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(IAR-Noticias)
14-Junio-06
La película Casablanca -dirigida por Michael Curtiz en 1942 y
protagonizada por Ingrid Bergman y Humphrey Bogart- da una clave para comprender
el escándalo generado por el informe del senador suizo Dick Marty, investigador
especial del Consejo Europeo, acerca de los vuelos secretos de la Agencia
Central de Inteligencia y el traslado de “prisioneros de guerra” a cárceles
clandestinas.
Por Roberto Bardini -
Bambú Press
En una escena del film, el actor Claude Reims -quien interpreta a Renault, el
jefe de policía francés colaboracionista de los alemanes en Marruecos- clausura
ostentosamente el local nocturno Rick’s porque en la parte posterior funciona un
casino ilegal. “Estoy escandalizado por este tipo de cosas”, exclama el
inspector. Un instante después, se acerca un mozo y le entrega un fajo de
billetes mientras le dice: “Sus ganancias, señor”.
El Consejo Europeo, fundado en 1949, tiene su sede en Estrasburgo (Francia) y
entre sus objetivos figuran la defensa de los derechos humanos, la democracia
parlamentaria y el cumplimiento de la ley. En su informe, el senador Marty
afirma que siete países europeos "pueden ser responsables, en grados directos y
no definidos definitivamente, de violaciones de derechos" de personas bien
identificadas. El parlamentario menciona a Suecia, Bosnia-Herzegovina, Reino
Unido, Italia, Macedonia, Alemania y Turquía, países donde fueron secuestrados o
trasladados sospechosos de terrorismo, o que colaboraron con las detenciones
ilegales.
Marty menciona, además, a países que permitieron o no investigaron vuelos y
locales de la CIA que sirvieron para trasladar o retener a prisioneros: Polonia
y Rumania, por funcionamiento de centros secretos; Alemania, Chipre, España y
Turquía, como "plataforma" para vuelos ligados a traslados ilegales; e Irlanda,
Italia, Grecia, Portugal y Reino Unido, como lugares donde hicieron escala
vuelos ligados al traslado de detenidos.
Los vuelos clandestinos, que ya habían sido “destapados” por investigaciones
periodísticas en Estados Unidos, Gran Bretaña y Alemania, eran un secreto a
voces -como la participación del inspector Renault en las mesas de juego del bar
Rick’s- en todos los despachos de gobierno de las principales capitales de
Europa. Y al igual que la policía colonial francesa en Marruecos, la mayoría de
flemáticos funcionarios europeos en los últimos dos años se refería muy
elípticamente a un tema que comprometía a sus gobiernos y servicios secretos con
operaciones encubiertas de la CIA.
Después de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York, el
Counterterrorist Center (CTC), principal unidad antiterrorista de la CIA, decide
cuáles son los sospechosos que serán secuestrados, dónde serán recluidos y hasta
cuándo. En la jerga del contraespionaje, los servicios secretos europeos y
estadounidenses mencionan “entregas extraordinarias” y “lugares negros”.
Todo esto fue publicado por The Washington Post el 4 de noviembre de 2005 y
generó nuevas investigaciones de diarios y revistas de Europa. Se consiguió, por
ejemplo, el testimonio público de tres ciudadanos de Yemen que estuvieron
detenidos en "lugares negros" durante más de un año y medio antes de ser
devueltos a su país en mayo de 2005.
El periódico dominical londinense The Mail on Sunday reveló que aviones de la
CIA aterrizaban y despegaban de aeropuertos militares de Gran Bretaña para
transportar a presuntos terroristas, sin que las autoridades británicas
controlaran esos vuelos. La publicación exhibió fotografías tomadas por
aficionados en las que se ven tres aeronaves estadounidenses en los aeropuertos
escoceses de Edimburgo, Prestwick y Glasgow, el 20 de junio de 2004, el 13 de
noviembre del mismo año y el 16 de septiembre de 2005. Los aviones de la CIA
aterrizaron en 20 aeropuertos británicos alrededor de 210 veces, indicó The Mail
on Sunday.
El diario británico The Guardian, a su vez, citó datos de la aviación civil
estadunidense que sostienen que más de 300 aeronaves de la CIA aterrizaron en
Europa. El diario mencionó 96 vuelos registrados en Alemania, 80 en Gran
Bretaña, 15 en República Checa, dos en Francia y uno en Polonia.
La revista Der Spiegel, de Hamburgo, informó por su parte que las autoridades de
Alemania poseen una lista detallada de al menos 437 vuelos secretos de la CIA en
el espacio aéreo de ese país. La lista, elaborada por la seguridad aérea
alemana, indica que entre 2002 y 2003 los aviones de dos empresas privadas al
servicio de la agencia de espionaje realizaron 137 y 146 vuelos,
respectivamente, que pasaron por espacio alemán o aterrizaron en algún
aeropuerto, sobre todo en Frankfort y Berlín.
Fue precisamente por todo esto que el ex secretario de Estado norteamericano
Colin Powell recordó el 19 de diciembre del año pasado la escena del inspector
Renault en el casino del Rick’s Bar, cuando declaró a la cadena de televisión
británica BBC que los dirigentes europeos sabían de los vuelos de la CIA para
trasladar a sospechosos de terrorismo a cárceles clandestinas repartidas por
medio mundo.
Powell acusó de “cínicos” a la mayoría de gobernantes de Europa por fingir que
eran “ignorantes” y aseguró que estaban informados de los traslados. “Hay algo
de la película Casablanca en todo esto”, comentó.
El ex funcionario volvió a la carga el 24 de mayo pasado en una entrevista con
el programa radial español Ruedo Ibérico, de Antena 3, al afirmar que Estados
Unidos no trabajó en “forma aislada” en sus operaciones de detención y traslado
de presuntos terroristas, sino que contó con la colaboración de “otros países”.
El presidente polaco saliente, Aleksander Kwasniewski, también reconoció
indirectamente a fines de 2005 la existencia de los vuelos secretos de la CIA.
“¿La lucha contra el terrorismo pide solidaridad? Sí, la pide. ¿Pide la
cooperación de servicios especiales [de inteligencia]? Sí, la pide. ¿Hubo
vuelos? Probablemente hubo algunos”, dijo Kwasniewski en el canal de TV estatal
de Polonia.
En el el film Casablanca, el policía colaboracionista representado por Claude
Reims fue un imprescindible personaje secundario. En el asunto de los vuelos
secretos de la CIA y los traslados clandestinos de prisioneros, los gobernantes
europeos también lo fueron.
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