|
(IAR-Noticias)
22-Mar-06
El diario saudí Arab News, una
edición en inglés que publica artículos sobre política, sociedad, cultura,
economía e internacionales, lo resumió en pocas palabras: Estados Unidos “está
ciego, olvidó todo y no aprendió nada”.
Por Roberto Bardini
(Bambú Press)
boletinbambu@yahoo.com
El columnista y escritor William F. Buckley, un conservador católico, fundó en
1955 el semanario National Review, de Nueva York, la primera gran revista de la
derecha ilustrada en Estados Unidos.
Además de culto, brillante y
ocurrente, es un hombre de buena posición económica gracias a que su padre hizo
una fortuna con el petróleo de Venezuela en la década de los años 30 y, de paso,
conspiró tempranamente por la secesión del estado de Zulia, el más rico del
país, en la frontera con Colombia.
Los Buckley estuvieron en México en distintas épocas. El padre apoyó a los
“cristeros” de la Unión Nacional Sinarquista y fue expulsado en noviembre de
1921 por orden del presidente Álvaro Obregón. El hijo organizó la primera
estación de la CIA en el Distrito Federal al comienzo de los años 50.
A lo largo de su vida Buckley Jr. puso su talento al servicio de todas las
cruzadas conservadoras de su país, desde la “caza de brujas” del senador
anticomunista Joseph MacCarthy hasta los “contras” nicaragüenses en los años 80.
En 1936 promovió la creación de la Liga Anticomunista Mundial y en 1975 fundó el
Consejo Chileno-Americano para influir en los medios de comunicación y el
Congreso a favor de la dictadura del general Augusto Pinochet. También impulsó
el poderío nuclear estadounidense y la Guerra Fría contra la Unión Soviética.
El peso de este intelectual es tan grande en los círculos neoconservadores que
en octubre del año pasado el propio George W. Bush lo homenajeó en la Casa
Blanca por el medio siglo de vida de National Review.
Pues bien, Buckley ha declarado al cumplirse tres años de la invasión a Irak que
Bush debe asumir la derrota en Irak, mandar a los soldados de vuelta a casa y
reconocer que “no cumplió la misión”. Esto es tan ilustrativo como todas las
encuestas que muestran el más bajo índice de apoyo a la ocupación del país
árabe.
¿Qué ha sucedido en esos trágicos mil días? El 27 de enero de 2003, los
inspectores de la ONU determinaron que no existían pruebas definitivas de que
Irak tuviera armas de destrucción masiva. A pesar de todo, dos meses después
Estados Unidos inició la invasión con bombardeos y acciones terrestres. El
primero de mayo, Bush anunció desde el portaaviones Abraham Lincoln el fin de
“las principales operaciones militares”.
En la primera semana de ese mes, el Pentágono establece un plan de
estabilización que divide Irak en tres regiones y Paul Brener es designado
administrador civil, una especie de virrey al servicio de la metrópoli. El 22,
el Consejo de Seguridad de la ONU otorga un mandato indefinido a las fuerzas
ocupantes.
El 18 de julio se suicida el científico inglés David Kelly, identificado como la
fuente confidencial de una noticia de la BBC que acusaba a Londres de exagerar
pruebas contra Irak. Saddam Hussein es capturado el 13 de diciembre al sur de
Tikrit. El 23 de enero de 2004 renuncia David Kay, jefe de la misión que buscaba
–sin éxito– armas de destrucción en Irak.
En abril, los insurgentes optan por el secuestro de civiles extranjeros como
acción intimidatoria hacia los ocupantes. El 18, España anuncia la retirada de
sus tropas de Irak. Diez días más tarde, la cadena de televisión estadounidense
CBS transmite imágenes sobre torturas a prisioneros iraquíes en la prisión de
Abu Ghraib, cerca de Bagdad. El 9 de julio surge una complicación adicional para
Estados Unidos: el Senado concluye que la CIA sobrevaloró la amenaza que
representaba Irak.
El 19 octubre comienza el juicio contra Hussein. El 8 de noviembre, el Consejo
de Seguridad prorroga hasta diciembre de 2006 la presencia de las tropas
extranjeras en Irak. El 16 de marzo de este año, Estados Unidos lanza cerca de
Samara su mayor ataque desde la invasión, con 50 aviones, 200 vehículos
terrestres y más de mil 500 soldados, la mitad de ellos iraquíes.
Dentro de unos cuantos años talvez William F. Buckley haya sido olvidado fuera
de Estados Unidos, pero George W. Bush será recordado por ordenar la invasión a
Irak en marzo de 2003, la primera guerra de Estados Unidos en el siglo XXI.
Quizá también se recuerde al vicepresidente Richard Cheney, quien vaticinó que
la ocupación sería “un paseo” y durante todo 2005 anunció que los insurgentes
tenían “los días contados”.
En el tercer aniversario de la invasión, las cuentas dan más de dos mil 300
soldados estadounidenses muertos y más de 17 mil heridos.
Por el lado de Irak casi no hay cifras oficiales, pero basta decir que es un
país devastado y que las principales víctimas se encuentran entre la población
civil. Bush insiste que la ocupación es “un éxito”, pero diariamente la realidad
muestra bombardeos indiscriminados, atentados terroristas, torturas en las
prisiones, secuestro de extranjeros, ajustes de cuentas religiosos, caos y
pillaje.
El diario saudí Arab News, una edición en inglés que publica artículos sobre
política, sociedad, cultura, economía e internacionales, lo resumió en pocas
palabras: Estados Unidos “está ciego, olvidó todo y no aprendió nada”.
|