La trama oculta de las vinculaciones de corrupción entre parte del poder
económico y del poder político.
Por Mario Cafiero - Causa
Popular, Argentina
La globalización financiera, una
nueva forma de la dependencia, del saqueo y la opresión.
En el tumultuoso y
decisivo año 2001 fui convocado por la Dra. Carrió, como diputado nacional, a
colaborar en la Comisión Investigadora del Lavado de Dinero. En esa
investigación, que fue un notable esfuerzo personal e intelectual de Lilita, se
puso al descubierto la trama oculta de las vinculaciones de corrupción entre
parte del poder económico y del poder político.
La tarea se realizó, en una coyuntura
marcada por la profunda crisis política del gobierno de De la Rúa, la
finalización del ciclo de la convertibilidad y las disputas dentro del poder
económico para posicionarse frente a la inevitable crisis financiera, cambiaria
y default que se venía encima. Esto daba pié a operaciones cruzadas de todo
tipo, que buscaban abortar o desviar las conclusiones y que no saliera a la luz
lo que estaba oculto.
Pero en definitiva se pudo concretar un trabajo de investigación, hecho de
manera honesta y valiente. Un trabajo con indudables aciertos y también, cabe
reconocer, con algunos errores. Siendo indulgentes con nosotros mismos, podemos
justificarnos diciendo como Chesterton que "Si una cosa merece ser hecha, merece
ser mal hecha".
La investigación tuvo un alto impacto en la opinión pública. Un efecto que
obviamente alarmó a las estructuras de poder, que reaccionaron para frenar su
repercusión de algún modo.
El poder real de la Argentina nos dejó avanzar hasta un punto para luego
frenarnos. Al punto que el Parlamento no aprobó el informe y sólo se pudo sacar
un dictamen en minoría; la Justicia poco o nada hizo para profundizar las causas
abiertas y menos aún las que había que haber iniciado con la información que se
aportaba; en los medios de comunicación empezó una campaña para instalar que las
denuncias eran infundadas, que no se había probado nada, etc.
La información permitió esclarecer casos resonantes de corrupción y planteaba
pistas importantísimas para otros hechos no esclarecidos. El balance final de
ese trabajo de investigación podríamos, si se me permite el paralelismo,
asimilarlo a cuando en la ciencia se producen descubrimientos pero que por
alguna razón quedan varados o estancados. No estaban dadas las condiciones para
avanzar en el descubrimiento.
Nuestra tarea fue un descubrimiento que fue ignorado o encubierto, razón por la
que no pudo avanzarse en profundizar la investigación.
La necesidad de esa mirada más sistémica o sea buscando denunciar el contexto
financiero económico en el que eran posibles esas operaciones de lavado de
dinero, se incorporó como un capítulo adicional nro 13 en el dictamen de
minoría, como: “Deuda externa y fuga de capitales. Análisis de cómo el
endeudamiento externo está vinculado con los mecanismos de fuga de capitales, la
evasión fiscal y el dinero ilegal.”
Para dar sólo un ejemplo, allí aparecían claramente las vinculaciones de los
mismosactores centrales, en todo el proceso fraudulento de endeudamiento externo
y privatizaciones de empresas públicas, como el caso del Citibank. Quien quiera
rastrear más información sobre el Citibank y la planificación de su accionar en
el saqueo de la Argentina, le recomiendo el capítulo I del libro La simulación
de Rodolfo Terragno, que salió a posteriori de nuestro Informe.
En dicho capítulo 13 del Informe sobre lavado, intentamos analizar y demostrar
que el lavado de dinero, no era un “rara avis” en el universo de las finanzas,
no era una deformación, sino que era una pieza o engranaje de un mecanismo o
sistema mayor, que se denomina globalización o internacionalización financiera.
Para ser gráficos y directos, podríamos decir: NO seamos estúpidos, el lavado es
un subproducto necesario de la globalización financiera. NO seamos ingenuos,
quienes desde los países centrales nos hablan de transparencia, no hacen
absolutamente nada en serio para que esto sea posible.
O sea que si alguna sensación de fracaso nos queda por los resultados de la
Comisión de Investigación de Lavado, ¡consolémonos! porque se trata de un
fracaso que es global, porque el sistema y poder global imperante hace imposible
el control del lavado o lo que es peor, lo alienta.
Sobre este tema quiero profundizar, con la esperanza que podamos ser un poco
menos tontos, menos ingenuos y nada cómplices con la hipocresía del doble
discurso y la doble moral.
Usos y abusos del poder financiero
Se ha escrito bastante sobre el lavado de dinero y su relación con el delito, en
donde por lo general se lo coloca en la categoría de “abusos” del capitalismo o
del poder financiero.
El lavado de dinero es considerado como el resultado de situaciones de excepción
que confirman la regla, como focos de infección en un cuerpo sano. Este
razonamiento es, a mi entender, una falacia (además de ser una falacia que las
excepciones confirman las reglas).
En primer lugar, nos debería llamar la atención el grado de generalización del
problema, al punto que ya se habla del Producto Criminal Bruto, (o sea valor
generado por actividades ilegales como el narcotráfico, la corrupción, el
terrorismo, etc.) que se estima no es inferior a 800 mil millones de dólares al
año, equivalente al 15% del comercio internacional. Hay un libro de Julio
Sevares de Clarín que vale la pena leer que tiene un título impactante: El
capitalismo criminal.
En segundo lugar, el diccionario define la palabra “abusar” como: “Usar mal,
excesiva, injusta, impropia o indebidamente de algo o de alguien”. Excluyendo
por un momento las consideraciones de tipo moral y del deber ser, no podríamos
categorizar las operaciones de lavado como algo impropio o fuera de lugar,
cuando en su etapa actual de mundialización o globalización se han creado todas
las condiciones estructurales y de flujo para hacer posible el lavado de dinero
y hacer imposible su control efectivo.
Deberíamos por lo tanto considerar a esas operaciones como parte de los “usos” y
costumbres del capitalismo actual. François Chesnais ha escrito un artículo
interesante que plantea este tema, publicado en 1999 con título: “El blanqueo
del dinero sucio y la mundialización financiera”.
Chesnais presenta algunas hipótesis respecto la manera en la que los mecanismos
constitutivos de la mundialización financiera han podido, debido a su propia
naturaleza, facilitar la penetración en el sistema financiero y en la
circulación internacional de capitales provenientes del narcotráfico y otras
actividades ilícitas (de naturaleza criminal, económica o política) que exijan
el blanqueo de dinero.
Incluso Chesnais plantea que aparentemente existen ciertos paralelismos, tanto
en el tiempo como en el espacio, entre la puesta en funcionamiento de los
mecanismos y de las instituciones de la mundialización financiera y la
utilización de métodos cada vez más refinados para el blanqueo de capitales
nacidos de la producción y de la comercialización de la droga.
Ciertas plataformas de blanqueo de dinero sucio se han formado, desde finales de
los años 60, en paraísos fiscales y plazas financieras offshore, es decir, los
mismos países que sirven de base a la expansión geográfica de los eurodólares,
fuera del alcance de los bancos centrales.
Del mismo modo, el crecimiento acelerado de la masa de narcodólares entre 1985 y
1995 es contemporánea a la desregulación y la liberalización financiera. Debido
a ellas se han multiplicado las posibilidades ofrecidas a los capitales de
crecer de forma puramente financiera, alejados de toda actividad de producción
de bienes y servicios.
Sucintamente designamos a la mundialización financiera como la intensificación
de las interconexiones entre los sistemas bancarios y los mercados financieros
nacionales, que conducen a la aparición de un espacio financiero mundial. Este
espacio se unifica más y más cada día; domina a la aplastante mayoría de los
sistemas nacionales, aunque se mantiene completamente jerarquizado y
estructurado: los Estados Unidos todavía constituyen el núcleo y son los
principales beneficiarios.
Clásicamente, los autores distinguen tres elementos constitutivos de la puesta
en marcha de la mundialización financiera: la desregulación o liberalización
monetaria y financiera, la puesta en contacto de los diferentes mercados
financieros nacionales y la desintermediación. De hecho, hay una interacción y
una relación profundas entre los tres procesos.
La mundialización financiera afecta tanto a la descompartimentación interna
entre distintas funciones financieras y diferentes tipos de mercados (mercados
de divisas, de crédito, de acciones y de obligaciones), como a la
interpenetración externa de los mercados monetarios y financieros nacionales y
su integración en mercados mundializados a los que quedan subordinados, en es el
caso en la mayoría de los países.
Existen varios instrumentos de descompartimentación externa: la liberalización
de los flujos de divisas, la apertura del mercado de deuda (titulización) a los
operadores extranjeros, la apertura de la Bolsa a empresas foráneas, etc.
En definitiva vemos como Chesnais nos da mejores fundamentos para reforzar a los
que a las apuradas incorporamos al capitulo 13 de la Comisión de Lavado.
La matriz del capitalismo globalizado
Siguiendo este razonamiento aparece con claridad cómo se ha construido una
matriz o sistema para que opere un capitalismo criminal, en el marco de un
capitalismo globalizado. Aunque por los resultados planetarios que este
capitalismo globalizado produce, también éste debería calificarse de criminal, a
menos que consideremos que el hambre no sea un crimen, ni la indigencia sea un
crimen, ni la contaminación ambiental sea un crimen, etc.
Particularmente en la Argentina, el hambre y la indigencia son crímenes
incalificables, al tener como contexto a un país exportador de alimentos
destinados principalmente a la alimentación animal, como es el caso de la soja;
cuyo cultivo extensivo, de la mano de grandes pool de siembra, ha hecho que deje
de ser una actividad agraria para transformarse en una actividad
minera-financiera, insertada en el circuito del capitalismo globalizado.
Esta matriz del capitalismo globalizado tiene su sustento en un dogma: la
libertad absoluta al movimiento de los capitales. A ese dogma se le han ido
adosando teorías, nunca científicamente comprobadas (como nos explica el
economista Walter Graziano), desde poderosos centros de pensamiento, como la
escuela de Chicago.
Estas teorías han sido el fundamento de políticas económicas avaladas por un
sonoro y portentoso “Concierto Legitimista”, como lo define Alfredo Carella,
compuesto por instituciones estatales, multilaterales y privadas que se las han
impuesto “urbi et orbi”.
Los elementos constitutivos de esta matriz son:
La política de apertura irrestricta de la Cuenta Corriente y de Capital de la
Balanza de pagos.
Una condición impuesta a rajatabla por el FMI a sus países
miembros.
La apertura y desregulación del sistema bancario y financiera local o
nacional.
Esta política ha dado como inevitable resultado la extranjerización
del sistema bancario, y la captación de los ahorros internos de las economías
periféricas para volcarlos o integrarlos a los circuitos de las finanzas
globales. Como detalle fíjense cómo cuando se destruye el ahorro nacional
estafando a los ahorristas -tal el caso del “corralito”- ese “concierto
legitimista” logra que se derogue la ley de subversión económica que podía
penalizar a los banqueros, y que la Justicia únicamente investigue a sus jueces
que dieron amparo a los ahorristas. Claro, el “amparo” en un mundo financiero
globalizado, sólo le corresponde a los financistas.
El inconmovible principio del secreto bancario.
La política de “independencia” del Banco Central. A este respecto corresponde
hacernos la pregunta: ¿Independencia de quién? ¿Independencia de qué intereses?.
Es bueno que nos preguntemos cómo llegan siempre a presidirlo personeros ligados
a los intereses financieros: como Diz (hombre de Martínez de Hoz, padre de la
deuda externa), Cavallo (que estatizó la deuda privada), Machinea (que legalizó
la deuda de la dictadura), Pou (que extranjerizó la banca en los 90), Blejer
(hombre del FMI que vigiló la salida de la convertibilidad), Prat Gay (hombre
del J P Morgan que fue clave para llevar adelante una política de acumulación de
reservas que permitiera pagarle al FMI), y Redrado (que continuó con lo mismo).
Deberíamos preguntarnos, cuál es el rol actual del BCRA y su política de
acumulación de reservas. Al respecto hay un buen paper reciente del economista
Teófilo Gomila. La respuesta es simple, igual a la que practicó Martínez de Hoz
y dio origen a la deuda externa fraudulenta: acumular reservas, para que tarde o
temprano a cambio de nada se la lleven.
Finalmente debemos referirnos una pieza clave de la matriz que es el
endeudamiento público en moneda extranjera.
El propio FMI define las deudas
públicas como la “piedra angular” de la globalización financiera. Cabría una
pregunta de Perogrullo ¿Por qué endeudarnos en dólares si lo que aparentemente
nos faltan son pesos?. La respuesta nos conduce al arcano de la cuestión: porque
ésa es la piedra angular del endeudamiento fraudulento, que es el principal
instrumento de la globalización financiera, donde hay países rectores
globalizadotes y países dependientes globalizados, dando origen a una nueva
“teoría de la dependencia”. Que en realidad es bastante vieja, ya que hubo antes
una globalización financiera entre la mitad del siglo XIX y los primeros años
del siglo XX, bajo la férula del extendido imperio británico.
Los flujos de riqueza que produce esa matriz financiera de dependencia
A partir de estos elementos constitutivos de esta matriz financiera analicemos
los sentidos de los flujos de riqueza que ha producido, señalando en primer
lugar que los resultados son similares en todos los países en desarrollo (PED).
De acuerdo a datos del CADTM (Comité de Anulación de las Deudas del Tercer
Mundo) los países de América Latina y el Caribe debíamos 257 billones (miles de
millones) de U$S en 1980, y ahora debemos más de 800 billones. Pagamos en ese
período 1.850 billones o sea más de 7 veces la deuda original.
Entre 1998 y 2002 los PED enviaron hacia los países centrales el equivalente a 6
planes Marshall. O sea, somos exportadores netos de capitales.
Les recomiendo que entren en la página web del Ministerio de Economía (Cuentas
Internacionales). Allí comprobarán que la República Argentina no es deudora: por
el contrario somos acreedores del resto de las economías de mundo. En efecto, a
la fecha la Argentina tiene un Saldo Acreedor Neto de 17.931 millones de
dólares.
Ese saldo neto se compone de Activos Externos valuados 161.151 millones de U$S y
Pasivos por 143.219 millones de U$S. Claro el pequeño detalle, es que los
Activos Externos son depósitos y propiedades de una pequeña minoría que lo
disfruta y los pasivos externos son en su mayoría deuda pública que pagamos
todos los ciudadanos con nuestros impuestos; con un Estado que por falta de
recursos no puede garantizar los derechos a la salud, educación, trabajo etc.
Como decía don Atahualpa Yupanqui: “Las penas son de nosotros, las vaquitas son
ajenas”.
El resultado del funcionamiento de esta matriz y de este flujo no podrían ser
otros que el vaciamiento y la insolvencia de los países periféricos. Una
insolvencia que se ve agravada por la permisividad para el funcionamiento del
mecanismo tandem de Paraísos Fiscales y Sociedades Offshore.
Partamos de que ¡oh casualidad!, los paraísos fiscales son ex colonias
británicas (Islas Caiman) o territorios de ultramar de países como Holanda (Aruba)
y que en conjunto los paraísos fiscales tienen depositados activos por 11
billones de U$S (dinero, acciones, bonos, oro, propiedades). Merrill Lynch
afirma que 1/3 de los activos financieros están en paraísos fiscales. Sus
activos se incrementan en 600 billones por año.
De acuerdo a datos de La Red por Justicia Fiscal (TJN en siglas inglesas) si
calculáramos la renta presunta en los paraísos fiscales, la misma sería de: 11
billones x 7,5% de renta anual, equivalente a 862.000 millones, que multiplicado
por un impuesto a la renta del 30% , significa un monto de 255.000 millones.
Este es el agujero fiscal que producen los paraísos fiscales, donde están
inscriptas más de 2.400.000 sociedades offshore.
No debe extrañarnos entonces que en el Informe Desarrollo Humano se señale que
en 1960 en los PED la diferencia de ingresos entre el 20% más rico y 20% más
pobre era de 30 a 1 y que en 1999 esa brecha haya aumentado 74 a 1.
Cuánta hipocresía de los países poderosos planteando metas del milenio para
combatir la pobreza, mientras saquean los recursos de los países pobres. Cuánta
hipocresía de llamados a la transparencia, a la lucha contra la corrupción, y a
la Responsabilidad Social Empresaria, cuando se ha impuesto de manera forzada e
insensata una matriz de saqueo.
Claro que en un mundo complejo y globalizado, todo tiene efectos sistémicos. La
ubérrima libertad al movimiento de capitales, con la abolición de las barreras
nacionales y regionales, parece haber traído como contrapartida la erección de
los muros físicos que han comenzado a proliferar por el mundo, poniendo en tela
de juicio la globalización a ultranza que se predica, que parece no alcanzar a
las personas físicas.
Como por ejemplo el alambrado de Melilla, que pretende impedir el paso de
africanos hacia Europa; y el muro en la frontera de México con Estados Unidos,
que trata de impedir el paso de iberoamericanos hacia este último país.
En consecuencia, la matriz de saqueo en los países financieramente dependientes
ha provocado un curioso fenómeno de contrarreacción. Junto con el flujo neto de
recursos naturales, capitales y ganancias que van de los países dependientes
hacia las metrópolis; van también las víctimas de esos saqueos, en forma de
hordas humanas, hambreadas y desnudas en Africa; o con las “espaldas húmedas” en
Norteamérica, para cobrarse de esta curiosa manera los saldos del desbalance
macroeconómico resultantes de esos intercambios asimétricos, provocados por la
globalización financiera.
Conforme el moderno enfoque de la “economía ecológica”, se pone en evidencia que
la ruptura del equilibrio también lo paga a la larga aquél que lo provoca. En
este caso con flujos migratorios masivos, que ponen en jaque la seguridad y el
modo de vida de quienes disfrutan los efectos económicos de la globalización
financiera.
Todo tiene su precio bajo el sol. Por ello, en bien de toda la humanidad,
incluso también en última instancia de los países desarrollados prestamistas, no
se trata de dar o no dar una mano financiera a los países en desarrollo, sino de
sacársela de encima.
Cuando Ricardo Nissen fue jefe de la Inspección General de Justicia produjo un
hecho histórico: de un plumazo y con un par de resoluciones puso en caja a las
offshore con fines indeterminados que actúan en la Argentina. Se basó en el
simple y contundente argumento de que no podían las empresas offshore desplegar
en nuestro país, actividades para las que no estaban habilitadas en su país de
origen.
Si pudo Argentina, si pudo Nissen ¿por qué no lo hacen los países más
poderosos?. De un plumazo se podrían acabar con las sociedades offshore y los
paraísos fiscales, si hubiera voluntad política.
La trampa de la inversiones extranjeras y las inversiones extranjeras con trampa
El resultado lógico de estas políticas de exportación neta de capitales
financieros ha sido la “desaparición forzada” de trabajadores que no pueden
salir de desempleo estructural; de empresas nacionales que sin financiamiento ni
mercado son extranjerizadas o van a la quiebra; y la caída acelerada del “Estado
de Bienestar” que se ha insolventado y ausentado, o que sólo sirve para darle
cobertura legal al saqueo financiero.
La desaparición forzada de estos actores produce recursivamente más de lo mismo:
o sea, necesariamente y como contracara, la necesidad forzosa de más inversiones
extranjeras, ya sean financieras o directas. Hacen así su “aparición con vida”
las transnacionales, y también las inversiones sean como sean y de donde vengan,
sin importar el origen, lícito o ilícito de los capitales. Con el agravante de
que los PED, e incluso sus regiones y municipalidades, se pelean para lograr las
mismas, a los efectos de tratar de paliar el desempleo estructural.
Para ello les otorgan cuantiosas exenciones impositivas; subsidios para su
radicación, y el pago de la nómina laboral; e incluso permiso para la polución
ambiental, resultando así nuevamente para los PED, más caro el collar que el
perro; que equivale a decir que nuevamente “les metieron el perro”.
En las inversiones extranjeras o de reflujo financiero podemos distinguir dos
vertientes: las inversiones extranjeras que se hacen bajo un conjunto de leyes
que son una trampa (una trampa que empezó con la ley de inversiones extranjeras
de Martínez de Hoz en la dictadura, siguió con los Tratado Bilaterales de
Inversión en la época de Menem- Cavallo, con su prorroga de jurisdicción al
tribunal del CIADI) y las inversiones extranjeras o reflujos financieros que se
hacen haciendo trampa a la ley, como el lavado de dinero.
La historia nos enseña que este capitalismo filibustero o criminal incluso es
premiado por los imperios, como el caso de Sir Francis Drake durante el reinado
de Isabel I de Inglaterra.
Conclusiones
A esta altura creo que debemos preguntarnos, como Leonardo Boff: “¿Como
suplantar a un monstruo que con sus tentáculos ha cubierto toda la tierra?”
Lo primero es saber dónde elegimos pararnos, si en una “postura amoral” o
pragmática: como el periodista Mariano Grondona, que en un programa televisivo
sostuvo que no importa de donde vengan los capitales, lo importante es que
vengan a invertir en el país.
También podemos elegir una “postura estética”: luchar contra el crimen del
lavado pero no hablar del crimen de la globalización. Un lugar común del
“progresismo”, que menea incluso el tema del lavado, como una forma de eliminar
la competencia por parte de inversiones non sanctas.
O por último, asumir una “postura ética”: luchar contra el lavado y su madre: la
globalización financiera, que es la nueva forma de la colonización, el saqueo y
la opresión. Estas son nuestras verdaderas opciones. Depende de dónde nos
paremos podremos o no cambiar las cosas. Me parece que sólo asumiendo una
postura ética podremos, como dijo Mons. Bergoglio, velar y luchar para que los
pueblos no sean burlados por astucias mundanas.
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Ponencia en seminario de la facultad de Derechos de
la UBA El rol de las instituciones y los efectos para el
país Noviembre 2006