Los periodistas "occidentales" deberían sentir el peso de la culpa por mucho
de lo que ha pasado en Oriente Medio, ya que ellos, con su ingenuidad, han
vendido versiones ficticias de lo que allí sucede.
Por
Robert Fisk -
ZNet en español
Sus constantes
referencias a una "verja" en vez de a un muro; a "asentamientos" o
"vecindades" en vez de colonias; su descripción de Cisjordania como
"disputada" en lugar de ocupada, han dado paso a una manera descuidada de
informar sobre el conflicto entre Israel y Palestina.
Igual que sucedió en Irak cuando tantos reporteros de los grandes
periódicos occidentales y cadenas de TV utilizaron la ridícula descripción
que hizo el embajador estadounidense Bremer de los feroces insurgentes,
llamándoles "últimos residuos" o "las sobras". Nuestros colegas en Kabul
todavía utilizan la misma frase cuando hacen referencia a los claramente
renacientes Talibanes que reciben ayuda, a pesar de las continuas negativas
del General Musharraf, del servicio de inteligencia pakistaní, el ISI.
Sin embargo, es mucho peor su falta de investigación sobre las políticas
reales de los gobiernos. ¿Por qué, por ejemplo, la edición de este año de la
conferencia de Herzliya, la reunión más importante donde se decide la
política a seguir israelí no ha recibido una portada? La mayoría de las
figuras importantes del gobierno israelí, todavía por elegir, acudieron.
En esta conferencia fue donde Ehud Olmert sugirió por primera vez
entregar trozos de Cisjordania: "La elección entre permitir a los judíos
vivir por toda la tierra de Israel", "la tierra de Israel" en este contexto
incluía Cisjordania, "y vivir en un estado con un mandato mayoritario judío
dando parte de la tierra de Israel. No podemos continuar controlando partes
de los territorios donde viven la mayoría de los palestinos."
Sin embargo, la mayoría de los participantes estuvieron de acuerdo en que
se debería dar a los palestinos un estado en lo que quede después de que los
enormes asentamientos se hayan incluido detrás del muro. Benjamín Netanyahu
incluso sugirió que el muro debería adentrarse más en territorio de
Cisjordania. Pero las implicaciones fueron obvias.
Se permitirá la existencia de un estado palestino, pero no tendrá su
capital en el este de Jerusalén, ni ninguna conexión con Gaza y los trozos
de Cisjordania que se entreguen. Así que no habrá paz, y las palabras
"palestino" y "terrorista" estarán de nuevo inevitablemente ligadas por
Israel y EE.UU.
Hubo artículos en la prensa israelí acerca de Herzliya, incluido uno por
Sergio Della Pergola en el que avisaba de la "amenaza" que pesa sobre Israel
por los índices de natalidad palestinos e informó que "si el empate
demográfico no tenía lugar en el 2010 lo haría en el 2020". En conferencias
anteriores se ha discutido la posible necesidad de revocar los derechos de
ciudadanía a algunos árabes israelíes.
"Haaretz" ya ha publicado este año una encuesta en la que el 68 por
ciento de los judíos israelíes dice que se negaría a vivir en el mismo
edificio que un árabe, el 26 por ciento lo haría, y el 46 por ciento de los
judíos israelíes no permitiría a un árabe visitar su casa.
La tendencia a la segregación aumentaba según los ingresos de los
encuestados bajaban, como era de esperar, y no hubo encuesta sobre la
opinión de los palestinos, aunque los palestinos podían haber indicado que
cientos de miles de israelíes ya viven en su tierra en enormes colonias por
toda Cisjordania,la mayoría de la cuales permanecerá, ilegalmente, en manos
israelíes.
Todos estos detalles están disponibles en la prensa árabe, y por
supuesto, en la prensa israelí, pero están en gran parte ausentes de la
nuestra. ¿Por qué? Incluso cuando Norman Finkelstein escribió un mordaz
informe académico sobre la forma en la que el Tribunal Supremo de Justicia
de Israel "probó" que el muro, estimado ilegal por La Haya, era legal, fue
virtualmente ignorado por Occidente. De la misma manera se ignoró el informe
de académicos estadounidenses sobre el poder del lobby israelí, hasta que
las pullas habituales de "antisemitismo" forzaron a los medios dominantes de
EE.UU. a escribir sobre ello, aunque de una manera furtiva y asustada. Hay
muchos más ejemplos de nuestro miedo a la verdad de Oriente Medio.
¿Es realmente esto lo mejor que podemos hacer los periodistas? Aparte del
infatigable Seymour Hersh, no hay ni un verdadero corresponsal de
investigación en la prensa estadounidense. Pero desafiar a las autoridades
no debería ser tan difícil. Nadie está pidiendo que deje de informarse
honradamente sobre las tiranías árabes. Todavía podemos preguntar y debemos
preguntar, ¿por qué en el mundo musulmán han surgido tantas dictaduras?, la
mayoría de ellas con "nuestro" apoyo. Pero hay numerosos rincones oscuros en
los que no miramos. Por ejemplo, ¿dónde están las prisiones de tortura
secretas de la CIA? Sé de dos periodistas que conocen su ubicación. Pero se
mantienen en silencio, sin duda alguna en interés de la "seguridad
nacional".
Y así estamos con la tragedia de Oriente Medio, contándole al mundo que
las cosas están mejorando cuando están cada vez peor, que la democracia
florece cuando está inundada de sangre, que la libertad no nace sin dolor
cuando la comadrona está matando al bebe.
Siempre he opinado que la gente en esta parte del mundo desea un poco de
nuestra democracia. Les gustaría poder conseguir unos cuantos paquetes de
derechos humanos de los estantes de nuestros supermercados. Quieren
libertad. Pero quieren otra clase de libertad, libertad de nosotros. Y no
tenemos intención de dársela. Y por eso que nuestra presencia en Oriente
Medio es cada vez más oscura. Y es por lo que sentado en mi bacón me
pregunto donde ocurrirá la próxima explosión. Porque, puedes estar seguro,
habrá una próxima.
Bin Laden ya no importa, ni vivo ni muerto. Porque, como los científicos
nucleares, él ha inventado la bomba. Puedes arrestar a todos los científicos
nucleares del mundo, pero la bomba ya ha sido creada. Bin Laden creó Al-Qaeda
en medio de la hoguera de Oriente Medio. Existe. Su presencia ya no es
necesaria.
Y por todas estas tierras hay una
legión de jóvenes preparándose para asestar un nuevo golpe, sobre nosotros,
sobre nuestros símbolos, sobre nuestra historia. Y sí, quizá debería
terminar todos mis reportajes con la palabra: ¡Cuidado!.
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Traducido por Eva Calleja y revisado por Miguel Montes Bajo