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(IAR-Noticias)
25-En-06
La asunción de Evo Morales
reunió a la casi totalidad de los gobernantes de centroizquierda que hoy dominan
el mapa político latinoamericano. Lula, Kirchner, Tabaré Vazquez, Chávez... Sólo
la ausencia de la recientemente electa presidenta de Chile, Michelle Bachelet,
que estuvo representada por el presidente saliente Ricardo Lagos.
Por Christian Castillo -
La
Verdad Obrera
El nuevo gobierno boliviano es el que
surge más condicionado por las masas, que han protagonizado cinco levantamientos
desde abril de 2000 y volteado dos presidentes, Sánchez de Losada (un Menem
boliviano) y su sucesor inmediato, Carlos Mesa. De ahí las referencias obligadas
en el discurso inaugural de Evo Morales a algunas de las demandas fundamentales
puestas por los campesinos y trabajadores del país hermano en las jornadas
revolucionarias de octubre de 2003 y en las grandes movilizaciones de abril de
2005, como la nacionalización de los hidrocarburos o la exigencia de tierra para
los campesinos. Aspiraciones legítimas y sentidas que -como desarrollamos en
páginas centrales- se chocan con las medidas y el proyecto (el “capitalismo
andino”) que el MAS boliviano propone para satisfacerlas.
Si bien cada proceso tiene sus especificidades, si lo consideramos de conjunto,
el predominio de gobiernos “progresistas” en América Latina (que podría incluso
verse aumentado con los posibles triunfos de López Obrador en México y Daniel
Ortega en Nicaragua) es una respuesta dada desde las clases dominantes al
desafío provocado por toda una serie de rebeliones populares que obligó al
recambio de los gobiernos más abiertamente neoliberales que dominaron la escena
en los ’90. Han debido recurrir a dirigentes que invocan su origen social como
obreros o campesinos, o como militantes políticos perseguidos por las
dictaduras, con la expectativa que puedan contener la movilización popular. En
el período que llevan en el gobierno los “progresistas” latinoamericanos han
garantizado grandes negocios a los grupos capitalistas que operan en sus
respectivos países y, más allá de su retórica, han utilizado los superávits
fiscales y comerciales para pagar sus deudas externas, con los casos de
Argentina y Brasil cancelando “de un saque” lo que debían al FMI, y han también
contribuido al esfuerzo de guerra estadounidense enviando sus tropas a Haití.
Por ello a nadie pueden extrañar las declaraciones de Thomas Shannon, el
subsecretario estadounidense “para los Asuntos Hemisféricos”, quien afirmó la
semana pasada que “el populismo no es necesariamente malo” y que la elección de
gobernantes como Evo Morales “son el producto, principalmente, de la condiciones
políticas nacionales y reflejan lo que ha estado ocurriendo en cada país” [1].
El cambio de retórica del gobierno republicano (cuyos sucesivos embajadores en
Bolivia no vacilaron en denunciar a Morales como “narcotraficante”) obedece al
hecho que en la región hay grandes negocios (y negociados) en puerta y que los
yanquis no quieren que terminen todos en manos de los monopolios europeos,
empezando por el “mega gasoducto” de 8000 kilómetros de extensión que se
proponen impulsar Venezuela, Argentina y Brasil, y que requeriría inversiones
por 20 mil millones de dólares. La propia respuesta dada por Kirchner y Lula a
los planteos del gobierno “frenteamplista” uruguayo -uno de los que bate récords
en tomar medidas pro imperialistas- de negociar unilateralmente un Tratado de
Libre Comercio con EE.UU. [2]muestra que los choques que existieron con Bush en
la cumbre de Mar del Plata en torno al ALCA no expresan ninguna política
antimperialista sino un regateo en las condiciones de la sumisión a las
potencias imperialistas, posibilitado por el debilitamiento de la hegemonía
estadounidense, hoy acrecentada por el empantamiento en Irak. Y el propio
Kirchner ha dado nuevos gestos hacia Estados Unidos, buscando posicionar su
bloque con Brasil como el necesario “estabilizador” de la región [3].
* * *
En el caso de nuestro país, la política de Kirchner para el segundo período de
su presidencia amenaza no tener ningún cambio sustantivo respecto de la primera.
Ya divorciado de Duhalde y Lavagna ha mostrado defender los mismos intereses
económicos que cuando los tenía como socios: Repsol, Techint y un puñado de
grandes grupos capitalistas, con la burguesía no monopolista como socia menor,
siguen siendo los grandes beneficiarios de tres años de crecimiento al 9%,
mientras los salarios, planes jefes y jefas y jubilaciones continúan
“devaluados”. Con la “setentista” Miceli, mientras el FMI cobró la deuda de 10
mil millones de dólares, a los desocupados ni siquiera se les pagó el “aguinaldo
piquetero” de 75 pesos y el presupuesto estipula el congelamiento de los
salarios estatales para el 2006, pese a un superávit fiscal récord de 19.661
millones de pesos, que permitiría dar durante 65 años el subsidio de $150 a 2
millones de desocupados o cubrir cuatro veces el presupuesto de educación
destinado en 2005 [4]. Durante todo el último año los trabajadores
protagonizaron múltiples conflictos para recomponer sus salarios, triplicando
los que se realizaron en 2004. Según un estudio de la consultora Centro de
Estudios de Nueva Mayoría, en 2005 hubo 819 conflictos, un promedio mensual de
99 medidas de fuerza, mientras que el año anterior habían 249 casos. Es la cifra
más alta desde 1990. Y si no fueron más se debió a la política completamente
conciliadora de la burocracia sindical y a que para la casi mitad de
trabajadores que están “en negro”, cuyos salarios promedio apenas llegan a $
500, se les hace mucho más complicado salir a la lucha. Las propias patronales
han preferido en ocasiones ceder algo rápidamente para evitar que en las huelgas
vaya madurando un nuevo activismo. Con la inflación en aumento, que en 2005
también se triplicó respecto de 2004, la lucha salarial posiblemente se agudice
en 2006. Marzo sea quizás un mes testigo ya que tienen que renegociarse muchos
convenios. Mientras las patronales han renovado sus planteos al gobierno
condicionando la mantención de los precios a la contención de los salarios, para
los trabajadores se trata en cada lucha de superar los límites corporativos que
impone la burocracia sindical, unificar los reclamos y tomar decididamente las
reivindicaciones de los sectores precarizados, a quienes los sindicatos dejan
abandonados como hicieron ayer -y continúan haciendo hoy- con los desocupados.
* * *
A diferencia de lo ocurrido durante los ’90, cuando las filas de los
trabajadores disminuían aún en los años de crecimiento económico, la clase
obrera industrial se ha refortalecido estructuralmente en estos tres años.
Decenas de miles de jóvenes obreros y obreras están haciendo sus primeras
experiencias directas enfrentando la explotación capitalista. Otros miles
vuelven a las fábricas después de haber sido parte de los despedidos de la
década anterior. Y lo hacen en una situación donde el conjunto de los
trabajadores se muestra mucho menos tolerante ante la prepotencia patronal. En
estas condiciones, recomponiéndose de las duras derrotas sufridas, importantes
sectores de la clase obrera vienen haciendo un primer reconocimiento como clase.
Salvo en los casos de las grandes huelgas en el transporte o los servicios
públicos, los grandes medios de comunicación nada reflejan de lo que sucede en
el “mundo obrero” y aún en las investigaciones académicas sobre los “movimientos
sociales” los trabajadores ocupados están prácticamente ausentes. No olvidemos
que fue la propia CTA (¡una pretendida “central de trabajadores”!) la que se
encargó de difundir que el conflicto había pasado de la “fábrica al barrio”,
política inducida por los propios gobiernos para tener un mayor control social
mediante las redes clientelares. Nosotros apostamos a que lo que hoy estamos
viendo no sea más que un primer paso hacia el desarrollo de un nuevo movimiento
obrero clasista y revolucionario, que cuenta como punto de apoyo con las
experiencias más avanzadas de lo conquistado en el período anterior, como Zanon
y el Sindicato Ceramista neuquino, los cuerpos de delegados de Astilleros Río
Santiago y el Subte o direcciones combativas protagonistas de importantes
luchas, como los delegados de ATE del Hospital Garrahan. Un nuevo movimiento
obrero que, lejos de todo espíritu corporativo, deberá plantearse la tarea de
encabezar la alianza obrera y popular, sosteniendo juntos a sus demandas la del
conjunto de los sectores oprimidos.
* * *
Al calor del proceso de recomposición existente en la clase obrera, los
socialistas revolucionarios tenemos planteado en el próximo período aumentar
nuestra inserción e influencia entre los trabajadores. Este periódico, La Verdad
Obrera, se propone ser un factor activo en esta tarea, expresando las luchas y
experiencias en curso pero también planteando con claridad que mientras un
puñado de capitalistas nativos y extranjeros sigan dominando la economía
nacional no habrá salida favorable a los intereses de los trabajadores y el
pueblo oprimido. Compañero/a lector/a: acompáñenos en este desafío.
[1] Clarín, 19-01-06
[2] “No queremos ser gendarmes. Si a Uruguay le conviene un acuerdo de libre
comercio con EE.UU., que lo haga”, afirmó Kirchner.
[3] En la oficialista revista Debate se comenta que en los despachos
presidenciales se razona que “con el patio de atrás convulsionado por la
reafirmación de la tendencia progresista en Chile, la Argentina se encuentra en
el centro de la estrategia para América del Sur junto con Brasil” (“De
Washington al PJ”, Debate nº 149, 19-01-06).
[4] Clarin, 21-01-06.
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