En menos de un año, India y
China han confundido a analistas del mundo entero al convertir su famosa
rivalidad en la adquisición de petróleo y gas en otros países en una asociación
que es capaz de alterar la dinámica del mercado global de energía.
Por Siddharth Varadarajan -
ZNet en español
E
n
juego está no sólo el tema de la adquisición conjunta, aunque el acuerdo más
importante de los que se firmaron en Pekín el 12 de enero durante la visita del
ministro de Petróleo y Gas Natural, Mani Shankyar Aiyar, prevé ofertas conjuntas
presentadas por ONGC Videsh S.L (OVL) y la Corporación Nacional de Petróleo de
China (CNPC) en distintos lugares del mundo. Las futuras posibilidades de
cooperación china-india podrían abrir el camino hacia la creación de un mercado
y arquitectura de energía asiáticos - es decir, un eje asiático del petróleo -
con importantes consecuencias geopolíticas para los EE.UU.
El mercado internacional de hidrocarburos no es libre y nunca lo ha sido. Existe
un cártel de proveedores - la Organización de Países Exportadores de Petróleo
(OPEP) - y un mercado muy organizado, principalmente dirigido por la demanda de
las economías avanzadas del mundo, todos miembros de la Organización para la
Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).
Las transacciones se realizan en
dólares, garantizando que todos los países del mundo utilicen esta moneda para
la mayoría de sus reservas extranjeras. Además, los precios se calculan
utilizando como modelo petróleos occidentales, por ejemplo West Texas
Intermediate o Brent, y éstos no representan más que una parte diminuta del
petróleo que se produce y se vende en el mundo. Este poder monopolístico de los
EE.UU y Europa es tan grande que el petróleo que exportan los países del Golfo
de Persia es capaz de costar $2 más por barril. Este efecto se llama el recargo
asiático del petróleo.
Hay que añadir dos constantes más a esta ecuación. Primero, el papel que
desempeñan los especuladores que comercian con futuros del petróleo en la Bolsa
Mercantil de Nueva York y la Bolsa Internacional del Petróleo. Éstos han
provocado una subida desbocada en el precio del petróleo, y la situación sólo
empeorará. "Se especula una cantidad enorme de dinero en el mercado de futuros
de energía" según informó el presidente del Liberty Trading Group de Tampa,
Florida James Cordier a la Associated Press este mes.
En segundo lugar, la presencia masiva
del ejército estadounidense en Asia que asegura el sistema unipolar de dólares y
petróleo. Esta presencia que crece cada vez más crea violencia y desestabiliza
la región. Sería difícil que la posición de Asia empeorara. El continente donde
se hallan los mayores productores de energía y donde se ha visto el mayor
crecimiento en el nivel de consumo de energía se ve obligado a desempeñar un
papel de importancia menor.
Es decir, depende de instituciones y
mecanismos de comercio ajenos, y de la presencia de ejércitos extranjeros, para
comerciar consigo mismo. Además de desestabilizar la política de la región, esta
situación no tiene lógica económica ni geográfica. Asia Central está cerca de
China y Irán, pero los EE.UU llevan la mayor parte de esta década asegurando que
los conductos que trasladan petróleo y gas corren en un sentido único: hacia el
occidente. Un conducto que una la India con Irán tiene sentido desde un punto de
vista económico pero la amenaza de sanciones de los EE.UU es capaz de impedir el
progreso de este proyecto. Si el siglo veintiuno va a ser un 'Siglo Asiático',
hay que poner fin a la pasividad en el campo de energía.
Las circunstancias objetivas favorecen un cambio. Asia Central se ha establecido
como un productor importante y las tasas de crecimiento de las economías de
China e India son de las más elevadas del mundo. Los proveedores tradicionales
se beneficiarían mucho de un mercado asiático también si esto supusiera mayor
estabilidad y precios previsibles.
Para asegurar que esta nueva cooperación entre China y la India tiene éxito los
dos países tienen que invertir el capital político necesario. Hay que combatir
las sospechas tradicionales, y también tener en cuenta que la cooperación
comercial entre empresas, incluso las de propiedad pública, es capaz de
encontrarse con obstáculos prácticos a la hora de trabajar juntas. Todavía habrá
competencia para acuerdos individuales y esto no debería provocar tensión, como
en el caso de la oferta de trasladar gas desde Birmania a China. También está el
papel negativo que desempeñan los EE.UU, que consideran a la India como el punto
débil de la nueva cadena asiática. Hoy en día, Washington hace un esfuerzo para
disuadir a Nueva Delhi de crear una nueva arquitectura regional, ofreciendo como
premio la capacidad nuclear y la promesa de convertirse en una potencia mundial
aliada a los EE.UU. La India tendrá que resistir esta tentación si el proyecto
va a tener éxito en el futuro.
La propuesta de negociar ofertas
conjuntas en otros países, a través de OVL y CPNC, está en el centro de esta
nueva asociación entre India y China. En diciembre del año pasado las dos
empresas lograron comprar los yacimientos petrolíferos de al-Furat en Siria, y
aparentemente están preparando una adquisición en la república rusa de Udmurtia.
Hubo enfrentamientos en el pasado - por ejemplo en Kazajstán donde los chinos
ganaron a OVL - y en el futuro habrá ocasiones en que los recursos financieros y
el talento para la estrategia de China le darán una clara ventaja. Un ejemplo
sería la decisión este enero de la Corporación Nacional China de Petróleo
Extranjero de comprar el yacimiento Akpo en Nigeria. Unas semanas antes el
gobierno de Manmohan Singh había impedido la adquisición propuesta por OVL por
considerarla demasiado arriesgada. Sin embargo, la cooperación entre los dos
países tiene un futuro muy prometedor.
Aunque algunos analistas occidentales desprecian los esfuerzos de los dos países
por adquirir yacimientos petrolíferos, haciendo hincapié en que el petróleo está
siempre a la venta en el mercado, es precisamente este elemento del acuerdo lo
que es más problemático para las grandes petroleras establecidas. Tanto los
indios como los chinos consideran que estos consejos son interesados, ya que se
podría dar los mismos consejos a las potencias petroleras occidentales que
compiten para las mismas adquisiciones en distintos lugares del mundo. Según le
informó el Sr. Aiyar al presidente de la poderosa Comisión Nacional de
Desarrollo y Reforma, Ma Kai, poco antes de que los dos firmaran su acuerdo de
entendimiento, "Si nuestras empresas presentan ofertas conjuntas, ningún
proyecto estaría fuera de nuestro alcance". Por su parte, ejecutivos petroleros
chinos de alto nivel se mostraron de acuerdo con estos sentimientos. "Debemos
dar juntos un paso adelante y empezar a hacer ofertas", comentó el presidente de
CNPC Chen Geng, al Sr. Aiyar. "Si no, el que gana es otro".
Aparte de la adquisición de yacimientos de petróleo y gas hay otras competencias
en que las empresas de los dos países pueden colaborar.
Los chinos han sido los primeros en
aplicar la nueva tecnología de rescate de petróleo, que en yacimientos viejos
como Dagang y Daqing ayudan a mantener un nivel de producción superior al de
instalaciones indias de la misma edad. La superioridad informática da una
ventaja a las empresas indias en los campos de exploración y servicios de
producción. En este ámbito existe la oportunidad de colaborar pero supondría un
cambio de actitud por parte de los servicios indios de seguridad. Habría que
superar el miedo a la presencia de expertos chinos en ubicaciones domésticas de
energía, sobre todo las marítimas. Además, los dos países necesitarán trabajar
juntos para desarrollar nuevos mecanismos de transporte de energía, por ejemplo
conductos dentro de la región y cargamentos transportados por Barcos Petroleros
de Alta Capacidad, y también para procurar suministros de petróleo de fuentes
lejanas como Venezuela y Africa Occidental.
¿Un mercado asiático de petróleo en euros?
Como prioridad, los dos países tienen que pensar en los objetivos a largo plazo,
es decir un mercado asiático de petróleo y productos, contractos de larga
duración y precios estables, y finalmente una Unión Asiática de la Energía. En
un discurso a especialistas chinos en energía en Pekín, el Sr. Aiyar señaló que
la Unión Europea nació como una unión del carbón y el acero antes de llegar a
ser una comunidad política y económica. ¿Sería posible ver la situación
repetirse en Asia con India y China desempeñando los papeles principales, tal
como hicieron Alemania y Francia en Europa? La idea ya no parece exagerada
cuando tenemos en cuenta que India y China se han comprometido a desarrollar
recursos estratégicos de petróleo, Corea del Sur ofrece su ayuda para crear un
Sistema Inter-Asiático de Transporte de Petróleo y Gás, e Irán planifica su
propia bolsa de hidrocarburos.
Entrelazada con un mercado asiático de petróleo está la importantísima cuestión
de un comercio energético que no dependa del dólar. Los países asiáticos poseen
un total superior a dos billones de reservas extranjeras, la abrumadora mayoría
de las cuales están denominadas en dólares. La prudencia muestra que ya ha
llegado la hora de diversificar la gama de fondos extranjeros de Asia. En China,
la Administración Estatal de Cambio Extranjero ha declarado su intención de
investigar "un uso más eficaz" de las reservas extranjeras del país, y en India
comentaristas como S. Venkitramanan opinan que el Banco Central de la India (RBI)
debería poner en marcha una estrategia parecida.
Una manera de llevar a cabo este cambio sería contemplar el comercio energético
basado en el euro o el yen. El dinamismo económico de Asia en el futuro
previsible sugiere que lo que hace falta no es un cambio táctico sino
estratégico en la composición de reservas. El enorme e insostenible déficit que
acumulan los EE.UU socava el "estándar del petróleo" que ha sido la raíz de la
hegemonía tanto de Washington como del dólar durante más de tres décadas.
Confiar tanto en el dólar en el comercio energético hará daño tanto a los
productores como los consumidores a largo plazo. Un mercado asiático de petróleo
que comercie en euros. Eso tiene que ser una buena receta para un mundo
multipolar.