Antecedentes
Daniel Yergin, con licenciatura en administración de
empresas en Yale y un doctorado en relaciones internacionales en la Universidad
de Cambridge, se dedica a la investigación económica del petróleo, con un
enfoque muy sesgado debido a su fanatismo ideológico por la desregulada
globalización feudal.
Por Alfredo Jalife Rahme -
La Jornada
Como el nipón-estadunidense Francis
Fukuyama, Yergin es un "pensador-chatarra" que suele equivocarse más de lo que
acierta en sus piruetas conceptuales, pero que goza de considerable influencia
en los circuitos que promueven la globalización a la que le dedicó, junto con
Joseph Stanislaw, el libro propagandístico Las cumbres de mando, la batalla por
la economía mundial. A nivel más popular, es conocido por su libro de 1991 El
premio: la búsqueda épica de petróleo, dinero y poder, que le valió el codiciado
premio Pulitzer.
Dos de sus flancos muy oscuros son: 1) haber sido el patrón del zar de la
energía prematuramente defenestrado, el guanajuatense zedillista-foxiano Fausto
Alzati Araiza (quien entregó a Estados Unidos la principal aseguradora mexicana,
por cierto muy lucrativa, y quien, además, enloqueció con su fantasioso
crecimiento de 7 por ciento anual que puso en ridículo a Fox y que se basaba en
la venta de Pemex), y 2) ser asesor, en su calidad de director de Cambridge
Energy Research Associates (CERA, por sus siglas en inglés), del decadente
gobierno foxiano, que le paga fortunas para ser desinformado en forma masoquista
y haberse equivocado durante todo el sexenio en la cotización del crudo
mexicano, y en lo que contribuyó en forma cómplice el castañedista-salinista
Calderón Hinojosa, fugaz secretario de Energía muy mediocre (criticó
sicóticamente a la OPEP por el alza del precio, cuando México vive fiscalmente
del crudo), además de entreguista del petróleo mexicano -quien, por cierto,
acaba de insultar a Condi Rice en forma poco cortés para alguien que desea ser
presidente de México, lo cual delató su legendaria misoginia-. Como se nota, la
influencia de Yergin en México ha sido muy nociva en lo que se refiere a las
políticas petroleras de Fox, Alzati y Calderón Hinojosa.
Su atractivo radica en que encarna los intereses oficiosos de las depredadoras
petroleras anglosajonas, por lo que su mensaje cobra una dimensión estratégica,
que acaba de verter en Foreign Affairs (marzo-abril/06): "Garantizar la
seguridad energética", que repite en el periódico conservador The Times
(01/04/06) con otro título: "Se despierta el mundo a la nueva era del poder
energético", con algunas modificaciones y omisiones flagrantes para el más sabio
lector londinense, quien no se cuece al primer hervor.
Hace ocho años había hecho el ridículo con sus vaticinios insustentables en la
misma Foreign Affairs ("Fin del petróleo caro", marzo-abril/98), tesis adoptada
por Luis Téllez Kuenzler, otro nefasto secretario de Energía neoliberal, ahora
empleado del Grupo Carlyle, de la dinastía Bush, y bisagra operativa del
hankismo-salinismo-zedillismo.
Permuta a un mayor realismo su previo optimismo muy sospechoso sobre la
"abundancia petrolera", expresado el año pasado en The Washington Post ("No es
el fin de la era del petróleo", 31/07/05). Ya en Bajo la Lupa ("Petróleo:
geólogos vs. economistas neoliberales", 25/09/05) habíamos señalado que Yergin,
un "fanático de la desregulada globalización financiera feudal", había operado
un "artefacto desinformativo", lo cual avala su voltereta presente con su
artículo muy defensivo en el que coloca a la "capacidad de refinación" como el
principal culpable de las "constricciones" de la oferta petrolera: "el sistema
de refinación global no tiene suficiente capacidad de conversión profunda para
convertir los petróleos pesados a destilados intermedios".
Como buen globalizador irredentista arremete contra el presidente venezolano
Hugo Chávez, quien a su juicio provocó el alza del crudo "a finales de 2002",
cuando "consolidó el control del sistema político" que orilló "a huelgas en la
petrolera estatal que no se recuperó de su producción anterior que ahora es
menor en medio millón de barriles" y que es "significativamente mayor al impacto
que tuvo Irak con la oferta". ¡Qué exageración!
Yergin es un personaje de contradicciones obscenas, bizantinas manipulaciones
estadísticas y multifobias obsesivas, quien no oculta sus odios a Chávez, Saddam
y Rusia. Su metamorfosis se centra ahora en la "seguridad": el "mayor obstáculo
al desarrollo de más abastecimiento no es la geología, sino lo que ocurre arriba
del suelo: asuntos internacionales, política, inversiones y despliegue
tecnológico".
A su juicio, el "sistema de seguridad energética" gestado en 1973, después del
embargo árabe, se encuentra caduco y no fue diseñado para "manejar precios y los
ciclos de las materias primas". Miente al aducir que Estados Unidos solamente ha
usado dos veces sus reservas estratégicas (en 1991, antes de la primera guerra
contra Irak, y en el otoño del 2005, después de Katrina); se le pasó el dumping
de 1985, en el que colaboró Estados Unidos con Arabia Saudita para abatir el
precio y golpear a la URSS, empantanada en Afganistán, según el célebre hallazgo
de Philip Verleger, economista más sólido que el locuaz Yergin.
Postula cuatro factores para "mantener la seguridad energética": 1)
diversificación; 2) resistencia: un margen de seguridad que garantice un
amortiguamiento a los choques; 3) "reconocimiento de la realidad de la
integración": existe "un solo (sic) mercado petrolero, un sistema mundial
complejo que mueve (sic) y consume 86 millones de barriles al día, y 4)
"importancia de alta-calidad (sic) de la información".
Sus dos primeros factores son aplicables a otros productos y materias primas.
Con su tercer factor se obsesiona por la globalización que ahora aplica al
mercado petrolero para introducir un "sistema de seguridad energética" que
deberá ser abordado en la próxima cumbre del G-8, en San Petersburgo, y al que
invita a "comprometerse" a China, India y Brasil. ¿Y los demás? El cuarto factor
admite que existe desinformación de las reservas reales de los productores y
consumidores, que lo ha llevado a proponer una "auditoría global" (sic).
Los neoliberales petroleros de Estados Unidos temen ahora la resaca: los
acuerdos bilaterales entre países que pueden dejar aislado a Estados Unidos,
cuya única salvación radica en la "globalización de la seguridad energética",
que pueda controlar a su antojo. Su amenaza es clara: con Estados Unidos
existirá seguridad energética global; sin Estados Unidos, Al Qaeda entrará en
acción para impedir el abastecimiento energético a los necesitados. No es
gratuito que Yergin esté escribiendo un libro sobre "petróleo y geopolítica",
como devela The Times.
En forma curiosa, en The Times Yergin omitió frases reveladoras que aparecen en
Foreign Affairs. Cita a Stephen Flynn, "experto" (sic) en seguridad de la
revista: la "seguridad no es gratuita", y comenta que "tanto los sectores
público y privado (sic) necesitan invertir para construir un mayor grado de
seguridad en el sistema energético, lo que significa que será parte del precio
(¡super-sic!) como del costo (sic) de la seguridad del hogar". ¿Mediante el
montaje hollywoodense de la "seguridad" contra el terrorismo, añade Estados
Unidos un "valor agregado tecnológico" para someter a Al Qaeda? ¿Estados Unidos
creó deliberadamente el problema global de la inseguridad para mejor resolverlo
y sacar provecho geopolítico, y a cuyo diseño macabro agrega ahora el "precio" y
el "costo" del petróleo?
En un párrafo indeleble que solamente aparece en la versión de Foreign Affairs,
asegura que los "choques futuros" serán "inevitables "(sic) debido a actos
terroristas en Medio Oriente, Africa y la "desestabilización" (sic) de Venezuela
(¡cómo le trae ganas!).
Otro párrafo eclipsado para los lectores británicos versa sobre la inversión
monumental para "desarrollar nueva (sic) energía" en los próximos 25 años: 17
billones de dólares, según cifras de la Agencia Internacional de Energía, es
decir, la mitad del presente producto interno mundial.
¿A cuanto ascenderá la tajada, perdón, el "valor agregado", para que Estados
Unidos aporte filantrópicamente su "seguridad energética global"?