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(IAR-Noticias) 02-Junio-06
El presidente Hugo Chávez usa las enormes reservas
petroleras de Venezuela para ganar la simpatía de los pobres de Estados Unidos,
en medio de la escalada de intensos ataques retóricos que intercambia con el
gobierno de George W. Bush.
Por William Fisher - IPS
Citgo, subsidiaria de la petrolera estatal venezolana PDVSA, ofrece a
comunidades pobres de ocho estados de Estados Unidos descuentos de hasta 60 por
ciento en el precio del combustible para calefacción, en el marco de un programa
al que sus críticos califican de "petrodiplomacia".
La mayoría de los políticos locales estadounidenses, desesperados por reducir
elevado precio de la energía para sus electores, han aplaudido el programa, que,
según Citgo, ha beneficiado a más de 180.000 hogares.
La operación ganó renombrados simpatizantes, como el ex diputado de
Massachussetts Joe Kennedy. En Nueva York, el poderoso congresista Charles
Rangel facilitó la ampliación del programa al norte del área de Manhattan.
Citgo firmó con tres organizaciones sin fines de lucro del Bronx, otra populosa
zona de Nueva York, un acuerdo para la entrega de 19 millones de litros de
combustible de calefacción a un precio 45 por ciento inferior al del mercado.
La firma señaló que ese acuerdo representará un ahorro de cuatro millones de
dólares a los 8.000 hogares de bajos ingresos que, según sus previsiones, se
beneficiarán del plan.
El programa de combustible barato comenzó a fines del año pasado, en un esfuerzo
por ayudar a las familias pobres de Estados Unidos para que afronten el frío
invierno y los elevados precios del petróleo, aseguró Citgo.
El gobierno venezolano indicó que el programa le cuesta relativamente poco a la
subsidiaria de PDVSA, porque el petróleo es suministrado de modo directo, sin el
costo que implican las grandes ganancias de los intermediarios.
Pero no todo fueron rosas para el programa venezolano de "petróleo para los
pobres".
Citgo propuso en octubre de 2005 a las autoridades municipales de la
septentrional Chicago sustituir para la calefacción hogareña el habitual diesel
por petróleo, que solo usa una pequeña fracción de las familias de la ventosa
ciudad.
A cambio, ofreció un descuento de 40 por ciento sobre 27.360 millones de litros
de diesel destinados a los autobuses públicos de Chicago.
Aunque el acuerdo podría haberle ahorrado a la ciudad unos 15 millones de
dólares, la oferta fue rechazada por las autoridades de tránsito por objeciones
de funcionarios electos y sindicatos.
Lejos de arredrarse, Chávez le informó a una delegación de Chicago que, además
de beneficiar a los consumidores con el 40 por ciento de descuento, Citgo apenas
destinaría a sus gastos 30 por ciento de sus ganancias.
El 30 por ciento restante se asignaría a un fondo especial de ayuda a
desempleados para el establecimiento de cooperativas, cuya producción sería
luego importada por Venezuela, sugirió Chávez.
La idea fue aplaudida por Joe Kennedy, integrante de la delegación
estadounidense en Caracas y figura clave en la aprobación del programa de
petróleo para calefacción en la nororiental ciudad estadounidense de Boston, a
través de la firma sin fines de lucro Citizens Energy Corporation.
Chávez también anunció que los actuales 152 millones de litros del programa se
duplicarían el año próximo. "Nadie debería creer que esto es sólo un interés
momentáneo", dijo a la organización. "Váyanse tranquilos y díganles a los
vecinos de las comunidades que ustedes representan que el programa continuará:
apenas ha comenzado", agregó.
El presidente de Venezuela insistió en que el programa no fue diseñado para
comprar apoyo en Estados Unidos, como muchos críticos alegaron, sino que es más
bien un ejemplo de responsabilidad corporativa.
Citgo obtiene grandes ganancias en Estados Unidos, y ahora las "devuelve" a las
comunidades en las que hace negocios, explicó.
Estados Unidos "no tiene objeciones" a los ofrecimientos de Citgo, aseguró el
Departamento de Estado (cancillería). De todos modos, recrudece la guerra de
palabras y de trabas comerciales del gobierno de George W. Bush contra Chávez y
sus aliados, principalmente Cuba y Bolivia.
El exaltado Chávez lanzó una cantidad de polémicas iniciativas a las que el
gobierno de Bush debe responder.
Entre otras, propuso un nuevo pacto de libre comercio entre Venezuela, Cuba y
Bolivia. Se comprometió a ayudar al presidente boliviano Evo Morales con 1.500
millones de dólares en inversiones de energía. También dejó en claro que su país
seguiría siendo un proveedor confiable de petróleo para su modelo de gobernante,
el presidente cubano Fidel Castro.
Chávez también amplió su distancia del gobierno de Bush al desacreditar su
discurso según el cual el programa nuclear de Irán encubre esfuerzos secretos
para fabricar una bomba atómica. "Ni Estados Unidos ni nadie más tiene derecho a
prohibir que un país tenga energía nuclear", dijo el presidente venezolano en
Londres.
El mandatario latinoamericano reiteró la advertencia de que cualquier ataque
militar contra Irán dispararía los precios del crudo a más de 100 dólares el
barril, así como una enorme escalada militar en Medio Oriente. Y llamó
"terrorista" a Bush.
La represalia del gobierno estadounidense no se hizo esperar: anunció que
dejaría de vender armas a Venezuela, con el argumento de que Chávez no apoya los
esfuerzos antiterroristas, según el Departamento de Estado.
Venezuela no perdió tiempo en replicar que compraría a los rusos y vendería su
flota de aviones de combate hechos en Estados Unidos, que son poco más que un
montón de chatarra, dado que durante algún tiempo no recibió partes para
repararlos.
No dispuesto a quedar fuera de la controversia, el Congreso legislativo
estadounidense exigió una investigación.
El presidente del Comité de Energía y Comercio de la Cámara de Representantes,
Joe Barton (quien al igual que Bush pertenece al Partido Republicano y procede
del meridional estado de Texas), anunció que iniciaría una investigación sobre
posibles violaciones a las leyes antimonopólicas por parte de Citgo.
La campaña electoral de Barton ha recibido unos dos millones de dólares en
contribuciones de la industria estadounidense de la energía.
El periódico The New York Daily News informó el 23 de febrero que Barton intimó
a Citgo, por medio de una carta dirigida a su sede en Houston, para que
presentara todos los registros, minutas, correos electrónicos e incluso
calendarios de escritorio relacionados con el nuevo programa de suministro de
petróleo para calefacción a comunidades estadounidenses pobres.
"El venezolano belicoso decidió entrometerse en la política energética
estadounidense, y pensamos que podría ser instructivo saber cómo", dijo a The
New York Times un colaborador de Barton, Larry Neal.
Pero el diputado Ed Markey, del opositor Partido Demócrata, dijo estar
estupefacto por la investigación iniciada por Barton. "Los republicanos están en
otro planeta en lo relativo a la política energética", dijo.
En lugar de hacer algo para atender la disparada de precios del petróleo, opinó
Markey, el oficialismo inspecciona "una donación caritativa de petróleo para
calefacción que aliviar el sufrimiento de unos pocos miles de familias
estadounidenses".
El secretario (ministro) de Energía de Estados Unidos, Samuel Bodman, pareció
coincidir. Dijo a la cadena de televisión CNN que el gobierno no tiene ningún
cuestionamiento al ofrecimiento de "petróleo para los pobres" formulado por
Venezuela.
"Lo vemos como filantropía corporativa", señaló Bodman. Sus declaraciones
llevaron a algunos medios de prensa a interpretar que Bodman olvidó su
oficialismo en su otro traje.
Aunque Chávez se convirtió en el rostro más reciente del populismo
latinoamericano, el fenómeno tiene una larga historia en la frontera sur
estadounidense.
Expertos en política latinoamericana alientan tanto a Bush como a Chávez a
reducir su desbordada retórica y la diplomacia del "ojo por ojo" que, sostienen,
solamente puede separar aún más a Estados Unidos de sus vecinos meridionales.
El otro temor de los observadores es que el gobierno de Bush eleve a los
populistas latinoamericanos a la categoría de héroes, con su habitual apoyo a
las grandes compañías petroleras y actuando como si cada extravagancia de Chávez
desatara una crisis similar a la que desató en 1962 el envío de misiles de la
Unión Soviética a Cuba.
Mientras presta atención a los discursos, argumentan, Washington sigue sin
atender las necesidades urgentes de América Latina.
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