EEUU
teme que el "síndrome Humala" que afectó negativamente a Chávez tras las
elecciones peruanas, se revierta con un triunfo electoral de López Obrador, el
domingo, en México. No obstante, Washington y Caracas, mantienen cautela y
"bajo perfil" en sus declaraciones. Nadie quiere patear el tablero antes de los
resultados.
Después
de su sonado "traspiés" en Perú con Ollanta Humala, Hugo Chávez parece
haber aprendido la "lección" y -hasta ahora- no expresó ningún apoyo público a
la candidatura del "izquierdista" López Obrador en México, cuyos encargados de
campaña rezan para que el presidente venezolano se mantenga callado,
según se comenta con sorna en la prensa y en el ambiente político mexicano.
Pero no solamente el presidente
venezolano se hace el "desentendido" en el proceso electoral mexicano.
Washington expresó por medio de sus
voceros que está dispuesto a trabajar con quien resulte vencedor de las
elecciones mexicanas este domingo, confiado en que un eventual triunfo del
izquierdista Andrés Manuel López Obrador no perturbará una "estrecha relación
bilateral que goza de solidez institucional".
''Quienquiera que gane en México, electo de una manera libre y justa, y gobierne
democráticamente, tendrá el apoyo de Estados Unidos'', se limitó a señalar a la
agencia AFP Eric Watnik, portavoz del buró latinoamericano del Departamento de
Estado, evitando referirse directamente a López Obrador.
Sin embargo, no son pocos los expertos que admiten cierto "nerviosismo"
en los sectores más ultraderechistas y conservadores del Departamento de Estado
norteamericano ante un eventual triunfo de López Obrador y su posible
acercamiento al eje Cuba-Venezuela-Bolivia.
El gobierno de Bush ''claramente tiene una preferencia en la elección y no es
López Obrador'', dijo Pamela Starr, del centro de análisis del Consejo de Relaciones
Exteriores, con sede en Nueva York, en una teleconferencia de prensa.
''Hay elementos en Washington que están muy, muy preocupados por un crecimiento
de la izquierda en Latinoamérica, pero con México, con los años, Estados Unidos
ha aprendido -al menos el Ejecutivo- que lo peor que puede hacer es querer tener
una influencia y opinar quién debe ser el presidente'', porque eso puede generar
el efecto contrario, señaló la experta citada por AFP.
López Obrador, por su parte, también
mantuvo "silencio de radio" luego de que sus adhesiones y elogios
públicos a Chávez le costaran un descenso pronunciado en los sondeos,
experiencia que intentó recomponer no hablando más del presidente venezolano.

Hace poco dijo ante la prensa que
“Son mentiras las (noticias) que se difunden en la radio y la televisión que
tengo una relación con Chávez”. “No tengo ninguna relación con el
presidente Chávez”, dijo López Obrador antes de callar para siempre.
El "izquierdista" López Obrador, ex
alcalde de la capital mexicana y representante del Partido de la Revolución
Democrática (PRD, izquierda), enfrentará en las urnas al "derechista"
oficialista Felipe Calderón, del Partido de Acción Nacional (PAN,
derecha).
Las últimas encuestas dieron una leve ventaja de dos puntos a López Obrador. Más
lejos, en tercer lugar, aparece Roberto Madrazo, candidato del Partido
Revolucionario Institucional (PRI), que gobernó México durante 71 años
consecutivos hasta la victoria de Fox en el año 2000.
Con las encuestas que lo favorecen
solo por una ventaja de dos puntos, en su entorno temen que cualquier
alusión a Chávez (repudiado por una mayoría de mexicanos desde que se metió en
la interna electoral y lo llamó "cachorro del Imperio" a Fox) influya
negativamente entre los electores.
Por otra parte, y según coinciden
muchos analistas, el "síndrome Humala" golpeó muy fuerte la imagen de
Chávez en América, quien ha decidido mantener un "bajo perfil" hasta que las
aguas se recompongan.
Cualquiera sea el desenlace, la
elección afectará profundamente las relaciones bilaterales EEUU-México, señaló
George Grayson, profesor del College of William and Mary (Virginia) y autor de
"El Mesías Mexicano", una reciente biografía de López Obrador.
El ex alcalde de la Ciudad de México ''ve al neoliberalismo como malvado'',
aunque ''no creo que forme un frente con Hugo Chávez, (Fidel) Castro,
(Néstor) Kirchner o Evo Morales'', dijo Grayson a la AFP.
En realidad, ningún analista ve un
viraje drástico de la política y de la economía mexicana en caso de un
triunfo de López Obrador, del que se espera un "continuismo" bajo la fachada de
un discurso "centroizquierdista" moderado que lo ubica más cerca de Lula que de
Chávez o Evo Morales.
Un triunfo de López Obrador ''puede
cambiar el tono de la relación, pero por debajo corren intereses que unen a
ambos países'', afirmó Andrew Selee, director para México del centro de estudios
Woodrow Wilson, con sede en Washington.
No ese el pensamiento que campea
entre los funcionarios halcones del Departamento de Estado donde creen que un
triunfo de López Obrador reactivará la "ola de avance de la izquierda" en
la región que pareció detenerse después de la reelección de Uribe y del triunfo
de Alan García en Perú.
Como inmediata contrapartida de la
derrota de Humala en Perú (y su consiguiente efecto negativo sobre la imagen y
el liderazgo de Chávez), los halcones y los "gusanos" antichavistas y
anticastristas comenzaron a soñar con su viejo proyecto de terminar con Chávez y
Castro, de una sola vez.
A partir del encuentro Bachelet-Alan
García en Chile, las usinas mediáticas ultraderechistas con central en Miami y
terminal en el Departamento de Estado, comenzaron a especular con un eje
Chile-Perú-Colombia (al que se podría agregar Lula) para contener el
"expansionismo petrolero" del líder bolivariano en la región.
Por ahora, y a la espera de los
resultados electorales de México, el próximo domingo, todos los actores parecen
haber elegido el silencio y la cautela. Tal vez por cábala o por precaución.
Tanto para Chávez como para
Washington, en boca cerrada no entran moscas.
******