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(IAR-Noticias) 12-Junio-06
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En la
imagen de televisión, se muestra lo que el Ejército de EEUU dice que es una
foto del cadáver de Al Zarqawi, durante una rueda de prensa en Bagdad, el 8
de junio de 2006. (Reuters TV) |
No hay que asombrarse que un día antes de la muerte "oficial" del jordano Abu
Mussab al Zarqawi, el portal StrategyPage.com se haya adelantado con una
presciencia poco común: "Zarqawi, programado (¡super-sic!) para el
martirio"(07/06/06)
Por Alfredo Jalife Rahme - La Jornada
Allá quien a su cuenta y riesgo quiera perder su tiempo con la programada
extinción del espantapájaros del "segundo (sic) de Al Qaeda": otro montaje
hollywoodense de la "guerra sicodesinformativa" del Pentágono y la CIA.
A nuestro juicio, la "extinción" muy cantada de Zarqawi (ya había sido
"degradado" en abril, mes del arranque de las negociaciones tras bambalinas
entre Estados Unidos e Irán) sirve un triple propósito propagandístico: 1.
Encubre la carnicería de los salvajes marines en Haditha (del nivel de My
Lai, en Vietnam), que ha sacudido lo que queda de buena conciencia de la opinión
pública estadounidense intoxicada por sus mendaces multimedia. 2. Intenta
detener, a cinco meses de las cruciales elecciones de medio-término, el desplome
de Baby Bush, con un 22 por ciento de "aceptación" (lo cual lo convierte
en un presidente ilegítimo dentro de su previa doble ilegitimidad como producto
de las elecciones bananeras de Florida y Ohio), mediante el invento de un "golpe
letal" al terrorismo islámico global y 3. Estados Unidos se despoja de su
engendro terrorista jordano, quien se había especializado en asesinar
selectivamente a los chiítas iraquíes, lo cual ha causado beneplácito en Irán y
ha apuntalado momentáneamente al flamante gobierno de coalición de Bagdad
dominado por los chiítas.
Dentro del caos estimulado deliberadamente, las fuerzas invasoras
anglosajonas necesitan de un mínimo de orden para poder retirar a sus efectivos
de Irak, quizá, para luego atizar el incendio de la balcanización y la guerra
fratricida entre chiítas y sunitas árabes, así como de los kurdos arios, los
turcomenos y los caldeos cristianos: todos contra todos, a la más depurada
usanza de la perfidia anglosajona. Por fortuna, no todo lo que planean los
invasores resulta al pie de la letra y suele suceder que se equivoquen
rotundamente.
Lo real es que la dupla Bush-Blair, derrotada en Irak y humillada en
Afganistán, ha sido obligada por las circunstancias geopolíticas regionales a
iniciar las exequias adelantadas de la entelequia terrorista islámica de Al
Qaeda, que lubricaba la agenda unilateralista de Washington, para ahora reforzar
su viraje multilateral que emprendió en la histórica reunión hexapartita de
Viena (ver Bajo la Lupa (*) 04/06/06).
Mas allá de las estridencias retóricas, cuando visitamos Irán en la pasada
Semana Santa detectamos la disposición de las autoridades iraníes a entablar
negociaciones directas con el régimen bushiano (ver Bajo la Lupa: 16 y 19 de
abril pasados). Luego alertamos sobre la presencia de un misterioso visitante
iraní a Washington para edulcorar las negociaciones (ver Bajo la Lupa;
23/04/06). El deshielo alcanzó su punto de inflexión con la histórica carta de
Ahmadinejad a su homólogo de la Casa Blanca, que más bien parecía una nueva
Epístola a los Galateos, en una singular visión chiíta, y en la que el
presidente iraní pontificaba a Baby Bush a reconvertirse a los valores
espirituales universales, al tiempo que abría grandes interrogantes sobre los
atentados del 11 de septiembre que exhibieron extrañas fracturas en el aparato
de inteligencia y seguridad de Estados Unidos, y que, a su juicio, no pudieron
ser llevados a cabo sin la colusión interna.
De Defensa, centro de pensamiento europeo de estrategia militar (05/06/06),
diagnostica que el importante giro en la política con relación a Irán constituye
una "derrota estratégica mayor de Estados Unidos", y considera que Condi
Rice, la secretaria del Departamento de Estado, se volvió una "realista" al
haber tomado su distancia de los halcones "ideológicos" para "administrar el
declive de Estados Unidos".
Fuentes muy solventes de Egipto y Estados Unidos han filtrado el papel nodal
del muy influyente y anterior presidente iraní, Ali Akbar Hashemi Rafsanjani,
quien realizó recientemente varias visitas a Kuwait desde donde, con la
intermediación de la Casa Real, contactó a los altos funcionarios de la
industria petrolera estadounidense para proponerles concesiones gaseras a las
trasnacionales anglosajonas, una oferta insuperable como parte de un arreglo
integral. Ya decíamos en su momento que Rafsanjani había hecho de Kuwait su
centro de información personal.
Desde hace mucho Bajo la Lupa había planteado los términos de trueque para un
arreglo entre Estados Unidos e Irán: gas por uranio enriquecido. Pero tampoco
hay que precipitarse a celebrar el probable inicio de las negociaciones de Irán
con el grupo hexapartita de Viena, mientras perdure en el poder la dupla Cheney-Rumsfeld,
sedienta de sangre y aliada de los neoconservadores straussianos: los nuevos
moabitas veneradores del Moloch bélico.
El muy sólido Sidney Blumenthal, anterior confidente de Clinton, revela que
Daddy Bush "emprendió una campaña secreta de varios meses que inició este
año para defenestrar al secretario de Defensa, Donald Rumsfeld" (Salon.com;
08/06/06), la cual falló debido a la oposición de su hijo, Baby Bush,
quien expresó todo su apoyo al secretario de Defensa.
"Soy yo quien decide y yo decido qué es lo mejor. Y lo mejor es que Rumsfeld
siga en su puesto", espetó Baby Bush ante siete generales retirados que
habían sido comandantes en Irak y habían exigido la renuncia del secretario de
Defensa en abril pasado (Nota: mes del inicio de las negociaciones subrepticias
con Irán). Comenta con un inigualable conocimiento de causa (Daddy Bush
mantiene una estrecha relación personal con Clinton) y con entonaciones
freudianas que el rechazo de Baby Bush a la exigencia de los siete
generales había constituido también un "rechazo a su padre".
Al menos que se trate de una clásica opereta hollywoodense a la que son muy
afectos los televidentes y los invidentes de Estados Unidos, Blumenthal
dramatiza la confrontación entre el presidente número 41, Daddy Bush, y
su hijo, el presidente número 43, Baby Bush: "su intervención fue un
intento extraordinario para tratar de salvar (sic) simultáneamente a su hijo, el
legado familiar y al país" (¡super-sic!). Le faltó agregar: al planeta entero.
La reseña de la relación conflictiva entre el padre y su hijo desobediente
pone en evidencia la sicología perturbadora de un presidente iluminado, pero
también minado, de la que depende por desgracia el futuro del género humano. La
misma presidencia de Baby Bush forma parte de su drama personal del que
siempre ha sido rescatado por su padre, a juicio de Blumenthal: desde sus años
de adicción alcohólica, pasando por su evasión al servicio militar, hasta sus
líos financieros en Harken Energy.
El confidente clintoniano recuerda que cuando el periodista Bob Woodward le
preguntó a Baby Bush si había consultado a su padre antes de invadir
Irak, aquel replicó: "él es el falso padre para consultar en términos de fuerza
(sic). Existe un padre superior (¡super-sic!) al que consulto". ¡Que tremenda
lavada de cerebro la propinaron a Baby Bush tanto la dupla Cheney-Rumsfeld
como los paleobíblicos neoconservadores straussianos!
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(*) "Bajo la Lupa" Columna del autor en La
Jornada
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