El pueblo de Chile ha festejado la muerte del tirano
saliendo a las calles al conocer el suceso para brindar con
vino, champagne, cerveza y hasta con agua, porque vio en esta
desaparición un motivo de alegría.
Por Mauricio Aira
(*)
Miles de personas no
sólo en Chile, escenario de su extrema crueldad, mostró el
júbilo de las víctimas del dictador, sino que en ciudades como
Estocolmo, Moscú, París y Madrid se mostraron masas humanas
bailando jubilosas para expresar sus más reprimidos sentimientos
de odio, de rencor, de venganza y sobretodo de invocaciones a la
justicia divina.
Que tal hecho se
puede comparar con la desaparición de Hitler, de Stalin, de
Franco los otros dictadores de tiempos modernos, cuyo paso por
la tierra significó millones de vidas humanas sacrificadas por
la voluntad y las obras de nefastos personajes sepultados por la
historia.
Bolivia tiene también motivos de júbilo particularmente porque
Pinochet ordenó la colocación de varios cientos de miles de
minas antipersonales a lo largo de la extensa frontera con Chile
con el fin dizque de prevenir que las tropas bolivianas pudieran
invadirla.
Pinochet pretendió la
anexión de ricos yacimientos mineralógicos del departamento de
Potosí a su territorio a cambio de un escuálido corredor ubicado
sobre la geografía peruana dizque para permitirle el paso a las
costas del Pacífico.
Pinochet ordenó el
asesinato artero de compatriotas bolivianos como Ríos, Gamarra,
Quispe que en el momento de su violento asalto a La Moneda los
que se habían acogido al asilo político perseguidos por otro
dictador Hugo Bánzer.
Aquellas personas que se volcaron a las calles llevaban consigo
banderolas rojas con figuras del Che Guevara, con símbolos de
los partidos de izquierda, pero también con banderas chilenas y
no dejaban de repetir: “Hoy es carnaval, alegría y entusiasmo
porque al fin el tirano ha muerto”
El júbilo alcanzó a
cerca de medio millón de chilenos que tuvieron que acogerse al
exilio y dispersarse por el mundo entero, donde todavía viven
hoy algunas decenas de miles que no pudieron o simplemente no
quisieron volver a Chile, devuelta que le fue la libertad y un
régimen democrático al cabo de más de 20 años sin gobierno
surgido de elecciones libres.
Por los parientes y
familiares de miles de víctimas asesinadas o desparecidas
durante la dictadura que significó la peor pesadilla vivida por
un atribulado pueblo como resultado del derrocamiento y del vil
asesinato del Presidente Salvador Allende.
No existe solar alguno de la tierra donde la noticia hubiese
pasado desapercibida aunque Augusto Pinochet nunca recibiese una
sentencia formal de reo, no obstante los más de 300 juicios que
se le iniciaron y es que el aparato de poder que construyó
incrustado en la más profunda infraestructura orgánica de Chile,
pudo más que los denodados esfuerzos de cientos de juristas que
persiguieron ponerlo detrás de las rejas para que purgara sus
delitos aberrantes. ¡Este será un baldón que manchará para
siempre la historia de la judicatura chilena!
Y es que a los crímenes y asesinatos sin cuenta de sus 17 años
como Jefe de Estado, se fueron conociendo y sumando otros
delitos de corrupción y de haber utilizado todo el poder
político para construir un imperio económico que mostró sin
lugar a equivocaciones una marejada de cuentas bancarias, danza
de millones de dólares depositados en países como Estados Unidos
y Suiza y otros sitios considerados como paraísos fiscales, sin
que se hubiera contabilizado exactamente los montos por el
momento estimados en más de 30 millones de dólares.
El júbilo se ha extendido a las clases populares bolivianas
donde supervive latente la reivindicación marítima, el anhelo
permanente de retorno al mar, después de los inocultables
episodios de la llamada Guerra del Pacífico que cercenó el libre
acceso al mar, a partir de aquel nefasto 14 de febrero de 1879,
anhelo que por un momento durante la dictadura de Augusto
Pinochet parecía hallarse en proceso de solución:
Pero que muy pronto
el mismo tirano se encargó de paralizar, ordenando más al
contrario el minado de extensas regiones fronterizas, en una
manifestación más de su crueldad, de su brutal conducta que le
caracterizó de por vida, hasta que a los 91 años desaparece del
mundo de los vivos para felicidad de millones de hombres y
mujeres que padecieron por su causa.
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(*)
Periodista boliviano - www.mauricioaira.com/