El escritor estadounidense Kurt Vonnegut
|
(...) A la policía le interesará saber -y a ustedes también, ya que vamos
a pasar esta noche juntos- que soy un humanista y un ludita. Si llegase a
encontrar un bebé neoconservador, haría una misa negra en el garaje de un hotel
de mediopelo y lo sacrificaría.
Por Kurt Vonnegut
- La Insignia
Saben qué implica
ser un humanista? Soy el presidente honorario de la Asociación Estadounidense de
Humanistas, puesto caduco en el que reemplacé al gran escritor de ciencia
ficción Isaac Asimov. Nosotros, los humanistas, intentamos comportarnos correctamente sin
esperar premios o castigos después de la muerte. Intentamos servir lo mejor
posible a nuestra comunidad, la única abstracción con la que estamos realmente
familiarizados.
Hace algunos años hicimos un homenaje en memoria de Isaac. En algún momento de
la celebración dije: "En este momento Isaac debe de estar en el cielo". Fue la
cosa más graciosa que pude haber dicho a un grupo de humanistas. Los hice caer
de sus sillas de la risa. Pasaron varios minutos antes de que todo volviera a la
normalidad. Y si alguna vez muero -Dios no lo quiera-, espero que digan: "En
este momento Kurt debe de estar en el cielo". Es mi chiste favorito.
¿Saben qué es un ludita? Un ludita es una persona a quien no le gustan los
cacharros modernos, cacharros como submarinos nucleares armados con misiles
Poseidón y bombas de hidrógeno en las ojivas, u ordenadores que falsean el
proceso de "llegar a ser". Bill Gates dice: "Esperen a ver lo que su ordenador
puede llegar a ser". Pero usted es el que debe "llegar a ser". Uno nace para
realizar el milagro implícito en la vida, no para que un ridículo ordenador lo
suplante.
Ahora saben lo que son un humanista y un ludita. ¿Saben qué es ser un pendejo?
Hace sesenta y cinco años, en Indianápolis, cuando yo todavía estaba en el
colegio, un pendejo era un tipo que se metía unos dientes postizos por el
trasero y mordía los botones de la cojinería de los taxis (y un pelmazo era un
tipo que se dedicaba a oler los asientos de las bicicletas de las niñas.)
Yo creo que cualquiera que no haya leído el mejor cuento estadounidense (El
puente sobre el río del Búho, de Ambrose Bierce) es un pendejo. No está ni cerca
de ser un cuento político; es un ejemplo impecable del genio estadounidense, al
igual que Sophisticated Lady de Duke Ellington o que la estufa de carbón de
Franklin.
Cualquiera que no se haya leído La democracia en América de Alexis de
Tocqueville es un pelmazo. No hay mejores libros que los que hablan de las
fortalezas y debilidades de nuestro sistema de gobierno.