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El presidente Bush, con dos años sin mayoría legislativa. |
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Estas elecciones
fueron la censura popular más dura que George W. Bush sufrió hasta ahora
en su país. Pero si bien los norteamericanos dieron malas notas a Bush en la
guerra en Irak, las encuestas dicen que siguen apoyándolo en la lucha contra el
terrorismo.
Por Joseph Nye (*) - Project Syndicate
y Clarín
Lamentablemente, Estados Unidos no está ganando esa lucha. Bush tiene razón al
decir que Al Qaeda fue desarticulado, pero su atractivo como movimiento aumentó.
Porque el éxito depende no sólo de qué ejército es el ganador sino también de
cuál historia es la ganadora. Y la retórica de Bush sobre la promoción de la
democracia es menos convincente que las fotos de Abu Ghraib y de
Guantánamo.
Tampoco hubo debate político sobre el derroche del atractivo mundial
norteamericano, el llamado "poder blando". En el actual clima político,
"poder blando" suena perdedor. Bill Clinton supo captar la mentalidad
norteamericana cuando dijo que con un clima de temor el electorado elegiría
"fuerte y equivocado" antes que "tímido y correcto". La buena noticia de
esta elección es que el péndulo estaría regresando hacia el centro.
La diplomacia pública -difusión, programas de intercambio, asistencia para el
desarrollo, socorro para desastres- está diseminada por todo el gobierno, sin
estrategia abarcadora o presupuesto como para integrarlos a una política amplia
de seguridad nacional.
El gobierno de Estados Unidos tampoco cuenta con una estrategia para
relacionarse con los generadores del "poder blando" —desde Hollywood a
Harvard y la Fundación Gates— que emanan de la sociedad civil. Desde ya
que el "poder blando" no soluciona todos los problemas. Pero objetivos como la
promoción de la democracia y los derechos humanos se logran mejor a través de
él.
La democratización compulsiva tiene sus límites, tal como descubrió
el gobierno de Bush en Irak.
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(*)Politólogo estadounidense.
Project Syndicate y Clarín (c) /
Traducción: Silvia Simonetti