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ARGENTINA  

 

Pronto del neomontonerismo se hablará más que del neoliberalismo

 
 

(IAR-Noticias)  16-En-06

Por Jorge Asís (*)

Nominados

La pedestre mediocridad del neomontonerismo aún no estudiado de Kirchner mantiene la vigencia asegurada por varias décadas si sólo debiera inquietarse por la dimensión acotada de la lucidez de la derecha parlamentaria.
El exclusivo proyecto neomontonero de persistencia en el poder para cambiar definitivamente la Argentina puede desestructurarse apenas a partir del fondeo en la propia falsificación de su básica identidad prefabricada.
Al fin y al cabo la enorme playa del progresismo donde naufragó la izquierda resultó una eficaz manera de admitir la formidable captación de nostálgicos pequeños burgueses con retóricas reivindicaciones antimilitaristas.
Graves ensoñaciones de la izquierda a la que se le tira de vez en cuando el huesito de algún discurso aderezado con la promesa inmobiliaria de un Gran Museo.

Romanticismo en definitiva que sirve de fantástico colchón de amparo para la consumación de los cotidianos latrocinios de los audaces mercaderes.
De incandescentes tahúres que se incorporan a la festividad estruendosa del bolivarianismo indigenista.
Aunque en realidad conservan mayor relación con los atractivos retornos que suelen caracterizar el esplendor del capitalismo prebendario.

Para decirlo en inglés detrás de la fachada neomontonerista de la historia se asiste a las ceremonias explícitas de corrupción.
Téngase en cuenta que se elevan las carpetas relativas a la cantidad de nominados que encabeza con injusta unanimidad el superministro que mantiene la licencia jactanciosa para la chapa casi asumida de sospechado.

Precisamente Julito de Vido se encuentra inmerecidamente a la cabeza de la legión de los nominados aunque siempre seguido de baluartes formidables como el Señor de los Subsidios.
O con el Neolopecito que debió desplazar dolorosamente al nominado y filmado racinguista Galera de la calle Tucumán.
O con el nominado López más literario que tiene tanto que ver con el ritmo colorido de las tragaperras presidenciales.
Sin detenernos tampoco en exceso en la nominación del Morenito que tiene que encontrar asistentes más confiables para que no difundan abiertamente los desbarajustes institucionales.
O en el Uberti especialista en la sublime marroquinería del cuero de los peajes y con el nexo devidiano con el inflamado bolivarianista que lo necesita como empleado diplomático.
Si Chávez le brinda la exclusiva cobertura internacional al neomontonerismo que arrojó al cofre del olvido la condición de soldados de Perón para convertirse en valijas de Nerón.
Con sus carcajadas burlonas de oro negro Chávez le brinda al debilitado Kirchner la oportunidad de simular el aislamiento recíproco.
Kirchner está aislado en las argumentaciones de Zannini y se fragiliza en un juego tan intrascendente que ni siquiera el mancebo Evo Morales se digna a visitarlo.
El Evo lo saltea a Kirchner como si fuera incluso un Lagos más.
Lo que significa que la Argentina del neomontonerismo dejó la utopía de ser un país prioritario hasta para Bolivia.
Y la principal hipótesis de conflicto del neomontonerismo es con Uruguay.

Sapo del colapso

Probablemente la complacencia cómplice del mayoritario periodismo nacional tendrá muy pronto que digerir el desaire del sapo del colapso profesional.
Desde determinados medios adscriptos al fantasmagórico extranjero puede aparecer en detalle el registro sumario de los calamitosamente silenciados episodios domésticos de marroquinería.
Una estética despreciable de corrupción que protagonizan con incierta generosidad determinados funcionarios del gobierno neomontonerista.
Téngase en cuenta que se habla de una administración donde nadie se atreve a enchufar un ventilador sin el estricto conocimiento de Kirchner.

Robo para la corona

En todo caso el sapo del colapso profesional podrá ser entendido como una campaña de acción psicológica contra la legitimidad intelectual de Horacio Verbitsky.
Trátase del consagrado escritor noventista que supo ser fundamental con la gestación del "Robo para la corona".
Un cuadro de inteligencia con insaciable capacidad de acumulación informativa que de pronto atenuó el rigor de sus denuncias para confortarse con las paradas del neomontonerismo que oportunamente supo denigrarlo.
Y con el premio consuelo de la apasionada inspección relativa al ascenso hasta del penúltimo guardiamarina.

Lo peor es que la impuesta condición de suprainformado de Verbitsky ya no le permite siquiera el pretexto pueril del desconocimiento informativo.
Es escasa la elegancia intelectual que depara la sensibilidad selectiva en materia de escandaletes de marroquinería fina.

Así como se registran violadores honorables de los derechos humanos que no resultan condenables pueden también registrarse administraciones gubernamentales con bolsones de corrupción permitida.
La enaltecedora participación de profesionales progresistas entusiasmados con los huesitos puede ser garantía transitoria de impunidad.

Curiosamente Ernesto Tenembaum fue el único que supo registrar que Verbitsky le muestra los dientes al gobierno por primera vez.
Con respecto al vaciadero ruidosamente temático del Consejo de la Magistratura.
Una manera astuta de Tenembaum para anticiparse al sugerir que en cualquier momento Verbitsky puede distraerse del apasionamiento obsesivo por los tenientes coroneles para ocuparse de otros aspectos relativos a las transferencias, precarios bolsos y atachés, bóvedas empotradas en mansiones de las que no debe siquiera pensarse o enterradas en residencias protegidas de Río Gallegos.
Como la de don Lázaro.

Neomontonerismo

Del neomontonerismo se habla infinitamente menos que del neoliberalismo.

Según el teórico J. Gasparini con Kirchner los montoneros regresan por tercera vez.

Si Menem fue un adalid del neoliberalismo perfectamente puede suscribirse que Kirchner es el adalid del neomontonerismo.

Kirchner representa el regreso emblemático de la identidad de aquellos imberbes que cantaban.
De los imberbes que menoscaban sin matices a Firmenich con los incorporados argumentos de Martin Andersen en "Dossier secreto".
Imberbes que cantaban y montos preparados que tiraban de los que nostalgiosamente suele evocar el sobrio novelista y voluntarioso ensayista José Amorim en el recomendable opus "La buena historia".

Cuento judío

Conste que Firmenich solía quejarse cuando contaba que Perón los había convertido en los protagonistas victimizados del cuento judío de la escalera.
Trátase del cuento del hijo bueno que cree ser grande y del padre malo que lo deja abandonado arriba del ropero para después quitarle la escalera.
Por lo tanto el hoy denigrado Firmenich ya suponía que aquel superior Perón los había engañado como a chicos desobedientes de barrios carenciados.
Con el cuento judío de hacerlos subir al ropero para quitarles la maldita escalera y dejarlos a merced de la derrota.
La moraleja indica que en política no debe confiarse siquiera en el propio padre.

30 años después Duhalde asiste como víctima a la revancha del cuento judío de Perón.
El neomontonerismo de Kirchner acaba con la figura paterna pero mantiene el rigor de la moraleja.
Ni con bocanadas de opio puede admitirse la comparación de Duhalde con Perón.
La cuestión que el pobre Duhalde ponía a disposición de los imberbes un ascensor para subirlos hasta colocarlos al frente del comando de la Nación.
Entonces Kirchner invierte los tantos del cuento judío y se dedica a embaucar a la torpeza del llamado después Padrino.
Kirchner le quita la emblemática escalera a Duhalde para destinarlo al potrero del vacío.
Para depositarlo después en una bolsa de plástico negra junto a los residuos que suelen examinar con resignación desdeñosa aquellos tristes cartoneros de la política que ni siquiera se lo quieren llevar.
La moraleja indica que en política no se puede confiar ni en el hijo.

El entrismo al revés

Acaso Montoneros contenía implícitamente un objetivo inconfesable de derrota que Gillespie no alcanzó a tratar.
Es precisamente entonces la épica de aquella redituable derrota que posibilitó el fracaso político y militar lo que permite la mitificación de otorgar cierta legitimidad al neomontonerismo.

La cuestión que gracias a las distracciones culposas de Duhalde el neomontonerismo logró también revertir los valores de la descalificación.
Justamente hoy son los peronistas los que pasan a convertirse en los nuevos infiltrados de los dos mil que pretenden utilizar la estrategia del entrismo en el Frente de la Victoria.

Por lo tanto estremece grotescamente hasta la carcajada el hecho de contemplar a tantos peronistas desesperados con intenciones de contagiarse el empacho progresista y el objetivo de infiltrarse en la aceptación del Frente de la Victoria.
A los efectos de ser cordialmente aprobados por la franquicia del neomontonerismo que selecciona la calidad de la sangre de los infinitos postulantes que deciden olvidarse hasta de la marchita.

Aparte el neomontonerismo ya carece hasta de razones para recurrir a aquellos secuestros espectaculares como el de los hermanitos para hacerse de algunas decenas de millones que colmaron los tesoros de La Habana y de Praga.
Basta con manejar los recursos del Gorro Frigio de la Caja del Estado para imponer una Dictadura ostensiblemente menos emocionante que la del Proletariado.
Trátase de la keynesiana Dictadura de la Marroquinería Política.
Nadie entonces debe sorprenderse que el referente del neomontonerismo deje de ser el invalorable gordo John William Cooke o Rodolfo Walsh.
El referente del neomontonerismo en adelante es Louis Vuitton.
O meramente con la asistencia de Samsonite.

Después de todo sobran aún los panzones canosos conflictuados por los desajustes del colesterol que suelen emocionarse cuando Kirchner les pega cuatro gritos a los militares entregados.
O cuando Chávez lanza parrafadas contra el imperialismo teóricamente salvador al que le hace el juego con el desplazamiento de Castro.
Pobres progresistas que ni siquiera estimulan la intención de darse cuenta que al fin y al cabo pudieron convertirse en la cobertura de los negocios de la marroquinería.
Un estilo mezquinamente elitista que superó de lejos la democracia de la marroquinería ampliamente participativa del menemismo.

Para asistir en adelante al elitismo de la repartija privativa de los paladares negros que maltratan al resto del peronismo de la resistencia como si hubieran cometido el oscuro pecado de intentar combatirlos.
A los peronistas de la resistencia en todo caso les queda la impotencia del recurso de una contraofensiva desesperada para intentar la cuña del regreso.
Con resultados algo más optimistas que los de aquellos montoneros del 79 que fueron entregados al desangradero de frente y de perfil. 

(*) http://www.jorgeasisdigital.com/

 

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