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(IAR-Noticias)
05-En-06
Gazprom quiere llevar a
niveles de mercado los precios que cobra a los antiguos aliados
soviéticos.
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El acuerdo anunciado en Moscú por el monopolio ruso Gazprom y
la compañía ucraniana Naftogaz sobre el suministro de gas a Kiev parece el final
feliz de un diferendo que adquirió matices de tragedia para toda Europa.
Por Jorge Petinaud Martínez -
Prensa Latina
Porque si algo quedó sobre el tapete en los inicios de este invierno cuando
Rusia apenas redujo en 120 millones de metros cúbicos el despacho del
hidrocarburo, fue la dependencia europea en relación con los energéticos de
Moscú.
Kiev robó en solo 24 horas más de 100 millones del preciado combustible y en
varias capitales del viejo continente cundió el pánico.
La corporación Gas de Francia reportó una reducción de entre un 25 y un 30 por
ciento de la inyección que recibe vía Ucrania, mientras que el gobierno
austriaco la cuantificó en más del 33 por ciento.
El ministro húngaro de Economía y Transporte Janos Koka, por su parte, indicó
que la presión de gas disminuyó entre un 25 y un 30 por ciento en la frontera
con Ucrania, en tanto que los importadores croatas situaban ese indicador por
encima de 30 por ciento.
La corporación nacional italiana de petróleo y gas ENI reportó una disminución
de la presión en sus conductos del hidrocarburo, lo cual informó al gobierno su
jefe ejecutivo Paolo Scaroni.
Ante este panorama premonitorio de una crisis, Austria estrenó su etapa de seis
meses en la presidencia rotatoria de la Unión Europea (UE) con una exhortación a
Moscú y Kiev para que encontraran una salida razonable al conflicto.
Por iniciativa de la Comisión Europea, el comité de coordinación para el
suministro de gas natural convocó a una reunión de urgencia en la que
participarían representantes de 25 países.
Analizaremos la situación y determinaremos de manera conjunta los pasos
necesarios para prevenir posibles cortes de gas que afecten a la UE, declaró un
vocero de la Comisión.
En relación con este diferendo, la empresa alemana Wingas GmbH destacó en nota
de prensa que el diferendo ruso-ucraniano demuestra la importancia de construir
el gasoducto Noreuropeo (NEPG por sus siglas en inglés) y el Flujo Azul
conectado por el fondo del Mar Negro.
La mayor importadora de gas ruso resalta que el proyecto nórdico bordeará a
varios países por debajo del mar Báltico y llevará directamente el combustible
de Moscú a Alemania y al resto de Europa.
El NEGP contribuirá a que Alemania y el resto del continente se independicen de
las contingencias políticas y económicas en los territorios por los que hoy
transita este recurso vital, advierte el documento.
Wingas, que recibe el energético ruso mediante un gasoducto a través de Belarus
y Polonia, señala que Gazprom ha sido durante años un suministrador confiable
para Alemania y otros países de Europa Occidental.
El monopolio ruso satisfizo siempre sus obligaciones contractuales, explica la
nota del consorcio alemán, citada por ITAR-TASS.
Lo cierto es que en la puja entre Rusia y Ucrania se evidenciaron las
acusaciones de más de un funcionario de Moscú.
Kiev llevó el diferendo hasta el extremo de la intolerancia en las negociaciones
con el fin de torpedear el diálogo energético ruso con la UE, uno de los grandes
consumidores.
Para la parte rusa, la actual administración ucraniana se empeñó en cerrarle el
paso a la exportación hasta ahora exitosa- de agentes energéticos a los socios
de la Unión, destino del 40 por ciento de las ventas de Gazprom.
Si bien la república ex soviética se esfuerza por reducir la dependencia de su
antiguo aliado con la mira puesta en Occidente y en la OTAN, manipula con mucha
sutileza la posibilidad de controlar el sistema de tuberías por donde circula el
combustible.
No pocos analistas subrayan al respecto que desde esa óptica quien logre asirse
de las riendas del sistema de gasoductos ganará a su favor ventajas políticas
sobre el adversario.
La calma comenzó a reinar el martes en Europa cuando Gazprom reinició el suministro
de 95 millones de metros cúbicos adicionales de gas para satisfacer las
necesidades de un grupo de países, y el anuncio de un acuerdo ruso-ucraniano
parece hoy un final feliz.
Mas, el sobresalto subyace en las capitales del viejo continente, convertido en
uno de los gigantes económicos de la "aldea global" sobre la base del
neoliberalismo.
No obstante un simple desacuerdo entre Rusia y Ucrania por cuestiones de oferta
y demanda en el campo energético, demuestra que desde este punto de vista el
gigante europeo tiene los pies de barro.
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