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jueves, 27 de abril de 2006

Mahmoud Ahmadinejad

Ahmadinejad,  el que propone "borrar del mapa a Israel".

Perfil del líder más temido por el sionismo

El hombre en la mira del ataque nuclear ¿Quién es Mahmoud Ahmadinejad?

El Presidente, casi sin historia en los archivos de la CIA, que se ha convertido en el símbolo más temido por Israel, y en el blanco estratégico más buscado por los planificadores del ataque militar a Irán.

(IAR-Noticias) 28-Abr-06    

Informe especial IAR-Noticias

Hijo de herrero, educado como revolucionario, considerado por sus rivales como un fanático del misticismo, el presidente iraní, Mahmoud Ahmadinejad, es para EEUU y los líderes del Estado sionista  de Israel,  el ejemplo vivo de todo lo que hay que temer en Irán.

Para los bastiones conservadores y ultraderechistas de EEUU e Israel, Ahmadinejad es un símbolo que combina un feroz orgullo, una visión expansiva de Irán y una estrecha visión del mundo, todo producto de la revolución fundamentalista islámica de la teocracia clerical en el poder.

Cuando la teocracia conservadora, con el Líder Supremo Ayatolá Ali Jameini, prohibió la participación de la mayoría de los candidatos reformistas en 2005, los Guardias Revolucionarios y las milicias Basij (que sirvieron como carne de cañón suicida en la guerra contra el Irak de Saddam Hussein, hace 20 años), colocaron a Ahmadinejad en la presidencia de Irán.

Desde su elección como presidente de Irán, Ahmadinejad se ha manifestado como un experto en provocar las iras de la alianza imperialista occidental encabezada por Washington, clamando por la destrucción de Israel, negando el Holocausto y acusando a las “falsas superpotencias” de conspirar para destruir a Irán.

En octubre pasado, mientras crecía el clima de tensión mundial y se agudizaban las condenas de EEUU, Israel y la Unión Europea, el presidente iraní llamó a "borrar del mapa" al estado sionista israelí, y multitudes, al grito de ¡muerte a Israel! se movilizaron en Irán para apoyarlo y condenar los genocidios de Sharon en Palestina y Medio Oriente.

Días antes Ahmadinejad había pronunciado un discurso sobre "El mundo sin sionismo" ante 4.000 estudiantes iraníes y convocó contra  Israel, en un tono que recordó los inicios de la Revolución Islámica de 1979.

Desde entonces, Ahmadinejad, convertido en un ícono mediático del poder iraní, ha logrado convertir el programa de investigación nuclear del país en bandera nacionalista con un respaldo popular que va mas allá de sus seguidores incondicionales

Pero la inserción popular de Ahmadinejad no proviene solo de su guerra declarada contra el sionismo.

Su gobierno distribuye raciones de aceite, arroz y azúcar entre los pobres y ha bloqueado esfuerzos para elevar el precio de la gasolina, altamente subsidiada por el estado.

No hace mucho incrementó el salario de los empleados públicos, así como los recursos que reciben un millón de familias al abrigo de la Fundación de Caridad del Imán Komeini.

Ahmadinejad proviene de una familia modesta de la población de Garmsar, a orillas del desierto más grande de Irán.

Poco después de su nacimiento, en 1956, el clan familiar se mudó al distrito de clase obrera de Teherán donde creció el actual presidente de Irán, destacándose, según sus biógrafos, como el chico más inteligente de su clase y poseedor de una gran devoción mística.

Marchas en Teherán este viernesIngeniero de profesión, hoy casado y con tres hijos, de joven le gustaba jugar al fútbol, afirma su viejo amigo Nasser Hadian-Jazy, que lo define como un introvertido al que no gustaba asediar a las chicas.

A fines de la década de 1970, Ahmadinejad se unió a los movimientos de protesta estudiantiles contra el shah. Izquierdistas y radicales islámicos se disputaban el poder en universidades y en las calles.

Ahmadinejad y algunos militantes publicaron una revista llamada Jiq va Dad (Alarido y grito) que vendían frente a la Universidad de Teherán.

Muchas veces debatieron con marxistas. “En ocasiones, la cosa llegaba a los golpes y las patadas”, recuerda Mohammad Ali Seyednejad, empleado del Ministerio de Educación que conociera a Ahmadinejad por aquellos días.

Después que el shah huyera de Irán y el ayatolá Komeini regresara del exilio en 1979, los jóvenes activistas se reunieron para tramar la ocupación de la embajada de EEUU, que consideraban una "madriguera de espías".

Para algunos analistas, Ahmadinejad evoca la nostalgia de guerra entre algunos líderes de Irán, e incluso entre los jóvenes.

Ahmadinejad, señalan, evoca el anhelo de confrontación de hace un cuarto de siglo, cuando la nación islámica estaba preparada para desafiar al mundo, enviar incontables jóvenes al martirio en la lucha contra el Irak de Saddam Hussein, resistir ataques de misiles contra sus ciudades, y sufrir ataques con gas venenoso contra sus tropas.

Nunca, desde que viviera el ayatolá  Komeini en la década de 1980, Irán había provocado tantas tensiones regionales o globales como la que han despertado Ahmadinejad y sus seguidores en el actual período de confrontación nuclear con EEUU.

“Ésta es la generación de la guerra religiosa”, señala Massoud Denhmaki, cineasta de documentales y antiguo miembro de la milicia religiosa Ansar-e Hizbullah citado por medios norteamericanos.

“Durante la guerra (contra el Irak de Saddam Hussein, en 1980-1988) aprendimos a caminar sobre minas para llevar a cuestas a otros. Es la misma actitud que tiene la actual generación hacia la política. Logramos mucho con muy poco durante la guerra. Haremos lo mismo con el país”, señala..

Patrick Clawson, del Instituto Washington para Política del Cercano Oriente, califica a esos veteranos seguidores de  Ahmadinejad como "un grupo muy peligroso".

"Los iraníes sofisticados los llaman "campesinos", pero los supervivientes de las terribles batallas de hace 20 años consideran tener el derecho moral de gobernar al país, porque fueron ellos quienes lo salvaron”, señala.

Niños iraníes queman una bandera israelíPara algunos observadores los seguidores de Ahmadinejad, después de años de corrupción y fallidas reformas, combinan el deseo de destruir el sionismo, expresado por Washington y por el Estado de Israel con la nostalgia de una época de orgullo guerrero.

En Teherán y en el resto del mundo musulmán, desde la irrupción mediática del presidente iraní, muchos jóvenes se han contagiado de este espíritu de lucha contra Israel y los nuevos "cruzados occidentales" contra la nación islámica.

En la selecta Universidad Imam Sadegh de Teherán, los alumnos, que aún no habían nacido en 1979, ya  hablan de “la pureza de la revolución y la guerra”.

Para algunos expertos, montado en la crisis nuclear con EEUU,  en Irán se incuba el comienzo de un levantamiento fundamentalista en la región, desde la Hermandad Musulmana en Egipto hasta Hamas, Hezbolá en Líbano.

Según sus biógrafos, en 1980, cuando Saddam Hussein invadió a Irán para derrocar al régimen de los ayatolás por encargo de EEUU y Gran Bretaña, Ahmadinejad, sin ninguna experiencia,  militó en las áreas  kurdas del occidente de Irán, cerca de la frontera con Irak.

Según su biografía oficial, Ahmadinejad se unió a las Fuerzas Especiales de los Guardias Revolucionarios en 1986.

Se dice que participó en ataques de comando fronterizos cerca de la ciudad de Kirkuk, en el norte kurdo de Irak.

Sin embargo, la historia oficial de las actividades de Ahmadinejad en años posteriores son, en gran medida, desconocidas, sobre todo porque a partir de la guerra Irán-Irak su figura no fue tenida en cuenta por los servicios de inteligencia judeo-norteamericanos.

En 1989, la CIA y la inteligencia de Estados Unidos no tenían detectado a Ahmadinejad como un hombre de importancia en la red de la revolución islámica , por lo que no hay  información acerca de sus movimientos y actividades.

“El país estaba en manos de estudiantes”, recuerda Hamid Reza Jaleipour, actual profesor de sociología en la Universidad de Teherán, designado gobernador de la provincia de Kurdistán a la edad de 20 años. “Ni siquiera me había salido la barba”, enfatiza. Mediante Jaleipour  Ahmadinejad obtuvo un cargo como vicegobernador.

No obstante, y tras asumir la presidencia de Irán, la CIA y el Mossad israelí han querido inculpar a Ahmadinejad en el asesinato, en Viena, del líder kurdo Abdul Rahman Ghassemlou y dos de sus asociados, perpetrado en julio de 1989.

La investigación (impulsada por las usinas sionistas) fue abierta en base a alegatos de una "fuente iraní anónima" que afirma que Ahmadinejad actuó como vigía de los dos asesinos que llevaron a cabo el ataque.

Mahmoud Ahmadinejad Ahmadinejad ha descartado el informe como infundado y carente de pruebas, y su creciente protagonismo internacional eclipsó la maniobra de la inteligencia judeo-norteamericana para complicarlo.

En 1997, tras una victoria electoral aplastante sobre la teocracia fundamentalista que controla la economía, la policía y las fuerzas armadas, los reformistas iraníes eligieron al clérigo Mohammad Khatami como presidente.

En el 2003, de la mano del régimen comandado por el ayatolá Jameini, enfrentado a los políticos reformistas,  Ahmadinejad regresó a la vida pública como alcalde de Teherán.

Desde ese puesto, el hoy presidente de Irán cultivó una imagen de humildad y obediencia al Líder Supremo, el ayatolá Jameini, que detenta el poder real y el control sobre la estructura de la nación iraní.

Finalmente, el año pasado, y después de un enfrentamiento con el ex presidente ultraconservador, Ali Akbar Rafsanjani -apodado El Tiburón-, Ahmadinejad, el hombre casi sin historia en los archivos de la CIA, se convirtió en el nuevo presidente de Irán.

Desde que Ahmadinejad asumiera la presidencia, y comenzara un creciente liderazgo contra el sionismo judeo-norteamericano en el campo internacional, muchos expertos comenzaron a señalar que el principal objetivo estratégico de Washington no es la destrucción de la usinas nucleares sino un "cambio de régimen" en Irán.

Entre los analistas militares de EEUU existe el convencimiento creciente de que el objetivo último del presidente Bush y del lobby judío que controla la Casa Blanca es destruir a  Ahmadinejad  y propiciar un "cambio de régimen" en Irán.

Para el estamento militar y los halcones estadounidenses Mahmud Ahmadineyad ha llegado muy lejos al poner en duda la realidad del holocausto judío, y recreando la consigna de que Israel debe "ser borrado del mapa”.

Bush y sus asesores en la Casa Blanca, así como los halcones sionistas de Israel,  lo consideran un Hitler potencial, capaz de conseguir armas estratégicas nucleares y amenazar al mundo con otra guerra mundial.

Según el influyente semanario The New Yorker, Bush “está totalmente convencido de que Irán va a conseguir su bomba” si no se le paran los pies. Por lo tanto, está convencido de que "salvar a Irán será su legado político".

Para el Yorker el razonamiento en que descansa la idea del cambio de régimen fue elaborado a comienzos de marzo por Patrick Clawson, un experto en asuntos iraníes que tiene el cargo de director adjunto de investigación del Washington Institute for Near East Policy, institución que apoyó la candidatura de Bush.

“Mientras Irán siga siendo una república islámica, seguirá teniendo un programa de armas nucleares, al menos secretamente”, afirmó Clawson ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado el 2 de marzo. “Por consiguiente, la pregunta clave es, según The New Yorker: ¿cuánto durará el actual régimen iraní?”.

Lo nuclear es el punto de partida del ataque militar -según el semanario estadounidense- pero los halcones del  gobierno estadounidense creen que no habrá solución si no se prepara las mentes del pueblo de Irán para producir un golpe interno que termine con Ahmadineyad y el régimen de los ayatolás.

Desde Komeini hasta aquí, los sucesivos intentos de la inteligencia norteamericana por desestabilizar y derrocar a la teocracia fundamentalista iraní fueron neutralizados sistemáticamente y sus agentes fueron detectados y ejecutados por las fuerzas del régimen de Teherán.

En 1980, habiendo fracasado sus operaciones encubiertas en Irán, EEUU decidió invadir militarmente a ese país utilizando a Saddam Hussein y a su ejército armado y entrenado por la CIA y el Pentágono.

Tras una larga guerra Irak-Irán que abarcó casi toda la década del 80, y produjo un millón de muertos entre civiles y militares, Saddam y el régimen iraní firmaron un final de las operaciones militares, con el cual fracasó el intento de EEUU por reapoderarse del petróleo iraní.

Posteriormente, y tras la Primera Guerra del Golfo en la década del 90, la CIA retomó sus contactos con el régimen iraní de los ayatolah con el objetivo de organizar la desestabilización del líder iraquí desde territorio iraní.

Desaparecido Saddam Hussein tras la ocupación norteamerica de Irak, se produjo una nueva ruptura de vínculos entre la CIA y la inteligencia del gobierno teocrático del ayatolah Jameini, que ya preveía que el próximo objetivo militar del Pentágono sería Irán.

Los servicios iraníes cuentan con abundante información sobre la infiltración de la CIA entre los intelectuales, periodistas, y cuadros estudiantiles alineados con el reformismo anticlerical iraní, que ha sido derrotados en las urnas por Ahmadineyad el año pasado.

Esos sectores tienen influencia gravitante sobre los medios de comunicación y la clase media que apoyaron masivamente al derrotado gobierno de Jatamí, tradicionalmente enfrentado con el poder de los clérigos que controlan la economía, la justicia y las fuerzas armadas.

A diferencia de la maniobra militar convencional de apoderamiento de Irán con el ejército de Saddam, ahora intentan el armado de una rebelión civil contra Ahmadineyad  y los clérigos como efecto inmediato del bombardeo militar sobre los blancos nucleares.

Según analistas militares, a través de su avanzada infiltración dentro de los cuadros militantes del reformismo iraní la inteligencia judeo-norteamericana busca construir una base masiva de consenso político y social entre las clases medias iraníes con la finalidad de instalar, tras el ataque militar, la segunda revolución iraní, la de los "progresistas", sustituyendo al régimen teocrático presidido por Mahmoud Ahmadinejad.

De esta manera, Ahmadinejad, el hombre que no figura en los archivos históricos de la CIA, se ha convertido en el blanco número uno de los halcones sionistas que controlan la Casa Blanca.

Y desde Teherán, rodeado por los Guardianes de la Revolución y por una impresionante cobertura mediática internacional, Ahmadinejad promete resistir y terminar con el Estado sionista de Israel camuflado entre las paredes de la Casa Blanca.

Como dijo un analista ruso: la guerra ya se percibe hasta en el aire.

 

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