Por estos días, los responsables de la inteligencia militar de Venezuela y
los servicios secretos del Estado están alertas. El vicepresidente José Vicente
Rangel afirmó la semana pasada que “el gobierno norteamericano tiene un menú de
agresiones y va consumiendo ese menú periódicamente y sistemáticamente”.
Por Roberto Bardini
- (Bambú Press)
Un minucioso informe confidencial –que incluye desgrabaciones, fotografías y
filmaciones– compromete a 25 oficiales de baja graduación de la marina
venezolana como “fuentes” del capitán de fragata John Correa, ex agregado naval
de Estados Unidos en Caracas, quien fue expulsado del país suramericano. Correa,
de origen puertorriqueño, usaba el nombre clave de “Boricua”.
El agregado naval estadounidense ignoraba que entre sus improvisados informantes
se habían infiltrado algunos “topos” entrenados por la Seguridad del Estado de
Venezuela. Algún día quizá se conozcan algunas interioridades de este papelón
diplomático.
Muchos encargados del espionaje y contraespionaje venezolanos tienen presentes
ciertos cursos de especialización que tomaron a partir de 1999, como parte de la
nueva doctrina militar en las Fuerzas Armadas, que plantea otras hipótesis de
conflicto en la seguridad nacional.
Las clases eran más históricas que
técnicas: incluían, por ejemplo, el estudio de acontecimientos ocurridos hace
casi 53 años atrás en un lejano país asiático que determinaron cambios
geopolíticos en Oriente Medio y, posiblemente, en el mundo. La enseñanzas se
podrían resumir en tres palabras: petróleo, política y poder.
Los oficiales –que hoy son tenientes coroneles o coroneles– aprendieron en esos
cursos de inteligencia y contrainteligencia que en 1953 el gobierno Dwight
Eisenhower invirtió un millón de dólares para derrocar al primer ministro
Mohamed Mossadegh en Irán. Bajo el nombre clave de Operación Ajax, fue la
primera maniobra desestabilizadora de importancia dirigida por la Agencia
Central de Inteligencia (CIA), creada seis años antes.
El pretexto: evitar la instauración
del comunismo en el país. El verdadero motivo: otorgar a Inglaterra y Estados
Unidos el control del petróleo iraní.
Mossadegh, quien se había formado en Francia y Suiza, fue designado en 1951. El
primero de mayo de ese año nacionalizó el petróleo, que desde 1908 estaba en
manos de la Anglo-Iranian Oil Company. La empresa británica pagaba salarios de
50 centavos diarios. No había vacaciones pagas, ni derecho a descanso por
enfermedad, ni indemnización por invalidez. Los obreros iraníes vivían en
cabinas construidas con recipientes de petróleo oxidados, que en verano se
transformaban en hornos abrasadores. En las épocas de lluvia, el barro les
llegaba a las rodillas.
Cuando posteriormente Mossadegh expulsó de Irán a todos los británicos, Gran
Bretaña se quedó sin agentes de campo del MI-6, su servicio secreto. Londres
solicitó apoyo a Washington para derrocar al primer ministro nacionalista a
cambio de ciertos arreglos económicos vinculados con el petróleo.
La Operación Ajax fue dirigida por Kermit Roosevelt, jefe de la estación de la
CIA en Teherán y nieto del presidente Theodore Roosevelt. Lo secundaba el
general Norman Schwarzkopf, padre del comandante en jefe de las fuerzas
multinacionales durante la Guerra del Golfo en enero de 1991. Schwarzkopf hijo,
conocido como El Oso, hoy es opositor a la intervención de Estados Unidos en
Irak.
El 16 de agosto de 1953, un locutor de la BBC de Londres dio la señal de inicio
para la ofensiva contra Mossadegh con una frase: “Es ahora exactamente
medianoche en Londres”. El golpe del 19 de agosto causó 300 muertos, puso en el
gobierno al sha Mohamed Reza Pahlevi y derivó en una dictadura de 25 años que
provocó diez mil víctimas. En 1957 se creó el SAVAK, tenebrosa policía secreta
entrenada por la CIA y el Mossad israelí.
Con el sha en el trono, Gran Bretaña y Estados Unidos firmaron un acuerdo para
repartirse 40 por ciento a cada uno de la producción de petróleo. Mossadegh,
fallecido en 1967, pasó el resto de su vida bajo arresto domiciliario.
El derrocamiento del primer ministro
le sirvió a la CIA como un ensayo del golpe de estado que derribó al presidente
guatemalteco Jacobo Arbenz en junio de 1954. Irán recuperó el control petrolero
recién en 1979, con la revolución del ayatola Ruhola Khomeini.
Stephen Kinzer, veterano corresponsal del New York Times en Medio Oriente y
América Central, sostiene en su libro “Todos los hombres del Sha” (editorial
Debate, Madrid, 2005) que el golpe en Irán a la larga encendió la chispa de la
revolución de 1979, que a su vez inspiró a los fundamentalistas del mundo
islámico, incluidos los talibanes afganos y los terroristas de Al Qaeda.
A más de medio siglo del derrocamiento de Mohamed Mossadegh, el presidente Hugo
Chávez sigue apostando alto porque confía en una tripe ecuación: el apoyo
popular a su gobierno, la eficacia de los servicios de inteligencia y el poder
del petróleo.
El 4 de enero, el mandatario advirtió
que si Washington decide romper relaciones con Caracas, “a mí no me cuesta nada
mandar a cerrar las refinerías que tenemos allá”.
La empresa venezolana Citgo
posee tres plantas que procesan 942 mil barriles diarios de crudo y casi 14 mil
estaciones de gasolina en Estados Unidos, su principal cliente.