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(IAR-Noticias) 05-Junio-06
Si se tratase de un juego de futbol, el marcador nuclear entre Irán y Estados
Unidos sería por lo menos de 3 a 0 a favor del primero. Y eso que apenas empieza
el partido entre dos rivales asimétricos: una potencia mediana en ascenso frente
a una superpotencia que ha iniciado su inexorable decadencia.
Por Alfredo Jalife-Rahme -
La
Jornada
El primer gol se lo clavó la república islámica chiíta iraní al gobierno
bushiano al resultar el gran vencedor de la fallida invasión anglosajona a Irak.
La dupla decadente anglosajona Bush-Blair derrocó al sunita Saddam Hussein, el
principal enemigo de la teocracia persa, y posicionó en forma involuntaria a los
chiítas iraquíes, aliados de sus correligionarios iraníes, en inmejorable
situación geopolítica en la región del sur, inmensamente rica en petróleo.
No seremos tan crueles para contabilizar como autogol el empantanamiento de
los ejércitos anglosajones en la antigua Mesopotamia, donde no pudieron capturar
los pletóricos yacimientos de petróleo. Peor aún: la inevitable retirada
anglosajona, ahora de espaldas al mar, depende de la buena voluntad de las
milicias chiítas adscritas a Teherán, que le pueden causar a los ejércitos
invasores mayores estragos en la retaguardia de los que han sufrido en la región
sunita. Esta tesis (el secuestro de la retirada anglosajona en el sur de Irak,
sin salida viable salvo la travesía de la región chiíta para huir por Kuwait)
pertenece a Martin Van Crefeld, el muy cotizado historiador israelí de asuntos
militares.
Tampoco contaremos como gol, para no abultar demasiado la paliza del
marcador, que el nuevo gobierno iraquí de Nuri Al-Maliki, impuesto por la dupla
Bush-Blair, haya manifestado su apoyo al proyecto nuclear de la teocracia chiíta
iraní. Ahora sí que la dupla anglosajona no supo para quién trabajó con tanto
ahínco bélico, que resultó no solamente estéril sino hasta contraproducente.
El segundo gol se lo clavó la república islámica persa a Estados Unidos
mediante el anuncio espectacular del enriquecimiento de uranio que llevó (con
diferentes gradientes, matices y abordajes) a Washington, más rijoso, y a
Londres, más pérfido, a una escalada confrontativa desde la "guerra de
desinformación", pasando por el flagrante estímulo a la balcanización de las
provincias no persas (en Khuzestán, Baluchistán y el sur del Azerbayán iraní),
hasta la ominosa amenaza de un bombardeo nuclear estadunidense y/o israelí.
El tercer gol fue la humillante aceptación del régimen bushiano de entablar
negociaciones multilaterales, después de un exorcismo de 27 años, con la
república islámica chiíta de Irán, a la que no se cansaron de tildar de "país
canalla" y "padrino del terrorismo islámico". No todos los goles son iguales y
en el futbol debería existir una cotización de los mejores goles: los tres que
le ha propinado hasta ahora Irán a Estados Unidos han sido excelsos, lo cual ha
orillado a la otrora superpotencia unipolar a jugar a la defensiva, cuando todos
sus ataques han sido fútilmente contraproducentes. Siempre con la metáfora
inigualable del futbol, a Estados Unidos solamente le queda la opción de mandar
asesinar a los 11 jugadores iraníes, además de los suplentes de la banca, para
suspender el partido que tiene perdido, lo cual equivale al lanzamiento sicótico
de bombas atómicas para impedir el proyecto nuclear iraní, lo cual no le será
aplaudido para nada por el público asistente, es decir, por la opinión pública
internacional, que espera un juego más limpio y decente.
Si la derrota de la dupla anglosajona en Irak (léase: no haber capturado su
petróleo) significó el fin del alucinante unilateralismo del efímero orden
unipolar, la crisis nuclear iraní marca la primera prueba de fuego del
incipiente orden multipolar. Estados Unidos, Gran Bretaña, Rusia, China, Francia
y Alemania se reunieron en Viena, sede de la Agencia Internacional de Energía
Atómica, para acordar una serie de incentivos seductores: construcción de una
planta ligera de agua diseñada en Occidente (¡ojo!), tratos comerciales y, "por
encima de todo", la "promesa de la normalización de las relaciones" entre
Estados Unidos e Irán (The Daily Telegraph, 02/06/06).
El castigo del garrote vil de Estados Unidos es ampliamente conocido en todas
las latitudes y los tiempos, y no existe demasiada variación de la monótona
melodía bélica del gobierno bushiano, para quien aquel país que no se doblega a
sus exigencias unilaterales es fulminantemente exorcizado por sus poderosos
multimedia y sus sicofantes asalariados.
Es evidente que el arranque de las negociaciones multilaterales del grupo
hexapartita con Irán, a las que Estados Unidos le añadió la condición previa de
abandono del proyecto nuclear, será rechazado ipso facto por la teocracia
chiíta persa. Ehsan Ahrari, consultor de defensa y director de Paradigmas
Estratégicos, con sede en Alexandria, Virginia (no muy lejos de la dirección
postal de la CIA), desmenuza las posturas de Estados Unidos e Irán (Asia
Times, 03/06/06). El gobierno bushiano no desea repetir el mismo error con
Norcorea, de entrar a negociaciones prolongadas, que le dio tiempo valioso al
régimen de Kim Jong-Il de dotarse de seis bombas atómicas. A Ehrari le intrigó
más la aceptación de Rusia y China de un "lenguaje vago y críptico de
sanciones", en caso de que Irán no diluya su postura, cuando las "relaciones de
ambos se han tensado con Washington en forma considerable" (sic). Conjetura que
Rusia no desea poner en riesgo la próxima cumbre del G-8 en San Petersburgo y se
queda perplejo al calcular los alcances de la postura china, que tiene "acuerdos
megamillonarios de gas y petróleo" con Irán. A su juicio, Estados Unidos desea
seguir apareciendo como "muy duro", al haber ligado condiciones al inicio de las
negociaciones directas con Irán, que buscaría la solución de tres temas para
cesar el enriquecimiento de uranio: 1) finiquito de la desestabilización interna
y el consecuente "cambio de régimen"; 2) "transferencia sustancial de
tecnología, en especial en el sector petrolero", y 3) "abandono de Estados
Unidos de su oposición al gasoducto que va de Irán a India pasando por
Pakistán". En síntesis: la demanda de Irán es ante todo de existencia y luego de
expansión petrolera. Concluye que Irán "necesita garantías de seguridad de un
foro multilateral". ¿Estará el gobierno bushiano dispuesto a concederlas, o
solamente emplea el abordaje multilateral como mera cortina de humo para su
inevitable ataque, como afirma con lujo de detalle Mike Whitney? ("Juego final
en Irán", Information Clearing House, 01/06/06)
La reunión hexapartita de Viena no es poca cosa. A similitud del Congreso de
Viena de hace 192 años, que ordenó el mundo post Waterloo entre las potencias
europeas (que mal que bien perduró un siglo hasta la detonación de la Primera
Guerra Mundial), la reunión hexapartita en la capital austriaca simboliza la
aceptación formal por Estados Unidos de un abordaje multilateral, que jerarquiza
la solución diplomática y deja de lado la aplicación instantánea de la fallida
mecánica unilateral. Y esta sí que es una gran noticia, que no puede ser
escatimada. Si el partido fuera de tenis, se podría formular que ahora la pelota
de la negociación nuclear se encuentra del lado iraní, que sabe jugar al "Gran
bazar" como nadie.
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