El accidente nuclear en Chernobyl, del que
se han cumplido ya 20 años, fue tal
vez la verdadera causa del colapso de la Unión Soviética. De hecho, la
catástrofe de Chernobyl fue un punto de inflexión histórica que marcó una era
anterior y una posterior al desastre.
Por Mijail Gorbachov -
La Tercera, Chile
L
a misma mañana de la explosión en el
centro nuclear de Chernobyl, el 26 de abril de 1986, el Politburó (órgano
ejecutivo) se reunió para analizar la situación y, a continuación, organizó una
comisión de gobierno para hacer frente a las consecuencias.
La comisión debía asegurarse de que
se tomasen medidas serias en cuanto a la salud de las personas en la zona del
desastre. Pero el Politburó no tuvo en lo inmediato la información apropiada
sobre la situación posterior a la explosión.
Sin embargo, había en su
interior un consenso general de que debíamos entregar todos los antecedentes
tras recibirlos.
Por ello, las acusaciones de que se ocultó información sobre el desastre se
alejan de la verdad. Cuando la comisión gubernamental visitó el lugar de los
hechos justo después del desastre y pernoctó en Polesie, cerca de Chernobyl,
todos sus miembros cenaron con comida y agua regulares del lugar y anduvieron
todo el tiempo sin respiradores, al igual que el resto de las personas que
trabajaban allí.
Si la administración local o los
científicos hubieran sabido la verdadera magnitud del desastre, no se habrían
arriesgado a eso.
De hecho, nadie sabía la verdad, y por esta razón fueron en vano todos nuestros
intentos por recibir información completa sobre la dimensión del desastre.
Por supuesto, el mundo supo primero
del desastre de Chernobyl a través de científicos suecos, lo que creó la
impresión de que estábamos escondiendo algo. Pero sencillamente carecimos de
información durante un día y medio. Sólo después supimos que lo que había
ocurrido era una genuina catástrofe nuclear.
Aunque el primer informe sobre Chernobyl apareció en Pravda el 28 de abril, la
situación distaba mucho de ser clara. Por ejemplo, cuando el reactor explotó,
primero se intentó apagar el incendio con agua, lo que no hizo más que empeorar
la situación, ya que esto comenzó a dispersar partículas nucleares por la
atmósfera.
Mientras tanto, aún así podíamos
adoptar medidas para ayudar a la gente de la zona del desastre que fue evacuada,
y más de 200 organizaciones médicas participaron en las pruebas realizadas para
detectar intoxicaciones por radiación.
El precio de la catástrofe de Chernobyl fue abrumador, no sólo en términos
humanos, sino también económicos. Incluso hoy sus consecuencias afectan a las
economías de Rusia, Ucrania y Bielorrusia. Algunos hasta sugieren que el precio
económico para la Unión Soviética fue tan alto que detuvo la carrera
armamentista, ya que no podía seguir construyendo armas y, al mismo tiempo,
pagar la limpieza del desastre.
Eso es incorrecto: en mi declaración
del 15 de enero de 1986, abordé el tema de la reducción del armamento, incluidas
las armas nucleares, y propuse que para el año 2000 ningún país las tuviera.
Sentía una responsabilidad moral con respecto al término de la carrera
armamentista.
Chernobyl me abrió los ojos como ninguna otra cosa lo había hecho: mostró las
horribles consecuencias de la energía nuclear, incluso si se utiliza para fines
no militares. Ahora uno puede imaginarse mucho más claramente lo que habría
pasado si hubiera explotado una bomba nuclear. Según los expertos científicos,
un cohete SS-18 podría contener cien Chernobyls.
Lamentablemente, el problema de las armas nucleares sigue siendo muy serio en la
actualidad. Los países que las tienen no tienen apuro por deshacerse de ellas.
Por el contrario, siguen perfeccionando sus arsenales, mientras los países sin
armas nucleares las desean, creyendo que el monopolio del club nuclear es una
amenaza para la paz mundial.
El vigésimo aniversario de la catástrofe de Chernobyl nos recuerda que no
debemos olvidar la terrible lección que el mundo recibió en 1986. Debemos hacer
todo lo que esté en nuestro poder para mantener seguras y sin riesgos las
instalaciones nucleares. También deberíamos comenzar a trabajar seriamente para
producir fuentes alternativas de energía.
El hecho de que los líderes mundiales estén hablando cada vez más sobre este
imperativo sugiere que la lección de Chernobyl finalmente se está comprendiendo.