Más del 80% de la población mundial vive en sociedades en que durante los
últimos 10 años ha empeorado la distribución del ingreso. Chile, finalizado el
gobierno de Ricardo Lagos, que prometía “Crecer con igualdad”, no es la
excepción. Por el contario, es una de las manifestaciones más claras de esto.
Por Cristóbal Navarro (*) - La Haine
El último informe de Desarrollo Humano del Banco Mundial muestra cómo la
desigualdad en el mundo ha aumentado. En un contexto de estabilidad
macroeconómica, crecimiento sostenido y aplicación “exitosa” (a opinión de los
pensadores neoclásicos) del consenso de Washington, la desigualdad no deja de
aumentar (el índice de Gini supera el 0,57 y la diferencia entre el 10% más rico
y el 10% más pobre supera las 41 veces). A continuación publicamos un ensayo que
intenta analizar las razones estructurales de esta situación.
1.-La teoría del valor y la extracción de plusvalía
La teoría de la plusvalía es una de las principales contribuciones de la teoría
marxista para el entendimiento de la economía capitalista. Esta teoría va al
corazón de entender porqué la riqueza tanto mundial como nacional se ha quedado
concentrada en manos de unos pocos durante toda la historia del capitalismo. En
términos simples, la teoría de la plusvalía nos dice que los trabajadores
aportan más valor a la producción que lo que se les retribuye mediante el
salario y este diferencial queda en manos de los capitalistas, obteniendo así
ganancias “gratis”, “robando” a los trabajadores de parte del producto de su
trabajo. Esto tiene como fundamento dos supuestos esenciales que son el
cumplimiento de la ley del valor para el intercambio de mercancías y que en el
mercado laboral la fuerza de trabajo se transa como una mercancía, entendiendo
por mercancía cualquier bien o servicio que se produce para ser intercambiado.
La teoría del valor tendría sus orígenes en la génesis de la economía clásica.
Esta génesis se remonta a Adam Smith, escocés, profesor de teología (moral philosophy) de la universidad de Glasgow, quien en 1776 publica su obra más
conocida “Inquiry into the nature and causes of the wealth of nations”. Esta
obra es considerada por los neoclásicos como el inicio de la teoría económica
moderna. En ella se explicita la noción de que todo el valor que existe en el
mundo es producto de trabajo humano. Por ende el valor de una mercancía estaría
dado por la cuantificación de la cantidad de trabajo humano que esa mercancía
encierra (1). Así, Smith concluye que es la cantidad de trabajo que contienen
las mercancías lo que les da la equivalencia requerida para que dos mercancías
se intercambien (2). Pero al seguir con su análisis Smith se confunde en su
definición. Lo que Smith estaba buscando era una medida del valor, no su origen,
por lo que cae en la siguiente imprecisión: Por un lado define la medida del
valor como la cantidad de trabajo contenido por la mercancía, es decir cuanto
trabajo humano tiene incorporada, y por otro como la cantidad de trabajo
comandado, es decir cuanto trabajo puedo obtener (comandar) en el mercado al
intercambiar esa mercancía, parecido a lo que hoy conocemos como valor de
cambio. Sin darse cuenta de la ambigüedad, ya que ambas medidas no tienen por
qué coincidir, opta por la segunda (3).
David Ricardo, hijo de un banquero holandés, se involucra en la economía
política (nombre con que los economistas clásicos denominaban su campo de
estudio) en gran parte por la influencia que tuvo sobre él la “Riqueza de las
naciones”. En 1817 publica su obra cumbre llamada “Principles of Political
Economy and Taxation”. Uno de sus aportes centrales fue el de establecer una ley
del valor consistente. Ricardo consideraba que la economía política era “el
estudio de cómo se reparte el producto entre las distintas clases sociales” por
lo que la teoría del valor ocupará un lugar fundamental en sus escritos y
reflexiones.
Siguiendo con la idea central de que el trabajo humano es la única fuente de
valor, zanja la ambigüedad smithiana afirmando categóricamente que el valor de
una mercancía está dado por la cantidad de trabajo comúnmente necesario para
producirlo. Es decir, por la cantidad de trabajo que en promedio se necesita,
dadas las características del proceso productivo, para producirlo(4). Además,
hace la diferenciación entre trabajo actual (vivo) y trabajo pasado. El primero
se refiere al trabajo que es capaz de crear valor, el trabajo humano, mientras
que el segundo se refiere a los medios de producción, como la maquinaria, los
cuales no crean nuevo valor, sólo traspasan el que poseen. Esto es muy
importante en su teoría y más aún por sus consecuencias: una vez materializado
el trabajo humano en una mercancía, lo que puede ocurrir es que esa mercancía
sea capaz sólo de transferir o de volcar su valor en otra mercancía, pero nunca
crea nuevo valor. Siguiendo este razonamiento cabría preguntarse porqué
correspondería un pago a los factores productivos si estos no crean valor o
bien, si es justo que los dueños del capital, por el sólo hecho de ser dueños,
se lleven un excedente.
La teoría del valor ricardiana es la piedra angular sobre la cual se basa la
teoría de la plusvalía del alemán Karl Marx. No es casualidad, por ende, que
Ricardo sea el único economista político clásico que Marx trató como a un
maestro. Si se extrapola la teoría del valor al mercado del trabajo -lo que
tiene sentido ya que el trabajo humano se transa en el capitalismo como una
mercancía más- el valor del trabajo humano estaría dado por la cantidad de
trabajo humano que a su vez este tiene incorporado. En otras palabras, el valor
de un trabajador equivaldría a la cantidad de bienes y servicios necesarios para
que ese trabajador exista. Si el trabajo humano se transa en el mercado como una
mercancía, el salario que se le paga a cada trabajador sería el equivalente
monetario a todos esos bienes y servicios.
En general se asocia esta idea a la de salarios de subsistencia pero es el
propio Ricardo quien explicita que no necesariamente los salarios iban a ser de
subsistencia, sino que iban a ser equivalentes a un mínimo cultural social (esta
expresión es de Marx), que podía variar entre tipos de personas y sociedades. Es
decir, este mínimo cultural social sería más alto en sociedades con estándares
de vida superiores, e incluiría no sólo la comida y el abrigo, sino también
necesidades que podían cambiar en el tiempo, entre personas y sociedades como la
educación necesaria para llevar a cabo algún trabajo más complejo, la cultura,
etc. Es decir, el salario va a depender “esencialmente de los hábitos y
costumbres de la gente” de una sociedad dada.
Es aquí donde comienza el aporte de Marx y quizás la parte más polémica de su
teoría. Fiel a la dialéctica Hegeliana, Marx descubre que en el mercado del
trabajo se produce una contradicción entre lo que era el trabajo y lo que él
llamaría fuerza de trabajo. La primera se refiere al esfuerzo tanto físico y
mental que realiza un trabajador. La segunda al trabajador en si, a la humanidad
de ese trabajador. Aparentemente bajo una plena libertad concurren al mercado
laboral tanto los oferentes como los demandantes de trabajo. Ambas partes
realizarían un contrato que establece las condiciones del trabajo y el
respectivo salario. Bajo nuestras dos premisas, trabajo como mercancía y
cumplimiento de la ley del valor, el salario acordado para un trabajador será
aquel que equivale al valor de la fuerza de trabajo que, como ya vimos, será
equivalente al valor de los bienes y servicios que permiten que ese trabajador
exista y pueda desempeñar el trabajo establecido, según los estándares de su
época y sociedad. Como vemos, el valor de la fuerza de trabajo, y por ende el
salario, no estaría determinado por cuanto produce el trabajador, es decir por
cuanto valor aporta a la producción ese trabajador. Esto se produciría porque lo
que el capitalista está comprando no es el trabajo, es decir, no compra unidades
de esfuerzo físico o mental, sino que arrienda al trabajador, su fuerza de
trabajo, y por ende el uso que puede darle a esa mercancía no está limitado por
cuanto valor aporta el trabajador a la producción.
Si bien el trabajo se está transando como una mercancía, se trata de una
mercancía especial ya que es la única mercancía que al ser “consumida” crea
valor nuevo. Es por esto que mientras más se usa, más valor genera. Así,
mientras más extensa o intensa sea la jornada laboral (5), más valor se crea.
Supongamos, para simplificar, que un capitalista ha arrendado la fuerza de
trabajo de un trabajador por un día. El capitalista puede hacer el uso que
quiera de esa fuerza de trabajo dadas las restricciones legales y las del
contrato. No hay nada en este intercambio que faculte al trabajador u obligue al
capitalista a utilizar la fuerza de trabajo sólo hasta que el trabajador haya
creado el valor que equivale a su salario. Muy por el contrario, siempre el
capitalista intentará que el uso de la fuerza de trabajo sea lo más extensiva e
intensiva posible. Siguiendo con el ejemplo, si la jornada laboral legal es de 8
horas, y el trabajador produce el valor equivalente a su salario en 5, las 3
últimas horas serán ganancias exclusivas para el capitalista. Una ganancia
“gratis” para el capitalista que se origina exclusivamente por la existencia de
personas que no tienen otra opción que vender su fuerza de trabajo, no poseen
medios de producción, y otras, los capitalistas, que concentran la propiedad de
los medios de producción. Esta ganancia “gratis” es lo que Marx bautizó como
plusvalía (6), y el proceso explicado anteriormente como extracción de plusvalía
(7).
2.-Los ciclos Económicos y sus efectos sobre la distribución del ingreso
La teoría de la plusvalía nos explicaría porqué en forma consistente durante
todo el capitalismo quienes han sido dueños de los medios producción acumulan
más riqueza y porqué, en general, los trabajadores son pobres o al menos más
pobres que los capitalistas. En otras palabras, estaría dando cuenta de porqué
en todos los países capitalistas, en mayor o menor medida, la distribución del
ingreso es tan desigual. En general la teoría económica neoclásica parte de la
base de que la distribución es desigual y focaliza sus esfuerzos en ver como
mejorarla, que efectos tiene esto sobre el resto de la economía y en
justificarla, pero nunca en entender porqué se produce(8).
La explicación que se da generalmente de porqué se justifica la riqueza de los
capitalistas es que ellos asumen riesgos. Son ellos los que invierten y no hay
certeza de que van a tener utilidades, en cambio los trabajadores tienen su
salario asegurado, al menos mientras el capitalista no quiebre. Este argumento
hace sentido aún cuando se concuerde con que la riqueza de ellos proviene del
“robo” del esfuerzo de los trabajadores. Aquí uno caería en un debate ético de
si es o no correcto que esto suceda, que por lo demás no tiene salida teórica ya
que cada posición se sustenta en una serie de creencias éticas, cosmovisiones de
mundo, definiciones políticas, etc. Si aceptamos la idea de que la clase
capitalista se hace consistentemente más rica, o que al menos las diferencias
entre ricos y pobres (siendo los más ricos los capitalistas), tanto a nivel de
países como dentro de los países, se han ido acrecentando, o cuando menos no han
disminuido como norma general, y si aceptamos que lo que sustenta esto es la
extracción de plusvalía, cabría preguntarse que es lo que da a ciertas personas
esta posición de privilegio.
Según Carlos Pérez Soto “…los capitales iniciales desde los que partió el ciclo
de reproducción ampliada fueron obtenidos por la vía del saqueo colonial, el
robo, la guerra de conquista, la barbarie armada. Esto no sólo es cierto, y
ampliamente documentable desde un punto de vista histórico, sino que también lo
es en principio, y de manera esencial. No es pensable en absoluto que una clase
de innovadores tecnológicos haya hecho progresar a la humanidad, y a sus propios
bolsillos, armados meramente de sus ingenios y el poder de sus palabras. La
implementación de tales ingenios en aparatos productivos eficaces y a gran
escala requirió necesariamente de enormes capitales que, históricamente, no se
tenían, ni se habían tenido en ninguna sociedad anterior. Los estados, usados en
su beneficio, y a través del saqueo colonial, o el saqueo directo y la
piratería, aportaron el capital que puso en marcha todos los pomposos orgullos
de la modernidad.”(9). Esto es lo que se conoce con el nombre de “acumulación
primitiva del capital”.
Aunque esto fuese cierto, y yo creo que si lo es (ver capítulo XXIV, tomo
primero de “El Capital”), no tendría mucho sentido culpar a los capitalistas
actuales por los crímenes de sus antepasados. Se podría argumentar que las
barbaries de entonces se justifican por los enormes avances que la sociedad ha
conseguido a partir de ellos. Además, cabe resaltarse que no hay ninguna razón
teórica que impida que los salarios lleguen a niveles bastante aceptables, que
permitan a los trabajadores vivir de manera bastante decente, lo cual es
constatable en diversas ramas de la producción más avanzadas y productivas. Si
bien estamos muy lejos de que esto sea generalizado, con dos tercios de la
población mundial sumidos en la pobreza, el suponer que algún día subirán los
estándares de vida de todos no es teóricamente descabellado, y cada vez menos a
medida que aumenta la riqueza mundial (10). En otras palabras, no sería
necesariamente cierto que el capitalismo estructuralmente produce pobreza
absoluta (personas viviendo bajo la línea de pobreza, por ejemplo), pero si
relativa (desigualdad en la distribución del ingreso, por ejemplo).
Otras conclusiones se extraerían si uno supusiese que la “acumulación primitiva
de capital” se reitera en el tiempo. Si bien los estándares de vida de mucha
gente han aumentado en los últimos siglos, no es menos cierto que durante este
tiempo nos hemos visto golpeados por numerosas crisis económicas, tanto a nivel
global como a nivel local, siendo potencialmente cada vez más generalizadas como
consecuencia de la profundización del intercambio mundial y de la globalización
financiera. Cada vez que nos vemos enfrentados a una crisis económica, caen
radicalmente los estándares de vida de la gente más pobre y menos calificada.
Aumenta el desempleo, tienden a caer los salarios, se pauperiza la condición de
los asalariados, con el consiguiente efecto sobre la distribución del ingreso.
Cada vez que los capitalistas se enfrentan a una crisis y tienen una caída en
sus ganancias, se sucede un nuevo período de acumulación, con la consiguiente
degradación de la condición de los asalariados. Si suponemos que las crisis son
estructurales al sistema, como lo han sido hasta ahora y como lo indica el hecho
de que no son fácilmente predecibles ni hay recetas para evitarlas o superarlas
sin ajustes extremadamente duros para la mayoría de la población, tenemos que
concluir que las fases de acumulación capitalista son estructurales al sistema.
Así, el “saqueo” se estaría produciendo recurrentemente, lo cual cambia
radicalmente la perspectiva del análisis. Habría que separar entonces entre la
extracción de plusvalía absoluta y la extracción de plusvalía relativa.
La primera es la que genera como consecuencia pobreza absoluta, es decir
miseria, y es la que ha sido atacada en mayor medida por las fuerzas de
izquierda tradicionales (11). Por otro lado, la plusvalía relativa es la que
genera pobreza relativa, es decir grandes diferencias en los ingresos, pero no
necesariamente miseria. Esta si que sería estructural al sistema, pero es mucho
más difícil de identificar y de criticar. Lo que estoy diciendo es que durante
los períodos de auge económico del capitalismo, los cuales no tienen precedentes
en la historia mundial, es posible y probable que se dé el proceso de extracción
de plusvalía relativa de la mano de aumentos en los estándares de vida de gran
parte de la población, pero cada vez que tenemos una crisis pasamos a la
extracción de plusvalía absoluta, la cual genera una y otra vez condiciones de
creciente miseria entre los más pobres.
Además, el mismo sistema ha necesitado aumentar los estándares de vida de la
población (12) por diversos motivos. Primero, en un sistema de alta
productividad, y por ende de altas tasas de plusvalía, se pueden pagar salarios
relativamente altos sin riesgo de que disminuyan mucho las ganancias. Segundo,
se requieren niveles cada vez más elevados de capacitación y destrezas, dada la
complejización creciente de la producción, debido al vertiginoso proceso de
avance tecnológico, así como trabajadores medianamente motivados y sanos.
Tercero, se requiere que se consuman cada vez más bienes. Sólo mediante un
aumento sostenido del consumo agregado es posible el crecimiento de las
ganancias capitalistas. Es este aumento del consumo el que permite realizar las
ganancias a los productores aumentando la acumulación de capital, y por ende
estos requieren que los ingresos de las personas (13), y por ende su consumo,
aumente.
Efectivamente, se pueden encontrar diversos casos en los cuales la extrema
pobreza, la miseria, se ha reducido como consecuencia estructural del
crecimiento económico, sin mayor intervención de los estados. Aún cuando la
llamada pobreza dura no es superable sólo con el crecimiento, es teóricamente
posible y pensable que con adecuadas medidas de focalización, inversión
consistente y creciente en capital humano, políticas redistributivas eficientes
y por sobre todo con una voluntad política para dirigir fondos hacia los más
pobres, en un futuro no demasiado lejano esta pueda ser erradicada. Si fuese
así, la crítica al capitalismo de que genera miseria carecería de fortaleza, ya
que se podría argumentar que son fallas superables de este sistema (14).
Personalmente creo que es totalmente pensable un capitalismo medularmente igual
al que existe hoy sin que haya miseria. Dada la riqueza mundial, con un poco más
de organización de la “sociedad civil” y menos egoísmo e individualismo de la
misma, con medidas efectivas de redistribución y con un estado con mayor poder
de regulación interna, podrían existir las mismas estructuras de mercado, de
competencia, de actividad orientada hacia las ganancias, de una sociedad basada
en el trabajo asalariado, de hegemonía de la lógica de acumulación de capital,
pero sin miseria material (15).
A mí parecer es este el tipo de organización social que propuso y continúa
proponiendo la social-democracia, en su postulado teórico de la tercera vía,
bajo las consignas de un capitalismo más humanizado, más regulado, de
crecimiento con igualdad. Es más, estas visiones han llegado al gobierno en
numerosos países y la única forma de legitimarse es realizando algo superior a
la doctrina imperante en los últimos 20 o 30 años, la del neoliberalismo. Y este
salto cualitativo pasa principalmente por la superación de la miseria.
Obviamente estos son procesos de transición que demoran años, incluso décadas,
pero mí impresión es que esa es su apuesta.
3.-Las reformas del Poder Burocrático y su disputa por la hegemonía
Como veíamos anteriormente, las economías mundiales podrían converger hacia un
aumento en los estándares de vida de la mayoría de la población, a una
disminución de la pobreza absoluta, pero sigue quedando la cuestión de la
pobreza relativa, que se exacerba con las crisis económicas. Una de las tesis de
este ensayo es que las crisis económicas, que serían estructurales al sistema
tal cual está, generarían una y otra vez un aumento de la pobreza absoluta,
derivada de un aumento de la extracción de la plusvalía absoluta. Esto se
contrapondría a la tendencia del sistema a aumentar las condiciones materiales
de vida de los habitantes de la tierra, pauperizando cíclicamente la condición
de una gran parte de la población. Si bien esto puede ser cierto, también es
cierto que es, al menos teóricamente, posible regular la actividad económica
mundial para prever y hacer frente a estas vicisitudes. Propuestas como el
impuesto Tobin, tasas de encaje más altas, restricciones al movimiento de
capitales como los requisitos de permanencia más extensos, etc, de seguro
regularizarían e impedirían fluctuaciones tan violentas de los mercados de
capitales, que como sabemos son altamente desestabilizadores y causantes de
crisis económicas severas.
Por otro lado, seguros de desempleo eficaces y que aseguren ingresos dignos a
todos los trabajadores del país en cualquier circunstancia, ingresos mínimos
para todos los ciudadanos sin importar su rol social, restricciones a la
flexibilidad laboral, seguridad social, etc, ayudarían a que el proceso de
pauperización derivado de las crisis fuese menos severo, y, en el extremo
asegurarían condiciones materiales de vida digna a todos. Como anteriormente, la
pregunta que surge es si estas modificaciones se generalizan, se podría seguir
hablando de capitalismo propiamente tal. Si la respuesta es afirmativa, criticar
al capitalismo con la argumentación de que las crisis generan pobreza absoluta
pasa a ser efímera, ya que con reformas, eso si que bastante radicales, esa
situación se supera. Si por el contrario se postula que con los cambios
enunciados anteriormente cambia parte de la esencia del modelo la crítica si
sería estructural. Es decir, se estaría sosteniendo que la única forma de
superar el dilema que nos presentan las crisis es variando algunos componentes
estructurales del modelo. O dicho de otra forma, se le disputaría hegemonía a la
lógica de acumulación capitalista, como principal reguladora de las relaciones
socioeconómicas.
Pienso que, en contraposición a la situación anterior, la tendencia del
capitalismo neoliberal, y ya no solo en la periferia, va en dirección opuesta a
las reformas que serían necesarias para atenuar el efecto de las crisis. No es
coincidencia que la respuesta de los países como Chile que se vieron fuertemente
sacudidos por la última gran crisis, la crisis Asiática, sea abrir aún más la
cuenta de capitales, así como las reformas laborales y el seguro de desempleo
apuntan hacia flexibilizar el mercado laboral y abaratar el costo de los
despidos. Además, la tendencia a que las fronteras sean cada vez menos
relevantes y que los estados nacionales tengan cada vez menos control sobre los
flujos de capital y el comercio internacional son innegables.
Las regulaciones que se nombraron anteriormente y que serían las que protegerían
a los países de las crisis económicas atentan directamente contra la tendencia
estructural del capitalismo moderno, el neoliberalismo, a aumentar el poder de
los mercados en la toma de todas las decisiones tanto nacionales como
internacionales, así como económicas y sociales. De esta forma mi parecer es que
los cambios o reformas necesarias para evitar las consecuencias nefastas de los
ciclos económicos sí cambiarían partes medulares, aunque quizás no lo más
central, del capitalismo actual. Seguiría siendo una sociedad centrada en la
explotación del trabajo, en la acumulación de capital y seguiría habiendo
extracción de plusvalía, aún cuando podría ser un modelo socio-económico
preferible al propuesto por el Consenso de Washington.
Lo que se está diciendo es que es posible superar las críticas expresadas en
este ensayo, pero no sin alterar, al menos en parte, el rumbo de la economía
mundial. Claramente esta superación pasa por mermar los privilegios de la
burguesía capitalista actual por lo que la pregunta relevante es si hay alguna
posibilidad de que eso pase. La misma tendencia histórica del capitalismo, que
se caracteriza por ser altamente revolucionario en cuanto al progreso técnico,
nos ha llevado a un estadio en el cual es muy posible que las decisiones más
relevantes sobre la producción de la economía mundial (qué se produce, cuanto se
produce, como se produce, quien lo produce, para quien lo produce, etc) no la
estén realizando directamente los capitalista sino lo que algunos autores han
llamado “el poder burocrático”. Este estaría compuesto por ejecutivos, gerentes
generales, funcionarios de organismos internacionales, directores de ONG´s, e
incluso personeros gubernamentales de las naciones más poderosas.
Todos los nombrados anteriormente no poseen necesariamente medios de producción
ni grandes cantidades de acumulación capital, pero sí afectan fuertemente las
decisiones de la producción internacional. Más importantemente, influyen en la
división social del trabajo (quien produce que cosa y como lo producen), la cual
era, a mí parecer, una de las preocupaciones centrales de Marx. Él estimaba que
la clase que pudiese determinar esa división del trabajo podría constituirse en
la clase dominante (16). En su tiempo era bastante claro que los dueños del
capital eran los que tomaban esas decisiones, pero aparentemente desde hace
varias décadas esto ya no sería tan cierto (17).
Siguiendo este razonamiento, y sin perder de vista la mirada del materialismo
histórico y la lucha de clases como motor de la historia, estaríamos en
presencia de una nueva clase que tendría la capacidad para ser la clase
dominante. Es evidente que hasta ahora estas dos clases, la burocracia y los
capitalistas, han coexistido, siendo en gran parte aliados políticos y
económicos, así como coexistieron durante siglos los señores Feudales y los
Burgueses, hasta que la contradicción de sus intereses se hizo insostenible.
Pero podría estar llegando el recambio dada la pérdida de poder de los
capitalistas como clase y el aumento del poder, tanto político como de dominio
sobre el proceso productivo actual, de esta nueva clase. Notemos que el discurso
de la Social Democracia está cada vez más en voga y las necesidades de
regulación para evitar las contradicciones dramáticas que ha generado el
neoliberalismo son clamadas cada vez por más personas. No sería casual entonces
la preocupación por la pobreza, las crisis económicas, la marginalidad, el
desarrollo desigual, etc. de organismo como el el FMI y del Banco Mundial, así
como de diversos líderes políticos de las potencias económicas, al menos hasta
antes de que la preocupación central de su agenda fuese la lucha contra el
terrorismo (18).
Como comentábamos antes, cualquier clase que quiera permanecer en una posición
hegemónica derrocando a la actual debe, para legitimarse, ofrecer algo mejor. La
bandera de lucha del poder burocrático (cuya ideología política estaría
encarnada por la Social Democracia) sería la superación de la pobreza, el
aumento de la educación y la regulación de las crisis económicas. Si las
conjeturas anteriormente presentadas en este ensayo son relativamente certeras,
estaríamos entrando en una nueva fase de organización de las clases sociales con
sus respectivas consecuencias a nivel político y social. Mí parecer es que esta
nueva fase, aunque superior a la actual, no superaría el tema central que aqueja
a nuestra esquizofrénica sociedad, el de la alienación que produce el trabajo
asalariado y la pérdida de trascendencia derivada de vivir en una sociedad
organizada en torno a este trabajo, pero esa es harina de otro costal... costal
que podría ser un campo propicio para el avance y consolidación de un subsector
de Economía Social y Solidaria.
NOTAS
1. “Labour alone, therefore, never varying in it´s own value, is the ultimate
and real standard value by wich the value of all commodities can at all times
and places be estimated and compared. It is their real price, money is their
nominal price” Wealth of nations, capítulo 5, Colección Everyman´s Library,
1910.
2. “They contain of a certain quantity of labour which we exchange for what is
supposed at the time to contain the values of an equal quantity” Wealth of
nations, capítulo 5, Colección Everyman´s Library, 1910.
3. “The value of any commodity, therefore, to the person who posseses it, and
who means not to use or consume it himself, but to exchange it for other
commodities, is equal to the quantity it enables him to purchase or command” (Wealth
of nations, capítulo 5, Colección Everyman´s Library, 1910.
4. “The value of a commodity, or the quantity of any other commodity for which
it will exchange, depends on the relative quantity of labour which is necessary
for it´s produccion, not on grater or less compensation which is paid for that
labour” Principles of political economy and taxation, capítulo 1, Prometheus
Books, 1996.
5. Notemos que para generar más valor uno puede hacer que el trabajo dure más
horas (jornadas laborales más extensas, trabajo extensivo) o bien hacer que en
cada hora de trabajo se cree más valor (mayor productividad, trabajo intensivo).
6. Notemos que no necesariamente la reducción de la jornada laboral durante la
historia ha hecho que disminuyan los montos de la extracción de plusvalía (la
explotación capitalista), ya que los aumentos en la productividad, los modos de
producción que disciplinan a los trabajadores, la especialización, la
tecnología, etc, han hecho que en cada minuto de trabajo se está creando más
valor y por lo tanto la fuerza de trabajo se ha utilizado cada vez en forma más
intensiva, generando así más plusvalía en cada minuto de trabajo.
7. Notemos que sólo estamos refiriéndonos a la parte monetaria cuantificable de
la extracción de plusvalía, la cual no es necesariamente la más importante para
Marx, ni la que tiene los efectos más nefastos sobre la clase trabajadora, pero
el análisis de la alienación y la enajenación derivadas de este mismo proceso
escapan el alcance de este ensayo.
8. El porqué de esto da para otro ensayo aparte, pero no puedo dejar de notar la
conveniencia para quienes creen, o quieren creer, que vivimos en el mejor de los
mundos de no adentrarse en las causas estructurales de este fenómeno.
9. “Comunistas otra vez, para una crítica del poder burocrático”, Universidad
Arcis-Lom Ediciones, 1999.
10. Extrapolando el argumento, uno podría concluir que la riqueza de unos pocos
se justificaría por el bienestar de la mayoría, idea que durante los 30 años
dorados del capitalismo (1945-1975) no parecía inverosímil, al menos en las
economías centrales.
11. Según mi parecer, acá estaría una de las principales razones de porqué la
crítica marxista ha ido perdiendo validez. Si uno se dedica a criticar al
sistema porque estructuralmente genera miseria, a medida que la miseria
disminuye la crítica va perdiendo validez.
12. De manera más (fordismo) o menos (complejo electrónico) generalizada.
13. Al menos de las personas integradas al proceso productivo.
14. Cabría preguntarse si una organización económica que tuviese como una de sus
prioridades erradicar la pobreza seguiría siendo el mismo tipo de capitalismo.
En otras palabras, cuanto cambiarían las estructuras económicas y sociales de
llevarse a cabo en forma real esta transformación.
15. La cuestión de la miseria espiritual y psicológica que conlleva un sistema
con las características anteriores serán dejadas de lado en este ensayo, pero
sin duda afectan en gran medida la calidad de vida de las personas en el mundo
capitalista.
16. Este sería el énfasis de Marx en la “La Ideología Alemana”, en particular
primeras 80 páginas.
17. Para ilustrar algunos ejemplos de poder burocrático, basta mencionar a los
consultores del FMI o del Banco Mundial, a los directivos de los Bancos
Centrales de los países más desarrollados como Alan Greenspan, a los altos
ejecutivos de Microsoft o la General Motors, todos quienes no son necesariamente
dueños de medios de producción o, de otra forma, no es la propiedad de estos
medios la que les sustenta esta facultad, pero su ingerencia en la división
social del trabajo es innegable.
18. A modo de ejemplo, en el 2001 en Inglaterra más de 100 diputados de todas
las tendencias políticas incluido el ex ministro del tesoro Geoffrey Robinson
habían apoyado la tasa Tobin. El parlamento Canadiense también la respaldaba
formalmente. El gobierno Finlandés la apoyaba y su ministro de asuntos
extranjeros manifestó en la conferencia de Bruselas que la tasa Tobin debería
ser prioritaria en la conferencia de la ONU sobre financiamiento del desarrollo
prevista para Junio del 2001 en Nueva York. Si esta tasa fuese de un 0,25%, lo
cual no penalizaría en forma importante a las inversiones, pero si desalentaría
el movimiento del capital especulativo, el más desestabilizador y que realiza el
80% de las transacciones sobre divisas extranjeras en lapsos de 7 días o menos,
esta generaría unos 250 billones de dólares anuales. Se estima, según la ONU,
que con 225 millones de dólares anuales se podrían resolver las peores formas de
pobreza y degradación ambiental. A su vez “The Guardian” comentaba en esa época
que sólo 8 millones de dólares al año bastan para asegurar la educación primaria
universal.
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Enviado por La Peña del Bronx