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Calle típica de "Palermo Hollywood" |
Las mellizas Bush se alojaron en
el Home Hotel el martes, luego de haber
estado desde el domingo pasado en otro hotel para extranjeros, a
dos cuadras de allí, llamado Krista Hotel Boutique, ubicado en Bonpland 1665.
Cuando las radios y
después los diarios argentinos dieron la "noticia" de la
presencia de las hijas de Bush en Buenos Aires, más precisamente en "Palermo
Hollywood", periodistas, políticos y expertos en inteligencia
dudaron de la veracidad de la información, dado que les parecía
"increíble" que las hijas del presidente del país más
poderoso de la tierra se encontraran en un lugar ideal para
una operación de secuestro o asesinato.
Como dicen los
expertos argentinos: si alguien del poder quisiera suicidarse,
elegiría "Palermo Hollywood" como lugar de esparcimiento.
Eso mismo habrá
pensado, Mark Sullivan, desde mayo de este año, el jefe
(número 22) del Servicio Secreto de Estados Unidos, cuando uno
de sus agentes ( también "secreto") lo llamó desde Buenos
Aires para informarle que se encontraban en medio de un incendio
que había estallado a sólo metros de la vereda donde se
encontraban cenando las mellizas Bush con un grupo de amigas,
el jueves 23, en el restaurante Jangada, en Carranza y Honduras,
del barrio
"Palermo Hollywood".
Si bien la llegada de
los bomberos con sus sirenas fue espectacular, la operación de
los 8 agentes norteamericanos, más sus colegas argentinos de
"incógnito" en el lugar, fue digna de una superproducción de Hollywood.
Al viejo estilo de
las películas -según los testigos- , los "hombres del servicio
secreto" se abalanzaron sobre las mellizas, haciendo volar por
el aire los manteles y la comida que estaban consumiendo, para
luego introducirlas en una camioneta 4X4 de vidrios polarizados
que partió a una velocidad increíble, seguida de otras dos.
Simultáneamente una
nube de patrulleros se abalanzó sobre las calles angostas y
ruidosas de Palermo Hollywood, mientras los agentes de Sullivan
con las hijas de Bush habían "desaparecido" hacia un lugar desconocido,
que, después se supo, no era otro que la embajada de EEUU en la
Argentina, situada a unas 25 cuadras del lugar.
Pero si el
procedimiento de los agentes de Sullivan fue espectacular,
más espectacular aún fue el regreso, unos 45 minutos
después, de Jenna y Bárbara
Bush (luego que los bomberos apagaran el fuego en una casa
abandonada de calle Carranza al 1700 y se retiraran ), al
restaurante donde aún se encontraban sus amigas.
Las chicas fueron
recibidas con aplausos, mientras los mozos ya habían
recompuesto la vajilla rota, los manteles y la comida
desparramada por los "hombres del servicio secreto". Jenna y
Bárbara, como si nada hubiese ocurrido, continuaron la cena con
sus amigas hasta las 23 en la calurosa noche de Buenos
Aires.
Luego del suceso, en
los corrillos de la "inteligencia" vernácula trascendió que la
Policía Federal (siguiendo "sugerencias de la embajada
estadounidense) presionó al propietario del local, un ex rugbier
de Los Pumas, para que no comentase el incidente ante la
prensa.
De esta manera, en su
versión "oficial", el propietario del restaurante admitió ante
los medios que las hijas del presidente de EEUU habían cenado en
su local hasta que se retiraron "normalmente" con sus amigas a
las 23, hora de la Argentina.
De la misma manera,
otros propietarios de negocios aledaños habrían sido
aleccionados por la policía para que "minimicen" el incidente
del incendio a fin de preservar la "seguridad" de la zona.
Como dato curioso:
los argentinos -antes de Irak y del 11-S- bautizaron a los
camiones de bomberos con el apodo de "autobomba",
teniendo en cuenta sus funciones de bombeo de agua en el apagado
de los incendios.
Lo que hace pensar
-bromean los expertos- que los agentes de Sullivan tomaron
literalmente la presencia del "autobomba" de los bomberos como
si estuvieran en Bagdad, y no en la calle Carranza de "Palermo
Hollywood"..
Pero la accidentada
estadía de las hijas de Bush en Buenos Aires (así como los
dolores de cabeza del "jefe Sullivan" en Washington),
ya habían
comenzado con un incidente en el barrio capitalino de San Telmo,
el domingo 19, cuando un par de "descuidistas" le hurtaron la
cartera a Bárbara en la que guardaba la billetera, tarjetas de
crédito y un teléfono celular.
Un hombre alejó con
su pie la cartera (que Bárbara había colocado debajo de la mesa)
y unos segundos después una mujer se agachó, la recogió y se
alejó tranquilamente del lugar, sin que los agentes de Sullivan
ni sus colegas locales de "incógnito" se percataran.
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Bárbara Bush a través de los vidrios de la ventana del hotel de "Palermo Hollywood" donde estuvo
alojada junto con su hermana Jenna . (Foto Reuters) |
Seguramente, y para
vergüenza de su legajo, el "jefe Sullivan" ignoraba que
ese lugar del barrio de San Telmo (bautizado como "mercado de pulgas") es
un lugar de tránsito masivo de turistas donde los "pungas"
(hurtadores de carteras) trabajan las 24 horas sin descanso ni
feriado.
Y también
seguramente, el canoso jefe del Servicio Secreto de EEUU, no
evaluó que en semejante tránsito de personas, en una zona
carente de toda seguridad, en medio del gentío anónimo, las
hijas de Bush pudieron ser asesinadas por el método más común:
desde una puñalada, un dardo envenenado o un simple garrotazo en
la cabeza, y sin que sus custodios pudieran evitarlo.
Pero hay algo que
Sullivan y la estación local de la CIA saben bien: en la
Argentina de Kirchner no hay "terroristas" (los únicos
terroristas están en la estación local de la CIA) ni
combatientes de la lucha revolucionaria armada que puedan
realizar una operación de secuestro o el asesinato de las
hijas del presidente del Imperio.
En la Argentina, no
hay guerra por la toma del poder armado como en la década del
setenta, nadie mata por política o por ideología, y la
"izquierda" (salvo Quebracho y otros grupos en minoría) se
dedica a "competir en la urnas" con la "derecha" por puestos
parlamentarios en su proyecto de "revolución permanente con
elecciones".
Como seguramente lo
sabe el "jefe Sullivan", en la Argentina no hay mística, ni
armas, ni infraestructura para producir secuestros y atentados
como en la década del setenta, cuando la izquierda y la derecha
eran proyectos diferenciados y enfrentados a muerte.
En la Argentina, sólo
quedan políticos, farándula televisiva y consumidores alienados
de elecciones, y el poder, que antes se escondía
detrás de sus murallas privadas, hoy camina libremente
y con total impunidad por las calles, como las hijas de Bush.
Por lo tanto, es
normal y natural que en su tránsito por la capital argentina las
mellizas mimadas del comandante supremo de la "guerra
contraterrorista" a escala global, sólo se hayan topado con
un "punga" y un camión de bomberos.
Pero, y como dice
Chávez, a no "confiarse" tanto Mr. Danger.
Una Latinoamérica con
240 millones de pobres y 100 millones de indigentes es
cualquier cosa, menos un lugar de "turismo y esparcimiento" para
los yanquis y su familia presidencial.
Y al "jefe Sullivan",
la suerte no le va a durar toda la vida.