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(IAR-Noticias) /
Jorge
Asis Digital
25-En-06

El deplorable sweater del
presidente Evo Morales se impone en realidad como una copia sin imaginación de
aquellos pulóveres con bandas horizontales que solía utilizar (el cantante
argentino) Johnny Tedesco por ejemplo para cantar "Coqueta" durante el primer
lustro de los sesenta.
Por Jorge Asís
Justamente fue en aquel Club del Clan
que (en la Argentina) superó la Cantina de la Guardia Nueva y que supo enterrar
casi definitivamente la melancolía de aquellas zambas de mi esperanza y
chacareras de los Huanca Huá que otros suelen evocar como folklore.
La cuestión que el Club del Clan fue una pandilla de chiquilines que justamente
tuvieron cierta ingenua vigencia hasta que se agotaron en la televisión de
blanco y negro.
Aunque ocurrió que avasallaron los
Beatles que enojaban tanto al Alemán Göttling por su decadencia del Submarino
Amarillo.
Los Beatles los pasaron por encima a los del Club del Clan para comerse hasta la
penúltima aceituna musical de las disquerías y desterrar para siempre en el
tango a aquel increíble Alemán Göttling.
Entonces aquel inconmovible Johnny Tedesco carecía para imponer sus pulóveres
del recurso sublime del indigenismo de alpaca que espanta a Vargas Llosa.
Tratábase en Tedesco de espeluznantes
pulóveres a rayas apenas útiles para imitar con suerte relativa a aquel Elvis
Presley que supo promover el Tata Yofre con el propósito de escandalizar a sus
tías con apellidos de avenidas que se disponían a desheredarlo.
Sabía acompañarlo al Johnny Tedesco en el Club del Clan una incierta Violeta
Rivas que ni siquiera soñaba con sentirse presentada por un greguerista
trastornado como una valiosa antecesora de Michelle Bachelet.
Téngase en cuenta que se encontraba también en el inicio del Club del Clan aquel
negro Raúl Lavié.
Lavié era entonces un tanguero negro abiertamente discriminado por su
multiplicada heterosexualidad y sólo podía equipararse visionariamente a la
racionalidad alcohólica de Lula.
En todo caso también hacia la
demencia fantásticamente extravertida de un Chávez que prefiere seguir los pasos
profesionales de Sergio Velazco Ferrero.
Mientras tanto a la abreviada envergadura de Kirchner tan solo le alcanza para
equipararse moralmente al Rocky Pontoni que después de tres éxitos se dispersó
en el anonimato.
O un Johnny Carel que jamás pudo
ingresar al Club del Clan.
Ni siquiera a aquel Lalo Fransen que
pudo convertirse en el precedente ambiental del Tabaré de la Media Medalla de la
Banda Oriental.
Significativo entonces es que el flamante Club del Clan latinoamericano se haya
congregado en Bolivia para la asunción del Evo Morales que se proyecta con la
coquetería del Johnny Tedesco de los 2000.
Un Evo Tedesco en definitiva
simultáneamente providencial que supo convertir con su exagerada ogredad a
Kirchner en un elemento de repente atractivo hasta para los Estados Unidos.
Inclusive hasta un inexpresivo
cantante del montón como Tommy Shanon (que nada conserva del Elvis Presley del
Tata Yofre) debió atreverse a la piadosa mentira utilitaria de afirmar que la
catastrófica cumbre de Mar del Plata se convirtió por cuestiones de magia en un
éxito diplomático.
La asunción del imprevisible Evo Tedesco de sospechosa soltería demuestra
taxativamente que Kirchner es un cantante de la garganta tallada de Rocky
Pontoni pero que ostenta la suerte del incomparable Palito Ortega.
Curiosamente la irrupción del Evo Tedesco favorece también a nuestro Rocky
Pontoni para que se le acerque Violeta Rivas.
Para colmo los riesgos inquietantes en el horizonte peruano del alarmante
Ollanta Humala sólo pueden reflejarse apenas en aquel Perico Pérez que
desentonaba con la "pollera colorá".
Por lo tanto entre el Evo Tedesco y
Perico Humala logran en conjunto que Michelle Bachelet no contenga otra
alternativa estratégica que quedar bien con el barbarismo del que canta con
prepotencia desde Buenos Aires.
Debe entonces Violeta Bachelet adaptarse a la condición de discípula de Lagos
que puede convertirse en la réplica de Chico Novarro.
Debe obstinarse en desprender de una
vez por todas a Chile del fervoroso entrenamiento de su preparación para las
copas de campeones en las grandes ligas mayores.
Para asumir en adelante la faena
ciertamente insalubre de atender por cuestiones de mantenimiento las menores
ligas con los países linderos que lamentablemente la limitan.
De todos modos el Evo Tedesco que fue
conflictivo en la campaña supo enviar delicadas señales suficientemente
conciliadoras hacia Violeta Bachelet y el Chico Lagos.
Señales para que Chico Novarro pueda
atreverse a desplazarse hacia La Paz y celebrar inclusive hasta los redituables
rayones tejidos del Evo Tedesco y anexarse en el marco latinoamericano de un
Club del Clan que sólo resiste en la memoria.
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