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(IAR-Noticias) 13-Junio-06
Mario Roberto Morales, escritor académico y periodista
guatemalteco
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Si vemos el asunto desde una perspectiva empresarial, a partir de su
cooptación por el mercado, los llamados "estilos de vida alternativos" (que
alguna vez fueran contestatarios y cuestionaran peligrosamente el estatus quo)
representaron en Estados Unidos más de 20 mil millones de nuevos empleos y el
incremento empresarial de unas 100 industrias del ramo en 1998.
Por Mario Roberto Morales
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A Fuego Lento
Por lo tanto, desde la óptica
policial, la industria cultural "alternativa" y todos su productos están del
lado de la ley. Por su parte, los recolectores de impuestos ven en las
industrias "alternativas" el hecho brutal de que las mismas exceden los cuatro
mil millones de dólares al año (más de diez millones diarios) en concepto de
tributación, con lo que tal actividad puede postularse, desde su punto de vista,
como beneficiosa para el Estado.
Aunque fue largo el proceso que llevó a la industria cultural "alternativa" a
perfeccionar la simulación de la divergencia y la rebeldía, y a convertirla en
una puesta en escena agradablemente espectacular y en un efectivo simulacro
verosímil, la meta se ha alcanzado con un éxito sin precedentes en la historia
del mercado ideológico.
Por ello, los maestros de escuelas
privadas recomiendan ahora a los jóvenes que sean rebeldes, que no se conformen
con lo que tienen sino que disientan de todo, para lo cual existen innumerables
opciones por las que pueden expresar ese descontento y su desviación de los
canales tradicionales, así como su consustancial rebeldía.
Lo que estos datos expresan (1) es que hoy día no existe prácticamente un
espacio para el disenso que no esté ubicado en el ámbito más grande del mercado.
Si uno quisiera situar su
incoformismo o sus propuestas de alternatividad fuera del mercado, se vería
enfrentado a un grave dilema: ¿si uno se sitúa fuera del mercado, en donde se
sitúa, en vista de que fuera de él no existe ya prácticamente más que la
marginalidad y la imposibilidad de comunicación?
Ah, se me dirá, hay que usar al
mercado para comunicar cuestiones realmente alternativas. Lo que nos llevaría a
definir qué es lo realmente alternativo. Es ante esto que uno extraña la
subversión armada y la época en que uno se deshacía sin pena de sus enemigos en
vez de pedirles su opinión y de negociarlo todo con ellos.
En este dilema debemos situar los términos del debate interétnico en América
Latina. Si estamos en el mercado ideológico, académico y político, no
argumentemos con sofismas esencialistas que satanizan a los "malos" y canonizan
a los "buenos", a no ser que lo hagamos como simulacro para consumo del mercado
regido por la cooperación internacional y los profesores progres.
Y si queremos salirnos del mercado,
actuemos exponiendo el pellejo para demostrar nuestras verdades, aunque eso sea
poco menos que suicida. Como dice cierto autor de moda en los congresos de
ciencias sociales: nuestro dilema actual es cómo ser radicales sin ser
fundamentalistas.
Yo creo que en la experiencia pasada
de la izquierda está lo que no se debe repetir y quizá lo que debamos empezar a
hacer de manera más efectiva y responsable.
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(1) Referencia bibliográfica: Thomas Frank and Matt Weiland, eds. Commodify Your
Dissent. New York-London: W.W. Norton, 1997.
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