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(IAR-Noticias) 14-Octubre-06
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Evo Morales y el vicepresidente
García Linera. |
Informe especial
Una de las tácticas
utilizadas por los llamados gobiernos "progresistas" (gerentes
de enclave "por izquierda" de Washington y las transnacionales)
en América Latina es dividir y aislar a los sindicatos y organizaciones populares
vinculándolos con operaciones de "complot golpista". Utilizan para ello técnicas y tácticas
extraídas de la "guerra contraterrorista", adaptadas localmente, para aplicarlas
contra los movimientos opositores. Evo Morales, en Bolivia, es un ejemplo
paradigmático.
E vo
Morales (a quien Felipe Quispe llamó "pusilánime") está ensayando
con los movimientos sindicales y sociales opositores técnicas de división y
aislamiento que ya aplicó el gerente de enclave Kirchner con los
piqueteros y huelguistas argentinos.
En algunas
oportunidades - como ya lo hicieron Kirchner y Lula- estas
tácticas se complementan con
falsas
denuncias de "complot de la derecha" o "golpe de
Estado" en los cuales se involucra a los gremios o y
organizaciones sociales opositoras.
La táctica, tomada de un capítulo de la
"guerra psicológica" aplicada contra los movimientos sociales,
consiste en (y contando con la complicidad de los medios) lanzar
consignas y denuncias mediáticas asociando a los huelguistas y
combatientes populares con actitudes y métodos de presión que "perjudican a
la mayoría de la población".
El engaño de esas consignas,
repetidas hasta el cansancio por el aparato mediático cómplice,
consiste en "mostrar" que los paros, movilizaciones y
cortes de rutas no son contra los intereses de las
trasnacionales, sino "contra la población".
Y que en la mayoría
de los casos eso conflictos son manipulados "desde la
derecha" para derrocar al gobierno.
El
objetivo es arrojar al resto de la sociedad contra las huelgas,
movilizaciones y
piquetes, aislando y dividiendo a la protesta. De esta manera, y
mediante el enfrentamiento, se neutralizan las protestas sin el
uso de la represión policial.
Esa
es la técnica que aplicó Morales antes los primeros conflictos y
huelgas, y que luego de la masacre minera de Huanuni,
donde el oficialismo cargó con la responsabilidad de 16 muertos,
volvió materializarse en la denuncia de "golpe de
Estado" para derrocar al gobierno que hicieron el presidente
boliviano y sus principales funcionarios.
Evo Morales,
luego de la masacre de mineros salió a denunciar una
"conspiración" para derrocarlo que algunos analistas atribuyeron a
una "cortina de humo" para desviar la atención de la
crisis en que está su gobierno luego de la muerte de 16 personas
a causa de un ataque de cooperativistas privados aliados del
vicepresidente García Linera.
En la misma línea,
y en un artículo distribuido por medios alternativos, el
analista Heinz
Dieterich sostiene que " fuentes confiables del alto
gobierno boliviano", que pidieron el anonimato, revelaron que el
primer intento de golpe de Estado contra Evo Morales estaba
planeado para el miércoles, 11 de octubre.
Hoy estamos a viernes
13, y el "golpe" por supuesto no ocurrió.
Pero si ocurrió una
manifestación en "apoyo de Morales" que sus punteros y
operadores organizaron el jueves 12 de octubre para intentar
desactivar los paros y conflictos sociales en los que está
inmersa Bolivia luego del decreto de "nacionalización" de los
hidrocarburos, que solo resultó una parodia, como se está
demostrando.
La insólita
denuncia de "golpe de Estado" realizada por Dieterich, fue
levantada y "comentada" por el aparato mediático boliviano y por
medios alternativos que la difundieron en primera plana y sin
ningún análisis, a pesar de lo descabellada y sin sentido que
resultaba en el
actual contexto de la realidad boliviana.
Como cualquier
experto sabe, desde que Washington terminó con las últimas
dictaduras militares en la década del 80, la actual estrategia
de dominio consiste en instalar y preservar sistemas
institucionales con elecciones, en los cuales el
Departamento de Estado se vale indistintamente de gobiernos
(gerencias de enclave) tanto de derecha (neoliberales) o de
izquierda (progresistas).
Quien quiera
comprobar la vigencia de esta estrategia, no tiene nada más que
leer los distintos documentos del Departamento de Estado en su
sitio web, en los cuales el sostenimiento de la "democracia" es
la tarea más imperiosa de Washington en la región.
Por otra parte, el
advenimiento de Morales como candidato de "izquierda" impulsada
en forma encubierta por los sectores "moderados" del
establishment fue posibilitada para darle una "salida
institucional" a los conflictos de mayo/junio del año
pasado que ya habían paralizado la actividad económica
controlada por las trasnacionales.
Por lo tanto, resulta
ridículo que la embajada y el establishment quieran hoy romper
el orden constitucional mediante un "golpe de Estado" que vuelva
a una situación peor que la que posibilitó la operación
encubierta para hacer presidente a Morales.
La idea del "golpe
de Estado" contra Morales -según nuestras fuentes en
Bolivia- salió de la cabeza del vicepresidente Garcia Linera
y fue insistentemente agitada por los medios bolivianos y por la
prensa internacional inmediatamente después de la masacre de mineros en Huanuni que comprometió seriamente a Morales y su gobierno.
Los especialistas en Bolivia saben
que García Linera, sin ser un experto, es un hábil manipulador de tareas de
inteligencia, y que, si algo le faltara, lo puede compensar con las reuniones
casi semanales que mantiene con el
embajador estadounidense en Bolivia,
David Greenlee, un experto de la CIA en
operaciones encubiertas.
Para los que observan con cierta
información la política boliviana García Linera fue "plantado" al lado de
Morales por el Departamento de Estado que se valió de Morales para traccionar
"votos populares" y desactivar las protestas sociales de mayo y junio del año
pasado.
Para la mayoría de los analistas el
vicepresidente (un ex guerrillero converso al liberal-capitalismo) es el
"cerebro gris" detrás del trono, por medio del cual el establishment de poder y
la embajada controlan que Morales y sus "indígenas" no se le desmadren.
Se sabe, no solamente que García
Linera es el nexo funcional entre la embajada y la administración de Morales,
sino también el cerebro del operativo gestado para ensamblar el discurso
"antiimperialista" de Morales con su funcionalidad práctica a los intereses y
las políticas del Imperio y las trasnacionales en Bolivia.
¿Qué ganan en este momento la
embajada y el establishment boliviano con desestabilizar y derrocar a Morales?
Más pierden que ganan,
sostienen los que conocen el entretejido de la relación
Morales-embajada-establishment, que, fuera del "doble discurso" aceptado de
Morales, se mantiene por carriles positivos y sin ningún oleaje.
Como ya lo denunció el ex ministro
Soliz Rada, en Bolivia , luego del decreto de "nacionalización" de Morales no se
tocó ni expropió ningún interés de las trasnacionales del gas y el petróleo, a
los que el gobierno va a renovar los contratos para que sigan
hegemonizando y controlando la extracción y comercialización de los
hidrocarburos bolivianos.
Morales, un bribón político
convencional (revestido de "antiimperialismo" indígena) hace "todos
los deberes" que hasta ahora le vinieron exigiendo el establishment, las
multinacionales y la embajada en torno a los temas claves para sus intereses
económicos y políticos en Bolivia.
Morales (ya lo explicitó) no va a
expropiar ni a "estatizar" el sector energético (coto de caza del capitalismo
trasnacional) y su discurso de "nacionalización" es vago y demagógico y ya
cosecha una reacción opositora en vastos sociales del sindicalismo y las
organizaciones populares.
Por lo tanto, ningún interés concreto
del capitalismo trasnacional y de sus socios locales va a ser tocado o
perjudicado por Morales, cuya máxima acción revolucionaria
consiste en su discurso vacío "anti-Bush, o "anti-Imperio" que le sirvió para
traccionar votos y erigirse en presidente de Bolivia ( léase gerente de enclave
del Imperio "por izquierda").
En su absurda denuncia del "golpe
de Estado", Heinz Dieterich -conocido por sus incongruencias y planteos
"conspirativos"- vinculó con la "conspiración derechista" en marcha a la
COB y a las principales organizaciones sociales y sindicales combativas que ya
han lanzado huelgas y movilizaciones contra los pactos y los arreglos de Morales
con el establishment de poder oligárquico petrolero.
No por casualidad,
en su denuncia Dieterich incluye como "brazo sindical" del golpe
a la Central Obrera Boliviana (COB) y a los sectores combativos
de El Alto que preparan nuevas movilizaciones y cortes de ruta
contra el gobierno de Morales.
Esos sectores
combativos de izquierda fueron los que protagonizaron la
rebelión social con movilizaciones y cortes de ruta de
mayo/junio de 2005, que paralizó Bolivia y puso a la oligarquía
y a las trasnacionales petroleras en un callejón sin salida.
Mediante una
operación urdida en la embajada norteamericana, la candidatura
presidencial de Morales fue utilizada para dividir la
rebelión social y posibilitar una "salida alternativa" al
establishment de poder que se encontraba sin otra alternativa
que la represión militar en mayo/junio de 2005.
Merced a ese
acuerdo, la candidatura presidencial de Evo Morales fue lanzada
desde la CNN y apoyada explícitamente por el actual embajador
norteamericano en Bolivia.
Morales y sus
asesores, luego de instalar la teoría del "golpe de Estado"
(profusamente difundida por el aparto de prensa de la
"derecha") culminaron la operación con una multitudinaria
manifestación de "apoyo" al presidente el jueves en La
Paz.
Ante miles de
indígenas y campesinos concentrados en La Paz y en medio de una
ola de rumores sobre un "golpe de Estado" , Morales convocó a
los sectores sociales "a ser instrumentos para liberar al
pueblo y no para conservar los sistemas del imperio".
Además, recibió el
apoyo público de los sectores sociales y de unos 800 indígenas
de 11 países que llegaron a La Paz para participar en el
Encuentro Continental de Pueblos y Nacionalidades Indígenas del
Abya Yala.
Los expertos saben que las denuncias
sobre "conspiraciones golpistas" o "golpes de Estado" son una versión
vernácula adaptada de las denuncias de "ataques terroristas" que la
administración de George W. Bush utilizó para ganar elecciones e imponer
la "guerra contraterrorista" a escala global.
Así como Bush y los halcones utilizan
las denuncias de "complot terrorista" para neutralizar a sus opositores
internos, los Lula, Kirchner y Morales, utilizan el "complot golpista"
para desactivar los conflictos sociales y "demonizar" a las organizaciones y
dirigentes combativos.
A modo de aprendices de brujos
copian, en versión adaptada, las tácticas del Imperio para
neutralizar y controlar al enemigo, que no es otro que el conflicto social
que acecha permanentemente a sus administraciones de "doble discurso".
Y la metodología es recurrente y
repetitiva: cada vez que se ven acorralados por demandas o conflictos sociales,
denuncian un "complot golpista", parodiando el "complot terrorista" de
Bush.
Bolivia, con Evo Morales, ya se ha
convertido en un verdadero laboratorio de estas operaciones.
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