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(IAR-Noticias)
24-Mayo-06
La
situación política y social del continente muestra un notable avance de la
organización por abajo y la movilización popular en calles y carreteras. Ello ha
influido notablemente en los resultados electorales efectuados y en los
venideros.
Por Profesor J - Clajadep
En
épocas anteriores podemos distinguir dos períodos muy diferentes el uno del
otro, el primero, de fines del siglo XIX y comienzos del XX de organización y
lucha liderada por organizaciones socioculturales y sindicatos anarquistas,
contexto donde podemos situar como uno de sus puntos álgidos a la revolución
mexicana, aunque en prácticamente todos los países las organizaciones anotadas
promovieron grandes huelgas y movimientos de calle con barricadas y control de
territorios urbanos.
Las fuertes concentraciones de obreros en los puertos, ferrocarriles, minas,
etc. permitían un terreno social de intensa sensibilidad clasista, grados de
fraternidad muy importantes asentados en las condiciones de la época
caracterizadas por el auge creciente del capital que llegaba expandiéndose
montando la infraestructura necesaria para la ganancia basada en la materia
prima y mano de obra a bajo costo para los intereses de los centros
metropolitanos.
Para nada esos sectores combativos consiguieron llegar al campesinado y menos a
las comunidades indígenas, salvo honrosas excepciones como México y El Salvador.
Los suburbios urbanos eran verdaderas aglomeraciones de obreros que con sus
familias compartían lazos de hermandad como una continuación de la unidad
alcanzada en el trabajo y la lucha corporativa. Las sociedades de socorros
mutuos, mancomunales y asociaciones culturales envolvían también a las familias.
Luego, con el desarrollo del sindicalismo clásico y las ideas de tomarse el
poder que llegaron alrededor de los años 20 del siglo pasado, estas dinámicas
fueron ordenadas y subordinadas a los partidos que harían de puente hacia las
instituciones o formarían las milicias para asaltarlas. La actividad social se
concentró en los centros de trabajo, siendo abandonados los barrios y las
familias.
En Chile el Partido Radical organizó
los clubes radicales para reunir y confraternizar entre sus militantes, al tanto
que Recabarren luchaba contra el alcoholismo que minaba las filas proletarias.
Los centroamericanos consiguieron unirse a sectores campesinos y de ahí
provienen la insurrección salvadoreña liderada por Farabundo Martí y las
batallas del general Sandino.
El reformismo obrero se instala en la dirección de los principales sindicatos,
disputando o subordinándose a la conducción de los populistas como Perón y otros
en ácidas disputas, cuando no se establecían alianzas superestructurales de
consolidación de la aristocracia obrera que luego serviría de base de
sustentación al estado de bienestar y los frentes populares. Las teorías de
proletarización del campesinado comandaban la relación que se establecía hacia
este sector, en tanto el indigenado era considerado simplemente "campesino".
Todo ello resultaba de dos factores, por una parte el proceso de
industrialización a nivel mundial, que obligaba a concentrar las actividades y
relaciones económicas de nuestros países en las áreas funcionales a la
articulación y dependencia de los países coloniales e imperialistas, teniendo
como consecuencia la formación de una numerosa clase obrera.
En segundo lugar, el aspecto
ideológico que, asentado en esa realidad, levantaba la utopía del gobierno de
los trabajadores, la dialéctica de dar vuelta la tortilla.
Hoy día, con el fin del papel económico del estado, la desestructuración de los
espacios de trabajo fundados en la relación contractual y la crisis de
credibilidad de los partidos tras la caída del muro, los sindicatos casi no
tienen razón de ser y menos los partidos, por lo que poco a poco comenzó a
perfilarse a nivel continental lo que se dio en llamar por algunos autores como
movimientos sociales.
Desde fuera de los centros de trabajo paulatinamente se configuran estos
movimientos liderados por militantes de izquierda y considerados brazos de los
partidos: movimientos de mujeres, ecologistas, barriales, campesinos, etc, a los
cuales se les somete a la misma modalidad de organización sindical, es decir:
asambleas cada cierto tiempo para luego practicar una clara pasividad de las
personas, que sólo saldrían a protestar cuando lo dijeran los jefes, quienes a
su vez esperaban la orden del partido, representación delegada ante las
instituciones, directivas escogidas al más puro estilo tradicional de estructura
vertical, etc.
El carácter economicista, reivindicativo y corporativo de estas entidades
sociales progresivamente ha ido cambiando debido justamente a la crisis de
credibilidad de los partidos y los modelos propuestos.
El sistema golpeó duramente a la
población con una secuencia de golpes militares y dictaduras con la intención
explícita de acabar con las dinámicas desde abajo, en una estrategia de
sometimiento que operó con objetivos tácticos tales como el de acabar primero
con los partidos rebeldes que podrían insuflar ánimos y caminos a la población.
Hoy día en el continente corren aires de organización social. Los partidos deben
someterse a ello para conseguir bases de sustentación electoral, lo que por su
vez implica una subordinación de dirigentes sociales cooptados que son
reabsorbidos por las dinámicas verticales y de representación de los gobiernos
progresistas, en pugna con la tendencia al asambleismo, la horizontalidad, el
protagonismo y la autonomía que crecen igual que fuego en la pradera como
prolegómenos de las comunas libres indicadoras de que el socialismo del s. XXI
vendrá marcado por bolsones locales de construcción de relaciones comunistas
basadas en la autogestión y la democracia directa, así como en el control de
territorios por parte de la población local, espacios sociales que podrán
mantener diálogo de tú a tú con los gobiernos que sean capaces de reconocer este
protagonismo.
En México es muy probable que gane las elecciones el PRD con López Obrador,
representante de una izquierda light más bien socialdemócrata, aunque el PRI
está tratando de que se le acepte como aliado sembrando el temor que de otro
modo volverá a ganar el PAN, pero en ese país ya no es posible imaginar un
gobierno sin la fuerte presencia social del zapatismo, la otra campaña y las
batallas locales con formas de autoorganización como el Frente de Defensa de la
Tierra, contrario a la represa de La Parota.
Este candidato sin duda tratará de
mantener una equidistancia entre los bloques continentales y Estados Unidos,
seguramente buscando penetrar hacia Centroamérica y el Caribe disputando
espacios a Venezuela. La salida de este último país del G3 para ingresar al
bloque andino es un aviso muy claro, que fue contestado de inmediato por México
que ha lanzado lazos fuertes invitando a El Salvador a integrarse a la alianza
con los mexicanos
En Colombia es casi segura la victoria de Uribe en la primera vuelta, pero aún
existen posibilidades de remontamiento de la candidatura Gaviria apoyada por la
izquierda institucional y aún por las guerrillas y los sectores más importantes
de las organizaciones sociales, muchas de las cuales lo hacen de manera de no
sacrificar su autonomía: sumando fuerzas por arriba para sustentar sus avances
por abajo.
En Perú la batalla es entre dos candidatos distanciados de las organizaciones
sociales, García y Humala, cada uno con un programa populista con ribetes
sociales. Ninguna organización social los apoya, aunque algunas han establecido
conversaciones tendientes a negociar el apoyo a cambio de ciertas garantías.
De ganar García su alianza principal
será hacia Uribe y Bachelet, también Paraguay, esperando ansiosamente que gane
un candidato afín en las próximas elecciones ecuatorianas. También lanzará
ganchos de abordaje hacia Kirchner por cuestiones de geopolítica, ya que Perú es
adversario histórico de Chile, que por su vez ha sabido ganarse la amistad de
los militares ecuatorianos que tienen reivindicaciones territoriales sobre
regiones amazónicas que les arrebató Perú.
Un segundo nivel de alianzas de García será Lula y Tabaré, con la idea de
consolidar el bloque neoliberal populista en contraposición al bloque del
capitalismo de estado formado por Venezuela y Bolivia.
Humala tenderá a acercarse al bloque Evo-Chávez y deposita sus esperanzas en una
futura victoria del bloque de izquierda y bolivariano en Ecuador. Pero no podrá
dejar de mantener fuertes lazos con Kirchner que le buscará el lado simpático
con la vieja (y renovada) cara del populismo peronista.
Ante tanta tramoya y macana, a los pueblos les toca afianzar y multiplicar la
organización por abajo, pero esta vez buscando las maneras de estrechar lazos de
comunicación e intercambios directos entre zonas productivas campesinas,
comunidades indígenas y experiencias autogestionarias urbanas, atravesando
fronteras, evadiendo las cortapisas del mercado y los estados.
La cooperación y el apoyo mutuo entre
organizaciones y dinámicas locales, sean productivas, en defensa del medio
ambiente, culturales, etc. podrán contribuir a la legitimación y la divulgación
del ejemplo de estas experiencias germinales de las comunas libres.
La formación de una red horizontal múltiple transfronteriza por abajo entre
experiencias autónomas y protagonistas es una condición sine qua non de las
comunidades para asegurar sus caminos propios de desarrollo económico y cultural
y no ser cooptadas ni aplastadas por el avance de las redes del capital y del
estado, sea en sus formas de gobiernos neoliberales como neo populistas o de neo
capitalismo de estado.
Invitamos a las organizaciones sociales a conversar y discutir sobre ello. Para
eso nos estaremos comunicando por vía del mail clajadep4@hotmail.com
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