Bajo la espada de Damocles de una "guerra económica", la teocracia de los ayatolas chiítas de Irán perdió la primera batalla de la "guerra diplomática" en
Viena, cuando la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) "reportó" el
caso al Consejo de Seguridad (CS) de la ONU: un triunfo de Estados Unidos y la
troika europea (Gran Bretaña, Francia y Alemania), a quienes se sumaron tres
potencias nucleares: Rusia, China e India. La sorpresa fue el voto negativo de
India, que no pudo resistir las brutales presiones de Estados Unidos, lo cual
deja en el aire su proyectado gasoducto con Irán. El revés es severo para la
teocracia chiíta iraní, con 27 votos negativos del total de 35. El canciller
iraní Manouchehr Mottaki se quejó amargamente de que la votación había
constituido el "fin de la diplomacia".
A los acuciosos observadores no les pasaron inadvertidos tres matices
fundamentales: 1) se diluye la belicosidad instantánea de la dupla anglosajona
Estados Unidos-Gran Bretaña mediante el recurso al "reporte", en lugar del "diferimiento"
-matiz semántico en que ha insistido la ddiplomacia china-; 2) la AIEA concede un
mes de oxigenación diplomática con el fin de que proceda la mediación rusa; y 3)
Egipto, apuntalado por el resucitado movimiento de países no alineados, consigue
incrustar en la resolución el objetivo de "un Medio Oriente libre de armas
nucleares", que implícitamente es extensivo a la dotación nuclear israelí, lo
que destaca Debka (4 de febrero), portal considerado portavoz del Mossad,
servicios secretos del Estado hebreo.
En caso de que el contencioso nuclear iraní llegue al CS de la ONU, ¿cómo se
podrá desvincular de la posesión clandestina de armas atómicas y misiles de
largo alcance por Israel?
El paso siguiente es la "guerra económica" en medio de la insuperable
ambientación escenográfica de las blasfematorias caricaturas de Mahoma. Si la
guerra es ya multidimensional a lo largo del corredor Irak-Irán-Afganistán, el
asedio es puntualmente pentagonal y abarca tanto al mar Mediterráneo como al mar
Rojo, que se agregan periféricamente al núcleo del triángulo superestratégico
del mar Negro-mar Caspio-golfo Pérsico.
Parecería un acto suicida de la troika europea, en particular de Gran Bretaña,
que es quien mejor conoce la sicología política iraní, al poner en riesgo su
importante intercambio económico con Teherán. Europa puede ser (re)compensada
con la entrega de gas ruso, pero sus intercambios comerciales nada desdeñables
con Irán saldrían afectados.
Estados Unidos se ha econciliado con Alemania y Francia, y pretende restaurar
la política atlantista que le dio excelentes resultados durante la guerra fría,
además de que ha jalado a Rusia y a China (hasta ahora) a un abordaje compartido
del contencioso nuclear iraní.
Rusia se alineó a la troika europea y Estados Unidos. ¿Trocó Moscú a Irán por
Ucrania? Pronto se sabrá. Después de haber participado en la construcción del
reactor nuclear de Bushehr (puerto de Irán en el golfo Pérsico), Rusia no desea
una potencia nuclear en su frontera en el mar Caspio ni, mucho menos, la
expansión fundamentalista chiíta en su flanco sur que puede contaminar al
Cáucaso y a la región del Volga, donde se asienta 20 por ciento de la población
rusa de credo islámico.
Moscú puede sufrir un descalabro diplomático significativo si no consigue
convencer a sus socios iraníes, como lo hicieron los chinos con los norcoreanos.
Tampoco pasó inadvertido que Baby Bush (MosNews, 5 de febrero) desea crear una
"asociación nuclear" con Rusia para abastecer a otros países con combustible de
los reactores, lo cual prevendría la utilización para construir armas atómicas.
Si es que no desea elevar la puja de la escalada de una "guerra económica", a
Irán se le agotan sus piezas de ajedrez al no quedarle visiblemente más que el
veto de China (que hasta ahora se ha dedicado a jugar a las "damas chinas"), en
el CS de la ONU, a menos que acepte al cinco para las 12 la mediación rusa o la
intermediación del egipcio de esposa iraní Muhamed El Baradei, director de la
AIEA galardonada con el Premio Nobel de la Paz.
La teocracia chiíta iraní conserva la "carta petrolera" y no desconoce sus
alcances en la coyuntura del drama nuclear cuando celebra una conferencia con
China en la isla de Kish (donde se encuentran las instalaciones para la futura
bolsa petrolera persa) con el fin de cooperar en el sector energético (IRNA, 18
de febrero). Los juegos son diferentes -ajedrez persa, revólver texano, ruleta
rusa y "damas chinas"- pero el epílogo será el mismo.
Hua Liming, anterior embajador de China en Irán, no percibe "ningún vencedor en
esta fase de batalla diplomática" y considera que la dura posición iraní y su
mala imagen internacional en 2005 fueron las principales razones detrás del voto
aplastante de la AIEA", y afirma que tampoco Estados Unidos desea llegar tan
lejos, por no vislumbrar el epílogo (People's Daily, 7 de febrero).
En este contexto multidimensional, Serguei Karaganov (SK), muy cercano al zar
ruso Putin y director adjunto del Instituto de Europa y presidente del Consejo
de Política Exterior y de Defensa de Rusia, lanzó una clara advertencia a Irán
en una reciente colaboración a Rossiskaia Gazeta (Novosti, 6 de febrero): "La
penúltima (sic) oportunidad de Irán".
Pone en relieve "opinión casi unánime" sobre Irán que "buscó ganar tiempo en
las negociaciones para dotarse de la bomba atómica", tesis que viene de
apuntalar la cancillería francesa. Las críticas de SK a Irán son feroces: "para
Teherán la situación empeoró después de ciertas declaraciones del presidente
iraní respecto a Israel cuando su imagen de país responsable empezó a degradarse
aceleradamente". El geopolitólogo ruso dice entender los agravios pasados y
presentes que brindan a los iraníes el "derecho moral de desear disponer de
armas nucleares" pero que se ha vuelto "inaceptable para los estados de la
región y las grandes potencias, en primer lugar Rusia, que se encuentra a
proximidad inmediata y en los límites de los alcances de los vectores iraníes
con eventuales armas nucleares". Queda claro que Rusia viene en "primer lugar"
de quienes se preocupan por la dotación nuclear chiíta.
SK parece jugar a la ruleta rusa, pero con armas nucleares, y no oculta que la "nuclearización
iraní incitaría a Arabia Saudita y a Egipto a crear su bomba nuclear árabe", lo
que enterraría el concepto de "estabilidad estratégica".
Asegura que los "mismos estadounidenses todavía no piensan usar los bombardeos
preventivos, aun antes de que Irán posea armas nucleares, porque están
concientes (sic) de su eficacia militar limitada y su nocividad política
ilimitada" y coloca a Irán en la bifurcación de una encrucijada ineluctable: la
aceptación de la mediación rusa para "salir de su casi aislamiento
internacional", que haría que las "inversiones afluyan y detonen su potencial
económico" para posicionarse como una "gran potencia" (sic), o bien las
"sanciones con un retraso en su desarrollo económico y su condena a la
involución en medio de un entorno frío (sic), para no decir hostil, y la espera
permanente de bombardeos preventivos contra las instalaciones nucleares y aun
quizá (sic) contra la infraestructura industrial". Irán deberá escoger entre la
zanahoria y el garrote económico, que no elimina la posibilidad de bombardeos
preventivos como espada de Damocles.