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Una de las tantas apariciones de Bin Laden
por televisión anunciando un próximo ataque |
La primera ocurrió en algún momento de los infernales bombardeos en los
inicios del asalto a Afganistán, la segunda el 7 de noviembre con la derrota
estrepitosa de los republicanos y el final virtual del mandato de George W.
Busch.
Por Mauricio Aira
(*)
La humanidad contempla entre sorprendida e incrédula que esta vez, la CIA no
pudo o no quiso utilizar el trillado argumento de asustar al mundo con la sombra
de Osama Bin Laden, tal como lo vino haciendo desde el 11 de septiembre.
¡Cuidado, que viene el cuco! Atemorizando al mundo con el tremendista anuncio de
peores calamidades que la del malhadado suceso de Manhattan hace ya cinco años.
Puntuales observadores como Rodrigo
Guevara y Manuel Freytas han señalado que el recurso de seguir utilizando a Al
Qaeda, para lograr objetivos políticos como generar votos a favor de los
republicanos en las elecciones del 2002, 2004, ya no produce efecto.
Los electores estadounidenses le han
perdido el miedo y la muletilla del todopoderoso extremista ya no cuaja. Nadie
le cree. Así, más pudo el llamado “síndrome Vietnam” que hizo torcer el destino
de las urnas dándole notoria victoria a los demócratas, especialmente en la
Cámara de Representantes donde se hicieron con una victoria sin precedentes en
la historia moderna.
Algunos analistas, especialmente de los grandes medios de Suecia insisten en
interpretar la derrota de Bush, como resultado de los escándalos morales que han
tenido lugar por la pedofilia, la homosexualidad y doble conducta de líderes del
protestantismo religioso y hasta de miembros del Parlamento.
La verdadera causa, la que más peso
tuvo ha sido la conducta agresiva y pro guerrera del equipo de Bush, la prueba
está en la separación de su cargo, casi simultáneamente al anuncio de los
resultados electorales, del inamovible y bien atrincherado ministro de Defensa
Rumsfeld, cuya cabeza había sido pedida varias veces por diversos actores de la
política del Imperio, pero que siempre encontraba la misma respuesta “Rumsfeld
no puede irse, es el mejor ministro que hemos tenido”.
Los líderes que acceden al Congreso
se han anticipado a los hechos remarcando “el tema del Irak, no se detiene en el
cambio del Ministro de Defensa, tiene que ir más allá”. Al no darse por vencido
y temeroso sin duda del nuevo cuadro del poder democrático, Bush ha cambiado de
actitud y hoy en día se muestra amistoso y condescendiente con los demócratas a
los que ignoró en los seis años precedentes.
El miedo a los muertos, cuyos ataúdes
llegan del Irak todos los días cubiertos por su bandera, no logra hacerle
aceptar que “esta guerra (muchos prefieren llamarla, este asalto a Irak) ha sido
un error, por tanto pongámosle un final”. Claro que esta declaración podría
significar un anticipo de la muerte civil que más pronto que tarde afectará al
Presidente, hasta tanto la fuerza de cambio se haga del poder total, en cuestión
de semanas o meses.
No se puede ocultar el alivio que ha sentido la humanidad, al conocer que los
votantes actuaron cautamente, desecharon el miedo al terrorismo que pretendió
cambiar su forma de vida, su modo de pensar. La ausencia de videos,
declaraciones e imágenes de Bin Laden mostró un cambio de táctica, sin duda ante
el convencimiento de la incredulidad, el hartazgo, la sobresaturación del mismo
recurso.
Ya nadie se traga el cuento de Osama,
y la verdad acerca del 11-S no tardará en afluir tarde o temprano, lo evidente
es que Bin Laden ya no le sirve al imperio ni a los halcones que provocaron los
atentados de Nueva York, los círculos de poder han resuelto la muerte del saudí-árabe,
en dos ocasiones, al bombardear las cuevas en las que presumiblemente se
encontraba y ahora, al desaparecer los méritos para seguir asustando a los
norteamericanos en favor de los actuales ocupantes de la Casa Blanca.
La nueva amenaza de Al Qaeda lanzada
hace pocas horas de provocar atentados en la India y que ha generado un estado
de alerta en algunos aeropuertos, está muy lejos de ser tan efectiva y
paralizante como lo fue el 11-S y las sucesivas apariciones de Osma Bin Laden,
engendro de la CIA y personaje inflado por el aparato propagandístico, hasta
antes del 7 de noviembre día de su defunción mediática.
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(*) Mauricio Aira
Periodista boliviano
mauricio.aira@comhem.se
www.mauricioaira.com