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(IAR-Noticias)
07-En-06
La rebeldía revolucionaria ha sido convertida en opción de consumo y los campos
de batalla en destinos turísticos.
Por Mario Roberto Morales (*)
Viven
de este floreciente negocio quienes son capaces de decirles a los disciplinados
consumidores de sus productos exactamente lo que quieren oír, insistiendo hasta
el paroxismo en las increíbles virtudes de sus baratijas. Hay que advertir que
Marcos (el Comandante) es un producto especial para consumidores moderados.
Un Ché Guevara decaf. Un Fidel
Castro light. En cambio, los otrora émulos del Ché y Fidel se venden más baratos
como productos "éticos" y se proponen por eso como exitosos, imitando así a
Marcos, que siempre soñó ser como ellos...
Uno de los cambios de mentalidad que diferencian a la humanidad de hace treinta
años de la actual, consiste en concebir el progreso y el éxito personal no como
el fruto del esfuerzo empeñado en la construcción de algo, sino como el
resultado de la capacidad de acaparar la mayor porción de mercado posible para
el producto que vendemos, no importa si este producto es una mercancía tangible
como los perfumes, las medicinas, las armas o las drogas, o una mercancía
espiritual, como la equidad de género, la étnica, la etaria y otras equidades al
uso por parte de la "corrección política".
De esta suerte es que la clientela de Marcos está constituida por un tipo de
consumidor que gusta de los parques temáticos (en eso ha convertido el Sub la
selva lacandona) para gozar de la exuberancia de la naturaleza salvaje (nativos
incluidos), con el necesario toque de lucha social indígena tan a la moda desde
el llamado Quinto Centenario.
Los tours guiados por el propio Sub montado en su corcel, pipa en ristre, no se
pueden comparar (no señor) con los paseos por Disneyworld, que carecen de
"humanidad", de "valores" y de "convicciones".
Por eso, la juventud marcada por la mentalidad de mercado aludida arriba, así
como la adultez progre y setentera todavía influida por un tardío izquierdismo
jipoide, deliran ante la dulce retórica de un zapatismo sin la molesta presencia
de Zapata, y lloran de ternura cuando la diminuta y redonda figura de la
empresaria farmacéutica Rigoberta Menchú escala el podio de cualquier
universidad gringa, y se dispone cándidamente a hablar de las desgracias que les
ocurrieron a varias mujeres indígenas durante la fase militar de la
contrainsurgencia en su país, concentrando -en aras de la efectividad de la
denuncia- todas esas experiencias colectivas en su personaje-persona.
Las camisetas de United Colors of Bennetton unen, en la conciencia del
consumidor global, la diversidad étnica del mundo en el consumo uniformizado de
la marca.
El sueño bolivariano lo está realizando Wall Mart, afirman los más informados
"triunfadores".
Los "nuevos movimientos sociales", financiados por la
cooperación internacional porque no pretenden cambiar el sistema sino sólo
insertarse en él, fomentan una diversidad cultural carnavalesca que venden como
menú de identidades étnicas, reclamando para toda suerte de subalternidades una
otredad absoluta a fin de que resulte atractiva para el eco y el etno turismo,
que gusta de parques temáticos (nativos incluidos) y de emociones fuertes
provocadas por el contacto directo con la naturaleza salvaje y los albores de la
humanidad.
Por eso, la colorida Guatemala es ya un genuino Mayassic Park, y la húmeda selva
de Marcos un entretenido Lacandón Safari. Todo, como parte de la exótica Mayan
Riviera, en cuyo paquete turístico se incluyen también algunos sitios
arqueológicos, como los de Palenque, Uxmal y Tikal.
Para los viajeros más exigentes, un paquete un poco más caro puede incluir un
fin de semana de turismo sexual en Costa Rica, además de la visita a criaderos
de quetzales en las inmediaciones del volcán de Barva, no muy lejos de San José.
Es posible asimismo contratar los servicios del ex comandante guerrillero Edén
Pastora para un tour guiado por el Río San Juan, en la frontera entre Nicaragua
y Costa Rica.
El paseo incluye el relato en vivo, por el propio Comandante Cero,
de la espectacular toma del Palacio Nacional, en Managua, por parte de un
comando sandinista jefeado por él, durante la dictadura de Somoza.
Para quienes gusten de la nostalgia de izquierda con ribetes melodramáticos, el
también ex comandante Tomás Borge -temido jefe de la siniestra Seguridad del
Estado sandinista- puede ser contratado para entrevistas anecdóticas de tarde,
en un tropicalísimo restaurante de Managua.
Hay que advertir que Marcos es un producto especial para consumidores moderados.
Un Ché Guevara decaf. Un Fidel Castro light.
En cambio, los otrora émulos del Ché y Fidel se venden más baratos como
productos "éticos" y se proponen por eso como exitosos, imitando así a Marcos,
que siempre soñó ser como ellos.
La Serpiente Emplumada muerde su cola de faisán y baila sobre una barra en la
que beben cerveza alegres parroquianos que aplauden con billetes de a dólar en
las manos.
La rebeldía revolucionaria ha sido convertida en opción de consumo y los campos
de batalla en destinos turísticos.
Viven de este floreciente negocio quienes son
capaces de decirles a los disciplinados consumidores de sus productos
exactamente lo que quieren oír, insistiendo hasta el paroxismo en las increíbles
virtudes de sus baratijas.
Y que después no se diga que aquí nunca cambia nada.
(*)A fuego Lento
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