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(IAR-Noticias)
07-En-07

"Gane quien gane las elecciones, el proceso de campaña electoral ya
aumentó la división sectaria de Irak. La capacidad social del país sigue
estando brutalmente fragmentada tras doce años de inmisericordes sanciones
económicas, bombardeos incesantes, invasión y ocupación militar.
Por Phyllis Bennis y Eric Leaver
(*)
IPS / CSCAweb
Es comprensible que
ahora se esté dando un escenario que favorezca un retroceso de la tradicional
identidad secular nacional del país a favor de asociaciones menores: religiosas,
étnicas, tribales, clánicas o familiares".
El presidente Bush hizo algo bien cuando afirmaba en marzo de 2005 que "todas
las fuerzas militares y personal de inteligencia (extranjeros) deberían
retirarse antes de las elecciones para que éstas sean libres y justas".
Se refería a las
tropas sirias en Líbano; la misma demanda podría formularse sobre las tropas de
EEUU en Irak. Las elecciones, a menudo son destacados índices e instrumentos de
la democracia, pero las que se celebran bajo ocupación militar extranjera no
son legítimas.
No importa la combinación de fuerzas políticas que afirme "vencer" en los
comicios del 15 de diciembre; el resultado incrementará de todas formas el nivel
del sectarismo en Irak.
El resultado de las votaciones resulta irrelevante para la obligación que EEUU
tiene con la retirada de sus tropas y el fin de la ocupación -incluyendo a todas
las fuerzas de la "coalición" y a los mercenarios- , la evacuación de todas sus
bases en Irak, el abandono de toda aspiración sobre el control del crudo iraquí,
y el final de la privatización, entre otras leyes impuestas por la ocupación.
Las voces oficiales árabes, incluyendo las de gobiernos dependientes o aliados
de EEUU, así como la de la mayoría de facciones del gobierno interino iraquí,
tal y como se puso de manifiesto en la reciente declaración de El Cairo, han
comenzado a cambiar la dinámica regional, pidiendo se establezca un calendario
para finalizar la ocupación de EEUU y la "coalición".
La ilegitimidad de unas elecciones realizadas bajo ocupación militar no es algo
nuevo. En nuestro análisis de hace un año en relación a las elecciones en Iraq
de enero de 2005 afirmábamos que "como estaba previsto, las elecciones en Irak
están diseñadas para procurar un barniz de credibilidad y legitimidad a la
permanencia del control de EEUU sobre Irak mediante la elección de un
gobierno amigo de EEUU que dará la bienvenida a las bases militares de
estadounidenses en el país, y mediante la formulación de una constitución guiada
por EEUU...
"Tal escenario sigue
prácticamente igual que entonces, a pesar de que hoy se de un espectro mayor de
fuerzas políticas iraquíes que se movilicen y participen en las elecciones, y en
especial la participación sunní.
Así mismo, también resaltamos hace un año que las "poderosas operaciones
políticas de EEUU en Irak están destinadas a influenciar en el resultado de las
elecciones. Sea cual sea la cantidad de dinero que esté entrando en Irak desde
Irán u otros centros regionales, lo que está claro es que (a pesar de los
desmentidos oficiales de Washington) la capacidad financiera y política
estadounidense para comprar influencia política es bastante mayor.
Tanto el Instituto
Democrático Nacional (IDN) como el Instituto Republicano Internacional (IRI)
mantienen grandes campañas para ayudar en "formación" y "capacidad de
construcción" a varios partidos iraquíes; abiertos a cualquier partido,
favoreciendo a los que estén dispuestos a mantener una estrecha relación con
EEUU y a los que estén por situar la economía iraquí en la senda de la
privatización y la globalización.
La Agencia
Internacional Estadounidense para el Desarrollo Internacional ha destinado 80
millones de dólares para estas y otras organizaciones, muchas de ellas
trabajando en su momento bajo el auspicio del Organismo Nacional para la
Democracia (OND, una entidad nacida de la lógica de la guerra fría), para
"asistir" a los partidos políticos iraquíes en la carrera electoral.
El resultado será,
casi seguro, la elección de
muchos partidos,
tendencias y candidatos, fuertemente comprometidos, o al menos abiertos a
participar de un trayectoria política, militar y económica cuyo eje sean los
EEUU."
Seymour Hersh confirmó estos datos sobre la intervención de EEUU en las
elecciones de enero en un artículo de julio de 2005 en The New Yorker. Su
artículo desveló que el presidente Bush había autorizado planes secretos durante
el último año para apoyar las campañas electorales de iraquíes con vínculos a la
Casa Blanca, en especial Iyad Alaui, que había sido instalado como primer
ministro iraquí por EEUU en 2004, y que previamente había trabajado muy
estrechamente con la CIA.
La misma dinámica se
está dando hoy, con el IDN, el IRI y el OND ofreciendo "asistencia" electoral y
conservando a Alaui como su candidato preferido.
La reciente mayor atención de los media británicos y norteamericanos sobre la
campaña de Alaui refleja un mayor esfuerzo de EEUU para asegurar, por los medios
necesarios, su victoria electoral.
Los media
occidentales se están centrando en el aparente secularismo y "profesionalidad"
de la propia campaña de Alaui, que exhibe carteles y anuncios televisivos al
estilo electoral norteamericano, así como en la actual tendencia mostrada
por encuestas en Iraq que parecen exigir un "líder fuerte".
Todo ello es una
muestra del esfuerzo por cubrir algunas de las debilidades de la campaña
electoral de Alaui, incluyendo la acusación de que el propio Alaui disparó a
seis detenidos maniatados en el patio de una prisión gestionada por EEUU durante
los primeros meses de la ocupación, o su apoyo a la reconstitución de la cúpula
baasista militar como medio de fortalecer la política.
En los días previos a
estas elecciones, las encuestas atribuían a Alaui un 20% de los votos... lo que
significa que Alaui podría convertirse en la clave para las negociaciones
entre los partidos dominados por shiíes y kurdos, que no alcanzarían la
mayoría necesaría de 2/3 del parlamento.
Gane quien gane las elecciones, el proceso de campaña electoral ya está
aumentando la división sectaria de Iraq. La capacidad social del país sigue
estando brutalmente fragmentada tras doce años de inmisericordes sanciones
económicas, bombardeos incesantes, invasión y ocupación militar. Es comprensible
que ahora se esté dando un escenario que favorezca un retroceso de la
tradicional identidad secular nacional del país a favor de asociaciones menores:
religiosas, étnicas, tribales, clánicas o familiares.
El surgimiento de una nueva serie de partidos políticos basados sobre todo en la
identidad étnica o religiosa continúa fortaleciendo la fragmentación de la
identidad nacional iraquí.
El abrazo de
Washington sin ambages hacia los partidos "shiíes" y "kurdos" ( que no por
coincidencia se radican en las zonas petrolíferas más ricas del país), combinado
con sus patéticos esfuerzos por ganar algo de legitimidad y minar a la
Resistencia convenciendo a líderes sunníes para que se unan al proceso político,
siguen en esta línea de agotar la identidad nacional iraquí y la capacidad
nacional a favor de subgrupos étnicos y religiosos.
Desde el principio de
la ocupación, los esfuerzos de EEUU se concentran consistentemente en la
división de Iraq y de los iraquíes según filiaciones étnicas y religiosas,
destinadas a sabotear la identidad nacional iraquí primaria.
Mientras las elecciones se desarrollan en Irak, la oposición política a la
ocupación y la demanda de traer las tropas de vuelta a casa están en pleno auge
en EEUU, de forma aún más visible tras los últimos acontecimientos en el
Congreso. John Murtha, congresista y decidido defensor de la guerra, realizó una
sorpresiva petición para que las tropas volvieran en seis meses, aunque defiende
una "presencia en el horizonte" de fuerzas de EEUU repartidas en la costa
de Irak y Kuwait; esta propuesta es el exponente más claro del ir y venir de
alianzas en el Congreso.
La tarea de los
activistas contra la guerra es seguir presionando a las fuerzas afines en el
congreso para que mantengan su postura, así como la creciente presión sobre los
demócratas que todavía permanecen reluctantes, para que al menos sigan la
demanda pública por el fin de la guerra.
Los activistas estadounidenses e internacionales contra la guerra deberían irse
preparando para una serie de retiradas de tropa significativas, inmediatamente
después de las elecciones.
En Enero de 2006,
probablemente lo harán unos 20.000 efectivos, y otros 25.000 o 30.000 más tarde
en primavera, todas ellas irremediablemente acompañads de una escandalosa
fanfarria mediática. Esto NO constituirá un fin de la ocupación.
Finalizar la
ocupación significa traer de vuelta TODAS las tropas destinadas en todo Irak,
retirar a todos los mercenarios (llamados eufemísticamente "contratistas
militares"), renunciar explícitamente a todo intento de controlar el crudo
iraquí, e invalidar todas las leyes (especialmente las que privatizan la
economía de Irak y ponen la riqueza nacional petrolífera iraquí en manos de
corporaciones privadas) impuestas por las autoridades de la ocupación.
Sólo tras
cumplimentar todo esto podremos comenzar un proceso que gestione adecuadamente
las obligaciones pendientes de EEUu con el pueblo de Iraq: compensación por los
años de sanciones, reparaciones por la devastación de la guerra, cancelación de
la insultante deduda, apoyo (y no control) en la asistencia para la
reconstrucción y la pacificación, y asistencia real en la regeneración que
precisan los iraquíes cuando sean ellos quien regeneren el país por sí solos.
Las falsas declaraciones de Bush sobre "traer la democracia a Irak" no
deben ser el requisito previo para acabar con la ocupación y traer a las tropas
de vuelta. La invasión y la ocupación fueron y siguen siendo ilegales, y es
nuestra obligación luchar porque acaben ahora.
(*)Título original: Elecciones
iraquíes : "Libres y justas"
IPS / CSCAweb
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