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(IAR-Noticias)
23-En-06
Con la autonomización de la economía y el debilitamiento de los
Estados-nación es ilusorio pensar que los presidentes elegidos sean quienes
tienen el mando del país. Quien decide los destinos reales del pueblo no es el
Presidente.
Por Leonardo Boff *
Él
es rehén del Ministro de Hacienda y del Presidente del Banco
Central que, a su vez, son rehenes del sistema
económico-financiero mundial, a cuya lógica se someten. Cuando
el Presidente Bush habla a la nación, seguramente mucha gente lo escucha.
Cuando habla el presidente de la
Reserva Federal (FED) toda la nación se para. Lo que él tenga que decir
significa la vida o la muerte de muchos empleos y el destino de empresas.
Los dueños del mundo están a la sombra de los bancos. Son los que controlan los
mercados financieros, las tasas de interés, las infovías de comunicación, las
tecnologías biogenéticas y las industrias de la información.
Inmensos consorcios privados actúan a nivel planetario. Sin preguntar a nadie y
sin ningún tipo de control dilapidan el patrimonio común de la humanidad en
beneficio propio. En pocos años deforestaron 800.000 hectáreas de las islas de
Borneo, Java, Sumatra y Sulawesi (Célebes).
Los incendios proyectaron una
humareda del tamaño de medio continente. Esos mismos grupos mancomunados con los
nuestros actúan ahora en la selva amazónica. Las leyes de protección ambiental
son inoperantes frente al ansia de conseguir dólares, vía exportación, para que
el país haga frente a los compromisos de la deuda externa e interna. El
agronegocio implica deforestar, liquidar la biodiversidad, homogeneizar la
producción en escala.
Esta lógica funciona en el sistema globalizado mundial, creando desigualdades y
devastaciones ecológicas allí donde se implanta. Para el 2010 se prevé que las
selvas hayan disminuido un 40%.
En el 2040 el aumento de los gases de
efecto invernadero puede provocar un calentamiento de 1ºC a 2ºC elevando el
nivel de las aguas oceánicas de 0,5 a 1,5 metros, afectando a millares de
ciudades costeras. Seis millones de hectáreas de tierras fértiles desaparecen al
año bajo el efecto de la desertización.
Enfermedades infecciosas de todo tipo viajan a la velocidad de los mercados. El
sida en África es una pandemia. La esperanza de vida del África subsahariana ha
disminuido 7 años, y en otros países como Uganda, Zimbabwe y Zambia ha
retrocedido diez años.
El año pasado la producción económica
de Kenia por causa del sida cayó un 14,5%. África es un continente abandonado a
su propia desgracia, que ni siquiera merece ser explotado. El Papa hace
discursos irresponsables.
Si hubiera un poco de humanidad y compasión entre los humanos bastaría con
retirar apenas un 4% de las 225 mayores fortunas del mundo para dar comida,
agua, salud y educación a toda la humanidad. Estos son datos de la ONU del 2004.
En cuanto a esto, todavía mueren de hambre 30 millones de personas y dos mil
millones están anémicas.
¿Tendremos tiempo para que la desintegración se muestre creativa? Una leve
esperanza se anuncia un poco en todas partes del mundo, en Seattle, en Génova,
en Porto Alegre y en los Foros Sociales Mundiales.
Ahí surge un anti-poder que pide una
nueva justicia planetaria, una tasación significativa de los capitales
especulativos, la introducción de una renta de existencia para todos los
habitantes de la Tierra (no para que subsistan sino simplemente porque existen),
la aplicación rigurosa de la ética de la precaución y del cuidado en las
cuestiones ambientales. Esperanzas. Que tengan la fuerza de la semilla.
* Koinonia
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