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La Haine
19-Mayo-06
La globalización no es un concepto que nos ayude a comprender el mundo que
nos rodea. En parte, ha sido extendida por los teóricos que han intentado dar al
concepto distintos contenidos. Es una construcción ideológica basada en anunciar
la victoria capitalista, ocultar la naturaleza de crisis del sistema y su
fracaso perpetuo en satisfacer las necesidades de la mayoría de la clase obrera
del mundo.
Por Mick Brooks -
In Defence of Marxism
Contrariamente
al uso popular que hacen los medios de comunicación y los distintos
comentaristas económicos y políticos, la “globalización” no es un término
objetivo o neutral que simplemente describe la economía mundial contemporánea.
En muchos sentidos es la “gran idea” de los apologistas modernos del
capitalismo.
Después del colapso de la Unión
Soviética nos hicieron creer que el capitalismo había vencido. Y si el
capitalismo ganó, entonces debió ser por su propia superioridad inherente como
sistema económico. Ahora es la única alternativa, así que adiós Unión Soviética
significa adiós a una alternativa socialista viable.
En In Defence of Marxism y Socialist Appeal siempre hemos estado en contra de
esta postura. (Ver por ejemplo el libro de Ted Grant Rusia: de la revolución a
la contrarrevolución). Primero nos concentraremos en la globalización como la
ideología del capitalismo triunfante.
La globalización está estrechamente vinculada a la ideología del neoliberalismo.
Los dos conceptos comparten una clase de división del trabajo. Mientras que la
globalización defiende la victoria inevitable de las fuerzas del mercado sobre
todo lo demás, el neoliberalismo nos dice que todo este sistema es el mejor.
Como veremos, la globalización es una noción bastante resbaladiza, es más una
palabra altisonante que un concepto explicativo. El teórico de la Tercera Vía de
Tony Blair, el profesor Anthony Giddens, ha escrito todo un libro sobre la
globalización sin definir el término. (Runaway World. Profile Books. 2002).
Bob Sutcliffe y Andrew Glyn, en su artículo Measures of Globalisation and their
Misinterpretaion afirman cuidadosamente los dos significados alternativos que se
dan a esta palabra.
“No dudamos de que la globalización en uno de sus significados ?el que se
extiende a las relaciones capitalistas de producción y distribución? sea una de
las características principales de los últimos cincuenta años... El debate de la
globalización, sin embargo, está principalmente expresado en términos de otro
concepto: la creciente integración internacional de la actividad económica... En
nuestra opinión el grado de globalización en este sentido, así como su novedad,
se ha exagerado mucho”. (The Handbook of Globalisation. Ed. J. Michie. Pub.
Edward Elgar 2003).
John Ralston Saul perfila bastante bien las principales tendencias
interrelacionadas pronosticadas por la teoría de la globalización:
“El poder del estado nacional está languideciendo.
“Estos estados, por lo que sabemos, incluso podrían estar agonizando. En el
futuro, el poder residirá en los mercados globales.
“De este modo, es la economía, no la política ni los ejércitos, lo que da forma
a los acontecimientos humanos.
“Estos mercados globales, liberados de los estrechos intereses nacionales y las
regulaciones inhibidoras, poco a poco establecerán la correlación económica
internacional...
“Estos mercados desatarán oleadas de comercio. Y estas oleadas a su vez
desatarán una amplia marea económica de crecimiento.
“Esa marea a su vez permitirá que avancen todos los barcos, incluidos los de los
pobres, ya sea en Occidente o en el mundo en vías de desarrollo.
“La prosperidad resultante permitirá crear individuos que convertirán las
dictaduras en democracias...” etc., etc., (The Collapse of Globalism and the
Reinvention of the World. Viking. Canadá. 2005. p. 15).
“La creciente integración internacional de la actividad económica” es el
principio central de los que llamaríamos “globalizadores”. Nuestro argumento es
que el capitalismo no puede conseguir un desarrollo integrado, equilibrado, que
finalmente saque a todos de la pobreza y cree prosperidad para todos. En ese
sentido el prospecto de la globalización es un fraude.
Además, todos los profetas, expertos y charlatanes han añadido más equipaje al
concepto. Los globalizadores prevén flujos de capital que permitirán a los
países pobres por primera vez convertirse en ricos gracias a la transferencia de
tecnología avanzada. Como dijo el multimillonario James Goldsmith: “Durante los
últimos años, cuatro mil millones de personas de repente han entrado en la
economía mundial”. Y nosotros preguntamos: ¿Dónde estaban antes estas personas?
Algunos comentaristas incluso ven la homogeneización de las diferentes
culturales nacionales como una gigantesca mezcla de marcas globales alimentada
por estos flujos de capital. Tony Blair, con su pereza intelectual que le
caracteriza, se unió al club y dice lo siguiente: “Quejarse de la globalización
es tan inútil como intentar ir contra la marea”. Él y otros dirigentes
reformistas han dado la bienvenida a esta palabra altisonante no para luchar por
mejores salarios y condiciones laborales, sino como una justificación ideológica
de su capitulación ante el capitalismo.
Algunos de sus análisis parecen reales. El problema es que los trabajadores
pueden y pierden sus empleos cuando las empresas deslocalizan su producción para
encontrar mano de obra más barata. Las multinacionales prefieren contaminar el
medioambiente si eso cuesta menos y si es necesario enfrentan a distintos países
ente sí en busca de un destino mejor para su inversión, exigiendo impuestos más
bajos o despedazando las leyes laborales protectoras. La retórica de la
globalización es muy realista para los trabajadores amenazados.
Pero, como demuestra la cita de El Manifiesto Comunista que reproducimos a
continuación, estos ataques existen desde hace mucho tiempo. El enemigo no es la
“globalización”, es el capitalismo. La idea de que el capitalismo tiene un
alcance global no es propiedad exclusiva de los teóricos de la globalización.
Esta idea fue planteada primero por Marx y Engels en El Manifiesto Comunista
publicado en 1848:
“La burguesía, al explotar el mercado mundial, da a la producción y al consumo
de todos los países un sello cosmopolita. Entre los lamentos de los
reaccionarios destruye los cimientos nacionales de la industria. Las viejas
industrias nacionales se vienen a tierra, arrolladas por otras nuevas, cuya
instauración es problema vital para todas las naciones civilizadas; por
industrias que ya no transforman como antes las materias primas del país, sino
las traídas de los climas más lejanos y cuyos productos encuentran salida no
sólo dentro de las fronteras, sino en todas las partes del mundo. Brotan
necesidades nuevas que ya no bastan a satisfacer, como en otro tiempo, los
frutos del país, sino que reclaman para su satisfacción los productos de tierras
remotas. Ya no reina aquel mercado local y nacional que se bastaba así mismo y
donde no entraba nada de fuera; ahora, la red del comercio es universal y en
ella entran, unidas por vínculos de interdependencia, todas las naciones. Y lo
que acontece con la producción material, acontece también con la del espíritu.
Los productos espirituales de las diferentes naciones vienen a formar un acervo
común”.
En aquel momento esta declaración no resultaba nada obvia. Sólo un país, Gran
Bretaña, en 1848 podía ser considerado industrializado. Gran Bretaña era
entonces responsable del 40-50 por ciento de la producción industrial del mundo.
Incluso así, una vista aérea de Gran Bretaña habría mostrado una industria
concentrada en pocos condados, con vastas zonas de tierra aparente no afectadas
por la fuerza transformadora del capitalismo. En su época el Manifiesto fue un
documento profético.
Los conceptos de imperialismo
Una generación posterior de marxistas ya podría afirmar cómo el alcance global
del capital había impactado en la economía mundial y en las relaciones entre las
clases. En los años previos a la Primera Guerra Mundial Lenin trató esta
cuestión en El imperialismo fase superior del capitalismo, una obra escrita en
1916.
Lenin afirmaba que el capitalismo competitivo de la época de Marx había sido
sustituido por una economía dominada por los monopolios. Así mismo, la época del
libre comercio descrita por Marx se había sustituido por la edificación de
barreras arancelarias. Una manera de saltar sobre las tarifas arancelarias fue
invertir en otros países para producir allí en lugar de tener que exportar a ese
país. De este modo, la exportación de capital ha sustituido a la exportación de
mercancías. Esas tarifas arancelarias fueron impuestas por los distintos bloques
de capital nacional para defenderse entre sí. Las potencias imperialistas se
dividieron el resto del mundo como colonias y esferas de influencia. Todas estas
tendencias tienen sus raíces en el cambio de la forma de producir plusvalía.
“Conviene dar una definición del imperialismo que contenga sus cinco rasgos
fundamentales siguientes, a saber:
1) la concentración de la producción y del capital llegada hasta un grado tan
elevado de desarrollo que ha creado los monopolios, que desempeñan un papel
decisivo en la vida económica;
2) la fusión del capital bancario con el industrial y la creación, sobre la base
de este ‘capital financiero’, de la oligarquía financiera;
3) la exportación de capital, a diferencia de la exportación de mercancías,
adquiere una importancia particular;
4) la formación de asociaciones internacionales monopolistas de capitalistas,
las cuales se reparten el mundo, y
5) la terminación del reparto territorial del mundo entre las potencias
capitalistas más importantes”. (Lenin. El imperialismo fase superior del
capitalismo).
Karl Kautsky, dirigente del Partido Socialdemócrata Alemán y de la Segunda
Internacional, considerado ampliamente como el “Papa del marxismo” en su época,
estaba de acuerdo y ayudó a formular el concepto de imperialismo. Pero en su
obra de 1914, Superimperialismo, y en otros escritos, desarrolló una idea
diferente.
Kautsky en Superimperialismo escribía lo siguiente: “El imperialismo, de este
modo, está cavando su propia tumba. De ser un medio para desarrollar el capital
se está convirtiendo en un obstáculo para ello”. El siguiente subtítulo
demuestra qué pensaba:
“La próxima fase: superimperialismo"
“Desde un punto de vista puramente económico, no obstante, no hay nada que pueda
impedir esta explosión violenta [el estallido de la Primera Guerra Mundial] que
finalmente sustituya el imperialismo por una sagrada alianza de imperialistas.
Cuanto más dure la guerra, más agotados estarán todos los participantes y les
hará recular de una pronta repetición del conflicto armado, y más cerca estarán
de esta solución duradera, sin embargo, es poco probable que ocurra por el
momento”. (K. Kautsky. Ultra-imperialism).
Hay que observar la diferencia entre la posición de Kautsky con la de Lenin y
sus correligionarios, como era el caso de Nicolai Bujarin. Kautsky considera el
imperialismo una “política” adoptada por las grandes potencias, como si fuera
una forma de vestirse de las naciones capitalistas y que podían cambiarse cuando
les convenía. Lenin veía el imperialismo como una necesidad del capitalismo en
su etapa final de desarrollo. No empezaba con la política colonial, sino que
surgía del desarrollo económico capitalista.
Kautsky no fue el precursor intelectual directo de los defensores de la
globalización. Estos últimos siempre han asido apologistas del capitalismo y
consideraban la globalización como la “fase más elevada del capitalismo”. Pero
sí comparten algunas de sus ideas y actitudes. Él creía que el sistema
capitalista es racional, presumiblemente porque los capitalistas individuales
normalmente no son unos chiflados.
Como se desprende de la cita anterior, creía que cuando los capitalistas vieron
el abismo en 1914 encontraron un camino para salvarse. En realidad, lo que
hicieron fue hundirse. Es probable que todas las potencias en guerra, con la
excepción de EEUU, se vieran a sí mismas como las perdedoras después del cese de
hostilidades en 1918. Pero ocurrió exactamente lo mismo veinte años después.
En un reciente libro de Jared Diamond -Collapse- se trata el colapso de
sociedades que se enfrentan a un contexto cambiante y a otras condiciones. Uno
de estos ejemplos fue la desaparición de los vikingos que habían hecho de
Groenlandia su casa al principio de la Edad Media. Después los vikingos se
enfrentaron a una “mini edad de hielo”. (Collapse: how societies choose to fail
or survive. Penguin Books. 2005). Las razones de su desaparición son complejas y
no se tratan en la explicación de Diamond. Aquí sólo haremos la observación de
que los vikingos murieron de hambre porque no pudieron seguir manteniendo su
ganado, mientas los esquimales sobrevivieron gracias a la pesca.
Si Kautsky hubiera vivido en aquella época habría llegado a la conclusión de que
la Groenlandia vikinga debería haber “copiado” a los esquimales para poder
seguir viva. Pero no lo hizo y no es porque los vikingos fueran unos estúpidos.
Si no porque estaban atrapados en un modo de producción que les fue muy útil y
durante toda una época no tuvieron la necesidad de cambiarlo.
De la misma forma, las grandes empresas que surgieron a principios del siglo XX
vivían muy bien con una estrategia de alianzas alternas con algunos rivales y
acabando con la competencia. Estas empresas también estabas atadas a su estado
nacional. El estado cada vez participó más en estos enfrentamientos y esto llevó
a una guerra que fue catastrófica para el sistema en su conjunto, provocando una
masiva destrucción de fuerzas productivas y vidas humanas.
Bujarin explica que las alianzas pacíficas preparan el terreno para guerras y a
su vez menguan progresivamente las guerras, las unas condicionan a las otras,
provocando formas alternas de lucha pacífica y no pacífica, sobre una y la misma
base de conexiones y relaciones imperialistas dentro de la economía y política
mundial. (Imperialism and World Economy. Merlin Press. 1972).
En otras palabras, no es la “elección” de los imperialistas. El impresionante
panfleto de Bujarin fue escrito un año antes que el de Lenin. Este último hizo
la introducción, parece probable que Lenin escribiera su propio libro al
perderse el manuscrito de Bujarin que no se recuperó hasta después de la
Revolución de Octubre de 1917.
Esperamos habernos deshecho del argumento de que el capitalismo detendrá la
guerra porque eso es lo que interesa a los capitalistas. Esto es sólo una
aplicación del argumento de Kautsky (y también de los actuales globalizadores)
de que el capitalismo es un sistema racional. Kautsky planteó la idea de que el
imperialismo no era la fase superior del capitalismo (como había subtitulado
Lenin a su libro en 1916) sino que terminaría triunfando a través de otra etapa
superior (superimperialismo) que no necesitaría alimentarse con la guerra.
Lenin había analizado el desarrollo capitalista como algo inevitablemente
desigual, contradictorio, plagado de crisis y sangriento. Creemos que estas son
las características básicas del sistema y que lo seguirán siendo hasta su
derrocamiento. Nosotros consideramos que la actual teoría de la globalización
que niega esto es una teoría totalmente equivocada.
Lenin utilizó el análisis marxista para su argumentación contra la teoría del
superimperialismo. La primera pregunta que dirigió a Kautsky fue: ¿cuál era el
futuro del desarrollo capitalista? ¿Pasaría del enfrentamiento a la armonía?
Lenin negó que existiera ningún signo real que demostrara que el
superimperialismo (el equivalente a la “globalización” de 1914) era el futuro.
Realmente la perspectiva de Kautsky en 1914 de que las potencias imperialistas
podrían llegar a un acuerdo para acabar con la guerra era una teoría totalmente
equivocada:
“Si se llama ‘superimperialismo’ a la asociación internacional de los
imperialismos nacionales (o más precisamente de los imperialismos
particularizados en los Estados), si se piensa que este superimperialismo
‘podría’ eliminar ciertos conflictos particularmente desagradables, tales como
guerras, conmociones políticas, etc., ¿por qué no sustraerse a las realidades
actuales de esta época de imperialismo, que ha traído los más graves conflictos
y catástrofes, para soñar inocentemente en un ‘superimperialismo’ relativamente
pacífico, y más o menos exento de conflictos y catástrofes?”. (Lenin.
Introducción al libro de Bujarin, La economía mundial y el imperialismo).
Para Lenin Kautsky estaba soñando y no se enfrentaba a la realidad. Pero su
error formaba parte de un error de método más amplio:
“Si se entiende por punto de vista puramente económico la ‘pura’ abstracción,
todo cuanto se pueda decir se reduce a la tesis siguiente: el desarrollo va
hacia el monopolio; por lo tanto, hacia un monopolio mundial único, hacia un
trust mundial único. Esto es indiscutible, pero, al mismo tiempo, carece de todo
contenido, como la indicación de que ‘el desarrollo va hacia’ la producción de
los artículos alimenticios en los laboratorios. En este sentido, la ‘teoría’ del
superimperialismo es tan absurda como lo sería la de la ‘super-agricultura’”. (Lenin.
El imperialismo fase superior del capitalismo).
A los capitalistas les gustaría fabricar comida en laboratorios. Encuentran la
naturaleza un fastidio y un obstáculo. Pero todavía no hacen comida en
laboratorios, aunque utilicen técnicas de laboratorio. Así que la
“super-agricultura” se puede denominar una tendencia, no un hecho consumado. Y,
por la misma razón, aún no tenemos un mundo de trust, aunque la concentración ha
avanzado a pasos agigantados desde la época de Lenin.
Lenin está ridiculizando la interpretación racionalista de Kautsky del
desarrollo capitalista que ignora la contradicción como algo fundamental e
inherente. Considera que ese es el punto central de su error. Lo mismo ocurre
con los globalizadores de hoy en día.
Existe una tendencia a la concentración de capital, Lenin no lo niega. Pero una
tendencia no es lo mismo que una tendencia lineal. Es una fuerza en la economía
que al mismo tiempo intensifica las tendencias contrarrestantes. Identificar una
tendencia no nos permite predecir el futuro, como creen los positivistas.
La perspectiva de la globalización se basa en identificar mecánicamente las
fuerzas existentes e intentar predecir el estado final al que llevarán esas
tendencias. El marxismo, por el contrario, nos permite comprender las tendencias
y explicar los procesos que se están desarrollando bajo la superficie. La cita
de Lenin demuestra claramente la diferencia entre nuestra aproximación y la que
tienen los globalizadores.
La segunda cuestión es la siguiente: debemos asumir que los capitalistas tienen
interés en mantener la paz y no la guerra, es decir, que la paz es algo racional
(debemos recordar que la guerra puede ser algo muy rentable para los
capitalistas). ¿Cómo un sistema anárquico es capaz de generar un poder capaz de
imponer un acuerdo? ¿Quién decide y cómo lo decide?
La respuesta de Kautsky era que dos potencias imperialistas iguales en guerra
podrían llegar a un punto muerto. Cuando cada una de ellas es consciente de que
no puede aplastar a la otra entonces finalmente llegan a un acuerdo. Una vez
más, Kautsky utiliza la falacia de que como la mayoría de los capitalistas
tienen bien desarrollado el instinto de la supervivencia, entonces bajo el
capitalismo no pueden ocurrir desastres.
En primer lugar, es posible que cada una de las partes se de cuenta de que
potencialmente es más fuerte. Esto crea en los generales la mentalidad de sólo
“un empujón más”, provocando con ello la muerte de millones de personas en las
trincheras. Dos bloques imperialistas iguales en guerra pueden llegar a un punto
muerto sangriento, no a un acuerdo.
Las empresas capitalistas individuales entran en declive y caen en la bancarrota
porque forma parte del proceso de la competencia. No pueden elegir porque sí
alejarse de una industria de la que llevan generaciones viviendo, incluso aunque
sepan que sus competidores son superiores.
Lo mismo ocurre con las potencias imperialistas. Bujarin explica por qué se
romperá el acuerdo. Irónicamente los economistas capitalistas utilizan el mismo
método de análisis para explicar por qué es probable que se rompa el precio fijo
en la industria. Kautsky afirma que los bloques imperialistas llegarán a un
acuerdo si en la guerra están igualados.
Bujarin dice que esto significa un “nivel relativo de igualdad de desarrollo de
las fuerzas productivas”. (Ibíd.,) Pero la dinámica del desarrollo capitalista
destruye continuamente estos estadios temporales de igualdad. “Donde es
considerable la diferencia en la estructura económica, donde existe, como
consecuencia, desigualdad en el coste de producción, cada vez más el trust
capitalista (más eficiente) no encuentra rentable llegar a un acuerdo”.
(Ibíd.,).
Después introduce la política del estado como un factor adicional a la hora de
evitar la competencia a “nivel de cancha”. El estado más fuerte garantiza que
sus industrias tengan los tratados comerciales más ventajosos y pone aranceles
elevados que son desventajosos para los competidores”. (Ibíd.,).
Los teóricos bolcheviques del imperialismo tenían una idea muy diferente del
papel del estado a la que tienen los globalizadores, éstos últimos creen que en
la época actual ese papel cada vez será más irrelevante. Como veremos Lenin
tenía razón y la sigue teniendo.
En realidad, el imperialismo mundial consiguió un período de estabilidad después
de la Segunda Guerra Mundial, pero no fue por que dos bloques en lucha llegaran
a un punto muerto, como sugería la teoría de Kautsky.
Todo lo contrario, como señalan Paul Hirst y Crahame Thompson en su artículo:
The Future of Globalisation: “Esta (estabilidad) fue sólo posible debido a la
victoria militar Aliada y al dominio económico incuestionable de EEUU. La
globalización fue restaurada por la fuerza militar y la política nacional, no
fue un estadio ‘natural’ de las cosas”. (Incluido en The Handbook of
Globalisation. p. 18).
Además, la hegemonía de EEUU permitió el crecimiento económico, así el dominio
norteamericano ya no parecía “incuestionable”. El concordato entre los
imperialismos durante un tiempo se fue resquebrajando cada vez más.
¡Hacia el pasado!
Los globalizadores presentan la época actual de desarrollo capitalista como algo
totalmente nuevo. El capitalismo ha ido eliminando progresivamente las barreras
para su desarrollo sin límites. El comercio cada vez es más libre y, por tanto,
más importante para hacer avanzar todas las economías nacionales. Los “factores
de producción” se han liberado para poder ser utilizados hasta el punto óptimo.
En el período de 1870 a 1914 fue cuando todos los países desarrollados abrazaron
el libre comercio, decían que el comercio era el “motor del crecimiento”.
Millones de personas abandonaron Europa y se fueron al interior de Norteamérica,
América Latina y Australasia. El capital era libre para irse donde quisiera.
Muchas fortunas se fueron al extranjero. Las inversiones extranjeras de Gran
Bretaña en 1914 ascendían a 4.000 millones de libras. En ese año Gran Bretaña,
la principal potencia imperialista de la época, un asombroso 9 por ciento de sus
ingresos nacionales procedía de los beneficios conseguidos por el capital
invertido en el extranjero: 200 millones de libras anuales.
Después de la Primera Guerra Mundial la apertura de la economía parece que
implosionó.
“El período de 1913-1950 supuso una recaída en el neo-mercantilismo, con
bloqueos que llevaron a dos guerras, políticas discriminatorias, aranceles
elevados, restricciones cuantitativas, controles de cambio y otras medidas
autárquicas que fueron el detonante de la Gran Depresión de 1929-1932. Como
resultado de esto, el comercio creció la mitad que el ritmo de la producción
desde 1913 a 1950”. (Augus Maddison. Dynamic Forces in Capitalist Development: a
long-run comparative view. Oxford University Press. 1991).
Se podría decir que desde 1950 sólo se ha visto una desaparición lenta y penosa
de las barreras a la penetración capitalista que se habían levantado desde 1913.
Maddison, un formidable estadístico económico, es bastante claro al afirmar que
la “Edad Dorada” del desarrollo capitalista fue el período de 1950-1973, cuando
todavía existía la mayor parte de la parafernalia sobre la intervención estatal.
El crecimiento que siguió a la “época gloriosa” de la globalización ha sido
mucho menos impresionante. En un libro titulado irónicamente Why Globalization
Works [Por qué funciona la globalización], Martin Wolf demuestra en la Tabla 8.1
que la economía creció dos veces más rápido en la Edad Dorada que en la sucesiva
“época de la globalización”. (Citado por Saul. p. 20).
El capital financiero y la exportación de capital
Para los globalizadores la explosión de los flujos financieros globales
demuestra que el capitalismo ha creado al menos un solo mundo. Ciertamente las
cifras son impresionantes. Durante los últimos diez años el comercio en divisas
en el mercado de Londres ha pasado ¡de 464.000 millones de dólares a 753.000
millones diarios! Londres es un mercado de divisas mayor que el de Nueva York o
Tokio. A esto se lo denomina “efecto Wimbledon”. En el mismo período el
movimiento de esos instrumentos financieros arcanos llamados derivados ha pasado
de 74.000 millones de dólares a 643.000 millones de dólares diarios.
Mirando los mercados financieros, la globalización parece un hecho consumado.
Vastas cantidades de dinero se pueden mover en una fracción de segundo. Los
bancos centrales tienen poco control sobre su tipo de cambio, movido
principalmente por el capricho de los mercados.
Los economistas normalmente distinguen entre inversión extranjera directa y de
cartera. La inversión de cartera significa comprar acciones u otros pedazos de
papel en empresas que trabajan en el extranjero sin tener que participar en su
control. Pero esto no cambia nada de la realidad económica subyacente. Los
mismos trabajadores se levantan y van a la misma fábrica. La única diferencia es
que algo de la plusvalía se va al extranjero.
La inversión directa extranjera (IDE) es el trabajo de las multinacionales, una
característica mucho más significativa de la economía mundial que en la época de
Lenin. Pero ¿cómo es de importante y, en cualquier caso, cambia las reglas del
juego?
Andrew Glyn concluye: “(I) La IDE continuó afluyendo al ritmo actual, la parte
del capital social representado por el IDE aumentaría alrededor del 13 por
ciento tanto en los países desarrollados como en los subdesarrollados.
“¿Trece es un porcentaje pequeño o grande?...
“Hay varias razones para que el significado de la IDE sea menor de lo que
sugieren estas cifras. Una es que el reciente flujo de IDE a los países en vías
de desarrollo se ha concentrado en muy pocos de ellos; el tercio más alto se lo
lleva sólo China. Y la mayoría de la IDE que entra en China no procede de los
países desarrollados si no de capitalistas chinos que residen en otros países
asiáticos en vías de desarrollo, eso no corresponde con la imagen común de IDE
cuando las multinacionales occidentales se extendían por todo el mundo. Además,
no toda la IDE consiste en la construcción de nuevos medios productivos por
parte de empresas extranjeras, que normalmente representa un claro aumento de la
competencia. Además más de la mitad de la afluencia de IDE a los países de la
OCDE representa fusiones y adquisiciones en otros países... “. (The assessment:
how far has globalization gone? Oxford Review of Economic Policy. Vol. 20. nº 1.
2004. p. 6).
La explosión del comercio mundial podría también ser menos importante de lo que
parece si el “comercio” entre países en realidad son productos semiacabados
pasando entre diferentes sucursales de la misma multinacional. Según un
cuidadoso estudio de Stucliffe y Glyn: “Las transacciones en el interior de la
empresa podrían suponer un tercio del comercio internacional, una cifra que ha
estado circulando durante al menos treinta años, aunque con poco apoyo
empírico”. (Ibíd., p. 73).
¿Qué pasa con el movimiento libre de trabajo? ¿Se puede trasladar allí donde la
vida es más fácil, como hacen los yupies con su dinero? El control sobre la
migración del trabajo es un hecho universal y cotidiano en los países
capitalistas desarrollados. Para la clase obrera el mundo no es nuestro
cascarón.
La racionalidad capitalista y la pobreza mundial
Sí, es interés del sistema convertir a cuatro mil millones de personas
hambrientas del tercer mundo en “consumidores”. ¿Por qué no hay ningún síntoma
de que el sistema sea capaz de lograrlo? ¿Qué dicen nuestros contrincantes? El
Banco Mundial comienza a dar palmaditas en la espalda porque ha sacado a muchos
de la pobreza en la pasada década. Incluso admite: “La desigualdad todavía, el
número de personas en términos absolutos que viven en la pobreza, sigue
aumentando. Pero la mayoría de los pobres viven en zonas rurales y en países que
están sólo débilmente conectados con el resto del mundo”. (http://rru.worldbank.org/spotlight/globalization.aspx).
El Banco Mundial parece creer que todas las cosas salen como ellos esperan.
Nuestro argumento es que el capitalismo tendrá oportunidades de conseguir
beneficios en determinadas zonas del mundo que serán bombardeadas con fondos de
inversión, mientras que el resto (por ejemplo África, con una población de 850
millones de personas) seguirá hundido. África es pobre porque el imperialismo la
mantiene pobre y subdesarrollada.
El Banco Mundial dice que hay zonas plagadas de conflictos donde el capital no
se atreve a entrar. Los “globalizadores” dicen que si dejáramos la violencia e
invitáramos al capital extranjero entonces ¡todos seríamos ricos! Pero
exactamente lo contrario es verdad. La antigua Yugoslavia se arruinó
económicamente destrozada por guerras civiles que provocaron 250.000 muertos.
Esto no ocurrió porque el país fuera ignorado por las finanzas globales, sino
precisamente porque Yugoslavia llamó su atención. En un esfuerzo inútil por
desarrollar la economía de un pequeño país atrasado, la burocracia dominante
invitó a los bancos extranjeros. Durante los años ochenta Yugoslavia se
convirtió en terreno de caza para el capital financiero. Las empresas del sector
público pidieron dinero prestado en un intento inútil de construir “el
socialismo en un solo país”.
Diez años después el país vivía en la austeridad en las fauces del capital
global. Incapaz de atacar a un opresor que no podían ver, de manera trágica los
pueblos de Yugoslavia se enfrentaron entre sí por una política nacionalista
apoyada por las potencias imperialistas rivales. El resultado fue una horrible
guerra civil. El atraso con frecuencia no es el resultado del aislamiento
económico sino la consecuencia del entrometimiento capitalista, no un resultado
natural sino la creación del imperialismo.
Capitalismo y estado nacional
Los globalizadores dicen que las “fuerzas del mercado” (capitalismo) se están
generalizando ante todos nosotros. ¿Qué se puede hacer para quitarlas de en
medio? La fuerza principal en cualquier territorio aparte de los capitalistas es
el Estado. Ahora los globalizadores dicen que el gobierno tiene que
arrodillarse. En primer lugar, no explican por qué la correlación entre los dos
poderes básicos que afectan a la forma en que vivimos ha cambiado de manera tan
fundamental. ¿Por qué los estados podían aprobar leyes hace treinta años que
regulaban el comportamiento empresarial y ahora no pueden hacerlo? En realidad
sí pueden.
Los teóricos de la globalización hacen una vaga yuxtaposición entre la economía
capitalista y el estado. En realidad, el estado es una creación de las
necesidades de la clase capitalista y constantemente se transforma según lo
hacen sus necesidades. A su vez, el estado mismo es un actor económico, una
fuerza que afecta al comportamiento económico. Los dos no son polos opuestos. Se
interrelacionan mutuamente.
Esta relación, que continúa hasta el día de hoy, fue explicada completamente por
los bolcheviques. Como señala Bujarin: “La realidad es que la misma base de los
estados modernos como entidades políticas definidas fue provocada por las
necesidades y requerimientos económicos. El estado creció sobre la base
económica; fue una expresión de las relaciones económicas; los lazos del estado
aparecen sólo como una expresión de los lazos económicos”. (Imperialism and
world economy. P. 63).
Pero la relación es contradictoria: “Si consideramos el problema en su totalidad
y tomamos por lo tanto el punto de vista objetivo, es decir, el punto de vista
de la adaptación de la sociedad moderna a sus condiciones de existencia,
encontramos que aquí existe una creciente discordancia entre las bases de la
economía social que se ha convertido en universal y la estructura de clase
peculiar de la sociedad, una estructura donde la propia clase dominante (la
burguesía) está dividida en grupos nacionales con intereses económicos
contradictorios, grupos que se oponen al proletariado mundial, pero que también
compiten entre sí por la división de la plusvalía creada a escala mundial”.
(Ibíd., p. 106)
Los capitalistas se resienten de las extorsiones del estado. Sin embargo, la
clase capitalista necesitaba al estado para defender sus intereses: “Hemos visto
que la conexión del capital con el estado se transformó en una fuerza económica
adicional. Cuando más fuerte es el estado más garantiza a sus industrias los
tratados comerciales más ventajosos, estableciendo aranceles elevados que son
una desventaja para sus competidores. Eso ayuda a su capital financieros a
monopolizar los mercados para las ventas, los mercados para materias primas y,
en particular, las esferas para la inversión de capital”. (Ibíd., p. 137).
Hoy vemos que esta interacción entre el poder económico y el estatal todavía es
una característica central de la rivalidad imperialista moderna. Hirst y
Thompson tienen razón al “concluir que la globalización en el sentido concebido
por los liberales económicos extremos y sus críticos radicales no se ha
producido. El mundo, lejos de ser un sistema más integrado dominado por fuerzas
del mercado ingobernables se divide en tres bloques comerciales importantes
dominados por estados nacionales”.
“El NAFTA está centrado en EEUU, Japón es un bloque del tamaño de su economía
nacional y la Unión Europea es una asociación de estados. Cada bloque sigue
políticas diferentes, tiene problemas distintos e instituciones de gestión
económica. La mayoría de las empresas importantes son de uno de los tres
principales bloques, y la mayoría de las empresas tienen el grueso de sus
activos y la mayoría de sus ventas dentro de uno de los bloques”. (Hirst y
Thompson. Ibíd., p. 23). Hirst y Thompson publicaron las dos primeras ediciones
de un importante libro titulado: Globalisation in question (Polity Press. 1996 y
1999). Aunque éstos son socialdemócratas, Lenin y Bujarin no habrían tenido
ningún problema en comprender el mundo que describen.
Los comentaristas capitalistas modernos dirán que la importancia económica del
estado está pasada de moda. La era de la globalización (normalmente fechada en
los años setenta) ha sido una retirada del estado de la economía capitalista. La
ideología del neoliberalismo, que se convirtió en dominante en la misma época,
defiende la privatización y el regreso al laissez-faire del siglo XIX. El
dominio de la fuerza desnuda de las relaciones internacionales, nos decían, ha
sido sustituido por el dominio de la ley a través de las instituciones
multilaterales: el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y la
Organización Mundial del Comercio.
Todo lo contrario. Los desgraciados gobiernos del “tercer mundo” han sido
obligados a privatizar sus bienes (entregando la propiedad a las empresas
multinacionales) y a reducir las barreras arancelarias (abriendo los mercados
internos a los productos de países desarrollados y empobreciendo a los
productores locales), eso es no dejarles ninguna “elección”. Lo irónico es que
la retirada del estado de la intervención económica en países pobres se ha
conseguido mediante la fuerza económica de los países imperialistas, apoyados
por la amenaza de la fuerza armada.
Esta transformación es un triunfo para el poder del estado, no su negación. Las
instituciones multilaterales a su vez proponen un gobierno mundial de leyes,
formuladas precisamente para desarmar a los países pobres y eliminar sus
defensas frente a la explotación imperialista.
Tampoco la retirada del estado de la “interferencia” económica ha sido un éxito
incondicional. El período que va desde la Segunda Guerra Mundial se puede
dividir en dos partes. Como ya mencionamos antes, el período de 1950 a la
primera recesión global de 1973 que puede ser considerado la Edad Dorada del
capitalismo, fue una época donde el estado intervino extensamente en la vida
económica.
Por ejemplo, todos los países tenían controles de cambio estrictos hasta que los
eliminó Thatcher en 1979. Hasta ese momento, la especulación vertiginosa en
monedas normales se mantenía bajo control. Los países capitalistas desarrollados
sin excepción funcionaban con una política económica de acuerdo con el consenso
keynesiano, determinado por permitir al estado intervenir cuando fallaban los
mercados. Así apareció un sector público amplio que sostenía el beneficio
capitalista. Como ya hemos dicho antes, Martin Wolf demuestra que la economía
creció dos veces más rápido antes de la era de la “globalización”.
El período actual no se caracteriza por las disputas imperialistas pacíficas y
armoniosas visualizadas por la teoría de Kautsky del superimperialismo y la
teoría de la globalización. Es verdad que EEUU se convirtió en una económica
hegemónica que ningún otro país imperialista se atreve a desafiar. Esa
supremacía ya está amenazada por China. Pero la hegemonía de EEUU desde la
Segunda Guerra Mundial no ha garantizado la paz y la armonía, no se ha eliminado
la rivalidad imperialista.
El análisis de Bujarin de la imposibilidad de que las potencias imperialistas
rivales desarrollen un sistema estable para gobernar el mundo y la presentación
de Lenin de la contradicción y la crisis que necesariamente desarrolla el
capitalismo, tienen su imagen en la actualidad, y la tendrán en el futuro.
El libro de J. R. Saul se titula: The Collapse of Globalism. Pero no es lo que
realmente está ocurriendo. Saul señala que el dominio capitalista del globo cada
se está encontrando con mayor resistencia. Esta resistencia se llama “movimiento
antiglobalización”, pero en esencia es un movimiento contra el capitalismo, o al
menos la degradación del medio ambiente, la superexplotación, la deuda del
tercer mundo y otros síntomas del capitalismo moderno.
El capitalismo se ha enfrentado a sus propias contradicciones, contradicciones
que los globalizadores ansiosamente negaban su existencia. Las naciones
capitalistas pobres como India y Brasil están utilizando el foro de la OMC para
plantear sus propios intereses nacionales. Pero la OMC es un instrumento del
imperialismo mundial utilizado como una apisonadora contra los intereses de las
naciones pobres. El capitalismo no puede entregar los productos que prometía la
teoría de la globalización. Por eso la teoría se está desmoronando.
Por concluir, la globalización no es un concepto que nos ayude a comprender el
mundo que nos rodea. En parte, ha sido extendida por los teóricos que han
intentado dar al concepto distintos contenidos. Es una construcción ideológica
basada en anunciar la victoria capitalista, ocultar la naturaleza de crisis del
sistema y su fracaso perpetuo en satisfacer las necesidades de la mayoría de la
clase obrera del mundo.
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