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MEDIO ORIENTE  

 

Extraña pareja
La horca de Saddam y la complicidad de Irán con la ocupación militar de EEUU en Irak

 
 

(IAR-Noticias) 07-Noviembre-06

Un miembro de la seguridad sujeta a un airado Sadam tras conocerse el veredicto. (Foto EFE)

Parece una paradoja, o un fenómeno de características esquizofrénicas, que Irán, el principal enemigo de EEUU, en la mira de las próximas operaciones militares del Pentágono, sea a la vez su principal socio en la ocupación de Irak a través del poderoso clero chií que controla el gobierno y las fuerzas de seguridad en ese país.

Informe especial

Ayatolá Alí Jusseini al-Sistani, el jefe de los clérigos chiíes pro-Irán asociados a la ocupación norteamericana en Irak

A primera vista, el régimen iraní integra un eje estratégico enfrentado a EEUU junto con Rusia, Venezuela, Siria,  Corea del N, pero ese cuadro varía cuando se enfoca el rol de Irán en el diseño y la ejecución de la ocupación militar de EEUU en Irak, de la cual los ayatolas, a través de su influencia sobre el clero y el gobierno chií, son socios y colaboradores activos.

Esto explica la posición de Irán frente a la condena a muerte de Saddam Hussein manipulada electoralemnte por los halcones de la Casa Blanca a solo 48 horas de los comicios legislativos del martes en EEUU.

A pocas horas de conocerse el dictamen, y a diferencia de Rusia y Venezuela que criticaron la decisión, el  portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores iraní, Seyyed Mohammad Ali Hoseini dijoo que “La pena capital es la mínima que se debe tener en cuenta al juzgar a Saddam Hussein ”.
Luego el portavoz aclaró que “ello no quiere decir que no se deba abordar el resto de los crímenes cometidos por Saddam, como es la guerra que impuso a Irán entre los años 1980 - 1988.”

El vocero obvió  decir que en esa guerra Saddam Hussein fue apoyado por EEUU, la misma potencia que luego bombardeó  Irak en la Guerra del Golfo de 1991, y después lo invadió militarmente, en marzo de 2003, contando con el apoyo del gobierno de Teherán y del clero y los políticos chiíes bajo su influencia.

Los ayatolas iraníes fueron los socios estratégicos de Bush y los halcones, en el primer intento fallido (la primera "Guerra del Golfo" con papá Bush) y en la invasión de marzo del 2003 a Irak.

Los servicios de inteligencia de los ayatolas fueron socios de la CIA, el Mossad, y el M-16 británico, en el armado y el entrenamiento de los grupos operativos que intentaron asesinar o derrocar a Saddam Hussein para que las tropas norteamericanas tomaran Irak sin disparar un solo tiro.

Luego el clero de Teherán negoció con Washington una "salida democrática" de la ocupación colocando a los clérigos y políticos chiíes como regentes de un gobierno civil de ocupación norteamericana.

Desde el ministerio del Interior controlado por los chiíes pro-iranies salen  a diario escuadrones de la muerte -algunos de los cuales responden a directivas de Teherán-.para asesinar y torturar a simpatizantes y militantes de la resistencia iraquí de origen suni.

Los ayatolas, con su proyecto de desarrollar su programa nuclear y de armar su propio "Imperio Islámico" en la región, simplemente ahora chocan con la supervivencia de sus ex socios en la invasión a Irak, el Estado de Israel y Washington, que ven amenazada su hegemonía imperial en todo Oriente Medio.

Los halcones de la Casa Blanca (así como fueron por la cabeza de Saddam después de utilizarlo en una guerra para apoderarse nuevamente del petróleo iraní) hoy van por la cabeza de los ayatolas iraníes para matar dos pájaros de un tiro: terminar con la usina del fundamentalismo "antisionista" y tratar de controlar el petróleo iraní con un gobierno aliado.

Lo que hicieron los invasores norteamericanos en Irak fue invertir la situación anterior: del dominio hegemónico de los sunitas con el ejército de Saddam Hussein detrás, Irak pasó al dominio hegemónico de los chiítas con el ejército invasor de EEUU detrás.

Las "nuevas fuerzas armadas y de seguridad" colaboracionistas fueron reconstituidas con chiíes y kurdos, convertidos en bisoños reclutas entrenados por oficiales norteamericanos, y de cuyo seno  se alimentan los "escuadrones de la muerte" formados en su mayoría por fuerzas especiales israelíes, que son destinados a la cacería de suníes comprometidos con la resistencia a la ocupación norteamericana.

Esa operación divisoria marcó a fuego la dinámica posterior de la ocupación militar.

Cuando las fuerzas invasoras pusieron sus botas en territorio iraquí, en abril del 2003, los antiguos aliados de Washington (la llamada "oposición iraquí en el exilio" sostenida por Irán) se convirtieron en oficialismo y lanzaron una cacería brutal contra los ex militares leales a Saddam y los dirigentes del Partido Baas .

Personajes siniestros protegidos por Irán como Iyad Allawi y Amhed Chalabi , antiguos hampones de la CIA y favoritos de Washington, alimentaron con información y conocimiento del terreno a las brutales operaciones represivas y redadas del ejército norteamericano contra los suníes, en las cuales se encarcelaron, torturaron o asesinaron a miles de suníes "sospechados" de tener contactos con las ex fuerzas de Saddam.

Los clérigos y dirigentes chiíes, por su parte, cómplices confesos de la invasión y ocupación norteamericana, aprovecharon el ancestral odio entre chiíes y suníes, alimentado por tres décadas de dictadura suní con Saddam Hussein, para construir entre su comunidad la expectativa de una "apertura democrática" que llevara a la construcción de un gobierno islámico representativo de todos los chiítas.

Cuando el 3 de abril del año pasado, Moqtada Al Sadr, un clérigo chií rebelde con gran predicamento popular, se levantó en armas contra EEUU, se crearon, por algunos meses, dos frentes convergentes de resistencia armada, donde una parte de los chiíes coincidían y convergían con los suníes en el mismo odio y el combate contra el norteamericano opresor.

La "aventura rebelde" de Moqtada Al Sadr duró hasta que los clérigos chiíes pro-Irán y pro-Washington resolvieron aislarlo de la comunidad chiíta, y dieron su apoyo encubierto a las fuerzas norteamericanas cuya aviación, misiles y tanques produjeron un genocidio militar en la ciudad sagrada de Nayaf, en su afán por capturar a Moqtada y sus combatientes.

El "gran Ayatolá Sistani", trasplantado en Irak por la teocracia de Teherán y máximo aliado de Washington en la comunidad chií, convenció a Moqtada de entregarles la ciudad y los lugares sagrados a las fuerzas norteamericanas a cambio del repliegue en libertad de sus combatientes, cuya actividad guerrillera fue declinando hasta casi desaparecer.

La resistencia suní quedó sola en el teatro de batalla contra los invasores, y el grueso de la comunidad chií (el 60% de la población iraquí), influenciada por los clérigos pro-Irán, se sumó a la parodia de "elecciones libres" convocada por Washington y el gobierno títere de Iyad Allawi.

Se terminó el sueño de suníes y chiíes combatiendo en la misma trinchera contra el norteamericano invasor, y, sin la intervención de Maquiavelo, Irak permaneció dividido y ocupado, donde cada cual habla el lenguaje de sus propios intereses.

Y como dicen algunos iraquíes con experiencia y sabiduría: el día que los invasores norteamericanos privilegiaron a la comunidad chií por sobre los suníes, establecieron las bases de la guerra civil, que hoy funciona de las manos de escuadrones de la muerte controlados por la CIA que salen de las estructuras del gobierno chií pro-Irán.

Según medios de inteligencia árabes los escuadrones de la muerte están infiltrados (o mimetizados) dentro de los cuerpos de seguridad manejados por el ministerio del Interior iraquí, cuya operatividad esta controlada  por las formaciones confesionales chiíes de al-Dawa y del Consejo Supremo de la Revolución Islámica en Irak.

Esas organizaciones se encuentran bajo el liderazgo de los clérigos y dirigentes chiíes, caso del gran ayatolá Sistani, que colaboraron con la invasión norteamericana, y hoy conforman la mayoría del gobierno iraquí colaboracionista elegido en las urnas.

Con vinculaciones directas con Irán estos escuadrones, reclutados entre las milicias armadas chiíes y entrenados por oficiales norteamericanos e israelíes, mantienen un  conflicto armado de vieja data con la resistencia de origen suní conformada por ex integrantes del partido Baas y los cuerpos de seguridad del ex régimen de Saddam Hussein.

Esos cuerpos irregulares, comandos especiales "torpedos", fueron creados con la misión precisa de buscar y exterminar "selectivamente" a los jefes, líderes y cuadros militantes de la resistencia suní y el partido Baas, mediante operaciones clandestinas que recrean tácticas operativas empleadas por el ejército israelí en Palestina y Medio Oriente.

La imbricación con la CIA, el Mossad y la inteligencia británica, de estos grupos es directa, y sus vínculos provienen de la época  de la resistencia iraquí en el exilio, cuando el Consejo Supremo de la Revolución Islámica y otras organizaciones confesionales chiíes operaban conjuntamente con la inteligencia judeo-norteamericana para derrocar o asesinar a Saddam Hussein.

La coalición de la "oposición iraquí en el exilio", financiada por la CIA y el Departamento de Estado, tenía una pata en Washington y otra en Teherán, y su función era montar operaciones de asesinato de Saddam y preparar el terreno para la invasión militar de EEUU.

Sus bases operativas y logísticas funcionaban simultáneamente en EEUU y en Londres, y sus jefes más sobresalientes eran el ex ministro Allawi, el ex "preferido" del Pentágono, Chalabi,  y el propio gran ayatolá Sistani, un apéndice del régimen de Teherán instalado en Irak

Hoy la función y misión de esos grupos, reciclados en escuadrones de la muerte, se orienta a la cacería y exterminio de combatientes suníes y a la preparación del clima de "guerra civil" mediante atentados a instituciones y centros religiosos chiíes que luego son atribuidos a la resistencia suní.

Con ese objetivo, dotados de impunidad y de zona franca por las fuerzas norteamericanas y el aparato de seguridad iraquí, esos escuadrones de la muerte actuaron por primera a la luz del día, el 22 de febrero pasado, tras la destrucción de la mezquita chií, realizando una inédita operación relámpago de exterminio de sunies que incluyó el secuestro y la tortura.

Sin embargo el plan de los políticos y clérigos chiíes para controlar hegemónicamente a Irak por medio de un gobierno fundamentalista pro-iraní, los lleva a chocar cada vez más con los intereses de Washington y produce cada vez más fisuras en la alianza.

Con respecto al conflicto entre EEUU e Irán por el polémico programa nuclear iraní, el plan militar de la dupla judeo-nortamericana para atacar a Irán se nutre fundamentalmente de tres objetivos básicos:

1) Producir  una rebelión interna contra la teocracia iraní en el poder para generar un cambio de régimen en Irán.

2)  Conseguir  el control del petróleo iraní y afianzar la geopolítica militar estratégica de EEUU Medio Oriente.

3) Consolidar el área como base para los futuros, quizá en el mediano plazo, enfrentamientos contra China y Rusia.

No obstante, y como se dijo al principio, por un fenómeno esquizofrénico de intereses convergentes, hoy Washington y Teherán son socios estratégicos en la ocupación militar de Irak.

Eso explica por qué ambos estén de acuerdo con aplicarle la pena de muerte a Saddam Hussein, así como están de acuerdo para exterminar a los sunies en Irak.

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