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(IAR-Noticias)
11-En-06

Casi una semana después del
infarto cerebral masivo que dejó fuera de la política al
primer ministro de Israel, Ariel Sharon, en Estados Unidos
crecen la preocupación y el pesimismo sobre el futuro del
proceso de paz en Medio Oriente.
Por Jim Lobe - IPS
El gobierno de George W. Bush, quien admira al ex general y
le ofreció un fuerte respaldo a su campaña contra la segunda
intifada (insurrección popular palestina contra la
ocupación) y a su plan de repliegue de Gaza, no había
ocultado esperanzas de que el nuevo partido de Sharon, el
centrista Kadima, formado tras su abandono del derechista
Likud, ganara las elecciones del 28 de marzo.
Una victoria del partido de Sharon le hubiera dado
suficiente poder para desmantelar asentamientos judíos en
Cisjordania, fortaleciendo el llamado "plan de
desvinculación" de los territorios ocupados, que por lo
menos logró aplacar la impaciencia de los países árabes y de
la Unión Europea sobre el siempre estancado proceso de paz
palestino-israelí.
Aunque Kadima todavía puede ganar, es poco probable que
tenga la misma fuerza que hubiera adquirido con Sharon
encabezando las listas.
Los temores de que el partido, con menos de dos meses de
creado, pueda desintegrarse sin la presencia unificadora de
Sharon se disiparon en la última semana ante el surgimiento
de su sucesor, el viceprimer ministro Ehud Olmert.
Sin embargo, aún no está claro si el nuevo líder tendrá la
estatura para tomar las polémicas decisiones por las que
Sharon se caracterizó durante su carrera militar y política.
El primer ministro, que no podrá volver a la actividad
política tras el daño causado por una hemorragia cerebral
que lo mantiene hospitalizado e inconsciente, ganó
notoriedad como ministro de Defensa, cuando ordenó en 1982
una invasión a Líbano aprovechada por milicianos cristianos
libaneses para matar a cientos de palestinos en los
campamentos de refugiados de Sabra y Chatila, en las afueras
de Beirut.
En los años 80 y 90, Sharon fue uno de los principales
impulsores de la construcción de asentamientos judíos en
Gaza y Cisjordania, lo que agravó los enfrentamientos con
los palestinos.
En 2000, su visita al sitio sagrado musulmán Haram al-Sharif
(o Monte del Templo, para los israelíes), en Jerusalén,
desató la ira de los árabes y desencadenó la segunda
intifada palestina. Al año siguiente, Sharon triunfó en las
elecciones de Israel.
Ahora, su sorpresivo retiro revive las posibilidades del
líder del Likud, Benjamin Netanyahu, de recuperar el cargo
de primer ministro, sobre todo si antes de los comicios se
produce algún ataque palestino o si el Movimiento de
Resistencia Islámica (Hamas) derrota al partido Al Fatah en
las elecciones de la Autoridad Nacional Palestina (ANP)
previstas para fines de este mes.
"Creo que Olmert ganará. Pero si se produce una mayor
crisis, sobre todo de seguridad, eso podría cambiar. El
único beneficiado sería Netanyahu y el Likud", sostuvo el
jefe de la corresponsalía en Washington del diario israelí
Ha'aretz, Shmuel Rosner, durante una conferencia en el
conservador Instituto Hudson de la capital estadounidense.
Netanyahu (1996-1999), quien se opuso al retiro de Gaza y
seguramente se resistirá al desmantelamiento de los
asentamientos judíos en Cisjordania, afirmó que Israel no
debe hacer más "concesiones" unilaterales hasta que el
presidente de la ANP, Mahmoud Abbas, desarme a
organizaciones radicales como Hamas.
La mayoría de los analistas en Washington coinciden en que
Abbas, quien cree en la necesidad de llevar a Hamas al
terreno político antes de desarmarlo, no tiene la capacidad
ni la voluntad de lograr un sometimiento militar de esa
organización sin provocar una guerra civil.
Los candidatos de Hamas arrasaron en las elecciones
municipales del mes pasado en varias ciudades de
Cisjordania, y las encuestas indican que podrían ganar 40
por ciento o más de los votos en los comicios parlamentarios
del 25 de este mes.
A diferencia de Al Fatah, principal facción de la
Organización para la Liberación de Palestina (OLP), Hamas
nunca reconoció el derecho de Israel a existir. Por eso, un
triunfo del movimiento socavaría la poca confianza que los
israelíes comienzan a tener en el "socio palestino" en el
proceso de paz.
Eso beneficiaría a Netanyahu y al Likud, aunque también
agravaría las tensiones entre Israel e Irán, cuyo
presidente, Mahmoud Ahmedinejad, hizo provocativas
declaraciones contra los israelíes en los últimos meses.
Ahmedinejad afirmó en un encuentro antisionista que Israel
debía ser "borrado del mapa", luego sostuvo que el
holocausto judío a manos de los nazis fue un mito, y días
atrás dijo desear que Sharon "se una a sus ancestros".
Las agencias de inteligencia israelíes alertan que a fines
de marzo, Irán pasará una frontera sin retorno en su camino
para desarrollar tecnología nuclear para construir armas, a
pesar de que Teherán asegura que sus planes son pacíficos.
Se espera que el programa nuclear iraní esté al tope de la
agenda en el "diálogo estratégico" que mantendrán
funcionarios de Estados Unidos e Israel en Tel Aviv a fines
de esta semana.
Netanyahu llamó días atrás al gobierno de Israel a realizar
ataques preventivos contra supuestos sitios nucleares
enemigos, como en 1982, cuando bombardeó el reactor atómico
iraquí de Osirak, construido por el régimen de Saddam
Hussein (1979-2003).
"La decisión de atacar a Irán sería mucho más importante que
lo que suceda con los palestinos", sostuvo Rosner.
Ante todo esto, crece el pesimismo en Estados Unidos.
"Cuando un líder moderado de Israel desaparece de la vida
política, y un líder moderado es ineficaz en el lado
palestino, creo que los extremistas en la región respiran
con alivio y dicen: 'Ésta es nuestra oportunidad'", sostuvo
el director del Centro Saban para Políticas de Medio
Oriente, Martin Indyk, del Instituto Brooking.
"No son buenas noticias, no sólo para Israel, sino para
todos los que quieren ver una solución a este conflicto",
añadió el experto, ex embajador de Estados Unidos en Israel
durante el gobierno de Bill Clinton (1993-2001).
Con él coincidió Richard Haass, presidente del independiente
Council on Foreign Relations (Consejo sobre Relaciones
Exteriores), con sede en Nueva York.
Haass, consejero en asuntos de Medio Oriente durante la
administración de George Bush padre(1989-1993), sostuvo que
ni los palestinos ni los israelíes cuentan hoy con líderes
"que tengan la voluntad y la capacidad de hacer compromisos
a favor de la paz".
"¿Qué puede hacer Estados Unidos si ya no se da el lujo de
ver un proceso de desvinculación de Gaza liderado por
Israel? Hoy no hay posibilidades de volver a un proceso de
paz tradicional, negociado con las dos partes", afirmó.
Estados Unidos descansaba en Sharon, y ahora deberá volver a
involucrarse. "Esto tendrá implicaciones en los esfuerzos de
Washington para promover reformas en el mundo árabe, así
como en su capacidad de combatir el terrorismo y
relacionarse con Europa", añadió.
Pero no todos son pesimistas en Estados Unidos. El director
ejecutivo del Israel Policy Forum (Foro de Políticas de
Israel), Jonathan Jacoby, cree que Olmert "es la persona
ideal para este momento de la historia israelí, pues tiene
experiencia y es extremadamente pragmático".
Aunque comenzó su carrera política como un acérrimo miembro
de la línea dura del Likud, el apoyo de Olmert al retiro
israelí de los territorios palestinos y al Plan de Paz de
Ginebra es anterior que el de Sharon, destacó Jacoby
El Plan de Ginebra, de diciembre de 2003, fue un esfuerzo
extraoficial de políticos, académicos y miembros de la
sociedad civil de ambos lados del conflicto. Prevé dos
estados en coexistencia. Israel mantendría sus fronteras
anteriores a junio de 1967, cuando invadió Jerusalén
oriental, Gaza y Cisjordania, y aceptaría la creación del
estado palestino.
Con el respaldo de ex altos mandos de seguridad, en especial
de Shaul Mofaz, ex ministro de Defensa, y de Avi Dichter, ex
director del servicio de seguridad interior Shin Beth,
Olmert podría ganar tantos votantes como el propio Sharon,
sostuvo el analista.
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