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(IAR-Noticias)
07-En-06

El presidente de Irán Mahmud
Ahmadineyad sigue insistiendo en que el Holocausto es un mito creado por los
europeos. Al principio se refirió a ello en la Cumbre de la Organización de la
Conferencia Islámica en Meca, a lo que siguieron la discusión de lo dicho, las
puntualizaciones, etc.
Por Mariana Béleñkaya
- RIA Novosti
En cuanto a las puntualizaciones, los últimos días todas las declaraciones
altisonantes de Ahmadineyad al respecto están llamadas, según afirma la parte
iraní, a defender los derechos del pueblo palestino. De esta manera, el
mandatario iraní intenta presentarse como un nuevo líder del mundo islámico. ¿Le
seguirá este mundo? ¿Si son compartidas sus ideas por los musulmanes? Parece que
sí, lo que es de lamentar. Entre aquellos que condenaron las recientes
manifestaciones de Ahmadineyad no figura ningún eminente dignatario oficial del
mundo musulmán. Por lo menos, si alguien las objetaba, los amplios medios
sociales no lo saben.
¿A qué se deberá la aprobación tácita de la postura adoptada por el presidente
iraní? Está claro que defender los derechos de los palestinos es cuestión de
honor de cada musulmán. Pero procede señalar que, de hecho, ninguno de los demás
países cuestiona los derechos de los palestinos de tener su Estado propio y
llevar una existencia digna. Pero todo depende de la manera de salvaguardar esos
derechos. Las opiniones divergen precisamente en torno al problema palestino.
¿Hasta dónde llega la tolerancia? ¿Será admisible hacer manifestaciones análogas
a las hechas por el mandatario iraní, es decir, poner en duda el hecho de la
liquidación de judíos por Hitler, habiendo propuesto, además, entregar parte de
la tierra europea a Israel?
En realidad, el problema palestino, mejor dicho, el conflicto palestino-israelí,
es no sólo la fuente de desestabilización en el Próximo Oriente, sino también la
base del actual conflicto de las civilizaciones. Las opiniones divergen
precisamente en torno al problema palestino: qué es el terrorismo, si será
admisible (y en qué formas) la resistencia de los palestinos. En esta guerra
propagandística fusilan moralmente a los tránsfugas y no perdonan la
neutralidad.
Durante mucho tiempo el mundo islámico no podía reconciliarse con la existencia
de Israel. Tal es la causa, precisamente de que muchos árabes ponían en duda el
hecho del Holocausto. Pero Ahmadineyad utiliza un argumento muy viejo que, al
parecer, debía ser relegado al pasado.
En efecto, el Holocausto precisamente, el reconocimiento por Europa, EE.UU. y la
URSS de la tragedia del pueblo hebreo, persuadió definitivamente de la necesidad
de crear el Estado de Israel. También a estas alturas el Holocausto determina en
muchos aspectos la política del Israel contemporáneo. Pero el hecho de la
existencia de Israel no puede provenir del Holocausto. Israel, como cualquier
otro país, es miembro de la ONU y, en general, no ha de justificar el hecho de
su existencia.
La soberanía de los miembros de la ONU es una realidad histórica, y quien no
quiere admitirla o aparenta que no lo quiere, se dedica francamente a los juegos
políticos muy peligrosos.
A este respecto es importante la enseñanza de 1947, año en que la ONU tomó la
decisión de crear dos Estados: árabe y judío, en el territorio de Palestina en
fideocomiso de la Gran Bretaña. Entonces los palestinos devinieron rehenes de
las ideas del mundo árabe de que la resolución de la ONU respecto al Estado
judío podía ser cambiada y que, en lugar de una parte, ese mundo podía hacerse
con todo. En esencia, este desacuerdo con la ONU devino una causante del
interminable conflicto en el Próximo Oriente. Ahora los palestinos y muchos
países árabes que reconocieron el hecho de la existencia de Israel, se portan de
manera distinta. Sin embargo, les falta decisión de condenar a Ahmadineyad.
En ello radica un problema más. Los cacareados “dobles estándares de Occidente”
son resultado de que sus palabras encuentran resonancia entre determinados
grupos poblacionales del mundo islámico. Ellos precisamente sirven de terreno
abonado para las declaraciones semejantes a las hechas por Ahmadineyad. Las
principales y predilectas tesis propagandísticas del mandatario iraní no se
refieren al Holocausto (a este respecto observamos un caso especial de su
retórica), sino al hecho de por qué a unos se les permite todo y a otros nada.
En este caso concreto - por qué Israel puede desarrollar los programas
nucleares, mientras que Irán no lo puede, etc. Lo dicho por Ahmadineyad es
continuación de la añosa disputa sobre el terrorismo: por qué la explosión de
una bomba en una ciudad israelí, europea, rusa o norteamericana significa
terrorismo y es reprobada, mientras que la muerte de habitantes civiles en medio
de las operaciones militares se presenta bajo la consigna de que “la guerra,
especialmente la guerra contra el terrorismo, lo justificará todo”. No será así.
Simplemente los políticos lo pasan en silencio. Por lo común, sus cuentas corren
a cargo de los inocentes a ambos lados de la quiebra de la civilización. Sea
como fuere, los juegos políticos en desgracia humana, como es la negación del
Holocausto, no pueden ser justificados de ninguna manera. Tanto como no puede
ser justificado ningún asalto terrorista.
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