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(IAR-Noticias) 06-Noviembre-06
¿Pena de muerte en Perú?. Por qué esta medida y contra quiénes va dirigida.
Por Luis Arce Borja
El primer elemento que hay que tomar
en cuenta cuando se plantea la pena de muerte es la naturaleza del Estado
peruano. Aquí no se trata específicamente de un problema jurídico o legal. La
medida es política, y tiene que ver con las ambiciones del régimen aprista, y
sus planes de gobernar mediante el terror y leyes draconianas que amenacen y
repriman permanentemente el más leve movimiento popular. García Pérez, es
conciente que el Estado peruano es inestable, en crisis, en estado de
putrefacción, y que en esas condiciones es mejor gobernar mediante el estilo de
las dictaduras terroristas, en cuyo terreno la vida no vale nada.
Uno de los temas que Alan García abordó desde su campaña electoral fue la pena
de muerte tanto para violadores y terroristas. El 7 de marzo del 2006 durante un
mitin en el distrito de La Victoria, dijo que propondría una consulta popular
para introducir la pena de muerte, tanto para violadores y terroristas. Ya en el
poder ha concretado sus planes en un proyecto de ley (remitido al parlamento)
para aplicar la pena de muerte a los violadores de niños. Entre su campaña
electoral y su pedido para sancionar con la muerte a los violadores, solo ha
pasado algunos meses, y ahora ha propuesto extender la pena de muerte a los que
el califica de terroristas. Así el martes 31 de octubre mientras inauguraba un
programa de salud en San Juan de Lurigancho, dijo que entregará un nuevo
proyecto de ley al Congreso para que se aplique la pena de muerte a los que
“intenten retomar las acciones subversivas de Sendero Luminoso”. García, en su
tono de facho latinoamericano, señaló que la pena de muerte incluía el
fusilamiento para “aquellos remanentes de Sendero Luminoso” que se estén
reorganizando con el fin de revivir la “lucha armada” por medio de atentados
terroristas. "Enviaremos el artículo de ley que aplica la Constitución para que
cualquiera que comience este gravísimo delito de terrorismo, que hizo retroceder
tanto al Perú, se enfrente a un pelotón de fusilamiento". En tono amenazador
anotó que si “Sendero Luminoso intenta volver a infiltrarse en las
universidades, sindicatos u otras organizaciones, el gobierno "intervendrá" esos
lugares.
En 1871 Francia había capitulado frente al ejército de Prusia. La derroca del
gobierno francés fue desastrosa y aceleró la lucha de clases y la explosión
social. Estallo la revolución y se estableció la Comuna de Paris. Los
trabajadores por primera vez en la historia tomaban el poder, y se habían
atrevido “asaltar el cielo” como dijo Carlos Marx. En alto del local municipal,
ahí donde solo se reunían nobles y burgueses, ahora flameaba la bandera roja de
los obreros parisinos. El sanguinario Thiers apoyado por el gobierno de Bismarck
atacó la comuna y con ello se impondría el terror y el crimen para liquidar la
revolución. Los obreros levantaron barricadas, y sin partido ni ejército,
defendieron valerosamente el poder del proletariado. La derrota fue inminente, y
ahí entre el fuego de los cañones y fusiles, quedaron miles de trabajadores
degollados y fusilados en juicios sumarios. “Las matanzas continuaron durante
varios días más. La última barricada, construida en un cuarto de hora, estaba
defendida por un sólo hombre. Disparó su último cartucho y murió como todos,
fusilado. Para el domingo 28 de Mayo la Comuna había desaparecido”. Y Si era
verdad que la Comuna había terminado gloriosamente defendida, los fusilamientos
no. Al final quedaron más de 30 mil parisinos muertos por la represión del
ejército de Thiers. Como señalan diferentes historiadores, la sangrienta derrota
de la Comuna de Paris y la represión impuesta contra el movimiento obrero de
Francia, se extendió durante cinco años después de la histórica Comuna. En ese
periodo post revolución de Paris, los mejores cuadros obreros sobrevivientes
fueron muertos o enviados a prisión.
La remembranza de la Comuna de Paris, no es para hacer compasiones históricas,
sino más bien para mostrar que en todas las etapas de la lucha social, la
represión, no concluye con la derrota del proceso revolucionario en si, sino que
ésta se extiende durante mucho tiempo después. La represión, en este caso es por
naturaleza, una forma de “prevención” del rebrote de la rebelión, y como
estrategia contrarrevolucionaria se perfila como parte de los planes del Estado
para impedir que nuevas fuerzas retomen la lucha. La opción que ahora plantea
Alan García Pérez con la aplicación de la pena de muerte, no tiene porque
sorprender, y se trata en ultima instancia, de una medida preventiva y
reaccionaria a un proceso revolucionario, que a pesar que fue traicionado por
sus propios dirigentes en 1993, significa en el aspecto histórico-político, una
posibilidad de enfrentar con las armas en las manos al Estado y las clases que
detentan el poder en Perú.
La pena de muerte para los “terroristas” como dice García Pérez, no es contra un
peligro inminente e inmediato en la escena política actual del Perú. Por el
momento nada amenaza con seriedad la integridad del Estado y del gobierno. En el
caso del Partido Comunista del Perú (PCP), Abimael Guzmán y su “Comité
Histórico”, desde las prisiones firmaron un acuerdo traidor con Alberto Fujimori,
cuyo alcance contrarrevolucionario fue factor de primer orden en la derrota de
la lucha armada. Guzmán, ahora más ocupado en sus trámites matrimoniales con
Myriam Iparrguirre, sigue empecinado en buscar una “solución política a los
problemas de la guerra”, en lugar de ser un peligro, resulta un nuevo aliado del
estado y del sistema de opresión. Su objetivo político se reduce a una lastimera
“amnistía general para los presos”. El Movimiento Revolucionario Tupac Amaru
(MRTA), de origen aprista es inexistente y sus dirigentes en presión, incluido
Víctor Polay Campos, han capitulado y reniegan ahora de la lucha armada. Por
parte de la izquierda caviar, esto es un paco más de lo mismo, y su función
política se reduce a convivir con los gobiernos de turno, o a lanzar estribillos
políticos en torno a una “nueva constitución” y a “fortalecer la democracia”.
Entonces, ¿qué teme el gobierno aprista?. La amenaza mas grande va a surgir del
hambre, la miseria, la desocupación y otras lacras sociales que el gobierno de
García Pérez acelerará en los próximos meses. Las luchas populares aunque
espontánea y sin dirección política por el momento, serán la resistencia
inmediata y su desarrollo, que duda cabe, serán un factor de calidad en el
camino de construcción de la vanguardia política y revolucionaria. Vanguardia
que como decía José Carlos Mariátegui, tiene que ser la fuerza política que
“asuma la tarea de orientación y dirección en la lucha por la realización de sus
ideales de clase”. (1).
Así la pena muerte y cualquier otra medida represiva, es como se dice en Perú,
“poner el parche antes que salga el chupo”. Esto significa, que si bien cierto
la lucha armada revolucionaria ha sido derrotada (a causa de la capitulación de
sus dirigentes), ello no significa que el proceso la lucha de clases haya
concluido. Al contrario, el Perú actual vislumbra un cuadro social donde las
masas, espontáneamente, serán los actores principales de la lucha social. Y en
esta lucha, las clases populares tienen una gran ventaja, y ello se refiere a
que en Perú, existe independiente de los intentos del gobierno para reprimir el
reagrupamiento revolucionario, la experiencia de cerca de 20 años de lucha
armada, y la experiencia tangible de que las masas armadas pueden enfrentarse
victoriosamente a las fuerzas armadas, a los miles de policías, a los
paramilitares, y a cualquier fuerza represiva del Estado.
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Nota:
1. José Carlos Mariátegui. Programa del Partido Socialista, octubre 1928.
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