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(IAR-Noticias) 01-Feb-06
Informe
especial
"Yo
soy el comandante en jefe y, por lo tanto, tienen el deber de obedecer mis
órdenes y no las que reciban de cualquier otro cargo del Gobierno", dijo el
sábado con voz firme Abbas a sus jefes de Seguridad, más interesados incluso que
el propio presidente palestino en no quedar bajo las órdenes de Hamás a través
del Ministerio del Interior.
La orden del líder de Al Fatah y de la OLP va en contra de sus propios intereses
e iniciativas, según fuentes palestinas.
Poco después de llegar al poder, en
enero de 2005, Mahmud Abbas transfirió el control de los servicios de seguridad
palestinos al Ministerio del Interior, en este caso a cargo de Naser Yusef, para
evitar caer en el mismo error que Yaser Arafat durante la década que
dominó la ANP.
El sábado pasado, a través de
portavoces, la organización Hamás
rechazó la presión internacional
encabezada por EEUU, Israel y sus socios europeos para que "abandone la lucha
armada" y anunció en Damasco (Siria) que piensa continuar con la resistencia
a la ocupación israelí.
Esto implica -según su propia
declaración- que la organización de liberación palestina va a proseguir con la lucha
armada contra Israel, pese a las presiones de EEUU y las potencias europeas
para que abandone la violencia y reconozca al Estado judío.
Esta postura, y por el contexto donde
se la expresó (Siria) quiebra el stau quo de las "negociaciones de paz" en la
que se basaba la relación de Israel, EEUU y Europa con el Estado palestino
controlado por el gobierno de Abas y Al Fatah, tan empeñado en combatir
al "terrorismo" de Hamás como las propias potencias imperialistas
capitalistas.
Luego de terminar con la vida de
Arafat (todas las hipótesis y estudios médicos sugieren que fue envenenado) el
eje Washington - Tel Aviv consiguió -mediante comicios- instalar a su conocido
doble agente,
Mahmud Abas, quien respondía sumisamente al plan de "pacificación" impuesto tras
el exterminio militar.
La nueva estrategia consistía en el repliegue de las fuerzas israelíes delegando la represión en la policía "colaboracionista" de Abbas, en tanto el
ejército israelí -tal como lo hace el ejercito norteamericano en Irak- mantenía
su poderío invasor convertido, paradojalmente, en el custodio armado de la
"democracia" palestina.
Tanto para los dirigentes de Hamás,
como para los observadores en terreno del proceso palestino, es imposible que el
actual presidente de la ANP que ha expresado su decisión de "luchar contra el
terrorismo" en los términos propuestos por Israel y EEUU, ceda mansamente el
control de las fuerzas de seguridad a una organización que consideraba como
"terrorista" antes de las elecciones.
Según fuentes palestinas, Abbas
elabora una estrategia para impedir que los milicianos de Hamás se queden
con los servicios de inteligencia y cuenten con 55.000 agentes de seguridad a
su disposición.
La derrota de Abbas y de su gobierno,
y el acceso de Hamás a la nueva administración palestina, hace añicos el llamado
"plan de paz" y convierte al territorio palestino
en un infierno
anunciado de conflictos cuyo desenlace ningún analista se anima a
pronosticar.
En las últimas horas, durante sus
apariciones públicas, Abbas insta a la "unidad palestina" para evitar una
"guerra civil", a pesar de que los dirigentes de Hamás dieron seguridades de que van a mantener la paz interior con las otras
facciones palestinas armadas, incluida Al Fatah.
El propio ministro israelí de Defensa, Saúl Mofaz, señaló el lunes, durante la
reunión del Consejo de Ministros, que la actitud demostrada por Hamás
desde su victoria electoral es "responsable".
No obstante el halcón militarista
israelí advirtió que al primer aviso terrorista regresarían los
asesinatos "selectivos" contra los líderes más importantes de la guerrilla
palestina.
Los dirigentes de Hamás expresaron en las últimas horas su voluntad
férrea de evitar una "guerra civil", pero advirtieron que no tolerarán con los
brazos cruzados las conspiraciones de Abbas y de Israel para impedir que
asuman el control de las fuerzas de seguridad palestinas.
El portavoz de Hamás en Gaza, Mushir
al-Masri, calificó el martes la actitud del actual presidente respecto de los
cuerpos de seguridad de "intento de golpe de Estado".
"El control de la Policía palestina
depende, porque así lo quiso Abu Mazen (como se conoce a Abbas), del Gobierno,
del Ministerio del Interior y por consiguiente, del Parlamento", señaló el
vocero de Hamás.
Claro que Abbas (señalado por la
guerrilla palestina como "doble agente de Israel y de EEUU") cuando decidió esas
medidas no pensaba que su partido, Al Fatah, iba a ser barrido en las urnas y a
perder la hegemonía sobre el gobierno y los cuerpos de seguridad.
El sábado pasado, policías leales al
movimiento Al Fatah del presidente Mahmud Abas tomaron el Parlamento para protestar
contra un traspaso de las
fuerzas de seguridad palestinas a manos de Hamás.
En la acción del sábado, los
policías abandonaron la zona tras protestar contra los llamamientos de líderes
de Hamás para crear un ejército palestino que incluiría miembros del grupo
combatiente islámico.
Las fuentes agregaron que esta misma
acción se ha repetido en los últimos días y que el objetivo de los policías es
expresar su temor a que puedan ser despedidos cuando el movimiento Hamás
asuma el poder.
Desde que se dio a conocer la
aplastante victoria del movimiento islámico en las elecciones legislativas,
agentes de la Policía y milicianos de las Brigadas de Al-Aksa han llevado a cabo
manifestaciones y protagonizado enfrentamientos con otros grupos, en lo
que se interpreta como una puja por el control de las calles.
El viernes y sábado también se
registraron enfrentamientos entre militantes de Al-Fatah que pedían la
dimisión de la "vieja guardia" del movimiento -por su responsabilidad en la
derrota electoral- y las fuerzas del orden.
El domingo, miembros de las Brigadas
de Al-Aksa incluso amenazaron con atacar a los líderes de Al Fatah si
deciden incorporarse a un Gobierno dirigido por los islamistas.
En un comunicado a la prensa, el
grupo armado decía que "estamos en el camino de Yaser Arafat, y atacaremos a
cualquier político de Al Fatah que se sume a un Gobierno de Hamás".
Ala Sanagra, líder de las Brigadas de
Al-Aksa en la ciudad cisjordana de Naplusa, dijo que después de las elecciones
"la tregua ya no es obligatoria y apuntaremos nuestras balas tanto a Israel
como a los líderes corruptos de Al Fatah".
En el otro polo del conflicto, la organización Hamás,
que asumirá el gobierno palestino, rechazó el sábado la presión internacional para que
deje las armas y reconozca a Israel, anunciando que creará un ejército unificando a
todas las fuerzas de seguridad de los territorios.
El líder del Hamás en Damasco, Jaled Mashal -quien adquirió renombre al fracasar
un intento israelí de asesinarlo en Amman en 1997- señaló la continuidad de los
los ataques contra Israel "todo tiempo que continúen
los ataques de Israel contra ciudadanos palestinos, ya que la resistencia
violenta es un nuestro derecho natural".
Por más que el gobierno y las
organizaciones armadas llamen reiteradamente a la "paz interna", la dinámica que
genera la futura presencia de Hamás al frente de la ANP detona contradicciones
que -estiman los especialistas- van a terminar en acontecimientos de caos y
de enfrentamiento entre facciones.
Justo a la medida de los intereses de
Israel y de EEUU, razonan esas fuentes.
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