Desde que hizo su entrada a la presidencia George W. Bush, en su intento
por dictaminar la política de control no solo de Estados Unidos sino de todo el
mundo, nos ha demostrado que para él no hay disociación entre lo religioso y lo
moral.
Por Luis Barrios (*)-
Adital
Prácticamente nos ha estado
imponiendo su manera de pensar que no hay moralidad sin religión, por lo tanto,
cuando una persona se aparta de la religión automáticamente es inmoral.
Este asunto de la creencia en una religión nos sigue llevando a la práctica de
la violación de derechos humanos al igual que de derechos civiles. Por supuesto,
esta manera de pensar no es nueva. Recuerden que en su período presidencial
(1953-1961) Dwight D. Eisenhower, también oriundo de Texas, se atrevió a decir
que todas las personas deberían de tener una fe religiosa, sin importar cual fe.
Lo cual es lo mismo que decir -vuelvo y lo recalco- que es necesario el
practicar alguna religión porque de lo contrario nos hemos apartamos de lo
moral. De aquí la manera tan absurda en que por un lado las agencias
gubernamentales dentro del poder ejecutivo se han caracterizado por promover
esta agenda de la religión cristo-centrista al extremo de que en la campaña
moralista de prevención del VIH/SIDA se han atrevido a decir que la abstinencia
sexual es la solución. Asunto que ni ell@s mismo se lo creen.
Contrario a Eisenhower, la moralidad de Bush sostiene que todas las personas
tienen que practicar la religión del cristo-centrismo protestante. De aquí su
cruzada de demonizar y criminalizar a otras religiones como por ejemplo el
Islam. Al Judaísmo él lo tolera, aunque no me parece que lo respeta, siempre y
cuando este promueva los principios errados del sionismo caracterizado con la
agenda de la supremacía de Israel, la colonización de los países árabes y la
justificación de los territorios ocupados junto a la destrucción del pueblo de
Palestina.
De aquí el que ahora Bush y su gente el su moral religiosa no reconocen la
victoria electoral del gobierno de Hamas (Movimiento de Resistencia Islámica),
catalogándoles de terroristas. Lo histórico en este proceso, no pretende
justificar las acciones terroristas de Hamas contra poblaciones civiles
israelitas, pero es importantísimo el poder entender que estas acciones de Hamas,
como todos los procesos de violencia se dan en un contexto histórico, social y
político, nunca en un vacío. Por eso cuando Hamas se funda en el año 1988 surge
como respuesta revolucionaria contra el terrorismo del gobierno de Israel de
ocupar y colonizar los territorios palestinos de Cisjordânia y la Franja de Gaza.
De aquí mi opinión por un lado en estos asuntos de la moralidad y la religión
que el problema no es el terrorismo palestino sino más bien el terrorismo de los
territorios ocupados por Israel. De aquí también la necesidad de entender que la
intifada (levantamiento) Palestina no es una acción de anti-semitismo, sino más
bien una repuesta nacionalista anti-sionista.
Por otro lado, también tenemos aquí en Estados Unidos al poder judicial en donde
jueces de la Suprema Corte, como por ejemplo Samuel Alito, son confirmados solo
porque tienen un historial judicial que responde a la agenda religiosa moralista
de control de Bush. De aquí la penosa realidad que la calidad de compromiso de
l@s candidat@s es basada en buscar la manera en que se sigue promoviendo, la
criminalización del aborto, la patologización de la relación o matrimonio entre
parejas del mismo sexo y el satanismo de la eutanasia, entre otros retos
humanos.
Este asunto de proteger los valores morales de la religiosidad de la clase
dominante es una manera de garantizar el que esta gente continúe teniendo el
control del poder político, social y económico.
Yo le digo, tanto a Bush como a quienes producen esta teología charlatana
moralista, que la moralidad es -y debe continuar siendo- completamente
independiente de la religión. De aquí el engaño de tratar de hacernos creer que
en los procesos de la lucha por la justicia el enfrentamiento será entre quienes
creen en Dios y quienes no creen. Estos son mentiras. La lucha por la justicia
ha sido y seguirá siendo entre quienes creemos en la paz con justicia y quienes
no creen.
Es en este contexto que las personas ateas, no religiosas, teístas y religiosas
nos tomaremos de la mano y construiremos un mundo diferente, pero mejor
promoviendo los valores de la moral de la vivencia colectiva. En esta vivencia y
relaciones con la vida, creamos o no creamos en Dios, nuestro reto es hacer lo
correcto. Hay realidades concretas en esta vivencia colectiva que no las podemos
ignorar como por ejemplo la realidad de cómo la política capitalista
corporativa, el hambre, el no tener viviendas, el no tener acceso a servicios
médicos o educativos, el racismo, el etnocentrismo, el heterosexismo, el
sexismo, el cristo-centrismo y la cruzada guerrera del presidente Bush cada día
nos jode más. Entonces, ¿por qué dejarnos joder?
Por lo tanto, rescatemos los valores morales del respeto hacia la creación de
nuestra Diosa, en donde valoremos nuestras diferencias humanas, garanticemos la
igualdad en la repartición de lo creado y a la misma vez protegemos a nuestra
madre tierra y el reino animal. Trabajar para construir esta moralidad de la paz
con justicia es nuestro mayor reto.
(*) Sacerdote episcopal, periodísta, psicólogo, activista comunitario y profesor
de la Universidad de Nueva York (CUNY)