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LATINOAMERICA  

 

Guatemala: La decepción neoliberal

 
 

(IAR-Noticias) 02-Mar-06

Francamente, la derecha de mi país me decepciona cada vez más. No me refiero a sus prácticas económicas y políticas, que esas me defraudaron desde mi temprana juventud. Me refiero a su voceada capacidad teórica y de debate intelectual.

Por Mario Roberto Morales - A Fuego Lento

Al tratar de desatar una discusión sobre el falso liberalismo de los neoliberales antiestatales y privatizadores, así como sobre la filosofía que anima sus sofismas -el neopositivismo lógico-, resultó que sus más elevados intelectuales se revelaron como meros aglomeradores de descoyuntadas citas y referencias librescas a la hora de defender su pensamiento, evidenciando con ello que su comprensión de lo que defienden no rebasa la fragmentariedad informativa de las enciclopedias, y también que el culto a la personalidad que han condicionado en los disciplinados pupilos que entrenaron como perros de presa y que tienen colocados de centinelas en las páginas de opinión y en sus programas de radio y televisados, no tiene ningún respaldo, pues quedó a la vista que su asumida sapiencia no alcanza a ser mucho más que una pompa de jabón que se deshace ante el menor contacto con la solidez.

En otras palabras, no hay debate porque no hay con quien debatir. Lo que sí hay es una "intelectualidad" muy elemental y light, atrincherada detrás de tres ideas básicas, a saber: privatizarlo todo, abolir hasta la menor regulación estatal sobre la economía, e instaurar un Estado gerencial y policial al que los neoliberales llaman "Estado de derecho", a partir de las cuales descalifican cualquier argumentación a favor del fortalecimiento del Estado como garante de la libertad económica y de la genuina libre competencia, acusándola de mercantilista y socialista. Este asunto nos lleva a su rasgo ideológico fundamental: un anticomunismo trasnochado que ve "fantasmas en la noche, de trasluz", como dice la canción, donde no los hay. Y eso se debe a que su más grande mentor, el amigo Armando de la Torre, es cubano y pertenece a una de las generaciones a las que Fidel Castro amargó de entrada la existencia con su revolución, por lo cual también ven como una amenaza a la vendida, devaluada y ya de sobra inocua izquierda guatemalteca, y a Hugo Chávez y Evo Morales como la reencarnación latinoamericana de los malévolos soviets. Seguidores, al igual que Bush, Cheney, Wolfowitz y Perle, de Leo Strauss y de su doctrina de que hay que crear un enemigo perenne para, a partir de ese temor a la falsa amenaza, justificar las decisiones que interesen a la elite gobernante, los neoliberales vernáculos encuentran dificultades engorrosas a la hora de ubicar a ese enemigo en casa, y entonces echan mano del asustadizo y nostálgico fantasma de la izquierda local, espantando a sus ingenuos fieles con el petate del muerto.

Leales a la puntillosa imitación del conductismo y el puritanismo de la más retrógrada derecha republicana estadounidense, los neoliberales guatemaltecos, agrupados en buena parte del cuerpo docente y estudiantil de su escuela de cuadros, llamada Universidad Francisco Marroquín, se volcaron masivamente, en sus columnas de opinión y programas de radio y televisión, a favor del proyecto "GuateÁmala", ideado -a petición de un grupo de "dinámicos y arriesgados" empresarios guatemaltecos- por el diseñador canadiense Bruce Mau, para elevar la autoestima de un pueblo sin más horizonte que largarse a trabajar ilegalmente a Estados Unidos a fin de sostener a sus familias y a una economía que los dueños del país se limitan a saquear, enviando sus capitales afuera para lavarlos después de evadir impuestos, colocándolos en empresas y bancos de Estados Unidos. Este proyecto, que pretende enseñar a sonreír cuando se quiere llorar o agredir, tiene como objetivo llamar la atención de las transnacionales para que inviertan en "Guatebuena" a fin de que su oligarquía pueda volverse socia minoritaria del capital transnacional, vendiéndole a éste sus monopolios a precios de temporada (www.brucemaudesign.com/guatemala1.html).

Aunque los neoliberales universitarios de la Marroquín se definen furiosamente como antioligárquicos y antimonopolistas cuando adhieren a la teoría clásica liberal, su práctica concreta se torna prooligárquica y promonopolista al dotar a los dueños del país de una "teoría" que justifica el desmantelamiento del Estado mediante la privatización de lo público como condición de desarrollo y de libertad económica, y también al formar disciplinados ejércitos de jóvenes cuadros dogmatizados para que trabajen en las empresas de la oligarquía, los cuales salen de las aulas dotados de un tornasolado barniz cultural ultraderechista light que los convierte en entusiastas repetidores de los mantras de sus mentores, así como en ruidosos perros de presa listos para defender el culto a la personalidad de aquéllos, clavando con saña sus colmillos en las yugulares de las legiones de "socialistas" que imaginan agazapadas debajo de sus camas.

Cuando critiqué y denuncié el proyecto "GuateÁmala" como un subterfugio conductista más cercano al mercadeo y la publicidad para vender el país que a la planificación del desarrollo nacional, hubo silencio en la derecha y lo sigue habiendo hasta el día de hoy. Ni los perros de presa ni sus amos respondieron siquiera con el escuálido simulacro de debate intelectual que les provocó a los viejos (no a los cachorros de presa, a quienes ordenaron no meterse conmigo) mi crítica a ese neoliberalismo privatizador marroquiniano que en las aulas y en el discurso se disfraza de liberalismo clásico. Esta vez callaron todos, en especial quienes quisieron engañar a la masa haciéndola creer que "GuateÁmala" era un elaboradísimo producto del arrojo empresarial posmoderno, de su aguerrida "cultura del riesgo", de su creatividad sin límites, y no de la vulgar contratación de un diseñador canadiense que les vendió a buen precio lo que ante la ausencia de imaginación de sus clientes se le ocurrió al vuelo como "el proyecto de país con el que los guatemaltecos soñarían en 10 años".

Debo decir, en descargo de las juventudes marroquinianas, que he conocido a varios jóvenes de ambos sexos que, a pesar de haber estudiado allí, han logrado desarrollar un criterio propio al margen del de sus mentores, y que por eso tienen ideas mucho más flexibles que las de ellos, así como mentalidades para nada ligadas a esos desvelados fantasmas de guerra fría que todavía angustian a la vieja guardia. Con estos jóvenes -tan decepcionados como yo del despreocupado dogmatismo neoliberal- he podido dialogar a gusto. Y aunque no estemos de acuerdo en todo (como era de esperarse en vista de que no somos robots), he constatado con mucha satisfacción que coincidimos en por lo menos dos asuntos primordiales. Uno, es que el ideario liberal no tiene nada que ver con el neoliberalismo anticomunista que se enseña en la Marroquín. Y el otro, que este ideario llevado a sus últimas consecuencias podría aglutinar a todas las fuerzas políticas de centroderecha y centroizquierda -excepción hecha de la banda criminal disfrazada de partido político llamada Frente Republicano Guatemalteco (FRG) y acaudillado por Ríos Montt y sus hijos- como alternativa al cobarde y traicionero proyecto oligárquico de malvender el país a las transnacionales.

A esos jóvenes dedico estas líneas, sabiendo y comprendiendo que no todas serán de su completo agrado. Qué se va a hacer. Ya cuando hemos conversado nos hemos dado cuenta de que para coincidir y converger políticamente no hace falta, ni mucho menos, pensar uniformadamente. Eso dejémoselo a la izquierda dogmática y nostálgica que agoniza con irritante lentitud gracias al oxígeno de la cooperación internacional, y a la decepcionante derecha neoliberal, que vino a ponerle un vistoso birrete universitario al casco y al sombrero de la derecha militarista y oligárquica que todavía nos tiene puesta la bota de finquero y comisionado militar sobre la nuca.

No existe a la fecha un partido político liberal en Guatemala. Es la hora de formarlo para llevar a las últimas consecuencias el ideario de libertad económica y democracia política, a fin de acabar con la nefasta práctica oligárquica de impedir que las capas medias se amplíen, que los estratos populares se vuelvan capas medias y que los pequeños y medianos empresarios lucren y tributen sin las trabas monopolistas y mercantilistas que -desde el Estado y desde fuera de él- los oligarcas insisten en seguir aplicándole a un pueblo al que -para colmo de su burla y manipulación- ahora se le enseña a sonreír con servilismo cuando su desesperación no le ha dejado más alternativa que luchar con fiereza por el derecho de todos (no sólo de los ricos y sus empleados de confianza) a prosperar sin tener que emigrar para lograrlo.
 

 

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