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(IAR-Noticias) 28-Abr-06
Informe especial
IAR-Noticias
Hijo de herrero, educado como revolucionario,
considerado por sus rivales como un fanático del misticismo, el presidente iraní, Mahmoud
Ahmadinejad, es para EEUU y los líderes del Estado sionista de Israel, el
ejemplo vivo de todo lo que hay que temer en Irán.
Para los bastiones conservadores y ultraderechistas de EEUU e Israel,
Ahmadinejad es un símbolo que combina un feroz orgullo, una visión expansiva de
Irán y una estrecha visión del mundo, todo producto de la revolución
fundamentalista islámica de la teocracia clerical en el poder.
Cuando la teocracia conservadora, con el Líder Supremo Ayatolá Ali Jameini, prohibió la
participación de la mayoría de los candidatos reformistas en 2005, los Guardias Revolucionarios y las milicias Basij
(que sirvieron
como carne de cañón suicida en la guerra contra el Irak de Saddam Hussein, hace 20
años), colocaron a Ahmadinejad en la presidencia de Irán.
Desde su elección
como presidente de Irán, Ahmadinejad se ha manifestado como un experto en
provocar las iras de la alianza imperialista occidental encabezada por
Washington, clamando por la destrucción de Israel, negando el Holocausto y
acusando a las “falsas superpotencias” de conspirar para destruir a Irán.
En octubre pasado, mientras crecía el clima de tensión mundial y se agudizaban las condenas de EEUU,
Israel y la Unión Europea, el presidente iraní llamó a "borrar del
mapa" al estado sionista israelí, y multitudes, al grito de ¡muerte a
Israel! se movilizaron en Irán para apoyarlo y condenar los genocidios de Sharon en Palestina y Medio Oriente.
Días antes Ahmadinejad había
pronunciado un
discurso sobre "El mundo sin sionismo" ante 4.000 estudiantes iraníes y
convocó contra Israel, en un tono que recordó los inicios de la
Revolución Islámica de 1979.
Desde entonces, Ahmadinejad,
convertido en un ícono mediático del poder iraní, ha logrado convertir el
programa de investigación nuclear del país en bandera nacionalista con un
respaldo popular que va mas allá de sus seguidores incondicionales
Pero la inserción popular de Ahmadinejad
no proviene solo de su guerra declarada contra el sionismo.
Su gobierno distribuye raciones de aceite, arroz y azúcar entre los
pobres y ha bloqueado esfuerzos para elevar el precio de la gasolina, altamente
subsidiada por el estado.
No hace mucho incrementó el salario de los
empleados públicos, así como
los recursos que reciben un millón de familias al abrigo de la Fundación de
Caridad del Imán Komeini.
Ahmadinejad proviene de una familia modesta de la población de Garmsar, a
orillas del desierto más grande de Irán.
Poco después de su nacimiento, en 1956, el clan familiar se mudó al distrito de
clase obrera de Teherán donde creció el actual presidente de Irán, destacándose,
según sus biógrafos, como el chico más inteligente de su clase y poseedor de una
gran devoción mística.
Ingeniero
de profesión, hoy casado y con tres hijos, de joven le gustaba jugar al fútbol,
afirma su viejo amigo Nasser Hadian-Jazy, que lo define como un introvertido al
que no gustaba asediar a las chicas.
A fines de la década de 1970, Ahmadinejad se unió a los movimientos de
protesta estudiantiles contra el shah. Izquierdistas y radicales islámicos se
disputaban el poder en universidades y en las calles.
Ahmadinejad y algunos militantes publicaron una revista llamada Jiq va Dad
(Alarido y grito) que vendían frente a la Universidad de Teherán.
Muchas veces debatieron con marxistas. “En ocasiones, la cosa llegaba a los
golpes y las patadas”, recuerda Mohammad Ali Seyednejad, empleado del Ministerio
de Educación que conociera a Ahmadinejad por aquellos días.
Después que el shah huyera de Irán y el ayatolá Komeini regresara del exilio en
1979, los jóvenes activistas se reunieron para tramar la ocupación de la
embajada de EEUU, que consideraban una "madriguera de espías".
Para algunos analistas, Ahmadinejad evoca la
nostalgia de
guerra entre algunos líderes de Irán, e incluso entre los jóvenes.
Ahmadinejad, señalan, evoca el anhelo de
confrontación de hace un cuarto de siglo, cuando la
nación islámica estaba preparada para desafiar al mundo, enviar
incontables jóvenes al martirio en la lucha contra el Irak de Saddam Hussein,
resistir ataques de misiles contra sus ciudades, y sufrir ataques con gas venenoso
contra sus tropas.
Nunca, desde
que viviera el ayatolá Komeini en la década de 1980, Irán había
provocado tantas tensiones regionales o globales como la que han despertado Ahmadinejad
y sus seguidores en el actual período de confrontación nuclear con EEUU.
“Ésta es
la generación de la guerra religiosa”, señala Massoud Denhmaki, cineasta de
documentales y antiguo miembro de la milicia religiosa Ansar-e Hizbullah citado
por medios norteamericanos.
“Durante la guerra
(contra el Irak de Saddam Hussein, en 1980-1988) aprendimos a
caminar sobre minas para llevar a cuestas a otros. Es la misma actitud que tiene
la actual generación hacia la política. Logramos mucho con muy poco durante la
guerra. Haremos lo mismo con el país”, señala..
Patrick Clawson,
del Instituto Washington para Política del Cercano Oriente, califica a esos
veteranos seguidores de Ahmadinejad como "un grupo muy peligroso".
"Los iraníes sofisticados los llaman "campesinos", pero los
supervivientes de las terribles batallas de hace 20 años consideran tener el
derecho moral de gobernar al país, porque fueron ellos quienes lo salvaron”,
señala.
Para
algunos observadores los seguidores de Ahmadinejad, después de años de
corrupción y fallidas reformas, combinan el deseo de destruir el sionismo,
expresado por Washington y por el Estado de Israel con la nostalgia de una época
de orgullo guerrero.
En Teherán y en el resto del mundo
musulmán, desde la irrupción mediática del presidente iraní, muchos jóvenes se han contagiado de este espíritu
de lucha contra Israel y los nuevos "cruzados occidentales" contra la
nación islámica.
En la selecta
Universidad Imam Sadegh de Teherán, los alumnos, que aún no habían nacido en 1979,
ya hablan
de “la pureza de la revolución y la guerra”.
Para algunos expertos, montado en la
crisis nuclear con EEUU, en Irán se incuba el comienzo de un levantamiento fundamentalista en la
región, desde la Hermandad Musulmana en Egipto hasta Hamas, Hezbolá
en Líbano.
Según sus biógrafos, en 1980, cuando Saddam Hussein invadió a Irán para derrocar
al régimen de los ayatolás por encargo de EEUU y Gran Bretaña, Ahmadinejad, sin
ninguna experiencia, militó en las áreas kurdas del occidente de
Irán, cerca de la frontera con Irak.
Según su
biografía oficial, Ahmadinejad se unió a las Fuerzas Especiales de los
Guardias Revolucionarios en 1986.
Se dice que participó en ataques de comando fronterizos cerca de la ciudad de
Kirkuk, en el norte kurdo de Irak.
Sin
embargo, la historia oficial de las actividades de Ahmadinejad en años
posteriores son, en gran medida, desconocidas, sobre todo porque a partir de la
guerra Irán-Irak su figura no fue tenida en cuenta por los servicios de
inteligencia judeo-norteamericanos.
En 1989, la CIA y la inteligencia de
Estados Unidos no tenían detectado a Ahmadinejad como un hombre de importancia
en la red de la revolución islámica , por lo que no hay información
acerca de sus movimientos y actividades.
“El
país estaba en manos de estudiantes”, recuerda Hamid Reza Jaleipour, actual
profesor de sociología en la Universidad de Teherán, designado gobernador de la
provincia de Kurdistán a la edad de 20 años. “Ni siquiera me había salido la
barba”, enfatiza. Mediante Jaleipour Ahmadinejad obtuvo un cargo como
vicegobernador.
No obstante, y tras asumir la presidencia de Irán, la CIA y el Mossad israelí
han querido inculpar a Ahmadinejad en el asesinato, en Viena, del líder kurdo Abdul Rahman
Ghassemlou y dos de sus asociados, perpetrado en julio de 1989.
La investigación
(impulsada por las usinas sionistas) fue abierta en base a alegatos de una
"fuente iraní anónima" que afirma que Ahmadinejad
actuó como vigía de los dos asesinos que llevaron a cabo el ataque.
Ahmadinejad ha descartado el informe como infundado
y carente de pruebas, y su creciente protagonismo internacional eclipsó la
maniobra de la inteligencia judeo-norteamericana para complicarlo.
En 1997, tras una
victoria electoral aplastante sobre la teocracia fundamentalista que controla la
economía, la policía y las fuerzas armadas, los reformistas iraníes eligieron al
clérigo Mohammad Khatami como
presidente.
En el 2003, de la mano del régimen comandado por el ayatolá Jameini, enfrentado a los políticos reformistas, Ahmadinejad regresó a la vida pública
como alcalde de Teherán.
Desde ese puesto, el hoy presidente
de Irán cultivó una imagen de humildad y obediencia al Líder Supremo, el ayatolá
Jameini, que detenta el poder real y el control sobre la estructura de la nación
iraní.
Finalmente, el año pasado, y
después de un enfrentamiento con el ex
presidente ultraconservador, Ali Akbar Rafsanjani -apodado El Tiburón-, Ahmadinejad,
el hombre casi sin historia en los archivos de la CIA, se convirtió en el nuevo
presidente de Irán.
Desde que Ahmadinejad asumiera la
presidencia, y comenzara un creciente liderazgo contra el sionismo judeo-norteamericano
en el campo internacional, muchos expertos comenzaron a señalar que el principal
objetivo estratégico de Washington no es la destrucción de la usinas nucleares
sino un "cambio de
régimen" en Irán.
Entre los analistas militares de EEUU existe el convencimiento creciente de que el objetivo
último del presidente Bush y del lobby judío que controla la Casa Blanca es
destruir a Ahmadinejad y propiciar un "cambio de
régimen" en Irán.
Para el estamento militar y los
halcones estadounidenses Mahmud
Ahmadineyad ha llegado muy lejos al poner en duda la realidad del holocausto judío, y
recreando la consigna de que Israel debe "ser borrado del mapa”.
Bush y sus asesores en la
Casa Blanca, así como los halcones sionistas de Israel, lo consideran un Hitler potencial,
capaz de conseguir armas estratégicas nucleares y amenazar al mundo con otra guerra mundial.
Según el influyente semanario The New
Yorker, Bush “está totalmente convencido de que Irán va a
conseguir su bomba” si no se le paran los pies. Por lo tanto, está convencido de que
"salvar a Irán será su legado político".
Para el Yorker el razonamiento en que descansa la idea del
cambio de régimen fue elaborado a
comienzos de marzo por Patrick Clawson, un experto en asuntos iraníes que
tiene el cargo de director adjunto de investigación del Washington Institute for
Near East Policy, institución que apoyó la candidatura de Bush.
“Mientras Irán siga siendo una república
islámica, seguirá teniendo un programa de armas nucleares, al menos
secretamente”, afirmó Clawson ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado
el 2 de marzo. “Por consiguiente, la pregunta clave es, según The New Yorker: ¿cuánto durará el actual
régimen iraní?”.
Lo nuclear es el punto de partida del ataque militar -según el
semanario estadounidense- pero los halcones del gobierno estadounidense
creen que no habrá solución si no se prepara las mentes del pueblo de Irán para
producir un golpe interno que termine con
Ahmadineyad y el régimen de los ayatolás.
Desde Komeini hasta aquí, los sucesivos intentos de la inteligencia
norteamericana por desestabilizar y derrocar a la teocracia fundamentalista
iraní fueron
neutralizados sistemáticamente y sus agentes fueron detectados y ejecutados por
las fuerzas del régimen de Teherán.
En 1980, habiendo fracasado sus operaciones
encubiertas en Irán, EEUU decidió invadir militarmente a ese país utilizando a
Saddam Hussein y a su ejército armado y entrenado por la CIA y el Pentágono.
Tras una larga guerra Irak-Irán que
abarcó casi toda la década del 80, y produjo un millón de muertos entre civiles
y militares, Saddam y el régimen iraní firmaron un final de las operaciones
militares, con el cual fracasó el intento de EEUU por reapoderarse del petróleo
iraní.
Posteriormente, y tras la Primera
Guerra del Golfo en la década del 90, la CIA retomó sus contactos con el régimen
iraní de los ayatolah con el objetivo de organizar la desestabilización del
líder iraquí desde territorio iraní.
Desaparecido Saddam Hussein tras
la ocupación norteamerica de Irak, se produjo una nueva ruptura de vínculos
entre la CIA y la inteligencia del gobierno teocrático del ayatolah Jameini, que
ya preveía que el próximo objetivo militar del Pentágono sería Irán.
Los servicios iraníes cuentan con
abundante información sobre la infiltración de la CIA entre los intelectuales,
periodistas, y cuadros estudiantiles alineados con el reformismo anticlerical
iraní, que ha sido derrotados en las urnas por
Ahmadineyad el año pasado.
Esos sectores tienen influencia
gravitante sobre los medios de comunicación y la clase media que apoyaron
masivamente al derrotado gobierno de Jatamí, tradicionalmente enfrentado con
el poder
de los clérigos que controlan la economía, la justicia y las fuerzas armadas.
A diferencia de la maniobra
militar convencional de apoderamiento de Irán con el ejército de Saddam, ahora
intentan el armado de una rebelión civil contra
Ahmadineyad y los clérigos como efecto inmediato del bombardeo militar
sobre los blancos nucleares.
Según analistas militares, a través de su avanzada
infiltración dentro de los cuadros militantes del reformismo iraní la
inteligencia judeo-norteamericana busca construir
una base masiva de consenso político y social entre las clases medias iraníes
con la finalidad de instalar, tras el ataque militar, la segunda revolución
iraní, la de los "progresistas", sustituyendo al régimen
teocrático presidido por Mahmoud
Ahmadinejad.
De esta manera,
Ahmadinejad, el hombre que no figura en los archivos históricos de la CIA, se ha
convertido en el blanco número uno de los halcones sionistas que controlan la
Casa Blanca.
Y desde Teherán, rodeado por los
Guardianes de la Revolución y por una impresionante cobertura mediática
internacional,
Ahmadinejad promete resistir y terminar con el Estado sionista de Israel
camuflado entre las paredes de la Casa Blanca.
Como dijo un analista ruso: la guerra
ya se percibe hasta en el aire.
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