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(IAR-Noticias) 23-Junio-06
En cada declaración sobre Irán, los funcionarios del gobierno de Estados
Unidos repiten que el presidente George W. Bush "no descarta ninguna opción",
dejando la puerta abierta a un posible ataque militar.
Análisis de Gareth Porter (*) -
IPS
Sin embargo, una poco destacada sección del documento oficial sobre la
estrategia de seguridad nacional estadounidense sugiere que el presidente ya
habría decidido no usar la fuerza militar para obligar al gobierno iraní a que
suspenda su controvertido programa de desarrollo atómico.
En cambio, Washington prevé concentrar sus esfuerzos en presionar
transformaciones políticas internas en Teherán, convencido de que eso derivará
en un cambio en su política nuclear.
La cobertura periodística de la presentación el 16 de marzo de la nueva
Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos se detuvo particularmente en
la doctrina de política exterior preventiva.
Pero una lectura cuidadosa del documento revela que su mensaje verdadero,
ignorado por la prensa, es que Washington se ha convencido de que Irán no cederá
en su plan nuclear, y la única salida es propiciar un "cambio de régimen".
El documento coloca en un segundo plano la inquietud sobre el programa nuclear
iraní.
Teherán asegura que el plan tiene fines pacíficos, pero las potencias
occidentales, lideradas por Estados Unidos, sospechan que el objetivo es
fabricar armas de destrucción masiva.
"Estados Unidos tiene mayores preocupaciones sobre Irán. El régimen de ese país
patrocina el terrorismo, amenaza a Israel, busca frustrar la paz en Medio
Oriente, socava la democracia en Iraq y niega las aspiraciones de su pueblo por
la libertad", indica el documento.
"El tema nuclear y nuestras otras preocupaciones, en última instancia, solo
podrán resolverse si el régimen iraní toma la decisión estratégica de cambiar
sus políticas, abrirse y darle libertad a su pueblo. Este es el objetivo final
de la política estadounidense", subraya.
Esta cuidadosamente elaborada declaración reconoce al "cambio de régimen" como
la principal meta de Washington.
El consejero de Seguridad de la Casa Blanca, Stephen J. Hadley, al hablar en el
Instituto de Paz el mismo día en que fue presentado el documento, dijo que la
estrategia consiste en "mantener unida a la comunidad internacional y hacer que
Irán cambie su política sobre el tema nuclear, sobre su respaldo al terrorismo y
sobre el trato dado a su pueblo".
"Lo que yo he dicho y lo que dice este documento es que necesitamos que los
regímenes cambien sus políticas", añadió.
Lo que sugiere tanto el documento de Washington como las declaraciones de Hadley
es evidente: si el objetivo es lograr un cambio interno en Irán, que a su vez
derive en un cambio de la política nuclear, entonces no hay necesidad de una
ofensiva militar, que por el contrario pondría obstáculos a la transformación
política.
Un informe del periodista David Sanger publicado por el diario The New York
Times el 19 de marzo, citando a un funcionario de Washington, también dio
indicios de que la administración Bush no usará la fuerza contra Irán.
"La realidad es que la mayoría de nosotros piensa que los iraníes van a fabricar
un arma o desarrollar la tecnología para hacerlo, tarde o temprano", dijo el
funcionario, y añadió que los más optimistas consideran que a Teherán le costará
"10 o 20" años conseguirlo.
La larga e infructífera campaña de la secretaria de Estado (canciller),
Condoleezza Rice, para que los otros cuatro miembros permanentes del Consejo de
Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) --China, Francia, Gran
Bretaña y Rusia-- apoyen sanciones contra Teherán, abriendo así la puerta a un
ataque, tiene solo el fin de hacer más creíble la amenaza.
Pero la administración de Bush no hecho nada para indicar que de verdad prevé
usar una resolución del Consejo de Seguridad como plataforma para un ataque
preventivo.
El 30 de abril, tras una reunión sobre el tema iraní entre los cancilleres de la
Unión Europea y de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), el
jefe de la diplomacia del bloque europeo, Javier Solana, dijo que "nadie" había
"considerado la posibilidad de una solución militar" o de formar una "coalición
de dispuestos" como ocurrió en Iraq en 2003.
Las únicas sanciones multilaterales contra Irán mencionadas por funcionarios de
Bush se refieren a "aislar" a ese país cortando las relaciones diplomáticas y
comerciales. Aun así, esa medida dependerá de las otras potencias en la ONU.
Estados Unidos no puede hacer nada más por sí solo para aislar a Irán, pues no
tiene relaciones diplomáticas con su gobierno desde hace 27 años y adoptó
sanciones económicas en 1995.
De todas formas, aun cuando las potencias apoyaran su iniciativa, pasarían meses
antes de que las sanciones entraran en vigor y mucho más antes de que se vean
resultados, si es que los hay. Mientras, los científicos iraníes seguirían
adelante con el enriquecimiento de uranio.
A pesar de la evidencia del éxito iraní en la primera etapa de su programa
nuclear, Rice sigue expresando confianza en que la amenaza de aislamiento
económico y diplomático tendrá efectos devastadores en Teherán.
"No creo que los iraníes puedan tolerar el grado de aislamiento que sufrirán si
no toman la elección correcta", dijo el 31 de mayo en una entrevista televisiva.
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(*) Gareth Porter es historiador y experto en políticas de seguridad nacional de
Estados Unidos. "Peligro de dominio: Desequilibrio de poder y el camino hacia la
guerra en Vietnam", su último libro, fue publicado en junio de 2005.
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