Soy ideológicamente del PT
aunque nunca me haya inscrito en el partido. Siempre lo respaldé en el ámbito de
mi actuación. Por eso, como observador participante, me permito reflexionar
sobre algunos desafíos que serán seguramente suscitados en el 13º Encuentro
Nacional para definir la estrategia de la reelección del Presidente Lula y los
marcos del programa de Gobierno.
Por Leonardo Boff (*)
E
n primer lugar es importante demostrar humildad, y reconocer: «caímos en la
tentación de la política tradicional que incluye en su práctica una alianza
inequívoca con el poder económico. Por eso no es transparente. Nos equivocamos.
Pero todo error tiene corrección.
Pecamos. Pero todo pecado tiene perdón. Caímos porque nos despegamos del pueblo
y de los movimientos sociales que día a día nos guían hacia las prácticas
correctas. Sólo nos redimiremos si volvemos a ese primer amor y rehacemos la
alianza con los movimientos sociales».
¿Qué quieren los movimientos sociales y el pueblo? Cambios profundos que den
otro rumbo a Brasil, un rumbo que mire el interés de las mayorías siempre
marginadas y excluidas.
Pero ese mismo pueblo entiende que no
hacemos lo que queremos, sino lo que podemos o lo que nos dejan hacer. El
terreno está ocupado y minado, pero tampoco todo son minas: hay espacio para
innovaciones. El PT innovó en la política externa, creando alianzas que se
oponen a la lógica unilineal del neoliberalismo.
Innovó en las políticas sociales,
creando una red integrada que beneficia a cerca de 8 millones de familias. Pero
podría innovar más, especialmente en la gestión macroeconómica, que debería ser
adecuada al proyecto social. Faltó la \"virtu\", la osadía necesaria para abrir
brechas en la rigidez monetarista imperante en Hacienda.
Faltó ampararse más en la verdad de
las cosas: que el funcionamiento desorbitadamente financiero del capital es un
cebo del capitalismo mundial, que no se sustenta por sí mismo y que un día va a
explotar para desgracia de todos; faltó escuchar más el grito de los movimientos
sociales y las buenas razones de la «inteligentzia» crítica. Importa retomar
esta cuestión, pues sin ella no se puede dar el paso al posliberalismo.
La rectificación de esta política volverá a dar base a la esperanza de que otro
Brasil es posible, como gritan los pueblos de Porto Alegre desde hace ya años.
Están mostrando la viabilidad de otro mundo posible y de una globalización de
rostro humano.
Es fundamental consolidar la derrota que el PT infligió a la coalición
liberal-conservadora que siempre ocupó el poder central y que, en la perspectiva
popular, fue la desgracia de Brasil. Ella lo convirtió en uno de los países más
desiguales y, por eso, más injustos del mundo.
Este grupo no acepta que alguien del
pueblo, que se expresa en el lenguaje de la cultura popular, tan legítima como
cualquier otra, defina los destinos políticos de Brasil. Esta coalición se está
articulando y haciendo todo tipo de alianzas para volver al poder.
No tiene ninguna ética a presentar.
Su proyecto político es intrínsecamente antiético por antisocial, ya que no
busca el Estado de Bienestar Social, sino el Estado mínimo que privatiza.
De esta forma pasa de nuevo el bien
público, que es de todos, a propiedad privada de algunos. Da prioridad a la
competición en vez de a la cooperación, base de la convivencia y de la
democracia.
El PT y sus aliados necesitan enorgullecerse de la ruptura que introdujeron en
la historia de Brasil: de que alguien del pueblo, oriundo de «la miseria de la
vida», consiguió llegar allí y orientar las políticas del Estado hacia lo social
y los pobres.
Este legado debe ser cuidadosamente
conservado. Y sólo lo conseguiremos reeligiendo este año al Presidente Lula.
(*) Koinonia