La
crisis mundial desatada con el nuevo ensayo nuclear de Corea del
Norte abrió nuevamente el debate sobre la operatividad y la
capacidad real de su arsenal atómico y de su desarrollo futuro
en el campo de las armas atómicas.
Pero más allá de esa cuestión
formal, el caso nuclear norcoreana ensambla un entramado de intereses
estratégicos de fondo que giran alrededor de su dos protagonistas principales:
EEUU y Corea del Norte.
Desde que Washington
aumentó las presiones y amenazas de sanciones contra Pyongyang, el gobierno
de Kim Jong-Il ha respondido utilizando como "arma disuasiva" su programa
nuclear cuya operatividad y capacidad de desarrollo, aunque está en duda, es
capaz de desnivelar la geopolítica de la región, donde China y Japón son dos
protagonistas centrales.
En esa línea, el
régimen de Pyongyang solicitó este martes conversaciones
directas con Estados Unidos a fin de evitar un conflicto en el
que el régimen norcoreano puede verse obligado a utilizar
misiles dotados con cabezas nucleares, indicó la agencia
Yonhap.
En el juego
estratégico de la disuasión nuclear los nocoreanos utilizan en
primer lugar su arsenal como "arma política y diplomática" para
frenar las maniobras de Washington orientadas a aislarlos
internacionalmente y forzar sanciones y bloqueos en la ONU.
En segundo lugar el despliegue
nuclear norcoreano le permite a Kim Jong-Il reforzar su liderazgo en el
país, potenciando la capacidad de Pyongyang para hacer frente a Washington e
integrar en el selecto club del poder nuclear.
Argumentando las presiones
militares, políticas y diplomáticas a que es sometida por EEUU y sus aliados, la
RDPC reivindica su derecho legítimo de desarrollar su programa nuclear
atendiendo a los los intereses y la seguridad nacional del país.
En tercer lugar, el
desarrollo de su programa nuclear le permite a Pyongyang convertirse en una
pieza clave y desestabilizante dentro de la disputa geopolítica y militar de la
región, que tiene a EEUU, Rusia, China y Japón como protagonistas centrales.
Washington fue aumentando
las presiones y amenazas de sanciones contra Pyongyang, y el gobierno de
Kim Jong-Il respondió utilizando su arsenal nuclear cuya capacidad y
operatividad no está clara, pero que le sirve para lograr sus objetivos de
"amenazar para forzar una negociación".
Si bien ningún experto considera
aplicable acciones militares o sanciones comerciales contra Corea del Norte
(debido a la barrera que encontrarían en Rusia y China), la posibilidad de las
mismas son utilizadas, también como efecto disuasorio, por EEUU para afianzar su
estrategia de aislamiento internacional del gobierno de Pyongyang.
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Jóvenes japonesas leen el ensayo nuclear en la prensa de Tokio (Toru Hanai /
Reuters) |
Bush y la "ganancia electoral"
En esta sintonía, es más que
probable que Washington desarrolle una escalada de amenazas militares en
las próximas horas, la que podría ser complementada con un despliegue de fuerzas
navales y aéreas para reforzar su efectividad y presionar un desenlace del caso
coreano en el Consejo de Seguridad.
En esta línea se inscribe una
información lanzada el lunes por el diario The Washington Post (habitual vocero
del Pentágono y de los servicios de inteligencia estadounidenses) que
anuncia "próximos movimientos militares de EEUU" en relación con la
llamada "crisis coreana".
Según el Post,
que cita a un "alto funcionario" próximo al servicio de inteligencia de EEUU, la
administración de George W. Bush está evaluando la posibilidad de enviar
buques de guerra hacia las costas norcoreanas, como respuesta a la prueba
nuclear realizada por Pyongyang.
"No será un embargo naval precisamente, porque ello equivaldría a un acto de
guerra, pero sí podríamos detener y someter a una inspección todos los buques
que vengan de Corea del Norte o vayan en dirección a ella" , señala la
fuente citada por el Post.
La
"información" está en línea directa con los intereses electorales de la
administración republicana de George W. Bush enfrentada a la posibilidad de
perder la mayoría que detenta en las dos cámaras del Congreso en las elecciones
legislativas del próximo 7 de noviembre.
Bush y los halcones -luego de
repuntar en los sondeos con la "guerra antiterrorista" y la política de
"seguridad"- fueron nuevamente puestos contra las cuerdas con el llamado
"escándalo de los correos sexuales" protagonizado por el congresista Mark
Foley, vinculado con acosos sexuales a adolescentes que se desempeñan en el
Congreso.
El canibalismo de la
campaña electoral estadounidense se nutre por estas horas
-negativamente para los republicanos- de los llamados "mails explosivos" con las andanzas
homosexuales del legislador republicano, Mark Foley, cuyo escándalo
ya toca a la propia Casa Blanca y desató una investigación en el
Congreso.
La
crisis mundial desatada con el ensayo nuclear norcoreano -que tiene a EEUU como
uno de sus protagonistas centrales- le sirve a Bush y a los republicanos para
centrar nuevamente el debate electoral en la "mano dura" militar y en la
"guerra contra el terror".
El
lunes Bush ya se instaló en el centro de la escena como el "comandante de la
guerra" advirtiendo que EEUU no desecha ninguna acción para detener la amenaza
que representa Corea del Norte para la "seguridad internacional".
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Activistas surcoreanos queman una pancarta del líder norocoreano Kim Jong Il
durante una protesta contra la prueba nuclear de Corea del Norte. (EFE) |
La
irrupción de la crisis coreana permitió al jefe de la Casa Blanca erigirse
nuevamente en un "duro" defensor de los intereses estratégicos de EEUU, en
oposición a la "blandura" de los demócratas, caballito de batalla
utilizado por los republicanos para descalificar a sus adversarios electorales.
En este
escenario, alimentar la crisis coreana con la amenaza de un despliegue de
unidades navales en la región, incrementado una escalada militar con
movimientos de tropas, aparece como una estrategia más que potable para que Bush
y los republicanos repunten en los sondeos y ganen las elecciones parlamentarias
a realizarse dentro de 27 días.
A
Washington la irrupción nuclear de Corea del Norte le sirve para demostrar que
en el tablero mundial ya no se trata de la antigua disputa de las potencias en la "guerra fría" (EEUU, URSS,
China) por la posibilidad de descargar un primer golpe (first
strike) contra el enemigo, sino de un "estallido nuclear fuera de control" que
podría alcanzar a cualquier ciudad europea o estadounidense.
Se trata, nada más y nada menos, que del "terrorismo nuclear" (como le
gusta decir a Bush y su pandilla de halcones), un proceso "impredecible" cuyo
curso el Imperio locomotora y sus socios no pueden determinar ni proyectar como
una variable de negociación en la ONU.
Bush y los halcones intentan demostrar a las potencias aliadas en
la ONU que Corea del Norte e Irán, con sus correspondientes programas nucleares
desequilibran el juego político-estratégico de la "disuasión nuclear" sin
llegar al desenlace militar, y ponen en el centro de la escena el peligro de un
estallido real que puede desencadenar un dominó nuclear que termine con
el planeta y el sistema capitalista.
La crisis desatada por el
experimento nuclear norcoreano - a sólo 27 días de las elecciones- brinda a Bush
y a los halcones la posibilidad de un beneficio electoral "extra"
impensado al instalar en la escena internacional el "peligro del terrorismo
nuclear".
Una escalada militar contra Corea
del Norte con Bush a la cabeza, es justo lo que necesitan los republicanos para
asustar al electorado estadounidense y ganar las elecciones
parlamentarias en noviembre.
Y es muy difícil que dejen pasar
la oportunidad.