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(IAR-Noticias)
16-En-06
Por estos días cuando se repiten las protestas por las
numerosas violaciones del Presidente Bush a su propia Ley de
Leyes y que son en resumen un recorte de las libertades
conquistadas palmo a palmo durante la ya larga vida democrática
de los Estados Unidos.
Por Mauricio Aira
(*)
Conviene establecer
un paralelo guardando las distancias, naturalmente entre Abraham Lincoln que estando en el gobierno como el presidente número 16,
fue asesinado de un tiro de revólver por un actor de fama
enceguecido ante la posibilidad de que los negros obtuvieran el
derecho a voto en igualdad con los blancos y el actual ocupante
de la Casa Blanca George Bush.
Para Lincoln que exclamó “del mismo modo que no sería un
esclavo, tampoco sería un amo. Esto expresa mi idea de la
democracia”, cuán diferente es Bush cuando a su vez proclama que
“los enemigos de los Estados Unidos, son mis enemigos y los que
no están conmigo están en mi contra”.
Si Lincoln dijo “hay
momentos en la vida de todo político, en que lo mejor que puede
hacer es no despegar los labios”, para Bush “toda ocasión es
buena para denunciar a los enemigos de dentro y de fuera,
recordándoles que aquí estamos nosotros”. Talvez por ello han
pasado 48 meses que Bush inauguró sus guerras en Afganistán e
Irak que están lejos de concluir y nunca como antes los Estados
Unidos son rechazados, malqueridos en muchos sitios y su
presidente de los más impopulares del mundo al igual que Sharon,
su colega israelí a quien admira “por su gran coraje”, el de
cometer asesinatos sin que le tiemble la mano.
El Papa actual siendo Cardenal Ratzinger tuvo una frase feliz
“cuando la política promete ser redención, promete demasiado.
Cuando pretende reemplazar a Dios, pasa a ser demoníaca”
refiriéndose quién sabe a ese grupo de iluminados que se
autotitulan salvadores de la humanidad como Hitler, Mussolini,
Stalin, Sharon, Pinochet, Bush, Tony Blair, olvidándose de la
sentencia de Winston Churchill “el político debe ser capaz de
predecir lo que va a pasar mañana; el mes próximo y el año que
viene y de explicar después porqué no ocurrió lo que predijo”,
las armas químicas, el poder de destrucción del Irak, su
relación con el terrorismo que están en el aire, sin haber sido
nunca probadas.
El 11 de septiembre costó casi tres mil vidas lo que inspiró a
Bush, la guerra inconclusa de Irak, donde ya han muerto 2250
norteamericanos y unos 500 más de sus aliados, y una cifra mayor
de 30 mil civiles iraquíes. En esta guerra los Estados Unidos
han traspasado los límites admisibles, son acusados de
torturadores, violadores de los derechos humanos, de no respetar
ni cumplir las convenciones respecto a prisioneros de guerra. (The
Miami Herald. 30.12.2005) “Los que niegan la libertad a los
demás no se la merecen ellos mismos” de nuevo Lincoln, a quién
Bush no parece conocer ni por el forro, ni su recomendación
sabia “deja que la virtud engalane tus pensamientos”, puesto que
las grandes manifestaciones por la paz y en contra de los
Estados Unidos están motivadas por esa carencia de virtud,
mientras que Lincoln es admirado y respetado por su honradez,
claridad de pensamiento, recta intención y espíritu de paz.
Contrario a la esclavitud, defensor de la unión Lincoln siendo
republicano como Bush cultivó las virtudes cívicas de decirle al
pueblo la verdad, de no mentir, de no asociarse con elementos
corruptos que están dañando para siempre su reputación y serán
la causa de su condenación histórica. Lincoln fue además de
claro y creativo, humilde, aprendió y pudo “demostrar al mundo
que aún en las peores circunstancias, aun en medio de una
guerra, no hay ninguna razón para limitar el derecho a las
libertades de los ciudadanos”.
Pero Bush no es
Lincoln, ni tiene nada que se le parezca, por ello ha hecho a
los mismos norteamericanos víctimas de esas políticas. Primero
los extranjeros que viven en Estados Unidos son considerados
ciudadanos de segunda, y luego todos los nacidos y crecidos allí
han visto violados y limitados sus más caros derechos y
libertades. Sus conversaciones telefónicas o su correspondencia
ya no son privadas, son espiados. Su prensa, de la que los
norteamericanos se sentían orgullosos, sufre hostigamiento y
asfixia y lo que es inaudito sus diputados y senadores han
llegado al colmo de discutir sobre la legalidad de la tortura.
Lo peor de todo es
que en lugar de buscar la paz y sosegar sus ímpetus guerreristas,
todo parece indicar que prepara la agresión contra un tercer
país, prefiriendo una guerra practicada a distancia, provocando
una hecatombe apocalíptica lanzada desde el aire y miles de
aviones bombardeando poblados y despoblados, provocando todavía
mayor número de víctimas inocentes, incubando nuevos y crueles
actos de terror, en suma la consumación de la visión de Dante, y
los infiernos que vienen del aire.
Un piadoso sacerdote
aseguraba, “es como el desatarse del Juicio Final, esta vez
comandado por Bush, un hombre puesto al mando por esos
incomprensibles designios donde lo satánico tiene tanto que
ver”. Qué lejos en verdad de la señera figura de aquel sabio,
templado y cuerdo caballero que fue Abraham Lincoln.
(*) mauricio.aira@comhem.se
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