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(IAR-Noticias)
03-En-06

A los 16 años, Farris Hassan, un hijo de iraquíes que vive en Miami,
compró un pasaje y partió a Irak. Pero volvió, asustado. Y explicó que “quería
dar un paso más o, más bien, unos miles de kilómetros” para escribir su ensayo
con autoridad.
Por Richard Luscombe
y Oliver Burkeman - The Guardian / Clarín
La mayoría de los adolescentes se habrían contentado con una visita al museo
local. Pero Farris Hassan tenía mejores planes para su último viaje de estudios:
escaparse a Bagdad para poder ver, de primera mano, una de las ciudades más
peligrosas del mundo.
El chico de 16 años, de Florida, en los Estados Unidos, voló en secreto a
Oriente Medio para investigar un poco para un proyecto escolar sobre el
conflicto en Irak. Con sólo un libro de frases en árabe como guía, pasó dos días
solo en Bagdad. Y dijo que quería “dar un paso más o, más bien, unos
miles de kilómetros” para poder escribir su ensayo con autoridad.
Sin embargo, hace un par de días el estudiante regresaba a su casa en
la ciudad de Fort Lauderdale para enfrentar la ira de sus familiares
–aliviados, de todos modos-, que habían temido por su seguridad cuando se
enteraron de que estaba en un país donde los insurgentes secuestraron a más de
400 extranjeros, 40 de ellos norteamericanos, desde que se desató el conflicto.
“Estoy furioso con él”, dice su hermano Hayder Hassan, 23. “El sabe lo que le
espera”.
La aventura de Farris terminó el martes pasado cuando, aparentemente al darse
cuenta del peligro en el que se encontraba, entró en la oficina de Bagdad de la
agencia de noticias Associated Press para pedir ayuda. “Me habría
sorprendido menos que hubieran entrado unos hombrecitos verdes”, dijo el editor
de AP Patrick Quinn. Lo pasaron a buscar unos soldados que lo llevaron
ante las autoridades en la embajada norteamericana, que lo venían buscando desde
hacía un rato, y arreglaron el vuelo de regreso a casa.
Farris dijo que se asustó cuando intentó comprar comida en un mercado de
Bagdad apelando al libro de frases mientras unos extranjeros sospechosos se
aglomeraron a su alrededor, burlándose de sus zapatillas Nike blancas y de sus
jeans.
“Me dije ‘Bueno, tal vez debería irme’”, explicó. “No era un lugar seguro.
Por la manera en que me miraban me asusté”.
Un oficial militar dijo que el aspecto físico de Farris lo salvó de haber
terminado mal. Sus padres, que están divorciados, nacieron en Irak y se
trasladaron a Estados Unidos hace 35 años. El periodista de AP Jason Straziuso
dijo que, apenas Farris abriera la boca, se iba a meter en problemas. “Cualquier
inspección de cerca iba a revelar que era norteamericano”, dijo.
El Dr. Redha Hassan dijo que le había prometido a su hijo un viaje a Irak en
las vacaciones de verano, pero Farris decidió que no podía esperar. El 11 de
diciembre envió un e-mail pidiéndoles a sus padres que no se preocuparan y
compró un pasaje de avión de Miami a la ciudad de Kuwait.
De allí, Farris contó que había viajado a la frontera de Kuwait e Irak en un
taxi, pero que le negaron la entrada a Irak por las medidas extra de seguridad
debido a las elecciones y, después de llamar a su padre, viajó a Beirut para
quedarse con unos amigos de la familia. Voló a Bagdad el día de Navidad.
Farris, que aspira a convertirse en periodista, dijo que quería ver
por sí solo el sufrimiento de los ciudadanos iraquíes en su lucha por alcanzar
la democracia y habló de su culpa por poder disfrutar de la vida de un
adolescente norteamericano mientras los que vivían en la tierra natal de su
padre sufrían.
“Hay una lucha en Irak entre el bien y el mal”, escribió. “Sé que no puedo
hacer mucho. Sé que no puede impedir toda la carnicería y salvar a los
inocentes, pero también sé que no me puedo quedar acá sentado, de brazos
cruzados.
Me siento culpable de vivir en una casa grande, de conducir un buen
auto y de ir a una buena escuela. Me siento culpable de ir con mis
amigos a un café sin miedo de que haya un atacante suicida. Me siento culpable
de disfrutar de una multitud de bendiciones, que no hice nada por merecer,
mientras que la gente en Irak, muchos de ellos mucho mejores que yo, sufren una
terrible angustia”.
Shatha Atiya, la madre de Farris, dijo que su hijo tendría mucho tiempo para
escribir sus experiencias cuando regresara a casa. “Va a perder su autonomía por
un tiempo y, obviamente, se va a quedar sin pasaporte”, dijo la mujer.
© The Guardian
Traducción de Claudia Martínez.
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