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(IAR-Noticias)
11-Mayo-06
La designación del general Michael Hayden al frente de la Agencia Central
de Inteligencia (CIA) marca otro avance del jefe máximo del espionaje
estadounidense, John Negroponte, en su puja con el secretario (ministro) de
Defensa, Donald Rumsfeld.
Por Jim Lobe - IPS
El presidente George W. Bush designó el lunes a Hayden, prestigioso general de
la Fuerza Aérea, en sustitución de Porter Goss, quien presentó renuncia "por
razones personales" la semana pasada.
La mayoría de los analistas en Washington interpretan estos cambios como la
campanada inicial del round definitivo entre Rumsfeld y Negroponte por el
control del sistema de inteligencia estadounidense, en permanente expansión y
con un presupuesto de 40.000 millones de dólares al año.
Pero las opiniones no están muy divididas respecto de cual de éstos titanes
burocráticos resultará triunfador en este último asalto.
Pocos dudan que la renuncia de Goss el viernes fue, en realidad, una brusca
destitución. El funcionario abandonó el cargo que ocupó menos de 20 meses a
pesar de que Bush suele amparar a sus más leales servidores aun cuando las
evidencias de incompetencia son abrumadoras.
Goss, quien presidió el Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes,
pasó a la CIA con el objetivo de implementar una reforma que resucitó las
acciones encubiertas y la capacidad del personal para recopilar información tras
la desastrosa invasión a Iraq.
Goss llegó consigo a agentes políticos del gobernante Partido Republicano desde
la Cámara de Representantes, para purgar la CIA de funcionarios veteranos cuyas
prioridades no coincidían, al parecer, con las del gobierno de Bush, en especial
respecto de Medio Oriente.
Durante su ejercicio, unos 16 altos funcionarios de la CIA que sumaban más de
300 años de experiencia en inteligencia, incluidos un director y dos
subdirectores, abandonaron la agencia dejándola en "caída libre", según la
diputada Jane Harman, del opositor Partido Demócrata y ex compañera de Goss en
el Comité de Inteligencia de la Cámara.
A principios de este año, tanto Negroponte como el Consejo Asesor de
Inteligencia Externa de Bush, concluyeron que Goss y sus allegados debían
marcharse de la agencia.
El factor desencadenante parece haber sido un sonado escándalo de soborno en el
Congreso legislativo protagonizado por el número tres de la CIA, Kyle "Dusty"
(Polvoriento, en ingles) Fogo, atrapado por el mismo Goss.
Ahora que Goss no está, las miradas naturalmente se dirigen a Hayden, el segundo
de Negroponte y ex jefe de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA), que comanda
desde el Pentágono el aparato de inteligencia del Departamento (Ministerio) de
Defensa.
Hayden, quien asumió formalmente el lunes, se ha desempeñado siempre en tareas
de inteligencia, aunque más bien en el uso de tecnología, espionaje por
satélite, escuchas ilegales y otras formas de vigilancia electrónica, que son
competencia de la NSA, y no tanto en operaciones encubiertas, como señaló el
propio Bush.
"Conoce la comunidad de inteligencia perfectamente", declaró el presidente.
A pesar de ser admirado hasta por sus críticos en el Congreso, que valoran su
franqueza, no queda clara su inclinación política e institucional, lo que ha
desatado especulaciones sobre las causas políticas y burocráticas detrás de su
designación.
Hayden, también reconocido como tecnócrata y administrador en su desempeño en la
NSA en el pasaje de la guerra fría a la "guerra contra el terrorismo", fue
confirmado el año pasado por la unanimidad en el Senado como segundo de
Negroponte, jefe de la Dirección Nacional de Inteligencia.
Pero su imagen apolítica se vio empañada --entre los civiles liberales tanto del
Partido Republicano como del Demócrata-- por su agresiva e inesperada defensa
pública del programa de la NSA para el espionaje de ciudadanos estadounidenses
implementado tras los atentado del 11 de septiembre de 2001. Además, se negó a
responder detalles sobre el asunto.
El presidente del Comité de Asuntos Judiciales del Senado, Arlen Specter,
advirtió el domingo que aprovechará la sesión en que se confirmará a Hayden en
el cargo para tratar de obtener información sobre las actividades de vigilancia
interna que hasta ahora el gobierno se ha negado a compartir con el Congreso.
Algunos críticos, ya preocupados por las interpretaciones de Hayden acerca de
las garantías constitucionales de los investigados, consideran que el general
retirado se ha convertido en el favorito del vicepresidente Dick Cheney, el más
duro defensor de la temible concepción de un ejecutivo todopoderoso en tiempos
de guerra.
"Tenemos que afrontar la escalofriante posibilidad de que el nuevo director de
la CIA considere plausible vigilar al pueblo estadounidense sin las garantías
necesarias", dijo al diario The New York times el director del Centro Privado de
Información Electrónica, Marc Rotenberg.
Otro asunto que preocupa tanto a republicanos como a demócratas es que un
militar como Hayden esté a cargo de la CIA, ya que esta era la única gran
agencia de inteligencia, aparte de la Dirección Nacional a cargo de Negroponte,
en ser presidida por un civil.
"Colocar a un militar en el cargo es simplemente una mala idea", sostuvo el
presidente del Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes, Peter
Hoekstra, un republicano del ala más conservadora.
También declaró que Hayden era "el hombre incorrecto, en el peor lugar en un mal
momento".
Algunos demócratas críticos de lo que han llamado "sobre-militarización" de la
política exterior se hicieron eco de este punto de vista.
Pero el panorama puede ser bastante más complicado, especialmente en el marco de
una lucha más amplia entre el Pentágono y las agencias civiles, especialmente la
Dirección Nacional de Inteligencia, respecto del control de ese sector clave del
Poder Ejecutivo.
Es sabido que Hayden no se lleva especialmente bien con Rumsfeld, quien, al
igual que su jefe de inteligencia, Stephen Cambone, rechazan que un militar
detente una autoridad sin precedentes en la conducción de operaciones
encubiertas.
Para gran frustración de sus jefes civiles, este general prestó testimonio ante
el Congreso en favor de la transferencia del control de varias agencias de
inteligencia del Pentágono a la Dirección Nacional de Inteligencia.
"¿Cómo va Hayden a lidiar con la monopolización de actividades del Pentágono?
Esto va a ser una verdadera lucha", dijo al diario The Washington Post un
funcionario que se identificó como "ex jefe de departamento de la CIA".
Negroponte alentó el cese de Goss y el ingreso de Hayden a la CIA como parte de
una lucha más amplia que lo enfrenta a Rumsfeld y Cambone, en especial en lo que
se refiere a las operaciones encubiertas.
Pero neoconservadores y otros belicistas del Partido Republicano perciben la
puja de los últimos días como una amenaza a su agenda política. Los "halcones"
ven a la CIA y a Negroponte como demasiado "liberales" y, por lo tanto,
desleales a Bush.
"Negroponte forzó la retirada de Goss y pudo elegir a su sucesor, prueba del
momento de debilidad por el que pasa un gobierno cada vez más susceptible ante
estas circunstancias", sostuvo la revista neoconservadora Weekly Standard este
fin de semana.
El también neoconservador National Review manifestó su preocupación de que la
partida de Goss represente un "golpe de Estado dado por insurgentes de la CIA"
para frenar la limpieza de funcionarios traidores que, según se dice,
debilitaban al gobierno.
Para el experto en inteligencia John Prados, es demasiado pronto para realizar
pronósticos. La puja "siempre ha sido Rurmsfeld versus Negroponte, y Negroponte
no ha demostrado hasta ahora capacidad para detener a Rumsfeld", dijo Prados a
IPS.
"Esto puede ser una victoria para Negroponte. Un nuevo director puede dar un
respiro a la agonizante agencia y recrearía un elemento de resistencia contra la
expansión del Pentágono, lo que mejoraría su posición respecto de Rumsfled",
explicó
Al mismo tiempo, los últimos acontecimientos pueden acelerar la desintegración
de la CIA al apresurar el traspaso de sus recursos analíticos a la Dirección
Nacional de Inteligencia y su creciente control nominal sobre las operaciones
del Pentágono.
"Podríamos estar viendo el comienzo del fin de la CIA y el creciente peligro de
fragmentación de la comunidad de inteligencia estadounidense", subrayó.
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