo judío que controla el poder mundial y los resortes de la
Casa Blanca.
Desde el punto de vista del mundo
árabe, la derrota militar de Israel va a alimentar una ofensiva generalizada
de la resistencia árabe-musulmán para terminar con la hegemonía imperial del
Estado judío en Medio Oriente, lo que se va a traducir en movimientos
inmediatos, tanto en Líbano como en Palestina.
La derrota militar y la crisis de
legitimidad internacional en la que ingresó Israel, retrasa y complica los
planes militares de ataque a Irán y Siria diseñados por el lobby judío que
controla la Casa Blanca, y que tenían como plataforma de despliegue, la
destrucción de Hezbolá y el control de Líbano.
De la misma manera, la derrota de
Israel en Líbano, complica el tablero de EEUU en Irak, dado que Hezbolá y sus
triunfo sobre las tropas judías galvanizaron una resistencia creciente y
masiva contra las tropas norteamericanas en los sectores chiíes que
habían colaborado hasta ahora con la ocupación militar.
El triunfo de Hezbolá potenció la
influencia de Siria e Irán, tanto en el plano internacional como en el mundo
árabe-musulmán, en desmedro de la estrategia de aislamiento que venían
ejecutando en la ONU el eje Washington-Tel Aviv-Londres, los centros motrices de
la estrategia del lobby judío a escala mundial.
Finalmente, y como siempre quedaron
las víctimas y las secuelas físicas del genocidio militar invasor
israelí.
Más de 1.100 muertos (30% niños) , cerca de 4.000 heridos, catástrofe
humanitaria, miles de familias destruidas, Líbano con su economía e
infraestructura colapsadas, rutas, puentes y pueblos convertidos en escombros,
son el testimonio de la demencia criminal de una potencia invasora,
Israel, cuyas tropas genocidas seguramente regresarán a casa y sin que nadie
someta a su gobierno y a sus jefes militares a un juicio internacional por
crímenes de lesa humanidad, como los judíos hicieron con los nazis
derrotados en la Segunda Guerra Mundial.
Pero, seguramente, a partir de
Líbano, el mundo ya no será igual para el Estado judío de Israel , sus cómplices
internacionales, y el lobby judío que lo sostiene desde la Casa Blanca.
En Líbano, hubo un quiebre
estratégico del poder que controla el mundo, cuya consecuencia y dimensión
se va a expresar inevitablemente y a corto plazo en el tablero de Medio Oriente.
La región mágica, donde se va a
definir el desenlace y la guerra final entre el capitalismo sionista
invasor de pueblos, y los que lo combaten con las armas en la mano en el último
bastión de la resistencia armada.
Una guerra, como siempre, a muerte.
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