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(IAR-Noticias)
31-En-06

Sobre los huesos del pueblo de los ’70 y los ’80, los restos de la clase
obrera de los ’90, y los cuerpos de la multitud a medio pudrirse desde el 2003,
nuevas legiones de difuntos esperan su turno para impregnar la atmósfera con el
olor a la carne descompuesta de los descartados.
Colectivo Nuevo Proyecto
Histórico
"Prefiero el modelo chileno al
argentino. Uruguay negociará un tratado de libre comercio (TLC) con los Estados
Unidos.”
Danilo Astori, ministro de economía del Uruguay, 5/1/06.
“Mi gobierno va a ser muy activo en impulsar el ALCA. Las agendas del ALCA y el
Mercosur no son incompatibles como a veces se plantea”.
Michele Bachelet, presidenta de Chile, 16/1/06.
“Queremos las inversiones extranjeras, las necesitamos. No estamos contra el
libre mercado. Queremos un modelo socialista con un capitalismo boliviano”
Álvaro García Linera, Vicepresidente de Bolivia, 22/12/05
“Y aquí estamos los socialistas levantando de nuevo nuestras banderas”.
Hugo Chávez, presidente de Venezuela, 4/11/05.
“La cancelación de la deuda externa con el FMI hace que Argentina y Brasil
recuperen su total autonomía”.
Néstor Kirchner, presidente de Argentina, 18/1/06.
“El populismo no es necesariamente malo. El gran reto que todos los países de la
región enfrentan ahora es de gobernabilidad”.
Tom Shannon, subsecretario para Asuntos Hemisféricos de los EE.UU.,18/1/06.
“Primero tuvimos allí a la dictadura, luego a los que vendieron al país, a los
que negociaron. Ahora estamos viviendo un momento político interesantísimo, en
el país y a nivel latinoamericano. Y el que no lo ve así es un ciego. No tenemos
un Estado terrorista ni tenemos al enemigo en la Casa de Gobierno. Nosotras
apoyamos al presidente porque sentimos que apoyamos un proyecto que en gran
parte es el nuestro”.
Hebe de Bonafini, presidenta de la Asociación de Madres de Plaza de Mayo,
13-1-06.
“La ley no es pacificación, puesto que debajo de ella la guerra continúa
causando estragos en todos los mecanismos de poder, aun los más regulares. La
guerra es el motor de las instituciones y el orden: la paz hace sordamente la
guerra hasta en el más mínimo de los engranajes. En otras palabras, hay que
descifrar la guerra debajo de la paz: aquélla es la cifra misma de ésta. Así
pues, estamos en guerra unos contra otros; un frente de batalla atraviesa toda
la sociedad, continua y permanentemente, y sitúa a cada uno en un campo o en el
otro. No hay sujeto neutral. Siempre se es, forzosamente, el adversario de
alguien.”
Michel Foucault, 21/1/76.

Incisiones:
I Progresismo, izquierda, socialismo, autonomía
II Enemigos
III Esta democracia apesta
A Cristian Ruiz, Chacho Berrozpe y los detenidos de la revuelta de Haedo.
Presos políticos del gobierno kirchnerista que se autotitula “Defensor de los
derechos humanos”.
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I Progresismo, izquierda,
socialismo, autonomía
Al margen de la sonrisa fácil de la ministra de economía Felisa Miceli, la que
no tiene la vida fácil es la multitud trabajadora. Con el conservador de De la
Rúa y el neoliberal de Cavallo el salario promedio rendía más que con la dupla
de los ex setentistas Kirchner-Miceli. La hambruna de plusvalor de trabajo
excedente, para acumular capital, hace descender cada vez más el trabajo
socialmente necesario. Aumentan las ganancias de los patrones a costa de una
bestial caída del poder adquisitivo de los ingresos populares: jubilaciones,
salarios, planes y changas de las mayorías sociales. El capitalismo del “país en
serio” nos retrotrae a la pobreza más cruda de comienzos del siglo XX.
Caída del poder adquisitivo: con De la Rúa el salario promedio alcanzaba para
comprar tres canastas básicas y ahora alcanza para dos. Los jubilados y
pensionados están peor que con la convertibilidad, en 2001 el gasto en seguridad
social era del 6,3% del Producto Bruto Interno (PBI), y en el 2005 rondó el
4,8%. Hay dos millones de niños y niñas que trabajan ¿Dónde quedó la consigna
peronista que rezaba que “Los únicos privilegiados son los niños”? Los
cartoneros -sólo los de la provincia de Buenos Aires- suman 100.000
compatriotas. El desgaste físico de cinchar por diez años un carro, doce horas
diarias, es el equivalente a toda una vida de trabajo en otros oficios manuales.
Toda una nueva profesión neoproletaria que llegó para quedarse. Familias
completas de obreros del reciclado a los que se le paga apenas 20 centavos el
kilogramo de cartón. Trabajadores que producen ganancias del orden de los 500
millones de pesos anuales para los capitalistas que los someten a la ley del
valor.
¿Qué es posfordismo? ¿Qué es la subsunción real del trabajo en el capital? ¿Qué
significa ser excluido de un salario pero ser vuelto a incluir a la lógica de la
ganancia privada y la expoliación? ¿Qué significa que el territorio se
transforme en el circuito directo de la mercancía, y el empleo de los cuerpos
que lo recorren y habitan queden prisioneros del biopoder del mercado? ¿Qué
significa el comando del capital que subordina y exprime el trabajo sin un
asalariamiento directo de un patrón? Significa -entre otras cosas- ser obrera
okupa, cartonera, vendedor ambulante, prostituta, traficante de paco; y dejar la
vida para enriquecer al Capital-Cooperativo, al Capital-Cartonero, al
Capital-Territorial y al Capital-Criminal.
Contando los planes sociales el desempleo es del 14,7%. Cuatro millones de
argentinos están subocupados y desocupados por el capital. Los planes sociales
de los desempleados se quedaron estancados en 150 pesos, cuando los productos de
primera necesidad subieron más del ciento por ciento desde el 2002. Entre De la
Rúa y Kirchner, la distribución de la riqueza entre el 10 por ciento más pobre y
el 10 por ciento más rico creció de 28 a 50 veces. No hay plata para aumentar
jubilaciones y sueldos de los empleados estatales, pero sí hubo otros 10.000
millones de dólares para cancelar la fraudulenta deuda con el Fondo Monetario
Internacional (FMI), sumados a los 15.000 millones de dólares que se pagaron a
los organismos internacionales de crédito desde la salida de la convertibilidad.
Este capítulo de la historia capitalista de la Argentina, comandada por Kirchner,
la podríamos llamar: a + empleo + pobreza. La mitad de las y los trabajadores
gana menos de 550 pesos mensuales. Todo un nuevo fenómeno posfordista: alto
crecimiento del PBI, aumento de la recaudación y superávit fiscal = trabajo
negado + precariedad + salarios de miseria.
En promedio, el poder de compra de los que trabajan cayó un 20%. Para el
precariado en negro fue peor, ya que sus sueldos ni siquiera aumentaron al ritmo
inflacionario. Durante el 2005 la actividad productiva superó la marca anterior
de 1998, al igual que se incrementó en 10 puntos los niveles de pobreza y empleo
no registrado en comparación al menemista año 1998. En aquel año, la pobreza
generada por el “menemato” atacaba al 28,8%, ahora con el “kirchnerato” el 38,5%
de los argentinos está pauperizado. Con el peronista de Carlos el trabajo en
negro era del 37,4 %, en cambio, con el peronista de Néstor aumentó y llegó al
47,2%.
La participación de los asalariados se redujo del 32,5% al 24% del PBI. Y como
cada punto del PBI son 6.000 millones de pesos, eso significa que, 9 puntos del
PBI son 54.000 millones. Tres años de crecimiento del PBI al 9 % son tanto como
162.000 millones. Este es el excedente que le robó el gobierno de Kirchner a los
trabajadores en los últimos tres años. ¿Estará “Pino” Solanas preparando su
nueva película: Memoria del Saqueo 2003-2005? Entretanto, el capitán patagónico
alega que a él “¡No le van a torcer el brazo las corporaciones!”
Con este nuevo saqueo, con el Capital-Parlamentarismo como verdadera
cleptocracia, como sistema que naturaliza el robo contra la multitud, ¡Cómo no
va a detonar la lucha por el salario, y el asambleismo gremial contra toda la
dirigencia sindical cómplice de los patrones! El 2005 fue el año con más luchas
laborales desde 1989. Los piquetes aumentaron a tal punto que sólo fueron
superados por los registrados en 2002. Esta es la verdadera causa de la renuncia
del ministro de economía Lavagna: el bonapartismo de Kirchner no sabe cómo
resolver el jeroglífico de la lucha de clases. Apela al efecto simbólico de
rodearse de algunos organismos de derechos humanos que le den ese aire europeo
tan “progre”, y apoyarse en los mohines permanentes de su nueva jefa de hacienda
setentista.
Pero lo importante para el capital, el poder, el estado, y sus representantes
gubernamentales durante el año pasado, es que las luchas de la multitud los
tuvieron a mal traer. La antagonía de la potencia de los sujetos sociales,
contra el mercado y el estado, escribe la otra historia. La gesta de los de
abajo construye otra realidad, como diría el poeta, ¡Quién quiera oír que oiga!
¿Izquierda, socialismo, autonomía? ¿Es qué estas cosmovisiones ya no significan
nada? Que el progresismo viaja con la proa puesta en el ALCA ya no son
elucubraciones paranoicas de los movimientos anticapitalistas, sino la propia
confesión de sus gobiernos.
Si como dice el virrey de los EE.UU. el populismo ya no es un problema; si los
grandes medios de comunicación ya perdieron la vergüenza y ni siquiera llaman a
la mayoría de los gobiernos del Cono Sur como de centroizquierda, sino, lisa y
llanamente de izquierda; si el vicepresidente de Bolivia puede congeniar
socialismo con capitalismo sin que se le mueva un pelo; si el presidente
Kirchner puede tomar el término “autonomía” como uno más del léxico
Capital-Parlamentarista; es que estas prácticas sociales por los que vivieron y
murieron millones de luchadores en los dos últimos siglos, estos conceptos,
estas verdaderas ideas fuerzas; cada vez más, lastiman menos al poder.
Entonces, ¿Qué hacer? ¿Renunciar a los viejos significantes y crear otros
nuevos? ¿Regalarle al enemigo de clase un ideal como el socialismo o, en cambio,
batallar en interminables combates resignificativos?
La operación del poder es clara. Ahora le toca a la izquierda, como en la década
pasada gobernó la derecha. Para la burguesía toda, siendo el único horizonte
esperar el recambio dentro del Capital-Parlamentarismo, será pues, cuestión de
esperar una nueva derecha. Total, cada vez más, los gobiernos de izquierda son
puras máquinas del orden capitalista. Instrumentos de la célebre gobernabilidad
mercantil que tanto le preocupa a Washington. Co-mandantes del estado
capitalista. Ya no de uniforme militar, sino de saco y corbata, o camisa y
chompa a rayas al estilo Evo Morales.
Todos ellos integrantes de la Nueva Clase de los políticos, una auténtica
aristocracia administrativa obsequiada por el voto. Sino leamos este sólo
ejemplo: en la Ciudad de Buenos Aires los altos funcionarios del ejecutivo se
aumentaron un 40 por ciento los sueldos. Un secretario de gobierno, que percibía
alrededor de 5400 pesos en concepto de salario neto, ahora obtendrá 7600; un
subsecretario, pasará de 4400 a 6200 pesos; y un director general, de 4000 a
5600 pesos. Recordemos que el salario mínimo es de 630 pesos.
Gobierno y oposición intrasistémica se turnan, mientras cuentan en cada elección
de quienes son los nuevos votos que hay en las urnas. Esas urnas que garantizan
la muerte de una clase y la llave de la felicidad para otra. Oficialismo y
oposición, ambos integran un gran partido de estado, un gran partido del
Capital-Parlamentario. A lo sumo, serán adversarios, nunca enemigos. Para ellos
el enemigo está en otra parte. Está en el llano, en las calles y las asambleas;
en los cuerpos de delegados autónomos y las empresas recuperadas
anticapitalistas; en las tomas de tierras y el ecologismo antimercantil; en el
mediactivismo consecuente y los estudiantes rebeldes; en los piqueteros que no
se venden y los precarios que no se regalan; en la acción directa que los padres
de Cromañón que los escracha y en los protagonistas hoy desconocidos, pero que
vendrán, para llevarlos a rendir cuentas ante la justicia popular por 30 años de
atropellos.
Mientras tanto, la “demodura” contra los movimientos antisistémicos; y la
“exceptocracia” que padece de “decretitis”, la enfermedad de gobernar más por
decretos que por leyes; el hambre galopante y la “dictocracia” como dictadura
civil del mercado; y la “urgentocracia” para facilitar subsidios al capital y el
pago de la deuda externa; toda esta depredación proseguirá de la mano del (pro)gresismo,
el capitalismo andino, el socialismo bolivariano y la izquierda cadavérica.
Leamos algunos datos espeluznantes de la “revolución” bolivariana: En 1999 llega
Hugo Rafael Chávez Frías al palacio de Miraflores. Desde ese año aumentó un 11
por ciento la pobreza y casi el 30 por ciento de la población no gana ni
siquiera para comer. Eso sí, a Venezuela recursos no le faltaron, ya que con el
aumento del petróleo ingresaron 350.000 millones de dólares. El precariado es
dominante en Venezuela, más de medio país no tiene un puesto fijo y la venta
ambulante es la profesión posfordista por excelencia. Según el Instituto
Nacional de Estadísticas (INE), el INDEC venezolano, en el año 1999 la pobreza
extrema alcanzaba al 19,9 por ciento y en cambio ahora todo empeoró, ya que
afecta al 28,1% de la población. La pobreza era en 1999 del orden del 43% y en
el 2005 aumentó hasta llegar al 54%.
El 22 por ciento de los venezolanos está desnutrido y el 47% vive con dos
dólares por día. La deuda pública interna aumentó de los 1.069 millones de
dólares en 1999, a 13.500 millones de la misma moneda en el 2005. La deuda
externa tampoco se quedó atrás, en igual período creció, de 22.000 a 27.000
millones de dólares. Eso sí, durante el 2005 el PBI de Venezuela creció al 9 por
ciento, semejante a los valores de China, Argentina o la India. A este ritmo al
pueblo venezolano le espera una nueva devaluación de la moneda a costa de sus
ingresos. Recordemos que de febrero de 2003 a febrero de 2005 la devaluación
acumulada del bolívar llegó al 74,7%. Con la nueva devaluación, más sangre
trabajadora será utilizada para recomponer el capital de los patrones y las
arcas del estado, y así obtener, los excedentes para abonar las deudas
financieras. ¿Será esto a lo que Chávez llama el camino al Socialismo del siglo
XXI?
Con estos datos, tal vez, sea más fácil entender porqué el último 4 de diciembre
para las elecciones legislativas, sólo optaron por los candidatos del comandante
dos millones de venezolanos. Mientras que Chávez en el referéndum revocatorio de
agosto de 2004 tuvo casi 6 millones de votos. En las últimas elecciones, los
propios votantes bolivarianos se negaron a ir a las urnas. En este caso la
abstención no fue un comportamiento fascista de los opositores a Chávez, sino la
salida, el no voto, del 67 por ciento de los sufragantes que hasta hace un año
renovaba su confianza en la máxima autoridad de la república bolivariana.
Esos cuatro millones de venezolanos, ese éxodo antielectoral de los pobres,
indica, que no se sintieron interpelados por el llamado desesperado del caudillo
militar para concurrir a las urnas. ¿Una multitud a la izquierda de Chávez?
Puede ser. Los años pasan y para las mayorías la paciencia se acaba. Para ellos,
las cosas están cada vez peor desde que Chávez llegó al gobierno. Después de
todo, los indicadores sociales, los únicos verdaderamente importantes para la
multitud, no son mejores en la Venezuela de Chávez que en el Brasil de Lula y en
la Argentina del señor “K”.
¿Y por Brasil como andamos? Podríamos decir que este país vive en un ambiente de
guerra civil de baja intensidad. Según un informe del Consejo Indígena Misionero
(Cimi), el Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra (MST), el Foro Nacional de
la Reforma Urbana y la Comisión de la Pastoral Obrera; realizaron un balance de
los tres años de Lula y de la inmensa mayoría de la izquierda que llegó con él
al gobierno. De un basto documento de 260 páginas se desprende lo siguiente:
Entre los más pobres el desempleo llega al 56%. La distribución de la renta en
Brasil es la peor del mundo después de Haití. Las promesas que el Gobierno de
Lula había hecho durante su campaña electoral sobre la reforma agraria, la
alfabetización, la política indígena, la política habitacional, la creación de
empleos o la defensa de la Amazonia, entre otras, no han sido cumplidas. Con más
de 50.000 muertos, la violencia urbana policial tiene números alarmantes, peor
que en el 2004 que ya había contabilizado la cifra aterradora de 40.000
asesinatos. En las zonas rurales la violencia también ha aumentado, durante el
mandato del Partido de los Trabajadores (PT) han sido acribillados 147
trabajadores del Movimiento Sin Tierra.
Van quedando pocas prácticas, imaginarios y proyectos, que no hayan sido
colonizados por el capital. No es casual que actualmente el camino zapatista sea
un paradigma indigerible para los estados. Una autonomía como autogobierno de la
comunidad que no hace de sus conquistas virtud, sino necesidad; que se lanza a
arriesgarlo todo o perece; con alianzas sólo por abajo y con la izquierda
anticapitalista, mientras repudia el carnaval electoral en las alturas. Ahí hay
un rumbo, se toma una dirección y no otra. Esto siempre y cuando no se caiga en
la tentación marketinera del “Sí Marquismo”. Una moda nefasta de seguidismo al
zapatismo, haga lo que haga y diga lo que diga. Pose de la que huye el propio
EZLN.
Hay ciertas prácticas que se diferencian por la negativa (por el no, por lo anti,
lo antagónico), y definen más contundentemente su distancia con todo lo
establecido, que otras experiencias que lo hacen por la positiva. Hoy la
potencia del anti-capitalismo, como perspectiva que lleva a la pura antagonía a
la ley del valor, a la ley de la ganancia privada y el estado, a la
representación política como forma-Estado de la mercancía; es más radical,
revulsiva, si se nos permite revolucionario, que aspirar a un modelo socialista.
Sistema que nunca pudo superar, en el mejor de los casos, el capitalismo
burocrático de estado hasta su total colapso, como en la vieja Unión de
Repúblicas Socialista Soviética (URSS). O peor aun, con la actual China
socialista. El boleto de ida para un capitalismo de una nomenclatura de
expoliadores y censores. La que con 94 corresponsales en prisión encarcela más
periodistas en el mundo. Una patria de los monopolios estatales y privados,
nativos y extranjeros.
El cambio social de raíz, las ideas anómalas, el instinto ingobernable de la
multitud, es un proyecto que retoma la guerra subterránea que anida en todas las
democracias. En el caso Argentino, la cifra que oculta, el número que subyace a
la paz civil llega a 30.000. Treinta mil detenidos desaparecidos. La mayoría
torturados y asesinados. La sangre seca de la paz civil desde 1983, la
gobernabilidad sobre los cuerpos laboriosos, la paz social y sus cementerios, el
país normal con su miseria, el capitalismo en serio de la ficción jurídica de la
igualdad entre los hombres; es la construcción social que se edifica sobre esa
pila de cadáveres.
El presente no es sólo un ajuste de cuentas con el pasado, sino la tozudez por
evitar la perpetuación y profundización, pero por otros medios, de ese mismo
pasado. El gobierno de Kirchner tiene el repugnante registro de ser la
presidencia con más procesados por la lucha popular y presos políticos, más
muertes por accidentes laborales, más trabajo infantil, con más asesinatos
policiales a mano armada y en las cárceles, y el mayor récord de torturas en
prisiones y comisarías desde la presidencia de Alfonsín. La democracia indirecta
multiplica varias veces el genocidio de antaño.
Hoy con 105 argentinos que mueren por día por “causas evitables”, que se los
deja morir, se los abandona y descarta; o sea, se los asesina con medios
diferentes a como lo hacía la dictadura castrense pero se los aniquila de la faz
de la tierra. Toda esta carnicería con sordina nos recuerda cotidianamente que
la guerra social, que la lucha de clases, ahora con urnas, peronismo de
izquierda y mass media, sigue su curso.
Una práctica económica por la dignidad humana, y del anticapitalismo como cambio
social, recobra su potencia popular a partir de una total antagonía de los
trabajadores contra los patrones, una diferenciación política abismal con todos
los valores mercantiles establecidos. De lo contrario, la valiente resistencia
popular le pone límites al nuevo genocidio, pero no lo evita.
II Enemigos
¿Qué es un enemigo sino aquel que mata? ¿Quién es el enemigo sino aquel que
sumerge, manipula y hambre a las mayorías? ¿Cuáles son los enemigos, sino esa
clase explotadora que se arroga el derecho de querer gestionar la vida?
La ministra de economía Felisa Miceli pasó del setentismo a firmar el cheque más
importante de su vida. Abonó 9.810 millones de dólares al Fondo Monetario
Internacional, luego de haber integrado junto a Nora Cortiñas de Línea Fundadora
de Madres de Plaza de Mayo, la Cátedra Libre de Poder Económico y Derechos
Humanos de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, y la Comisión de
Reconstrucción de la Memoria. ¿Dónde quedaron esos años de trabajo social en
Rincón de Milberg, partido de Tigre, junto a su compañero Ricardo Velasco? Otro
setentista retratado en “Cazadores de Utopías” la película de David Blaustein, y
ahora cazador de cargos en el estado. Que grotesco derrotero han tomado contra
los ideales de sus viejos compañeros de lucha. Del no pago al FMI a pagar todo
al FMI. De la patria socialista a la patria capitalista, ¿O es que ahora son lo
mismo? Parece una burla de la historia terminar como ejecutivos de sus antiguos
enemigos de clase. Si Lula en Brasil y Mujica en Uruguay se abrazan a los
poderosos, ¿Porqué no Felisa y Pacha? En fin, van quedando pocos setentistas
consecuentes.
Nueve mil ochocientos diez millones de dólares al FMI. ¿Cuál es la nueva cifra?
¿Cuántos cadáveres se acumulan sobre este pago? Desde el 25 de mayo de 2003, día
en que Kirchner asumió la presidencia, se cuentan 100.000 nuevos desaparecidos
por causas evitables. Además, no pagando, a futuro ¿Cuántos asesinatos más de
guantes blancos, o con faldas y sonrisas, se podrían evitar?
Pero en cambio, la tragedia prosigue: el pago al FMI es un vuelto al lado de
todo lo que resta. El capitalismo ultima 17 de cada 1000 niños por desnutrición
y causas módicamente evitables. Un bebé es asesinado cada 45 minutos. ¿Con
cuántos sacrificios humanos más deberá pagar la multitud, para deshonrarse y
solventar el 93 por ciento de la deuda externa restante?
Que la economía dineraria, la sociedad del egoísmo, la miseria y la explotación,
no puede aportar soluciones de fondo a la especie humana y al planeta todo, no
es ninguna novedad. Lo inédito es que el progresismo, la izquierda, el
socialismo, no solo ha renunciado al reformismo, no sólo ya no trata de ponerle
más botes al Titanic, sino que los reserva celosamente para una cada vez más
pequeña porción de la sociedad. Para el resto, el ahogo, la desesperación, la
injusticia y la muerte.
El enemigo gobierna la vida y su biopoder es brutal. El Capital-Parlamentarismo
en transición al Capital-Ejecutivismo le otorga a la mayoría de los
parlamentarios el rol de convidados de piedra o meros levantamanos del
oficialismo. Hasta comienzos de diciembre del año 2005 Kirchner llevaba emitidos
más de 140 Decretos de Necesidad y Urgencia (DNU), contra sólo 11 sesiones
ordinarias del Congreso Nacional.
La subsunción, inclusión, o subordinación del trabajo en el capital; profundiza
como tendencia, la subsunción de la multitud en el mercado, la incorporación de
la sociedad productora en la mercancía. Y el comando capitalista, la
forma-Estado, el Capital-Parlamentarismo neo bonapartista de Kirchner, esa forma
posmoderna de posfascismo, busca subordinar completamente el trabajo, la
multitud, la sociedad productora, la vida, en la administración estatal.
El estado marca las normas y pone los límites. Todo lo que escape a sus
coordenadas es lo a-normal, salvaje, peligroso. Toda vulneración a la norma
mercantil es un delito. Todo rebelde pasa a ser criminalizable. La cárcel se
transforma en el depósito social para las y los que sobran, luchan y resisten.
Reemplazando a la reclusión y desaparición fulminante de los campos de
concentración de los militares.
Al capital le sobran personas. Se instaura un verdadero racismo de corte social.
Un capitalismo de la excedencia de lo humano que les sobra a los patrones. Una
discriminación, exclusión y represión, prisión y asesinato contra los pobres. Y
los pobres hoy son media Argentina. Por lo tanto, el racismo social termina con
los guetos de las villas y asentamientos como forma excluyente, una forma
excepcional y minoritaria de pobreza y marginación en la era fordista. En
cambio, ahora, lo extraño se vuelve normal y tiende a ser mayoritario. El
biopoder como ejercicio de control sobre enormes poblaciones, transforma cientos
de barrios, distritos completos, en los nuevos guetos posfordistas del
capitalismo de la disponibilidad humana.
Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), a noviembre de
2005, la Canasta Básica Alimentaria (CBA) era de 385,42 pesos (128 dólares),
para una familia de dos adultos y dos niños. Y el valor de la Canasta Básica
Total (CBT), que incluye bienes y servicios como educación, transporte, salud y
vestimenta, era de 828,65 pesos (275,29 dólares). No olvidemos que, la Canasta
Básica Alimentaria es un indicador de la línea de indigencia y la Canasta Básica
Total de la línea de pobreza.
El promedio de los trabajadores registrados está por debajo de la línea de la
pobreza, por lo tanto ganan menos de 828,65 pesos. Y el promedio de los
empleados en negro está por debajo de la línea de indigencia y sus ingresos son
menores a 385,42 pesos. Los trabajadores negados por el capital, los desocupados
para mantener a raya a los ocupados, y así perpetuar la expoliación humana con
la amenaza del desempleo para los rebeldes, reciben desde 2001 apenas 150 pesos.
Cobran el equivalente al 38.9 % de la Canasta Básica Alimentaria, menos de la
mitad de la línea de indigencia. Bajo el capital la existencia de la clase, real
o potencialmente trabajadora, se transforma en una vida de privaciones
perpetuas, en la muerte lenta del subconsumo, en un nuevo genocidio civil de la
ley del valor que aniquila más personas que el genocidio militar.
Sólo en el 2005, y producto de la inflación, hay un millón y medio de nuevos
miserables. La figura del trabajador menesteroso e indigente, una figura clásica
del capitalismo del siglo XIX, se expande y difumina, paralela a la del
trabajador precario, en negro, y al desempleo como trabajo negado por los
patrones. Queda claro, con el retorno de la democracia y con todos sus gobiernos
electos, la lucha del capital por aumentar sus ganancias a costa del trabajo y
la miseria de sus empleados continúa. ¿Cómo no esperar el contraataque de la
multitud?
El aumento del Producto Bruto Interno es directamente proporcional a la
concentración del ingreso. Más crece la economía, memos gana la multitud del
total de la torta que produce. En el posfordismo cuando las y los trabajadores
escuchan que creció el PBI, es mejor que no se alegren. Pasó con Menem en los
’90, mientras aumentaba el PBI la desocupación crecía a valores inéditos,
superando los dos dígitos, para nunca más bajar a valores fordistas.
III Esta democracia apesta
Hasta 1975, para la vieja clase obrera, su organización y su lucha, el aumento
del PBI significaba que algo se derramara de la copa burguesa. Si aumentaba el
producto bruto interno, aumentaba el trabajo registrado y los salarios. Desde la
década pasada, y ahora sin Cavallo y con Lavagna-Miceli, sin uno a uno y con el
dólar a tres pesos, más se crece y más precario y peor pago es el empleo. Con la
hegemonía de la plusvalía relativa, y el trabajo muerto empleado en las máquinas
en la ciudad y el campo, con la subsunción real del trabajo en el capital; cada
vez que los trabajadores sepan que se incorporará en la empresa más tecnología
tienen que temblar de espanto. En el capitalismo la tecnología tiene como rol
dominante desemplear a los que la máquina viene a reemplazar como trabajo
pasado, muerto y acumulado como capital. Y de los que quedan en la empresa, su
trabajo presente o vivo, será sobreexplotado para resarcir la inversión y
autovalorar el capital con más trabajo intensivo. La última máquina con
incorporaciones cibernéticas, la robótica y la informática creada por los
propios trabajadores, en vez de liberarlos de los trabajos rutinarios los
condena a ser desnudos vigilantes de la tecnología. En vez de ser una
herramienta a su servicio, es un instrumento más de esclavitud laboral.
Aquellos que trabajan en una línea de producción robótica saben bien que, con
cada mejora tecnológica, los ritmos de trabajo son más brutales, el proceso
productivo depara más atención y más rápidamente colapsa el sistema nervioso.
Aquellos atados a una computadora, sea en centrales telefónicas, líneas de caja,
transacciones "on line", terminan el día al borde de la extenuación física por
más que no se hayan levantado en toda la jornada de la silla, su "box", y la
línea de cobro.
Es decir, el cuadro social se polariza cada vez más. A más PBI peor distribución
de la riqueza; a más inversiones en tecnología, menos y peor empleo.

¿Qué significa la paz social del país normal, la gobernabilidad del capital
sobre el trabajo? Veamos:
a) Aumento del superávit fiscal en $ 19.661 millones de pesos, mientras tanto el
62 por ciento de los argentinos no tiene cloacas y el 47 por ciento no tiene
cobertura de salud. Aumento del 21 % de la recaudación impositiva en comparación
a 2004, en tanto que, el 58 % vive sin gas natural. Crecimiento del PBI al nueve
por ciento por tres años, sin embargo, el 33 por ciento no tiene agua potable.
Aumento del superávit fiscal de las provincias del orden de los 4.000 millones,
lo que eleva el superávit fiscal primario total (ingresos menos gastos del
estado nacional y provincial, sin descontar el pago de los intereses de la deuda
estatal) al récord histórico de 23.661 millones de pesos; mientras que el estado
del capital ahora no puede alegar que no tenga plata, sigue la miseria
pornográfica para cuatro de cada diez argentinos. La distribución del ingreso es
cada vez más escandalosa: el 20 por ciento más rico se apropia del 54 por
ciento, mientras que el 20 % más pobre sólo recibe el 4 por ciento.
b) Tomando números redondos, sobre 38 millones de argentinos, el 24 por ciento,
más de nueve millones, vive como máximo con cuatro pesos por día (1 dólar con 30
centavos). Pero recordemos que hay casi dos millones que viven con tres pesos
diarios; un millón y medio con dos pesos; y un millón cien mil con un peso. Y
pensar que encima Kirchner y todos sus laderos; la obsecuencia del grupo Clarín;
el eco de su sucursal menor, el Diario Página 12; y aún los multimedios de
Hadad, tiene la osadía de llamar al suyo: “El gobierno de los derechos humanos”.
c) El estado congela los sueldos de sus empleados y las jubilaciones. En
promedio, el haber jubilatorio está en 515 pesos, por lo tanto, son haberes de
miseria. El 82 % móvil quedó en el olvido, la jubilación promedio del sistema
previsional apenas si representa el 45% del sueldo registrado promedio. En el
2006 se prevén pocos ingresos de capitales. La suma rondaría la misma del año
pasado: 4.300 millones de dólares. No importa, los capitales que faltan los pone
la multitud con la acumulación originaria que detonó después de la devaluación.
Ese colosal robo del trabajo humano por parte de la burguesía y el estado, la
plusvalía, devenida en inversiones de capital; proveniente de la sangre, el
cansancio y la falta de óseo que aporta, cada vez en mayor medida, el mundo del
trabajo.
d) Los bancos tuvieron ganancias fabulosas en el 2005: 1.700 millones de pesos.
La patria exportadora de "commodities" no se cansa de ganar. Los campos de
invernada para engorde vacuno de la burguesía con olor a bosta aumentaron el
último año un 21.7 %, cotizándose la hectárea en 2.800 dólares. Las mejores
tierras dedicadas al maíz y la soja pasaron en un año de 4.700 a 7.000 dólares
la hectárea. El promedio de ganancia de ambas inversiones es del orden del 25.6
por ciento en dólares, mientras que un plazo fijo a 30 días rinde un 3 por
ciento anual en pesos, o en el mejor de los casos, la especulación bancaria en
dólares en el extranjero ronda el 3 por ciento. La vieja oligarquía
terrateniente ¡Está de para bienes! Gana en dólares en un año, por la suba de
sus tierras transformada en capital, ocho veces más que especulando en los
bancos foráneos. ¡Vamos pingüino, siga así combatiendo al capital!
e) La pequeña burguesía exprime en negro y por un puñado de billetes a la
mayoría de sus empleados. La que los blanquea, los toman con rebajas sobre los
aportes patronales. Un regalito que le hace el estado para que explotar humanos
le salga más barato. El obsequio le costó al fisco -desde marzo del 2004 a
octubre del 2005- 80 millones de pesos. ¡Otra que el estado ausente! Y ni así,
los desocupados vuelven a la noria del asalariamiento. Sólo 1.500 sobre 168.500
puestos con descuentos, proviene, de argentinos con planes sociales. Una vez más
lo reiteramos: en el posfordismo se terminó el pleno empleo.
Esta democracia es corrupta y no por una u otra coima. La famosa corrupción
antirrepublicana es terrible, pero apenas una bicoca. Aunque los funcionarios no
robaran un peso esto no cambiaría en nada la desigualdad social y el origen de
la producción de la expoliación humana. Explotación que ninguna redistribución
de la riqueza puede morigerar más que cosméticamente. Y en el posfordismo, ni
para eso sirven progresistas, peronistas, izquierdistas del capital y
socialistas estatistas. Esta democracia apesta por la descomposición material de
los cadáveres de tres generaciones ofrendados en los cadalsos cotidianos del
dios trabajo que regenera el sistema mercantil.
Ante cada intento vencido por parte del proletariado de terminar con el infierno
en la tierra, la condena se reedita una y otra vez. En términos de caída del
ingreso, participación en la renta nacional y vidas humanas, la derrota social
del ’76 se pagó muy cara. Pero menos cara que la hiperinflación de Alfonsín; la
instauración del menemismo; el gobierno de la Alianza; y la peor de todas, la
devaluación de los salarios y planes sociales, jubilaciones y pensiones,
precarización del empleo y pauperización de la vida, ejecutada por Duhalde-Kirchner.
Un nuevo genocidio que deja morir por día 75 niños, bajo razones que
asépticamente el poder le llama: “causas evitables”. Mientras tanto, otros
esperan en la invisibilidad la muerte prematura o la transformación, en unos
pocos años y por culpa del Capital-Parlamentarismo, en una raza de subhumanos
mal nutridos.
Nils Katsberg, el director de UNICEF para América latina y el Caribe, manifestó:
“Este año hacemos eje en los millones de chicos que viven en condiciones de
invisibilidad y exclusión. Más de 3,4 millones menores de 18 años en los centros
urbanos viven en la pobreza, y más de 1,4 millón de chicos transita su infancia
en hogares indigentes que no tienen siquiera los mínimos alimentos para
sobrevivir. Creemos que los Estados y los fondos públicos deben hacer foco en
los olvidados, los que no existen en las estadísticas y están al margen de toda
dignidad”.
Es así que por tres décadas, entre bayonetas y papeletas, el hedor de los restos
humanos no se llega a disipar. Porque sobre los huesos del pueblo de los ’70 y
los ’80, los restos de la clase obrera de los ’90, y los cuerpos de la multitud
a medio pudrirse desde el 2003, nuevas legiones de difuntos esperan su turno
para impregnar la atmósfera con el olor a la carne descompuesta de los
descartados. Fiel contracara de la pestilencia del dinero, haciendo del
capitalismo un dispositivo social y racional, recurrentemente homicida.
Llegado el momento, ya sabrá la multitud acortar distancias contra los patrones
y sus gerentes y rectificarse por haberse quedado a mitad de camino con el “¡Qué
Se Vayan Todos!” Permitiendo que, de ese modo, prosiga contra ella la guerra
social.
Tendremos que acostumbrarnos a ser los nuevos anormales, los bárbaros
inclasificables, la multitud plebeya del posfordismo, las y los autónomos
anticapitalistas. Pergeñar nuestra(s) estrategia(s), no olvidar jamás que
estamos en guerra, que otro mundo es (im)posible en el capitalismo. Aprendamos
de nuestra herencia, aquellos que, en parte, somos ahora. Y que lucharon ayer
por los muertos que los precedieron, por las afrentas que sufrían, y por un
futuro emancipado para nosotros. Nuestros hermanos de clase que, con sus
victorias y derrotas, nos inspiran y reclaman estar atentos, ser flexibles
tácticamente: pelear por no perder la administración autónoma de los planes
sociales y evitar el avance del posfascismo; luchar por aumentos de salarios y
terminar con el trabajo en negro; obtener mejor salud y educación y reducir la
jornada laboral; okupar tierras y empresas, resistir y producir.
Pero no renunciar jamás a los objetivos estratégicos, los únicos que pueden
terminar con la actual guerra social: el autogobierno de los anónimos y la
autogestión antimercantil generalizada; el fin de los privilegios y la república
asamblearia de los comunes; la abolición del trabajo por dinero y con él la
destrucción de todos los patrones; la fraternidad universal de los trabajadores
contra el imperio mundial de la ganancia; el poder constituyente de la multitud
y la abolición del mercado. Y digamos adiós a los olvidos, las ilusiones y las
mentiras, que nos hacen creer que no estamos en guerra.
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