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(IAR-Noticias)
31-Mayo-06

En su discurso sobre el “Estado de la Nación”, el presidente Bush resaltó
que la lucha contra el “terrorismo” seguirá, pero para la mayoría de los
estadounidenses parece interminable.
Por Adán Salgado Andrade
(*)
- Socialismo o Barbarie
De hecho, se aseguró que una vez invadido Iraq, el mundo sería “más seguro”. No
ha sucedido así, por supuesto, pues los atentados en Madrid del 11 de marzo del
2004 y en Londres, ocurridos el 7 de julio del año pasado, no precisamente
comparables en espectacularidad a los de las torres gemelas en Nueva York en
septiembre del 2001, pero igualmente trágicos, demostraron lo contrario.
Pero, además, el hecho de que el
número de soldados muertos en Iraq, más de 2200, antes y después de la invasión,
no es una clara señal de que ese país se haya “pacificado”.
Por ello fue que en el discurso del 31 de enero pasado, Bush aseguró que no
habrá “retirada masiva de tropas estadounidenses”, claro, pues, aparte de que
eso significaría un inmediato estado de guerra civil y anarquía peores a los que
vive actualmente Iraq, también sería el fin de muchos buenos negocios ahí y en
Estados Unidos, entre los que se encuentra lo que llamaré la industria del
miedo.
El miedo, un gran negocio
El miedo en el mundo está haciendo que emprendedores hombres de negocios estén
“apuntándose y frotándose las manos”. No me refiero, por supuesto, a las
películas de terror – que también, el terror cinematográfico deja excelentes
dividendos –, sino aquélla que basa su ser en la existencia de la, así llamada,
“amenaza terrorista”.
Nunca antes, sobre todo, a partir de los sospechosos atentados del 11 de
septiembre del 2001, había tenido tanto auge la “lucha antiterrorista”. Pero no
sólo el hecho mismo de los avionazos proyectados contra las torres gemelas –
suceso que en su momento se mostró y se explotó por la mass media de forma más
cinematográfica, que dramática –, creó un generalizado pánico y una histeria
social entre los estadounidenses – extendida desde entonces al resto del mundo
–, sino también ha contribuido la campaña, muy hábilmente dirigida desde el
gobierno de George W. Bush coludido con las corporaciones “informativas” – CBS,
CNN, NBC, CNI, FOX, entre otras –, de que todo el mundo es un “semillero de
terroristas”, abanderados por la “peligrosísima banda” de árabes renegados al
Qaeda, comandados por el escurridizo Osama Bin Laden – que quizá ya hasta esté
muerto, como ahora se especula –, esperando cualquier momento para asestar un
nuevo, horrible atentado terrorista.
Así pues, la industria del miedo, para “alivio nuestro”, ha surgido como
respuesta a tan “serias amenazas terroristas”, con el fin de combatirlas y
contrarrestarlas. Por tanto, para coordinar tan vastos, abrumadores esfuerzos
antiterroristas, Estados Unidos creó una supersecretaría: el Departamento de
Seguridad Doméstica (Department of Homeland Security), organismo central,
estratégico – digamos que representa lo que la CIA fue en su momento, cuando el
“enemigo” a vencer era la URSS –, encargado de armar la logística
antiterrorista, desde el enlace del resto de las instituciones gubernamentales
que tiene que ver con la “seguridad”, hasta la “incentivación científica y
técnica” de métodos y tecnologías que coadyuven al combate del terror.
Para ello, además de un exagerado aumento del gasto en el aparato burocrático –
esto en un país que promueve el neoliberalismo a ultranza y se jacta del
adelgazamiento del estado, es decir, está en contra de un desmedido gasto
gubernamental, de acuerdo con las fórmulas fondomonetaristas–, exprofesamente el
DSD creó la así llamada Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada para la
Seguridad Doméstica (Hsarpa: Homeland Security Advanced Research Projects Agency,
equivalente a la DARPA del Pentágono, la agencia militar que incentiva la
benéfica investigación bélica), la cual financia “prometedores” proyectos de
empresas privadas que controlen y combatan a los muy mañosos, huidizos
terroristas y a todas sus triquiñuelas.
El combate al terror es primero
Y para que tanto emprendedor empresario haga “good business” el DSD cuenta con
un billonario presupuesto: $49,900 millones de dólares (casi un 70% de las
exportaciones petroleras de México en el 2005, cercanas a los $70,000 millones
de dólares), que se ha obtenido, incluso, recortando programas sociales, gastos
médicos y educativos (lo que sucedió en Nueva Orleans a causa del huracán
Katrina fue consecuencia de la negligencia de Bush a destinar dinero para
reforzar los diques de esa ciudad portuaria).
Así, los que llamaré miedoempresarios, están ofreciendo desde “software detector
de hackers”, “vestimenta a prueba de ántrax”, “analizadores de aire para
detectar venenos”, “analizadores del iris para clasificar sospechosos”,
“escaners biométricos corporales en aeropuertos para ver que alguien no porte
explosivos plásticos”, “detectores de armas de destrucción masivas”,
“identificadores visuales de sospechosos”… y un sinfín de supuestos artilugios
que hagan de los EEUU y del mundo entero – y aquí de nuevo la implicación de que
gracias a ese país, la humanidad puede estar segura de que los terroristas no la
van a “atacar más”– , un sitio “más seguro”.
Miedoempresas, buen negocio también de ex uncionarios
Corporativos como Fortress America, Global Secure, Paladin Capital Group,
Chesapeake Innovation Center, el poderoso Grupo Carlyle (asociado a empresas
petroleras, financieras y bancarias), In-Q-Tel (empresa de la CIA), entre
decenas de otros, son compañías que han logrado reunir algunos millones de
dólares aportados por los así llamados “capitalistas aventureros” (venture
capitalists), con la finalidad, a su vez, de financiar a empresas que ofrezcan
tecnología antiterrorista en cualquier forma que convenza a los directivos del
Departamento de Seguridad Doméstica, para que parte del enorme dinero que tiene
presupuestado se invierta en tales "alternativas antiterror”.
De hecho, muchas de tales empresas hasta ahora no tienen nada qué ofrecer en
concreto (son blank check, como se las conoce en EEUU), sino que están
“buscando” las mejores opciones para invertir su capital. Por ejemplo, Fortress
America cuenta con casi 50 millones de dólares para adquirir una empresa que,
según su director Tom McMillen, sea vital “para la prevención, desaliento o la
limpieza luego de un desastre, sea éste consecuencia de un atentado terrorista o
debido a causas naturales”.
No es casual que ante tanto dinero, hasta exfuncionarios estén haciendo sus “negocitos”,
como el señor Richard Clarke, antiguo zar contraterrorista, autor del libro
Against All Enemies: Inside’s America War on Terror (Contra todos los enemigos:
Análisis de la guerra estadounidense contra el terror), fundador de la empresa
Good Harbor Partners, la cual, ha prometido Clarke, que estará dedicada al
“manejo de amenazas, manejo de las crisis y la mitigación de los riesgos
terroristas”. Y digo que sólo ha prometido porque nada más cuenta con capital,
pero aún no ha logrado reclutar ninguna empresa que reúna sus requisitos.
Aún así, esta, digamos “protoempresa”, ya cotiza en la Bolsa de Valores, es
decir, ya vende acciones a inversionistas que, esperan, les reditúe buenas
ganancias la lucha de dicho negocio contra la “amenaza terrorista”. Otro ejemplo
es la empresa Paladin Capital Group, curiosamente fundada por el teniente
general retirado Ken Minihan, que fue, además, director de la Agencia Nacional
de Investigación, y que cuenta entre sus empleados nada menos que a James
Woolsey, ex director de inteligencia, y a H. Lee Buchanan, ex director de
operaciones de DARPA (como ya mencioné, el departamento del Pentágono encargado
de la “innovación bélica”), en fin gallos pesados, con multitud de contactos,
justamente, entre las agencias encargadas de la “seguridad nacional”.
¡Subirán sus cotizaciones cuando haya atentados!
Estas miedoempresas pregonan que no es ambicioso capitalismo en pos de las
ganancias lo que hacen, sino “desinteresado patriotismo” que busca salvar a la
humanidad de la maldad. “No se trata sólo de hacer dinero con esto – dice uno de
los miedoempresarios, abusando de sensiblería occidental –, sino que estamos
tratando de crear un mecanismo que coordine tecnologías que salven a nuestros
niños de un montón de locos peligrosos”.
Pero tan elocuente, noble discurso, queda sin fundamento en vista de que las
miedoempresas elevarán su cotización en la bolsa de valores cuando ocurra una
amenaza terrorista, digamos, un ataque con ántrax en una ciudad y que, gracias a
sus artilugios y sus medidas de seguridad, aquél se haya prevenido con ¡éxito!
“Pues negocios son negocios”, declara uno de estos miedoempresarios, “así que
nuestras empresas van a ganar sólo cuando demostremos fehacientemente que
nuestros métodos y aparatos sirven y, eso, como usted podrá imaginarse, no sería
posible comprobarlo, desgraciadamente, sin que se den verdaderos atentados
terroristas”.
Efectivamente, el día de los atentados terroristas en Londres, el 7 de julio del
2005, las acciones de las miedoempresas (que yo llamaría miedoacciones) subieron
estrepitosamente, como fue el caso de Verint Systems, que elabora software para
sistemas de vigilancia, cuyas acciones subieron 12.5% y Viisage, empresa que se
encarga del reconocimiento facial y corporal. Y en general los dividendos
otorgados por las miedoempresas ya superan a índices industriales como el Dow
Jones o el Nasdaq, que normalmente son obligada referencia para los
especuladores financieros.
Entonces, si una empresa aérea sufriera, digamos, un “atentado terrorista” (que
otra vez proyectaran uno de sus aviones contra una torre), las acciones de ésta
bajarían estrepitosamente, en tanto que subirían las de la miedoempresa que le
vendió a otra aerolínea equipo de reconocimiento facial gracias al cual ésta
logró evitar que un grupo de “árabes locos” abordara uno de sus aviones.
Claro, con esa lógica, de que se compruebe qué tan eficaces son las
miedoempresas, y en la ausencia de atentados terroristas, podría pensarse –
aunque esto parezca producto de un plot hollywoodense – que hasta uno de tantos
miedoempresaios pudiera planear su propio atentado terrorista para demostrar
que, digamos, sus máscaras antiántrax, son “muy efectivas y nadie se murió, ni
se contaminó, como pudieron ver todos ustedes, así que compren productos de mi
empresa e inviertan en mis acciones”.
Y no es exageración: por ejemplo, las fantasiosas amenazas de una posible
pandemia provocada por un ataque con la temible viruela – erradicado virus
eruptivo que actualmente sólo poseen unidades ultrasecretas de investigación en
los EEUU y Rusia –, alimentadas por los miedoempresarios, ha dado como resultado
la fabricación masiva de vacunas por laboratorios como Pfizer, grupo
farmacéutico que ha resultado bastante beneficiado económicamente por las ventas
de millones de dosis. Y desde hace más de cuatro años que se declaró “inminente”
un ataque biológico con viruela, esto, para desgracia de los miedoempresaios, no
ha ocurrido.
Se acaba la privacidad por mandato constitucional
Dado que la lucha antiterrorista es cuestión de seguridad nacional ya no se
respetan las consideraciones de privacidad a la que todos los ciudadanos, tanto
estadounidenses, como del resto del mundo, tienen: varias de las miedoempresas
ya han puesto en funcionamiento, con la incondicional autorización
gubernamental, programas de espionaje en el Internet que, mediante las llamadas
cookies, programas que se “meten” a las computadoras de los usuarios, son
capaces de averiguar todo: desde sus hábitos de consumo, sus registros
gubernamentales, sus datos médicos, sus cuentas bancarias… hasta sus registros
fotográficos, si el ingenuo usuario manda una de sus fotos para anunciarse en
Friendster.
Un ejemplo es la compañía Claria (esta empresa estadounidense, llamada
anteriormente Gator, tuvo problemas con la Federal Trade Commission pues sus
tácticas comerciales consistían no sólo en insertar cookies en las computadoras
de los internautas, sino que, además, les enviaba spams, esos “dolores de
cabeza” de los correos electrónicos, debido a que inundan de publicidad no
deseada los discos duros de aquéllas), la cual, ya saneada de sus antiguas
prácticas desleales, forma parte hoy día de la Antispyware Coalition, otro grupo
“antiterrorista” con buenos contactos en Washington y que, se supone, está
encargado de combatir a los “peligrosos hackers”.
Para todos los miedoempresarios hay buen dinero
Vaya que hay bastante dinero para cada tipo de proyecto contra el miedo: $400
millones para detectores de seguridad; $800 millones para el llamado
videoanálisis y nada menos que $36,000 millones de dólares para tecnología que
asegure la “integridad física”, como el blindaje corporal. De éste podemos
mencionar los llamados exotrajes que actualmente busca desarrollar la DARPA,
mediante premios anuales “al mejor exotraje”, que serían una especie de
armaduras robotizadas blindadas que emplearían los grupos antiterroristas para,
según sus promotores, repeler ataques con bombas o explosivos ocultos.
También la detección de explosivos es parte de la llamada integridad física. Un
ejemplo es el Talon, un robot de $125,000 dólares, fabricado por la empresa
Foster-Miller, que está equipado con visión infrarroja, cuatro cámaras,
reflectores y tenazas mecánicas, que, por fin, después de cuatro años de
mejoras, es capaz, ya, de detectar explosivos ocultos, el cual, actualmente
emplean bastante los mariners en Iraq, en donde las “batallas” militares ya no
se libran cuerpo a cuerpo, sino cuerpo a coche-bomba o cuerpo a hombre-bomba.
En suma el “gran negocio del miedo”, de acuerdo a las estimaciones más
entusiastas, puede ascender actualmente a los ¡$200,000 millones de dólares!
(casi una tercera parte del producto interno bruto mexicano del año pasado,
estimado en $700,000 millones de dólares).
Contratar a las miedoempresas, mandato constitucional
Como ya señalé, el hecho de que el combate al terror es una cuestión de
seguridad nacional, todos los miedoempresarios cuentan con la ventaja adicional
de que sus actividades ya están elevadas a rango constitucional. Por lo mismo,
el cabildeo entre los funcionarios del gobierno es vital para los
miedoempresarios, con tal de agenciarse los jugosos, millonarios contratos que
el DSD y Hsarpa les otorgarán de ser elegidos.
Pero, además, porque el combate al terrorismo es obligatorio, no sólo el
gobierno será un “buen cliente”, sino que gracias a sus “constitucionales
medidas” (y a las aseguradoras, las que están horrorizadas ante el prospecto de
perder más dinero a causa de atentados terroristas), también el sector privado
se verá obligado a contratar los servicios de los miedoempresarios, ya que aquél
posee el 90% de la infraestructura crítica, o sea, la que sería potencial
objetivo de los “terroristas”. Así, una subsidiaria de Paladin, SafeView, por
citar un caso, vende aparatos analizadores a base de ondas milimétricas tanto
para aeropuertos privados, como para juzgados gubernamentales.
Buenos negocios por muchos años
Como señalé, mientras el miedo dure varios años, la cotización de las
miedoacciones seguirá al alza, así que serán muy buenos negocios. Hasta empresas
tradicionalmente dedicadas a la defensa militar le están entrando a la
“seguridad doméstica”, pues ya es mejor negocio que las ventas al Pentágono:
General Electric (sí, la fabricante de focos y artículos eléctricos también le
entra a la fabricación bélica), Lockheed Martin, Boeing (que se salvó de la
quiebra gracias a sus contratos con el Pentágono), Northrup Grumman, L-3
Communications, Computer Sciences y SAIC (los tres últimos grupos dedicados a la
integración de sistemas de seguridad). Y aunque, de momento, están adjudicándose
puros “contratitos” (unos cuantos milloncitos), están en espera de lograr los
verdaderos, grandes contratos, los que superen los miles de millones de dólares.
Por ejemplo, a Lockheed Martin, la Autoridad de Transporte Metropolitano de
Nueva York le asignó un “contratito”, nada más de $212 millones de dólares, para
que diseñe un centro de control y vigilancia formado por sensores y cámaras que
logren identificar a sospechosos en áreas restringidas como estaciones de
autobuses.
Pero el equipo que empleará Lockheed, a su vez, lo subcontratará de entre varias
compañías (por supuesto, la que le dé los mejores precios) que ofrecen
diferentes equipos para tal finalidad. Además, para asegurarse contar con una
miedoempresa, las grandes corporaciones están invirtiendo en las compra de las
que consideran más estratégicas, como es el caso de la mencionada General
Electric, la que adquirió, por $900 millones de dólares a InVision, que fabrica
equipos para revisión de equipaje. El gigante de la información y manejo de
datos, Lexis/Nexis, adquirió Seisint, compañía dedicada al análisis de datos y
que, previamente, ya contaba con lucrativos contratos del Departamento de
Seguridad.
Incluso, la “seguridad nacional” será tema electoral, y muy probablemente el
candidato presidencial o gubernamental que no prometa fondos especiales para “el
combate al terrorismo”, perderá o no podrá asegurar su reelección.
Sí, por tanto, a todas las miedoempresas conviene el clima de terror que se está
propagando a todo el mundo desde los Estados Unidos, gracias al generalizado,
histérico temor de ¿cuándo ocurrirá el siguiente atentado terrorista y cómo
lograremos evitarlo?
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(*)Profesor de la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México).
(Contacto: studillac@hotmail.com )
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