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(IAR-Noticias)
11-En-06

Cuando faltan 11 días para asumir el gobierno de
Bolivia, a Evo Morales ya se le presenta la disyuntiva de seguir con el libreto estatista que lo llevó a ganar las elecciones con 53,4 por ciento de los votos o
adoptar una política flexible con el influyente capital extranjero.
Por Franz Chávez - IPS
Ahora es cuestión de lidiar con intereses concretos y así lo ha comprobado el
dirigente de los cultivadores de hoja de coca y líder del Movimiento al
Socialismo (MAS) en su agitada y apresurada gira en curso por Cuba, Venezuela,
España, Holanda, Bélgica, Francia, China y Sudáfrica, que culminará con la
visita a dos vecinos especiales, como son Brasil y Argentina.
Morales ya afrontó el juego de los gobiernos europeos respecto de las empresas
petroleras de ese origen que operan en Bolivia.
Así ocurrió en las reuniones con el socialista José Luis Rodríguez Zapatero, el
jefe del gobierno español que abogó por Repsol-YPF, con el comisario de Política
Exterior y Seguridad Común de la Unión Europea, Javier Solana, interesado en el
futuro de la inversión privada de ese bloque como la de British Petroleum, y con
el canciller holandés, Bernard Bot, preocupado por Shell.
Las empresas petroleras extranjeras aseguran haber invertido unos 3.500 millones
de dólares desde 1996 en Bolivia, cuando este país privatizó su producción de
hidrocarburos mediante la fórmula de capitalización que representó una
transferencia gradual de la propiedad estatal a inversores.
El gobierno de Carlos Mesa, de octubre de 2003 a junio de 2005, se negó a
nacionalizar las concesiones petroleras, como lo reclamaba el movimiento popular
que derrocó a su antecesor, Gonzalo Sánchez de Lozada, porque una compensación
demandaría, según argumentó, el pago de unos 8.000 millones de dólares, que
equivalen al actual producto interno bruto del país.
No es una casualidad que Morales sea objeto en estos días de privilegiadas
atenciones y recepciones en el exterior, en general reservadas a mandatarios en
ejercicio.
Es que su victoria absoluta en las elecciones del 18 de diciembre, que lo pondrá
en la casa de gobierno situada en La Paz sin necesidad de una segunda vuelta en
el Congreso legislativo, repercutió en los países con intereses económicos en
Bolivia y que rápidamente se preocuparon por conocer los alcances de sus
propuestas de corte izquierdista y de reivindicación indigenista.
Las primeras dos visitas, a los presidentes Fidel Castro, de Cuba, y Hugo
Chávez, de Venezuela, pautaron la adhesión del futuro mandatario del país más
pobre de América del Sur a una corriente abiertamente contraria a la estrategia
externa de Estados Unidos.
El embajador de Washington en La Paz, David Greenlee, apresuró un encuentro con
Morales cuando aún se celebraba la llegada del año nuevo y a pocas horas de que
éste iniciara su extensa gira.
El cambio fue radical en la postura de la representación diplomática de Estados
Unidos, que mantenía considerable distancia de Morales y a quien se le negó, al
menos en una oportunidad, la visa de entrada a ese país.
A su vez, lejos de su posición radical de los tiempos de campaña electoral,
Morales reiteró un mensaje de confianza durante sus encuentros con los líderes
europeos.
"No vamos a nacionalizar la tecnología o los bienes de las (firmas)
transnacionales, pero tenemos todo el derecho histórico y moral de ejercer el
derecho de propiedad de los hidrocarburos", puntualizó Morales ante los
periodistas en sus visitas a Europa.
Pero en La Paz, muchas de las voces que respaldaron su candidatura ahora
reclaman el cumplimiento de la principal promesa, que fue la nacionalización de
los hidrocarburos, la causa fundamental que definió la caída de los presidentes
Sánchez de Lozada, en octubre de 2003, y Mesa, en junio de 2005.
Desde una posición intransigente, el secretario ejecutivo de la única Central
Obrera Boliviana, Jaime Solares, dijo a IPS que Morales debe cumplir su promesa
de "nacionalización inteligente", bajo el paraguas del "capitalismo andino"
postulado por el MAS.
Una renuncia a la "confiscación y ocupación militar" de los campos petroleros
representaría una virtual traición a los sectores que respaldaron su candidatura
con esa condición, sin que medie el pago de compensaciones a las empresas
transnacionales, explicó el líder sindical.
Sánchez de Lozada huyó del país ante el avance de la rebelión popular, en la
llamada "guerra del gas", a la que reprimió con el ejército y la policía,
dejando un saldo de 67 personas muertas. Tras su renuncia, el Congreso designó
al entonces vicepresidente Mesa para reemplazarlo.
Pero Mesa mostró debilidad política al momento de aplicar la nueva legislación,
surgida de las protestas y que establecía el incremento de las contribuciones
por impuestos de las firmas petroleras. De esa frustración gubernamental nació
la corriente popular de reclamo de nacionalización de los hidrocarburos, una
demanda que recogió el MAS como bandera electoral.
Durante esta primera gira como mandatario electo, Morales ratificó su respeto a
los inversionistas privados y advirtió que el peso de la ley caerá contra las
compañías involucradas en contrabando de hidrocarburos.
A su regreso a América del Sur, Morales visitará el 15 de este mes al presidente
de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, y dos días después a su par de Argentina,
Néstor Kirchner, los tres afines ideológicamente.
Sin embargo, el gobierno de Lula dirige los destinos de la empresa estatal
Petrobras, la principal compañía que controla en Bolivia desde campos gasíferos,
refinerías, gasoductos y la exportación del combustible a su propio mercado.
Luego, Morales llegará a Buenos Aires para pedirle a Kirchner revisar los
precios del gas que Argentina paga a Bolivia a un valor llamado "solidario",
establecido por Mesa ante la emergencia energética del vecino país del sur.
El precio promedio de esta exportación boliviana a Argentina es de 3,18 dólares
por millar de Unidades Térmicas Británicas (BTU, por su sigla en inglés), muy
distante de las cotizaciones que bordean los 11 dólares en Estados Unidos,
México y Europa .
El vicepresidente electo boliviano, Alvaro García, declaró a medios argentinos
que guarda esperanza de una nivelación de precios.
Argentina también es otro de los países que aporta inversiones a los yacimientos
petroleros del sur boliviano, a través de la asociación de la firma privada
argentina YPF a la española Repsol.
En tanto, la visita a China es interpretada por los analistas como una gestión
de Morales para abrir un mercado con gran demanda de materias prima, como la
soja y los minerales, a cambio de una política abierta a los capitales de ese
país asiático en el sector energético.
Grupos de inversionistas chinos han llegado a Bolivia en los últimos meses para
realizar gestiones, aún sin éxito, de inversión en la industria petrolera y en
particular en la explotación de gas natural, del cual Bolivia es poseedor de la
segunda reserva más importante de América del Sur después de Venezuela, con 53
trillones de pies cúbicos estimados.
En el otro extremo de la balanza, el mandatario electo ha recibido promesas de
ayuda, como el canje de deuda bilateral con España, de 120 millones de dólares,
acompañada de una donación por unos 22 millones de dólares destinados a
programas de salud.
Las expresiones de solidaridad representarán un alivio a una empobrecida
economía sujeta anualmente a donaciones por una suma que oscila entre 250
millones de dólares y 400 millones, según datos del Ministerio de Hacienda.
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