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noviembre de 2004, las fuerzas ocupantes estadounidenses
lanzaron la operación Furia Fantasma contra la
ciudad de Faluya, destruyendo más del 70 por ciento de los
edificios, las casas y los comercios, y matando a entre
4.000 y 6.000 civiles, según una estimación de la
organización no gubernamental Centro de Estudios para los
Derechos Humanos y la Democracia, con sede en esta ciudad.
Una porción
mayoritaria de los residentes de Faluya, estimados en 300.000, abandonaron sus
casas antes de que comenzaran los bombardeos
indiscriminados y masivos de las fuerzas estadounidenses argumentando la
existencia de búnkeres rebeldes en distintas áreas de la ciudad.
Esos bombardeos,
vale recordarlo, fueron antecedidos por los llamados bombardeos "selectivos"
o "quirúrgicos" que la aviación norteamericana lanzó diariamente
sobre Faluya durante varias semanas, produciendo una masacre de civiles que
fue ocultada celosamente por la prensa internacional.
Los
observadores, corresponsales y testigos en terreno coincidieron: Faluya, el
triángulo suní, Irak en general, fueron sometidos a un genocidio
militar de características inéditas, cuyas operaciones comenzaron mucho
antes del "asalto final" del 8 de noviembre.
Faluya, una ciudad de 300.000
habitantes fue totalmente destruida, demolida literalmente por los misiles, la
artillería terrestre y las "bombas inteligentes".
Un estudio de expertos
militares difundido, en diciembre de 2004, por las agencias Interfaz Y Ria_Novosti revelaba que los
bombardeos masivos realizados por la aviación norteamericana en Faluya superaba,
en devastación y destrucción, a cualquier otro de la historia moderna.
La masividad indiscriminada de esos
bombardeos norteamericanos, sostenían los expertos citados por las agencias
rusas, mató, incluso, a una parte importante de sus propios soldados
posicionados en calles y laberintos de la ciudad.
La corresponsal de
la BBC en Bagdad, Caroline Hawley, afirmó que el entonces gobierno títere de Iyad
Allawi, impulsor principal de los bombardeos, reconoció que lo pobladores,
al regresar, recibieron un "gran impacto" al ver el estado
de destrucción en que se encontraba Faluya.
La infraestructura
eléctrica de la ciudad fue destruida , sus sistema de agua potable, sus vías de comunicación terrestre, no
había comida, y el aire estba contaminado por los efectos de los bombardeos.
En los propios hospitales que quedaron
en pie, niños, mujeres y ancianos víctimas de los bombardeos morían por
infecciones debido a la falta de antibióticos.
La propia Cruz Roja y otras
organizaciones denunciaban, en diciembre de 2004, que luego de los bombardeos
había crisis humanitaria y focos
incontrolables de epidemias,
entre ellas la tifoidea, alos
cadáveres se pudrían en las calles sin que nadie los retirara, mientras la gente
que empezó
comiendo raíces terminó devorándose a sus propios animales domésticos.
The New York Times y The
Washington Post, abrumaroncon testimonios de soldados y oficiales
norteamericanos reconociendo que, pese a haber destruido Faluya, no
consiguieron terminar con la "insurgencia" que se replegó y atomizó en
pequeños grupos, mientras sus efectivos combatian como "demonios" en Faluya, en
Mosul, en Ramadi, en toda el área del triángulo suní, o en el "triángulo de la
muerte" compuesto por las ciudades del sur de Irak.
Después de
abandonar la ciudad, muchos de los desplazados debieron vivir temporalmente en
escuelas y otros edificios públicos o acamparon en tiendas, en medio de las bajas
temperaturas del invierno.
Después de 45
días de carnicería militar, los oficiales de campo estadounidenses
reconocieron que no lograron controlar totalmente a los bastiones que se
encontraban en manos de los rebeldes, pero el Pentágono nunca asumió
oficialmente su derrota militar, a pesar de que en la invasión murieron
entre 400 y 500 marines, según estimaciones de la resistencia iraquí.
Para el Pentágono, "oficialmente" solo habían muerto 60
marines.
A tres días de la
navidad cristiana, en diciembre de 2004, parte de sus pobladores
comenzaron a volver a la ciudad
para encontrarse con el fantasma en ruinas de lo que fueron sus hogares.
Volvían, sin
saberlo,
para seguir muriendo en Faluya.
A continuación,
un excelente informe de la agencia IPS sobre la situación
en Faluya, más dos años años y medio después de la masacre militar del ejército invasor
estadounidense.
Irak: Faluya, la pena sin fin

Por Dahr Jamail y Ali
Fadhil - IPS
Más de dos años y medio después
de la ofensiva militar de Estados Unidos contra esta central ciudad iraquí, los
residentes aún sufren debido a la falta de empleos, la lentitud de los planes de
reconstrucción y la continua violencia.
IPS constató que la población
continúa bajo estrictas medidas de seguridad, con sistemas de vigilancia
mediante lectura láser de retinas y huellas dactilares, entre otros controles.
La ciudad es una isla: ni siquiera los habitantes de los poblados aledaños, como
Karma, Habbaniya y Khalidiya, bajo jurisdicción administrativa de Faluya, están
autorizados a ingresar a ésta.
A todos los que deseen entrar se les pide una acreditación, que sólo obtienen
funcionarios del gobierno nacidos en la propia ciudad, empresarios, algunos
periodistas y mercenarios contratados por el ejército estadounidense,
Otros pueden ingresar hasta el principal puesto de vigilancia en la zona oeste y
a otros centros de vigilancia considerados "de segunda clase".
Apenas uno entra desde el principal puesto de vigilancia, lo primero que se ven
son las casas destruidas en el distrito de Al Askari. Prácticamente todas las
viviendas en esa zona han sido derribadas o sufrieron daños graves.
"No pude reconstruir mi casa porque es muy costoso en estos días", dijo a IPS
Walid, un ex soldado iraquí de 48 años.
Con pesar, contó cómo construyó su hogar hace seis años, pero luego fue
destruido en el asalto estadounidense. Las fuerzas de ocupación "nos pagaron 70
por ciento de la compensación, pero, ante el desempleo, nos gastamos la mayor
parte en comida y medicinas. Ahora todos están esperando el 30 por ciento que
falta", indicó.
La historia de Walid es muy similar a la de cientos de personas que perdieron su
hogar en los bombardeos noviembre de 2004.
Frente al río Éufrates se encuentra el Hospital General de Faluya. Construido e
1964, el sanatorio fue ocupado por soldados estadounidenses durante la ofensiva,
y por tanto estuvo fuera de funcionamiento.
Médicos del hospital hablaron con IPS a condición de preservar el anonimato.
"Es más un granero que un hospital, y no estamos orgullosos de trabajar aquí",
dijo uno de ellos.
"Hay una horrible falta de suministros médicos y equipamiento, y en el
Ministerio de Salud no hacen mucho para solucionarlo", apuntó otro.
Cuando IPS mencionó los proyectos para construir otro nosocomio en la ciudad,
uno de los médicos dijo con ironía que los habitantes de Faluya estarían todos
muertos antes de que esos planes se concreten.
Durante las entrevistas hechas por IPS en el hospital, pacientes y otros
trabajadores del lugar se acercaron para denunciar la "falta de todo". No
obstante, destacaron el trabajo de algunas organizaciones no gubernamentales
locales e internacionales.
Los habitantes de Faluya luchan día a día para sobrevivir a los bombardeos, el
desempleo y la falta de suministros.
En una tienda de comestibles, se ve otra parte de la historia. Haji Majeed Al
Jumaily, de 64 años, era un herrero hasta que sus manos se debilitaron. Le
pregunta una y otra vez al comerciante cuánto cuesta un producto, y repite:
"Sólo tengo 2.000 dinares (menos de un dólar y medio) y no sé qué comprar. Todo
es muy caro, y tengo que alimentar a mi familia. Somos nueve".
Haji contó a IPS que dos de sus hijos murieron por disparos lanzados al azar por
miembros del nuevo ejército iraquí hace dos años.
"Ahora tengo que cuidar a sus dos esposas y seis hijos, además de a mi propia
esposa", señaló.
El mercado estaba abarrotado, pero la pobreza era patente. La mayoría contaba
con muy poco dinero para comprar algo.
"El desempleo en Faluya es un gran problema que debe ser abordado". La situación
financiera colapsó y las personas no saben qué hacer. El cerco (de las fuerzas
estadounidenses) agravan este problema", comentó a IPS Jassim Al Muhammadi, un
abogado.
Ali Ahmed, un estudiante de 17 años, interrumpe y acota: "No necesitamos
comunicados de prensa en esta ciudad, señor. Lo que en verdad precisamos es una
solución al eterno problema: los estadounidenses y los iraquíes en el poder que
nos acusan de terrorismo, que mataron a miles de nosotros y ahora hablan de
reconstrucción".
"Son ladrones que sólo se preocupan por lo que pueden extraer de las fortunas
iraquíes. Sólo dígales que nos dejen en paz y que no queremos su reconstrucción
fraudulenta", añade.
Ahmed aseguró que los soldados estadounidenses matan y detienen a personas por
cualquier excusa.
El alcalde de Faluya no estuvo disponible para una entrevista. En su última
aparición televisiva, el 14 de este mes, anunció su dimisión. "Los
estadounidenses no cumplieron con las promesas que me hicieron, y por eso debo
renunciar", afirmó.
De acuerdo con un informe sobre Faluya divulgado el 21 de mayo por la Red
Integrada de Información Regional de las Naciones Unidas, "todavía hay lentos
progresos en asuntos humanitarios".
El estudio señaló que dos tercios de los residentes desplazados por el ataque
estadounidense de 2004 han regresado a la ciudad, pero 15 por ciento continúan
en las afueras, "viviendo en escuelas y edificios gubernamentales abandonados".
"Aproximadamente 65.000 personas siguen desplazadas", informó Bassel Mahmoud,
director de los proyectos de reconstrucción.